Capítulo 18: LA ISLA DEL TESORO O EL BAÚL DE LOS RECUERDOS
Cuando usted empieza a vivir solo, quiero decir, que ya consiguió un departamento que alquila o llegó a comprar, tiene que decidir como guarda sus cosas, pero al referirnos a estas cosas no pensamos, en sus calzoncillos, sus medias o sus botones caídos. Nos referimos a las fotos, a los trofeos de guerra, a las cartas, a los recuerdos, y cualquier otra cosita que pueda identificar a algún ser que formó o forma parte de su vida. Claro ahora está solo, ya no es su ex la que sabe dónde está el álbum del casamiento o las fotos de Bariloche. Suceden desde hace poco cosas que nunca imaginó, alguna amiga en una noche de alegría le pidió que le saque una foto mientras posaba como la maja de Goya, o que la filme mientras jugaba a la cocinera portando solo una pequeña prenda y una camisa desabrochada suya, vaya obra de arte una mujer vestida de esta manera, bien se sabe que seríamos capaces de cualquier cosa por eternizar esas imágenes, y abracadabra, se le hizo, usted ahora tiene esas fotos, o ese video y para qué mentir cada tanto le gusta volver a verla, porque ya no la tiene a ella, o simplemente, porque es una noche de esas donde el hombre en su soledad le hace el amor a la nostalgia.
Pero dónde guarda esas riquezas, en qué lugar de la casa? Sucede que desde que vive solo, son escasas las visitas. Puede ser que sean sus hijos, la mujer que lo ayuda con la limpieza y comida, o, y acá viene lo grave, alguna o algunas amigas con privilegios que hacen de su soledad la más perfecta de las circunstancias.
Ahora bien cuando está con una señorita en su casa, puede que tenga que dejarla sola por circunstancias casuales, bajar a abrirle al delivery, darse un baño, salir a comprar un chocolate que se le antojó y que no es de las muchas golosinas que usted almacena para estas emergencias. Cuando ello sucede las mujeres, indefectiblemente, y sin temor a equivocarme, casi en un 100%, hace un escaneo y análisis de todas sus pertenencias. Este examen previo les permite diagramar su segundo ataque, que puede ser inmediato si usted tarda mucho y la deja sola, que es, revisar. Sí, revisar en busca de rastros de otras mujeres eventuales competidoras. Amigo, si usted no tomó precauciones está en el horno, cuando suba, vuelva, o salga con la toalla enroscada pensando que viene más amor, le van a tirar un piedrazo o le pasarán una factura que difícilmente pueda esquivar. Dios mío, que dolor de hue...sos. Y ante esta incertidumbre le voy a decir cual es el único lugar que encontré donde poner mis más secretas pertenencias, mis más preciadas posesiones y trofeos.
El único lugar realmente íntimo que le asigna su presente, es el baúl del auto. Sí, así como lo escuchó, o mejor dicho leyó. Deberá procurarse una caja de no muy grandes dimensiones y ponerla al final del baúl o en el hueco de la goma de auxilio debajo de la alfombra. Ese es el único sitio inexpugnable al que no accede la mujer. Y salvo que salga de viaje y ella lo acompañe, situación en la que dejará su cajita en algún lugar del ropero. Entonces precaución, no solo tiene que evitar guardar mensajes en el celular o borrar llamados, ese es el más craso error que uno puede cometer y que por lo obvio omitiré relatar, sino estas exquisitas riquezas de las que no puede deshacerse, no quiere, no tiene por qué. Evítese inconvenientes y explicaciones, toda cosa por diminuta o insulsa que sea, y que remita a viejas o paralelas relaciones, será usada en su contra, e interpretada capciosamente por su chica lo dejará expuesto a un conflicto que puede evitarse. Y si lo descubren, recuerde, siempre mienta, mienta descaradamente, es preferible quedar como un mentiroso que como un traidor. Las mujeres ante una confesión son imperturbables y nos condenan a muerte.
Todo por hacernos nuestra colección de trofeos, que nos recuerdan pequeñas y grandes victorias. Un Samurai del amor defiende con las armas sus riquezas.