Sunflower Daisy

Dezign
(4 Janv, 2007)
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ill titleCapítulo 17: HARTO YA DE ESTAR HARTO YA ME CASÉ

De entre las muchas cosas que me distancian de gran parte del gé:nero femenino puedo destacar las siguientes: estoy agazapado en una mesita íntima, en un restó de la zona de Palermo, empecé mi estratégico despliegue de seducciones y hago referencia obviamente a mis dotes (poéticas, no se asusten, no soy tan fanfarrón) cuando ella sorprendida y con un envión que le viene de sus más distantes profundidades, exclama: "cuántos libros decís que escribistes?" Ay Dios, qué dolor, tan linda que estaba, tantas ganas le tenía y justo viene con esto, lo notó verdad? No hace falta que se lo señale no? Porque si es así usted no merece estar leyendo este libro, aunque en realidad la conclusión es que usted no ha leído muchos libros últimamente. Es cierto y no es mi pretensión ocultarlo, que a medida que van pasando los años (referencia inmediata a Casablanca no?) me pongo cada vez más exigente o para ser más justo con esta seudo patología, más caprichoso. Ellas dirán inmediatamente y vos quién corno te creés que sos, con esa panza, con esa ropa, con esa cara? Y obviamente tienen absoluta razón, pero estamos hablando de nosotros y de nuestro derecho a pedir cosas, que nos son absolutamente imprescindibles a la hora de elegir una mujer que nos bendiga. Y claro pensando en esto no puedo dejar de citar a Girondo, que digo citar, lo voy a transcribir y punto.

NO SE ME IMPORTA UN PITO...

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algú:n paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡Marí:a Luisa! ¡Marí:a Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

Obviamente que esto bajado a conceptos más banales que los que inspiraron al maestro Oliverio, es algo parecido a lo que dije al principio del capítulo. Y si me permite voy a citar algunos ejemplos básicos: decir cosas como trajistes, vinistes, comprastes, usar mal los tiempos verbales del verbo haber, si yo habría ido, si yo tendría plata. Algo casi igual me pasó: cuando acariciando el pelo a una señorita me encuentro que en su nuca tiene un nido de caranchos, o lo que ellas llaman extensiones, un espanto! Tampoco escapan a esta categorización, los corpiños rellenos, los dedos de los pies, por ejemplo que alguno de los dedos exceda la sandalia y arrastre el suelo, un verdadero asco! Que tenga un CD de los nocheros, o que no toleren que a usted le guste mucho el fútbol. Elemental, que no sea vegetariana y mucho menos que no tome ni una gota de vino, una decepción! Que lo único que lea sea los libros de Paulo Cohecho, o que le encante ver los programas de Tinelli. Y por supuesto y en esto soy concluyente es fundamental imprescindible y excluyente comparar a las hijas con sus madres, con las madres de ellas claro, lo más seguro es que de grandes se les parezcan o sean iguales a ellas, ahí encontrará un dato de la realidad que no debe perder de vista. Entonces há:game caso tome en cuenta cada uno de estos detalles u otros que integren su lista de pretensiones y evalúe si las va a tolerar cuando estos defectos o características se incrementen o instalen. Si le pasa, si se encuentra atrapado en estas circunstancias, haga como mostró Subiela en "El lado oscuro del corazón" accione el botón que sea, el que é:l ubicó en la mesita de luz y que se caiga su compañera ocasional en el precipicio de las decepciones. Eso sí, si está muy linda, aproveche aunque sea por un rato y después siga buscando, alguien debe andar por ahí con las cosas que usted necesita y tal vez si lo amerita pueda dejarle pasar algo. Las mujeres terminan siendo una construcción de su memoria o la personificación de sus deseos. Y usted elegirá en cada momento si le conviene elegir el rol de Dr. Jekyll o Mister Hyde.


 

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