Cap�tulo 5
ILUSIONES �PTICAS
Las ilusiones �pticas a que se dedica este apartado no son concomitancias
casuales de nuestra vista, sino que la acompa�an en condiciones rigurosamente
determinadas, con la constancia invariable de un fen�meno regular y se
extienden a todo ojo humano normal. El hecho de que al hombre le sea propio, en
determinadas condiciones, caer en ilusiones �pticas, es decir, en enga�os
acerca de la fuente de sus impresiones visuales, no debe considerarse en
general como un inconveniente siempre indeseable, como un defecto indiscutible
de nuestro organismo cuya eliminaci�n ser�a conveniente en todos los sentidos.
Un pintor no aceptar�a esta visi�n �impecable�. Para �l, nuestra capacidad para
ver, en determinadas condiciones, no lo que hay en realidad, es una
circunstancia propicia que enriquece considerablemente los medios
representativos del arte.
�Los pintores son los que con m�s frecuencia saben convertir en provechosa esta
percepci�n ilusoria general y af�n a todos, escrib�a en el siglo XVIII el
insigne matem�tico Euler, y m�s adelante explicaba: En ella se basa todo el
arte pict�rico. Si estuvi�ramos acostumbrados a juzgar las cosas por la propia
verdad, este arte no podr�a existir, lo mismo que si fu�ramos ciegos. En vano
consumir�a el pintor todo su arte en mezclar colores; nosotros dir�amos: en
esta tabla hay una mancha roja, una azul, aqu� una negra y all� varias l�neas
blanquecinas; todo estar�a en un plano, no se ver�a en �l ninguna diferencia en
las distancias y no ser�a posible representar ni un solo objeto. Cualquier cosa
representada en un cuadro nos producir�a la misma sensaci�n que una carta
escrita en un papel, y puede ser que hasta procur�semos comprender la
significaci�n de todas las manchas policromas. Con toda nuestra perfecci�n, �no
ser�amos dignos de l�stima al privarnos de la satisfacci�n que diariamente nos
produce un arte tan �til y agradable?�
Sin embargo, a pesar del vivo inter�s que representan las ilusiones �pticas
para el pintor, el f�sico, el fisi�logo, el m�dico, el psic�logo, el fil�sofo y
para toda menta curiosa, hasta ahora no hab�a ninguna publicaci�n que
contuviera una colecci�n m�s o menos completa de ejemplares de ilusiones
�pticas.
Este cap�tulo, dedicado ante todo a un amplio c�rculo de lectores no
especialistas, es un intento de ofrecer una colecci�n de los tipos m�s
importantes de las ilusiones �pticas que pueden observarse a simple vista, sin
ninguna clase de dispositivos como el estereoscopio, la tarjeta perforada, etc.
En cuanto a las causas que determinan una u otra ilusi�n �ptica, s�lo para muy
pocas de ellas existe una explicaci�n indiscutible y s�lidamente establecida; a
este peque�o grupo pertenecen las debidas a la estructura del ojo: la
irradiaci�n, la ilusi�n de Mariotte (punto ciego), las ilusiones que genera el
astigmatismo, etc. Con respecto a la mayor�a de las dem�s ilusiones �pticas
podr�a escribirse mucho -en Occidente existe mucha literatura acerca de ellas
pero nada positivo puede decirse (a excepci�n de la del retrato).
En calidad de ejemplo aleccionador consideremos la ilusi�n de los dibujos
representados en la figura 141: los c�rculos blancos, distribuidos de un modo
determinado sobre el fondo negro, parecen desde lejos hex�gonos. Por lo visto,
se acepta el considerar establecido que esta ilusi�n se debe totalmente a la
llamada irradiaci�n, es decir, a la aparente expansi�n de las partes blancas
(que tiene una explicaci�n f�sica sencilla y clara). �Los c�rculos blancos, al
aumentar de superficie por irradiaci�n, hacen que disminuyan los intervalos
negros que hay entre ellos� -escribe el profesor Paul Bert en sus �Lecciones de
zoolog�a�, teniendo en cuenta que �como cada c�rculo est� rodeado por otros
seis, al extenderse, topa con los vecinos y se encuentra encerrado en un
hex�gono�.
Sin embargo, basta fijarse en el dibujo de al lado (v�ase la figura 141), donde
se observa el mismo efecto con c�rculos negros sobre fondo blanco, para
renunciar a esta explicaci�n, porque en este caso la irradiaci�n s�lo podr�a
disminuir las dimensiones de las manchas negras, pero de ning�n modo variar su
forma circular por la hexagonal. Para abarcar con un mismo principio estos
casos podr�a proponerse esta explicaci�n: al mirar desde una distancia
determinada, el �ngulo �ptico, seg�n el cual se observan los estrechos
intervalos entre los c�rculos se hace menor que el l�mite que permite la
diferenciaci�n de sus formas, por lo que cada uno de los seis intervalos
adyacentes al c�rculo debe parecer un trazo recto de igual espesor y, por
consiguiente, los c�rculos quedan encuadrados en hex�gonos. Con esta
explicaci�n tambi�n concuerda bien el hecho parad�jico de que, a cierta
distancia, las partes blancas siguen pareciendo circulares, mientras que la
orla negra que hay a su alrededor ha adquirido ya la forma hexagonal; solamente
cuando la distancia es todav�a mayor, la forma hexagonal de las orlas se
transfiere a las manchas blancas. No obstante, esta explicaci�n m�a s�lo es una
suposici�n veros�mil de las varias que seguramente pueden imaginarse. Es
necesario demostrar adem�s que la causa posible en este caso es la verdadera.
Este mismo car�cter dudoso y no obligatorio tienen la mayor�a de los intentos
de hallar una explicaci�n a algunas de las ilusiones �pticas (a excepci�n de
las poqu�simas que hemos se�alado antes). Para ciertas ilusiones �pticas a�n no
se ha propuesto ninguna explicaci�n. Para otras, al contrario, hay demasiadas
explicaciones, de las cuales cada una por separado podr�a ser suficiente, si no
existieran las dem�s, que debilitan su car�cter convincente. Recordaremos una
ilusi�n �ptica muy c�lebre, discutida ya en los tiempos de Tolomeo, la del
aumento de las dimensiones de los astros al pasar por el horizonte. Para
explicarla creo que se han propuesto por lo menos seis teor�as acertadas, cada
una de las cuales no tiene m�s que un defecto, la existencia de las otras cinco
... tan buenas como ella. Es evidente que casi todo el campo de las ilusiones
�pticas se encuentra a�n en el estado pre-cient�fico de su elaboraci�n y
requiere el establecimiento de los principios met�dicos fundamentales para su
investigaci�n.
Teniendo en cuenta esta carencia de algo s�lido y positivo en el campo de las
teor�as relativas al tema que tratamos, he preferido limitarme solamente a
mostrar el indiscutible material de los hechos, absteni�ndome de explicar sus
cansas, pero preocup�ndome de que en este libro est�n representados todos los
tipos principales de ilusiones �pticas. Solamente se dan, al final del
cap�tulo, las explicaciones acerca de las ilusiones relacionadas con los
retratos, ya que, en este caso, son suficientemente claras e indiscutibles para
que se les puedan oponer las ideas supersticiosa que desde muy antiguo se
forjaron en torno a esta peculiar ilusi�n �ptica.
La serie de ilustraciones se abre con ejemplos de ilusiones cuya causa se
encuentra indudablemente en las particularidades anat�micas y fisiol�gicas del
ojo. Son ilusiones que dependen del punto ciego, la irradiaci�n, el
astigmatismo, la persistencia de las im�genes y el cansancio de la retina
(v�anse las figuras 100-107).
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Figura 100
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En el experimento con el punto ciego, la desaparici�n de una parte del campo
visual puede describirse tambi�n por otro procedimiento, como hizo la primera
vez Mariotte en el siglo XVIII.
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Figura 101
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En este caso el efecto resulta a�n m�s sorprendente. �Colgu� -dice Mariotte-
sobre un fondo negro, y a la altura de mis ojos aproximadamente, un peque�o
redondel de papel blanco y al mismo tiempo ped� que sostuvieran otro redondel
al lado del primero, a la derecha, a unos 2 pies de distancia y un poco m�s
abajo, de modo que su imagen fuera a caer sobre el nervio �ptico de mi ojo
derecho, mientras entornaba el izquierdo. Me coloqu� frente al primer redondel
y me fui alejando sin dejar de mirarlo con el ojo derecho. Cuando me encontraba
a una distancia de cerca de 9 pies, desapareci� por completo del campo visual
el segundo redondel, que ten�a cerca de 4 pulgadas de di�metro.
Yo no pod�a atribuir esto a su posici�n lateral, puesto que ve�a otros objetos
que estaban m�s apartados que �l. Podr�a pensar que lo hab�an quitado, si no
volviera a encontrarlo en cuanto mov�a un poco el ojo ...�
A estas ilusiones �pticas �fisiol�gicas� les sigue una clase m�s numerosa de
ilusiones debidas a causas psicol�gicas que, en la mayor�a de los casos, no
est�n a�n suficientemente estudiadas. Por lo visto, s�lo puede considerarse
establecido que las ilusiones de este tipo son consecuencia de falsos juicios
preconcebidos de un modo involuntario e inconsciente. El origen de la ilusi�n
es aqu� el entendimiento y no los sentidos. A estos �ltimos puede aplic�rseles
la acertada observaci�n de Kant:
�Nuestros sentidos no nos enga�an, no porque siempre juzguen bien, sino porque
nunca juzgan�.
La irradiaci�n
. Si se mira desde lejos este dibujo, las figuras de abajo (el c�rculo y el
cuadrado) parecen m�s grandes que las negras, aunque unas y otras son iguales.
Cuanto mayor es la distancia desde la cual se miran, tanto mayor es la ilusi�n.
Este fen�meno se llama irradiaci�n (v�ase m�s adelante).
La irradiaci�n.
Cuando se mira desde lejos la figura de la izquierda, con la cruz negra, los
lados del cuadrado, debido a la irradiaci�n, parece que tienen un rebajo en el
centro, como muestra la figura contigua de la derecha. La irradiaci�n se debe a
que cada punto claro de un objeto produce en la retina de nuestro ojo no un
punto, sino un peque�o circulito (en virtud de la llamada aberraci�n esf�rica);
por esto la superficie blanca resulta cercada en la retina por una franja clara
que aumenta el sitio ocupado por aqu�lla. Las superficies negras, en cambio,
producen una imagen disminuida a expensas del cerco claro que rodea al fondo.
La experiencia de Mariotte
. Cierre el ojo derecho y mire con el izquierdo la crucecita superior desde una
distancia de 20 a 25 cent�metro. Notar� que el gran c�rculo blanco que hay en
medio desaparece por completo, aunque los dos c�rculos menores que tiene a los
lados se ven bien. Si, no cambiando la posici�n del dibujo, mira usted la
crucecita inferior, el c�rculo s�lo desaparecer� parcialmente.
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Figura 102
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Este fen�meno se debe a que, en la posici�n indicada del ojo con respecto a la
figura, la imagen del c�rculo coincide con el llamado punto ciego, es decir,
con el lugar por donde entra el nervio �ptico, que es insensible a las
excitaciones luminosas.
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Figura 103
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El punto ciego. Este experimento es una variante del anterior. Mirando con el
ojo izquierdo la cruz que hay en la parte derecha de la figura, 103 a cierta
distancia no veremos en absoluto el c�rculo negro, aunque distinguiremos las
dos circunferencias.
El astigmatismo
. Mire estas letras con un ojo. �Son todas iguales de negras? Por lo general
una de ellas parece m�s negra que las dem�s. Pero no hay m�s que hacer girar 45
� 90 la figura, para que sea otra letra la que parece m�s negra.
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Figura 104
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La causa de este fen�meno es el astigmatismo, es decir, la desigual convexidad
de la c�rnea del ojo en distintas direcciones (vertical, horizontal). Raro es
el ojo que est� exento totalmente de esta imperfecci�n.
El astigmatismo
. La figura 105 ofrece otro procedimiento (v�ase la ilusi�n anterior) de
descubrir el astigmatismo de un ojo. Aproxim�ndola al ojo que se reconoce
(teniendo cerrado el otro), a cierta distancia bastante cercana nos damos
cuenta que dos de los sectores contrapuestos parecen m�s negros que los otros
dos, que resultar�n grises.
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Figura 105
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Mire la figura 106 y mu�vala a derecha e izquierda. Le parecer� que los ojos
del dibujo corren de un lado para el otro.
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Figura 106
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Esta ilusi�n se explica por la propiedad que tiene el ojo de conservar la
impresi�n �ptica durante un corto espacio de tiempo, una vez que desaparece el
objeto que la produce, es decir, por la persistencia de las im�genes en la
retina (en esto se basa la acci�n del cinemat�grafo).
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Figura 107
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Concentrando la vista en el cuadradito blanco que hay arriba en la figura 107,
al cabo de medio minuto aproximadamente, notar� que desaparece la franja blanca
que hay abajo (debido al cansancio de la retina).
La ilusi�n de M�ller-Lier
. El segmento bc parece m�s largo que el ab, aunque en realidad son iguales.
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Figura 108
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Una variante de la ilusi�n anterior: la recta vertical A parece m�s corta que
la recta igual que ella B.
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Figura 109
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Figura 110
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La cubierta del barco de la derecha parece m�s corta que la del de la
izquierda. No obstante, est�n representadas por l�neas rectas iguales.
La distancia AB parece mucho menor que la BC, que es igual que ella.
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Figura 111
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La distancia AB parece mayor que la igual a ella CD (figura 112).
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Figura 112
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El �valo de abajo (figura 113) parece mayor que el interior de arriba, aunque
son iguales (influencia de las condiciones )
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Figura 113
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Las distancias iguales AB, CD y EF parecen desiguales (influencia de las
condiciones).
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Figura 114
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El rect�ngulo cruzado a lo largo (a la izquierda) parece m�s largo y m�s
estrecho que su igual cruzado transversalmente.
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Figura 115
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Las figuras A y B son dos cuadrados iguales, aunque la primera parece m�s alta
y estrecha que la segunda.
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Figura 116
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La altura de la figura 117 parece mayor que su anchura, aunque son iguales.
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Figura 117
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La altura del sombrero de copa parece mayor que su anchura, a pesar de que son
iguales.
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Figura 118
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Las distancias AB y AC son iguales, sin embargo, la primera parece m�s larga.
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Figura 119
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Las distancias BA y BC son iguales, pero la primera parece m�s larga.
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Figura 120
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El list�n vertical, estrecho, parece m�s largo que los que hay debajo, m�s
anchos; en realidad son iguales (figura 121).
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Figura 121
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La distancia MN parece menor que la igual que ella AB.
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Figura 122
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El c�rculo de la derecha de la figura 123 parece menor que el de la izquierda,
que es igual que �l.
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Figura 123
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Figura 124
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La distancia AB (figura 124) parece menor que la igual que ella CD. La ilusi�n
aumenta cuando la figura se mira desde lejos.
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Figura 125
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El espacio vac�o entre el c�rculo de abajo y cada uno de los de arriba (figura
125) parece mayor que la distancia que hay entre las partes exteriores de los
bordes de los c�rculos de arriba. En realidad son iguales.
La ilusi�n de la �pipa�
. Las rayas de la derecha parecen m�s cortas que las de la izquierda, aunque
todas son iguales.
La ilusi�n de los tipos de imprenta
. Las mitades superior e inferior de cada una de estas letras parecen ser
iguales. Pero, d�ndole la vuelta a la figura, se nota f�cilmente que las
mitades superiores son menores.
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Figura 127
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Las alturas de los tri�ngulos de la figura 128 est�n cortadas por la mitad,
aunque parece que la parte pr�xima al v�rtice es m�s corta.
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Figura 128
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La ilusi�n de Poggendorf
. La l�nea recta oblicua que corta las franjas negras y blancas, desde lejos
parece quebrada.
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Figura 129
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Si se prolongan los arcos de la derecha (figura 130), se encontrar�n con los
extremos superiores de los arcos de la izquierda, a pesar de que parece que
pasar�n m�s abajo.
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Figura 130
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El punto c (figura 131), que se halla en la prolongaci�n de la recta ab parece
que est� situado m�s abajo.
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Figura 131
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Estas dos figuras son completamente iguales, aunque la de arriba parece m�s
corta y m�s ancha que la de abajo.
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Figura 132
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Las partes medias de estas l�neas son rigurosamente paralelas, aunque no lo
parezca.
La ilusi�n de Zellner
. Las l�neas largas y oblicuas de la figura 134 son paralelas, aunque parece
que son divergentes.
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Figura 133
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La ilusi�n de Hering
. Las dos l�neas de en medio, que van de derecha a izquierda, son rectas
paralelas, a pesar de que parecen arcos con sus partes convexas enfrentadas.
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Figura 134
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Figura 135
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La ilusi�n desaparece: 1) si se coloca la figura a la altura de los ojos y se
mira de tal modo, que la vista -resbale a lo largo de las l�neas; 2) si se pone
la punta de un lapicero en un punto cualquiera de la figura y se fija la vista
en este punto.
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Figura 136
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El arco de abajo parece m�s convexo y corto que el de arriba. No obstante,
ambos son iguales.
Los lados del tri�ngulo parecen c�ncavos; en realidad son rectos.
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Figura 137
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Estas letras est�n derechas
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Figura 138
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Las curvas de la figura 139 perecen espirales, pero son circunferencias. De
esto es f�cil convencerse pasando a lo largo de ellas un palito afilado.
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Figura 139
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Las curvas de esta figura parecen ovaladas; en realidad son circunferencias,
como puede comprobarse con un comp�s.
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Figura 140
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A cierta distancia los c�rculos de estas figuras (tanto los blancos como los
negros) parecen hex�gonos.
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Figura 141
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La ilusi�n de la autotipia
. Cuando esta ret�cula se mira desde lejos, se distingue en ella f�cilmente el
ojo y parte de la nariz de un rostro femenino.
La figura es parte de una autotipia (ilustraci�n ordinaria de un libro)
aumentada 10 veces.
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Figura 142
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La silueta superior parece m�s larga que la inferior, aunque sus longitudes son
id�nticas.
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Figura 143
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�Cabe entre las rectas AB y CD el c�rculo aqu� representado? A simple vista
parece que s�. En realidad el c�rculo es m�s ancho que la distancia entre
dichas l�neas.
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Figura 144
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Figura 145
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La distancia AB parece mayor que la igual a ella AC.
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Figura 146
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Si el dibujo de arriba (figura 146) se coloca al nivel del ojo y se mira de
modo que la vista resbale a lo largo de ella, se ve el dibujo representado
abajo.
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Figura 147
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Coloque usted un ojo (despu�s de cerrar el otro) aproximadamente en el punto de
intersecci�n de las prolongaciones de las l�neas de la figura 147. Ver� una
serie de alfileres hincados en el papel. Si mueve el dibujo de un lado para
otro, parece que los alfileres se balancean.
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Figura 148
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Mirando durante cierto tiempo la figura 148, le parecer� a usted que sobresalen
sucesivamente ya dos cubos hacia arriba, ya dos cubos hacia abajo. Haciendo un
esfuerzo mental podr� provocar una u otra imagen a voluntad.
La escalera de Schroeder. Esta figura puede interpretarla de tres modos: 1)
como una escalera, 2) como un hueco o rebajo en una pared, y 3) como una tira
de papel plegada como un acorde�n y extendida diagonalmente. Estas im�genes
pueden sustituirse unas a otras arbitrariamente o seg�n su voluntad.
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Figura 149
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Esta figura puede representar, seg�n su deseo, un tarugo de madera con un
rebajo (la pared posterior del rebajo es AB), un tarugo con una espiga saliente
(la cara delantera de la espiga es AB), o parte de una caja vac�a, abierta por
abajo, a cuyas paredes est� pegada por dentro una tablilla.
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Figura 150
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En las intersecciones de las franjas blancas de la figura 151 aparecen y
desaparecen, como si centelleasen, unas manchitas gris�ceas. En realidad las
franjas son completamente blancas en toda su longitud, de lo cual es f�cil
convencerse tapando con papel las filas contiguas de cuadrados negros. Esto se
debe al contraste.
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Figura 151
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Figura 152
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La figura 152 es una variante de la ilusi�n de la figura anterior, pero aqu�,
en los cruces de las franjas negras, aparecen manchitas blancas.
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Figura 153
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Cuando esta figura se mira de lejos, sus cuatro franjas parecen canales
c�ncavos; estas franjas se nos figuran m�s claras junto al borde contiguo a la
franja vecina m�s obscura. Pero tapando las franjas adyacentes, y evitando de
este modo la influencia del contraste, puede comprobarse que cada una de las
franjas est� rayada uniformemente.
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Figura 154
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Mire fijamente, durante un minuto, a cualquier punto d� este retrato �negativo�
(de Newton) sin mover los ojos; despu�s pas� r�pidamente la vista a un papel en
blanco o al fondo gris claro de la pared o del techo y ver� usted durante un
instante ese mismo retrato, pero con sus manchas negras convertidas en blancas
y viceversa.
La ilusi�n de Silvanius Thompson. Si esta figura se hace girar (d�ndole vueltas
al libio), todos los c�rculos y la blanca rueda dentada parecer� que giran,
cada uno alrededor de su centro, en el mismo sentido y a la misma velocidad.
A la izquierda ve usted una cruz convexa, a la derecha otra ahuecada. Pero
ponga la figura al rev�s, y las cruces permutar�n sus puestos. En realidad los
dos dibujos son id�nticos, pero han sido sometidos a giros distintos.
Mire esta fotograf�a con un ojo, coloc�ndolo frente a su centro y a 14-16 cm de
distancia.
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Figura 155
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Cuando el ojo est� en la posici�n indicada, ve la imagen desde el mismo punto
que el objetivo de la c�mara fotogr�fica �vio� al original. El paisaje adquiere
profundidad y el agua, brillo.
Los ojos y el dedo parecen que se dirigen directamente a usted y que le siguen
cuando se desv�a del dibujo hacia la derecha o hacia la izquierda.
La curiosa peculiaridad de algunos retratos que parece que siguen con los ojos
al que los mira y que hasta vuelven toda la cara hacia �l, cualquiera que sea
el punto desde el cual observa el retrato, es conocida desde muy antiguo. A
esta peculiaridad, que asusta a los pusil�mines, le atribuyen algunos ciertas
propiedades sobrenaturales y ha originado toda una serie de ideas y leyendas
supersticiosas y de narraciones fant�sticas (v�ase �El Retrato de N. V. Gogol).
Sin embargo, la causa de esta interesante ilusi�n �ptica es bien sencilla.
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Figura 156
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En primer lugar, esta ilusi�n no s�lo es peculiar de los retratos, sino tambi�n
de otros cuadros. Un ca��n dibujado o fotografiado de manera que apunte al que
lo mire, volver� su boca hacia �l cuando se retire hacia la derecha o hacia la
izquierda. Un coche representado como dirigi�ndose al observador, no hay manera
de esquivarlo.
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Figura 157
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Todos estos fen�menos tienen una causa com�n y extraordinariamente simple. Si
en un cuadro vemos la boca de un ca��n dibujado de manera que apunta
directamente hacia nosotros, al desviarnos tracia un lado lo seguiremos viendo
en la misma posici�n que ten�a; esto es completamente natural en las im�genes
planas, lo contrario ser�a absurdo; pero cuando se trata de un ca��n de verdad,
esto s�lo puede ocurrir si gira hacia nuestro lado. Y como quiera que cuando
miramos el cuadro pensamos no en �l, sino en los objetos reales que �l
representa, nos parece que dicho objeto cambi� de posici�n.
Esto se refiere tambi�n a los retratos. Si la cara est� representada de modo
que nos mire directamente, y despu�s de apartarnos hacia un lado volvemos a
mirar el cuadro, veremos que la posici�n de aquella con respecto a nosotros no
ha cambiado (lo mismo que no ha cambiado nada en el cuadro); en otras palabras,
notamos que parece que la cara se ha vuelto hacia nosotros, porque si un rostro
vivo se mira desde un lado, lo vemos de otra forma, y s�lo podremos verlo como
antes si se vuelve hacia nosotros.
Cuando el cuadro es bueno, el efecto que produce es sorprendente.
Est� claro que no es extra�o que los retratos tengan esta propiedad. Lo que
seria extra�o es que no la tuvieran. En efecto, �no ser�a acaso maravilloso
que, al desviarse hacia un lado del retrato, viera usted la parte lateral de la
cara?
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Figura 158
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Pues esto, es, en esencia, lo que esperan todos aquellos que consideran
sobrenatural el supuesto giro de la cara del retrato.
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