Capítulo 24: AMISTAD ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER? ¡DE ACÁ!
Si ya sé, me estoy metiendo con el tema más ríspido que existe entre un hombre y una mujer, o para ser más precisos entre hombres y mujeres, y el que sabemos por lejos es aquel en el que ni aún mintiendo ambos, podremos nunca jamás, ponernos de acuerdo. Sale siempre en las reuniones, en las salidas a navegar, en los fogones, en los cumpleaños, en las ceremonias, los velorios, siempre sale, como dicen los vendedores de raspaditas.
Qué dicen en general las mujeres, que sí, que obvio, que ellas tienen, como diría el inefable Roberto Carlos, un millón de amigos, que pueden hablar, salir, incluso dormir con un amigo, sin que pase nada entre ambos. La verdá es que no encontré un tamaño de letra lo suficientemente grande, para poner la palabra:
¡MENTIRA!
de manera que refleje el tamaño del dislate femenino, sostenido con una liviandad que solo se compadece con su inocencia y soltura al lanzar el que en definitiva es nuestro desafío.Me animo a decir que no existe hombre, ya saben en el sentido de la palabra al que me estoy refiriendo, que no tendría, si le dan unos centímetros, sexo, con la que pretende ser su amiga. Con esto claramente estoy afirmando, que la amistad que ellas sostienen que pueden mantener con un hombre, es absolutamente imposible, por lo menos para nosotros, si es que usted, amigo, tiene como yo, esas cosas que le cuelgan entre las piernas y que lo hacen tan antiestético con relación al maravilloso cuerpo de ellas. (se me viene a la mente el nacimiento de Venus de Botticelli, qué lindas son!). Imposible, la amistad ente esas criaturas del señor y nosotros es imposible y lo es, no caben dudas, por culpa exclusiva o mejor llamémoslo por la elaborada gestión del hombre. Ocurre que el camino hacia nuestras oscuras pretensiones, suele ser tortuoso en algunos casos, sinuoso en otros, traumático en la mayoría. O sea que una vez fijado el objetivo, la presa en este caso, la mujer, si es nesario hacérsele el amigo, tomarse unos tés o mates los domingos a la tarde, acompañarlas de compras, hacerles el aguante mientras estudian, se secan el pelo o cualquier otra gesta, bueno, habrá que hacerlo hasta lograr el objetivo final, es decir, arruinar el proyecto de amistad que ella tiene y transformarlo, si se quiere o más bien si ella acepta, en una amistad con beneficios o privilegios sobre su cuerpo y la esperada reciprocidad en el propio. Esa sí que es una amistad valorable para el hombre, única y si se puede para siempre.
Que mente podrida me estarán diciendo algunas, afirmarán que proyecto mi mente sexópata hacia el común de los hombres y enumerarán una larga lista de amigos con los que nunca se han tocado un pelo, que jamás se acostarían con ellos. Y todos sabemos, nosotros sabemos que solo es cuestión de tiempo y paciencia. Por Dios espero nunca estar en una de esas listas, y si por si acaso, alguien me incluye en una, por favor, le doy por este acto las facultades absolutas para tacharme, decirle que usted sabe que eso es falso y que de aparecer allí, es solo temporalmente, o por un error de tipeo, que mi objetivo por antonomasia, es dormir en su cama y conocer el gusto de su piel en todo su amplio y deseado territorio.
Que eso sin dudas en la mayoría de los casos termina mal, si claro no hay dudas al respecto, si ellas hacen el amor, es como todos sabemos, por amor, no como nosotros, aunque las generaciones modernas tienden a apropiarse de ese sentimiento acuñado por los hombres y transformarlo en una prerrogativa femenina que no saben ni pueden dominar. Es como cuando manejan, pueden hacerlo bastante bien, pero les falta algo en el momento de hacerlo, como si fuera carisma, que para estas lides les ha sido negado.
Las únicas que se salvan y de las que podemos ser “amigos” es de las mujeres de los amigos, hasta ahí, y por supuesto de las feas, entendiéndose por tales a las muy feas, y mientras no nos agarren en un mal día o semana.
Y es inevitable la cita de la película, cuando Harry conoció a Sally, suscribo cada una de las palabras de Billy Crystal con respecto al tema y coincido en su resolución final, teniendo en cuenta que Meg Ryan ameritaba el desafío, y aguantarse su compendio de histerias y manías.
Evelyn Vaugh una escritora casi feminista o como digo “neo machista” dice que la amistad entre un hombre y un perro no sería duradera si la comida del perro fuera comestible para el hombre. Damos por valída la premisa y quien le asegura que no la hayamos probado, “éramos tan pobres”. Entonces imagínense si podemos ser amigos de ellas con lo carnívoros que somos y sobre todo de esos cortes que tienen ellas, y que nos salen tan bien a la parrilla.