CONTENIDO

Pr�logo
1. Para los ratos libres
2. Para los j�venes f�sicos
3. Una hoja de peri�dico
4. Otros 75 problemas y experimentos
5. Ilusiones �pticas
6. Distribuciones y transposiciones dif�ciles
7. Cortes y cosidos h�biles
8. Problemas con cuadrados
9. Problemas acerca del trabajo
10. Problemas acerca de compras y precios
11. El peso y la pesada
12. Problemas acerca de relojes
13. Problemas acerca de los medios de transporte
14. C�lculos inesperados
15. Situaciones embarazosas
16. Problemas de los "Viajes de Gulliver"
17. Cuentos acerca de n�meros enormes
18. Acertijos num�ricos
19. Aritm�tica divertida
20. Sabe usted contar
21. C�lculos r�pidos
22. Cuadrados m�gicos
23. Juegos y trucos aritm�ticos
24. De un trazo
25. Acertijos geom�tricos
26. Sin regla graduada
27. Trucos y pasatiempos f�ciles

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Escribir @ Antonio

Cap�tulo 3
UNA HOJA DE PERI�DICO



  • �Qu� quiere decir �mirar con la cabeza�?
  • Un peri�dico pesado
-�Decidido! -anunci� mi hermano mayor, dando una palmada a los azulejos de la estufa encendida-: esta tarde hacemos experimentos el�ctricos.
-�Experimentos? �Nuevos experimentos! -exclam� yo entusiasmado-. �Cu�ndo? �Ahora? Yo quiero hacerlos ahora.
-Pues ten paciencia. Los haremos esta tarde. Ahora tengo que marcharme.
-�Por la m�quina?
-�Qu� m�quina?
-La el�ctrica. Para los experimentos har� falta una m�quina.
-La m�quina que nos har� falta ya la tenemos, est� en mi cartera. Pero, haz el favor de no buscarla sin m� -previ� mi hermano lo que yo pensaba -. No la encontrar�s y me revolver�s todo -a�adi�, mientras se pon�a el abrigo.
-Pero, �la m�quina est� ah�?
-Ah� est�, no te preocupes.
Y mi hermano sali� de casa, dejando tranquilamente la cartera, con la m�quina, en la mesita que hab�a en la antesala.
Si el hierro pudiera sentir, experimentar�a junto a un im�n lo mismo que yo notaba cuando me qued� a solas con la cartera de mi hermano. La cartera tiraba de m�, atra�a todos mis sentimientos e ideas. Era imposible pensar en ninguna otra cosa, era in�til pretender mirar a otra parte ...
Es raro que una m�quina el�ctrica pueda caber en una cartera. Yo me la figuraba menos delgada. La cartera no estaba cerrada con llave, y si, con cuidado, echaba una ojeada a su interior... Aqu� hay algo envuelto en un peri�dico. �Una caja? No, son libros. Libros y m�s libros, otra cosa no hay en la cartera. �C�mo no se me ocurri� en el acto que mi hermano me hab�a gastado una broma? �Puede, acaso, guardarse una m�quina el�ctrica en una cartera!
Mi hermano regres� con las manos vac�as y, por la cara desilusionada que yo ten�a, se dio cuenta en seguida de la causa de mi triste aspecto.
-�Me parece que le has hecho una visita a mi cartera? -pregunt� �l.
-�D�nde est� la m�quina? -fue mi respuesta. -En la cartera. �No la has visto?
-Ah� no hay m�s que libros.
-Y la m�quina. Por lo visto has mirado mal. �Con qu� has mirado?
-�Qu� con qu� he mirado? Con los ojos.
-Est� claro, has mirado s�lo con los ojos. �Hay que mirar con toda la cabeza! No basta mirar, hay que comprender lo que se ve. Esto es lo que se llama �mirar con la cabeza�. Si quieres te demostrar� la diferencia que hay entre mirar s�lo con los ojos y mirar con la cabeza.
Mi hermano sac� del bolsillo un l�piz y dibuj� en un papel la figura representada a la izquierda.
-Aqu� las l�neas dobles representan v�as f�rreas, y las simples, carreteras. Mira atentamente y dime: �qu� v�a es m�s larga, la que va de 1 a 2, o la que va de 1 a 3?
-La de 1 a 3 es, naturalmente, la m�s larga.
-Eso es lo que has visto con los ojos. Pero ahora mira la figura con toda la cabeza.

Figura 62


-�C�mo? Yo no s�.
-Con toda la cabeza puede mirarse esta figura as�. Fig�rate que desde 1 bajamos una recta perpendicular a la carretera 2-3 -mi hermano traz� una l�nea punteada en su dibujo-. �C�mo divide mi l�nea a esta carretera? �En qu� partes?
-Por la mitad.
-Por la mitad. Por consiguiente, todos los puntos de esta l�nea distar�n lo mismo de los extremos 2 y 3. �Qu� dices ahora del punto 1? �De d�nde est� m�s cerca, de 2 � de 3?
-Ahora veo claramente que est� a la misma distancia de 2 que de 3. Pero antes me pareci� que el ferrocarril de la derecha era m�s largo que el de la izquierda.
-Antes miraste s�lo con los ojos, y ahora has mirado con toda la cabeza. �Has comprendido la diferencia?
- S�. Pero, �d�nde est� la m�quina?
-�Qu� m�quina? �Ah, la el�ctrica! En la cartera. Est� donde estaba. No la viste porque no sab�as mirar con la cabeza.
Mi hermano sac� de la cartera el paquete con los libros, lo desenvolvi� con cuidado, dej� libre una hoja grande de peri�dico y me la dio:
-Esta es nuestra m�quina el�ctrica.
Yo mir� desconcertado el peri�dico.
-�Crees que esto no es m�s que un papel? -prosigui� mi hermano-. Para la vista, s�. Pero el que sabe mirar con toda la cabeza reconoce que el peri�dico es un aparato f�sico.
-�Un aparato f�sico? �Para hacer experimentos?
-S�. Coge el peri�dico. �Pesa poco, verdad? Y t� crees, como es natural, que puedes levantarlo siempre hasta con un solo dedo. Pues, ahora ver�s como este mismo peri�dico se hace a veces pesad�simo. �Dame aquella regla de dibujo!
-Est� mellada, no sirve para nada.
-Tanto mejor, no sentiremos que se rompa.
Mi hermano puso la regla sobre la mesa, de modo que una parte de ella sobresal�a del borde.
-Toca el extremo sobresaliente. �Es f�cil de inclinar, verdad? Bueno, pues, prueba a inclinarlo cuando yo cubra el otro extremo de la regla con el peri�dico.
Extendi� el peri�dico en la mesa, le alis� cuidadosamente los pliegues y tap� con �l la regla.
-Coge un palo y da un golpe fuerte sobre la parte de la regla que sobresale. �Dale con todas tus fuerzas!
-Le voy a dar un golpe, que la regla romper� el peri�dico y saltar� hasta el techo -dije yo, y levant� el palo.

Figura 63


-No escatimes fuerzas.
El resultado del golpe fue completamente inesperado: son� un chasquido, se rompi� la regla, y el peri�dico sigui� en la mesa, como antes, cubriendo el resto roto de la desdichada regla.
-El peri�dico es m�s pesado de lo que t� cre�as, �no es as�? -me pregunt� mi hermano con malicia.
Yo miraba desconcertado los restos de la regla y el peri�dico.
-�Esto es un experimento? �El�ctrico?
-S�, un experimento, pero no el�ctrico. Los el�ctricos vendr�n despu�s. Sin embargo, yo quer�a demostrarte que un peri�dico puede servir, en efecto, de aparato para hacer experimentos f�sicos.
-Pero, �por qu� no dej� salir a la regla, si yo puedo levantarlo f�cilmente de la mesa?
-Eso es el quid del experimento. Sobre el peri�dico presiona el aire y ... con no poca fuerza: cada cent�metro cuadrado de la hoja de peri�dico es apretado por �l con la fuerza de un kilogramo. Cuando se golpea el extremo de la regla que sobresale, �sta presiona con su otro extremo, desde abajo, sobre el papel y el peri�dico debe levantarse. Si esto se hace despacio, debajo del peri�dico, que empieza a levantarse, tiene tiempo de entrar aire desde fuera, el cual, con su presi�n, equilibra la que sufre el peri�dico por arriba. Pero tu golpe fue tan r�pido, que el aire no tuvo tiempo de penetrar debajo del peri�dico: el borde de la hoja de papel a�n estaba en contacto con la mesa, cuando su parte central ya era empujada hacia arriba. Por esto tuviste que levantar no s�lo el peri�dico, sino tambi�n el aire que presionaba sobre �l. En resumidas cuentas: hubieras tenido que levantar con la regla un peso aproximado igual a tantos kilogramos como cent�metros cuadrados tiene la parte del peri�dico a levantar. Si �sta fuera una parte del papel de s�lo 16 cent�metros cuadrados -un cuadradito de 4 cent�metros de lado-, la presi�n del aire sobre �l ser�a de 16 kilogramos. Pero la parte del papel que hab�a que levantar era considerablemente mayor, por lo tanto, el peso a levantar era grande, quiz� de medio ciento de kilogramos. La regla no aguant� este peso y se rompi�. �Crees ahora que con un peri�dico pueden hacerse experimentos? ...Cuando anochezca, empezaremos con los el�ctricos.

  • Los dedos despiden chispas
  • Un palo obediente
  • La electricidad en las monta�as
Mi hermano cogi� con una mano un cepillo de la ropa y con la otra arrim� una hoja de peri�dico a la estufa caliente y empez� a frotarla con el cepillo, lo, mismo que un empapelador cuando extiende el papel sobre la pared para que se pegue bien.
-�Mira! -dijo mi hermano, al mismo tiempo que retiraba ambas manos del peri�dico.
Yo esperaba que el papel se deslizar�a hacia el suelo. Pero no fue as�: el peri�dico qued� sujeto de un modo raro a los lisos azulejos, como si estuviera pegado.

Figura 64

-�C�mo se sostiene -pregunt� yo -, si no tiene cola?
-Lo sostiene la electricidad. Ahora est� electrizado y lo atrae la estufa.
-�Y por qu� no me dijiste que el peri�dico que ten�as en la cartera estaba electrizado?
-Antes no lo estaba. Lo he electrizado yo ahora, delante de ti, frot�ndolo con el cepillo. Se ha electrizado por frotamiento.
-Entonces, �esto ya es un experimento el�ctrico de verdad?
-S�. No hemos hecho m�s que empezar. �Apaga la luz!
En la oscuridad se dibujaba confusamente la negra figura de mi hermano y una mancha gris�cea en el lugar en que estaba la blanca estufa.
-Ahora f�jate bien en mis manos.
Yo m�s bien supon�a, que ve�a, lo que hac�a mi hermano. Desprendi� el peri�dico de la estufa y, manteni�ndolo con una mano en el aire, aproxim� a �l los dedos abiertos de la otra mano.
Y entonces -yo no pod�a dar cr�dito a mis ojos de sus dedos se desprendieron chispas: �Chispas largas, blanco-azuladas!
-Estas chispas eran el�ctricas. �Quieres probar t� mismo?
Yo me apresur� a ocultar mis manos detr�s de la espalda. �Por nada del mundo!
Mi hermano volvi� a aplicar el peri�dico a la estufa, lo frot� con el cepillo y de nuevo hizo saltar de sus dedos haces de largas chispas. Pude darme cuenta de que sus dedos no llegaban a tocar el peri�dico, sino que se manten�an a unos diez cent�metros de �l.
-Prueba, no tengas miedo, no duele nada. Dame la mano -dijo, y cogi� una de mis manos y me acerc� a la estufa-: �Abre los dedos! ... �As�! �Qu�, te duele?
Yo no tuve tiempo de volver en m�, cuando de mis dedos sal�an ya haces de chispas azuladas. A su luz pude ver que mi hermano s�lo hab�a separado de la estufa la mitad del peri�dico, la parte inferior de la hoja de papel segu�a como pegada a ella. Al mismo tiempo que las chispas sent� un ligero pinchacito, pero el dolor fue insignificante. En efecto, no hab�a nada que temer.
-�M�s! -ahora era yo el que quer�a.
Mi hermano aplic� el peri�dico a la estufa y comenz� a frotarlo con las palmas de las manos.
-�Qu� haces? �Te has olvidado del cepillo!
-Es lo mismo. �Prep�rate!
-No saldr� nada. Lo has frotado con las manos, sin cepillo.
-Sin cepillo tambi�n se puede hacer, si las manos est�n secas. Lo que hace falta es frotarlo.
Efectivamente, tambi�n esta vez despidieron chispas mis dedos, lo mismo que antes.

Figura 65

Cuando me hart� de ver chispas, me dijo mi hermano:
-Bueno, basta. Ahora te ense�ar� la descarga en penacho, la misma que vieron Col�n y Magallanes en las puntas de los m�stiles de sus embarcaciones ... �Dame las tijeras!
Mi hermano acerc� en la oscuridad las puntas de las tijeras abiertas al peri�dico, medio separado de la estufa. Yo esperaba ver chispas, pero vi algo nuevo: las puntas de las tijeras se coronaron de haces brillantes de cortos hilos azul-rojizos, aunque a�n se hallaban del papel bastante lejos. Al mismo tiempo se o�a un ligero susurro prolongado.
-Penachos de fuego como �stos, s�lo que mucho m�s grandes, ven con frecuencia los marinos en los extremos de los m�stiles y en las vergas. Ellos les llaman �fuegos de Santelmo�.
-�Y c�mo se producen all�?
-Es decir, �qui�n sostiene el peri�dico electrizado sobre los m�stiles? �Eso es lo que quer�as preguntar? Pues, como es l�gico, all� no hay peri�dico, pero hay en cambio una nube electrizada baja. Ella es la que hace las veces de peri�dico. Y no creas que esta luminosidad el�ctrica de las puntas agudas suele producirse s�lo en el mar. Tambi�n se observa en tierra, sobre todo en las monta�as. Julio C�sar describ�a ya c�mo una noche nublada se iluminaron con estos fuegos las puntas de las lanzas de sus soldados. Los marinos y los soldados no tienen miedo a los fuegos el�ctricos, al contrario, los consideran buena se�al, aunque sin ning�n fundamento razonable. En las monta�as suele ocurrir que la luminosidad el�ctrica se manifiesta incluso en las personas, en sus cabellos, gorros, o�dos y en todas las partes salientes del cuerpo. Al mismo tiempo suele o�rse un susurro parecido al que produc�an nuestras tijeras.
-Y este fuego, �quema mucho?
-No quema nada. Porque no es fuego, sino una luminiscencia, es decir, una luminosidad fr�a. Tan fr�a e inofensiva, que con ella ni se puede encender una cerilla. Mira: en vez de las tijeras, cojo una cerilla, y, como puedes ver, su cabeza queda rodeada de luminiscencia el�ctrica, pero ella no arde.
-Pues, yo creo que arde: la llama sale de la misma cabeza.
-Enciende la luz y mira la cerilla junto a la l�mpara.

Figura 66

Me convenc� de que la cerilla no s�lo no ten�a indicios de carbonizaci�n, sino que hasta su cabeza estaba intacta. Hab�a estado, pues, rodeada de luz fr�a, y no de fuego.
-No apagues la l�mpara. El experimento siguiente lo haremos con luz.
Mi hermano puso una silla en medio de la habitaci�n y sobre su espaldar coloc� un palo atravesado.
Despu�s de varios intentos logr� que el palo, apoyado en un solo punto, descansara sobre el espaldar de la silla sin volcarse.
-Yo no cre�a que el palo pudiera quedarse as� -dije yo-, porque es bastante largo.
-Por eso se sostiene, porque es largo. Si fuera corto no se sostendr�a. Un l�piz, por ejemplo, no se sostiene.
-Un l�piz, de ninguna manera -afirm� yo.
-Y ahora a lo que �bamos. Sin tocar el palo, �puedes hacer que se vuelva hacia ti?
Yo me qued� pensativo.
-Si a uno de sus extremos se le echa un lazo ... -comenc� yo.
-Sin ninguna cuerda y sin tocarlo en absoluto. �Puedes?
-�Ah, ya s�!
Acerqu� la cara al palo y empec� a absorber aire con la boca, para atraerlo hacia m�. Pero el palo ni se movi�.
-�Qu� dices?
-Que es imposible.
-�Imposible? Ahora veremos.
Y retirando de la estufa el peri�dico, que durante todo este tiempo estuvo adherido a los azulejos, como si estuviera pegado, comenz� mi hermano a acercarlo lentamente al palo por un lado. A casi medio metro de distancia, el palo percibi� la atracci�n del peri�dico electrizado y se volvi� obedientemente hacia �l. Moviendo la hoja de peri�dico, mi hermano consigui� que el palo lo siguiera, y le hizo girar sobre el espaldar de la silla, primero en un sentido y despu�s en otro.
-Como ves, el peri�dico electrizado atrae el palo con tanta fuerza, que �ste lo seguir� mientras que toda la electricidad del papel no haya pisado al aire.

Figura 67

-�Qu� l�stima que estos experimentos no se pueden hacer en verano ! Entonces la estufa est� fr�a.
-La estufa hace falta aqu� para secar el papel, porque estos experimentos s�lo salen bien cuando el peri�dico est� completamente seco. Y t� te habr�s dado cuenta, seguramente, de que el papel de peri�dico absorbe la humedad del aire, por eso est� siempre algo h�medo y hay que secarlo. No creas que en verano es totalmente imposible hacer nuestros experimentos. Pueden hacerse, pero no salen tan bien como en invierno, porque en invierno, en una habitaci�n con calefacci�n, el aire est� mucho m�s seco que en verano. Y la sequedad tiene mucha importancia para estas experiencias. En verano se seca el peri�dico sobre la plancha de la cocina, cuando �sta, despu�s de comer, se enfr�a lo suficiente para que el papel no se queme. Una vez bien seca en la plancha, la hoja de peri�dico se traslada a una mesa seca y all� se frota fuertemente con un cepillo. El papel se electriza, pero no tan intensamente como cuando se prepara en la estufa de azulejos. Y ... ya est� bien por hoy. Ma�ana haremos otros experimentos.
-�Tambi�n el�ctricos?
-S�, y con la misma m�quina el�ctrica: con el peri�dico. Mientras tanto te dar� a leer un relato interesante acerca de los fuegos de Santelmo en las monta�as, del que es autor el c�lebre naturalista franc�s Saussure.
En 1867 estuvo con varios compa�eros en una cumbre de los Alpes, de m�s de tres kil�metros de altura. Y aqu� tienes lo que all� experimentaron.
Mi hermano cogi� del estante el libro de Flammarion �La Atm�sfera�, lo hoje�, y me dio a leer el pasaje siguiente:

�Los que hab�an realizado la escalada acababan de dejar junto a una pe�a sus bastones con conteras de hierro y se dispon�an a comer, cuando Saussure sinti� en los hombros y en la espalda un dolor, que parec�a estar producido por agujas que se le hincaran lentamente en el cuerpo. �Suponiendo -dice Saussure que en mi capote hab�an ca�do alfileres, me lo quit�, pero no sent�a alivio, sino, por el contrario, el dolor se hizo m�s intenso y se extendi� a toda la espalda, desde un hombro a otro; este dolor iba acompa�ado de cosquilleo y de pinchazos dolorosos, como si por mi piel anduviera una avispa y la llenara de picaduras. Despu�s de quitarme r�pidamente mi segundo abrigo, no encontr� nada que pudiera producir esta afecci�n. El dolor prosegu�a y empez� a parecerse a una quemadura. Pens� que se hab�a inflamado mi jersey de lana. Estaba ya dispuesto a desnudarme, cuando me llam� la atenci�n un ruido parecido al abejorro. Este ruido proced�a de nuestros bastones apoyados en la pe�a; era semejante al ruido que hace el agua caliente en v�speras de arrancar a hervir. Todo esto durar�a unos cinco minutos.
Comprend� entonces que la sensaci�n dolorosa era debida al flujo el�ctrico procedente de la monta�a. Sin embargo, como era de d�a, no vi ning�n resplandor en los bastones. Estos produc�an el mismo ruido agudo cuando, teni�ndolos en la mano, dirig�amos las conteras de hierro hacia arriba, hacia abajo u horizontalmente. Del suelo no sal�a ning�n sonido.
Al cabo de algunos minutos sent� que se me erizaban los pelos de la cabeza y la barba, parec�a que me estaban pasando una navaja de afeitar seca por la barba fuerte y crecida. Mi joven ayudante grit� que se le ergu�an los bigotes y de la parte superior de sus o�dos emanaban fuertes corrientes. Al levantar la mano sent� como la corriente sal�a de mis dedos. En una palabra, la electricidad emanaba de los bastones, de las ropas, de los o�dos, de los pelos, de todas las partes salientes del cuerpo.
Abandonamos r�pidamente la cumbre de la monta�a y descendimos unos cien metros. A medida que �bamos bajando, nuestros bastones emit�an cada vez un sonido m�s d�bil; por fin, el sonido se hizo tan sordo, que s�lo pod�a o�rse llev�ndose el bast�n al o�do�
.

As� termina la narraci�n de Saussure. En el mismo libro le� las descripciones de otros casos de aparici�n de los fuegos de Santelmo.
�La emanaci�n de electricidad de las pe�as prominentes se observa con frecuencia cuando el cielo est� cubierto de nubes bajas que pasan a poca altura de las cumbres.
El 10 de julio de 1863, Watson y varios turistas m�s ascendieron al puerto de Jungfrau (en los montes Suizos). Hac�a una ma�ana magn�fica, pero ya cerca del desfiladero, los viajeros tuvieron que aguantar un viento fuerte con pedrisco. Se oy� el horr�sono bramar del trueno, y poco despu�s Watson percibi� un sonido silbante procedente de su bast�n; este sonido era parecido al de un calentador en que se inicia la ebullici�n. Los viajeros se detuvieron, y notaron que sus bastones y hachas emit�an el mismo sonido y no dejaron de sonar ni despu�s de clavar uno de sus extremos en tierra. Uno de los gu�as, que se quit� el sombrero, comenz� a gritar que le ard�a la cabeza. Y, efectivamente, sus cabellos estaban erizados como si los tuviera electrizados. Todos experimentaban sensaci�n de cosquilleo en la cara y en otras partes del cuerpo. Watson ten�a los cabellos completamente de punta. En los extremos de los dedos, cuando los mov�amos en el aire, se o�a el silbido el�ctrico�.
  • La danza de los payasos de papel
  • Al d�a siguiente, las serpientes
  • Los pelos de punta
Mi hermano cumpli� su palabra, cuando anocheci�, continu� los experimentos. Lo primero que hizo fue �pegar� un peri�dico a la estufa. Despu�s me pidi� un papel m�s fuerte que el de peri�dico - de escribir - y empez� a recortar de �l figuras graciosas: mu�equitos en diversas posturas.

Figura 68

-Estos payasos de papel van a bailar ahora. Trae unos alfileres.
Cada payaso tuvo pronto su alfiler clavado en una pierna.
-Esto es para que los payasos no salgan volando ni sean arrastrados por el peri�dico -me explic� mi hermano, mientras pon�a las figuras de papel en una bandeja-. �Atenci�n! �El espect�culo va a comenzar!
�Despeg� el peri�dico de la estufa y, sosteni�ndolo horizontalmente con las dos manos, lo acerc�, desde arriba, a la bandeja en que estaban las figuras.
-�Levantaos! -orden� mi hermano.

Figura 69


Y, fig�rese usted, los mu�ecos le hicieron caso y se levantaron. Se pusieron de pie y as� estuvieron hasta que mi hermano retir� el peri�dico; entonces volvieron a tumbarse. Pero �l no los dej� descansar mucho: acercando y alejando el peri�dico, obligaba a los payasos ya a levantarse ya a acostarse.
-Si no les hubiera puesto los alfileres, ser�an m�s livianos, se lanzar�an hacia el peri�dico y se pegar�an a �l. Mira -mi hermano quit� los alfileres a varias figuras-, han sido atra�das por el peri�dico y ya no se desprenden. Esto es la atracci�n el�ctrica. Y ahora haremos un experimento de repulsi�n ... �D�nde has puesto las tijeras?

Figura 70


Yo le di las tijeras, y mi hermano, despu�s de �pegar� el peri�dico en la estufa, empez� a cortar de su extremo, de abajo a arriba, una tira larga y estrecha. Sin llegar hasta arriba, comenz� a cortar, del mismo modo, una segunda tira, despu�s una tercera y as� sucesivamente. La tira sexta o s�ptima la cort� del todo. Result� una especie de plumero de papel que no se desliz� de la estufa, como yo esperaba, sino que sigui� adherido a ella. Sujetando la parte superior con la mano, mi hermano pas� varias veces el cepillo por las tiras y luego retir� el �plumero� de la estufa, sosteni�ndolo por arriba con el brazo extendido hacia adelante.
En vez de pender libremente hacia abajo, las tiras se separaron formando una especie de campana, repeli�ndose sensiblemente unas a otras.
-Se repelen -me explic� mi hermano -, porque todas est�n igualmente electrizadas. En cambio, se acercar�n a los objetos que no est�n electrizados. Mete la mano, por abajo, dentro de la campana: las tiras se acercar�n a ella.
Me puse en cuclillas y met� la mano en el espacio que hab�a entre las tiras. Es decir, quise introducir la mano, pero no pude hacerlo, porque las tiras de papel se enrollaron a ella como si fueran serpientes.
-�No te asustan estas serpientes? -me pregunt� mi hermano.
-Si son de papel, �c�mo me van a asustar?
-Pues a m� me horrorizan, �mira!

Figura 71

Mi hermano levant� la hoja de peri�dico hasta tenerla m�s arriba de la cabeza, y yo pude ver como sus largos cabellos se erizaban.
-�Esto tambi�n es un experimento? �Dime, es un experimento o no?
-Es el mismo experimento que acabamos de hacer, pero de otra forma. El peri�dico ha electrizado mis pelos, y ellos se han sentido atra�dos hacia �l, al mismo tiempo que se repel�an entre s�, lo mismo que las tiras de nuestro �plumero� de, papel. Coge un espejo y te ense�ar� c�mo tus pelos se erguir�n lo mismo que los m�os.
-Pero, �no duele?
-En absoluto.
En efecto, no sent� ni el menor dolor, ni siquiera cosquilleo, y, sin embargo, vi en el espejo c�mo, debajo de la hoja de peri�dico, mis cabellos estaban erizados.
Volvimos a repetir tambi�n los experimentos del d�a anterior, y mi hermano dio por terminada la �sesi�n�, como llam� a nuestro pasatiempo, prometi�ndome que al d�a siguiente har�a una serie de experimentos nuevos.
  • Un rayo peque�o
  • Experimento con un chorro de agua
  • Un soplido de gigante
Al d�a siguiente empez� mi hermano los experimentos haciendo unos preparativos muy raros.
Cogi� tres vasos, los calent� junto a la estufa, los puso despu�s sobre la mesa y los tap� con la bandeja, que tambi�n calent� previamente acerc�ndola a la estufa.
-�Qu� vas a hacer? -curiose� yo-. �Por qu� pones la bandeja sobre los vasos, y no los vasos sobre la bandeja?
-Espera, no tengas prisa. Vamos a hacer un experimento con un rayo peque�o.
Mi hermano puso en marcha su �m�quina el�ctrica�, es decir, empez� a frotar la hoja de peri�dico que hab�a aplicado a la estufa. Una vez frotada, dobl� la hoja por la mitad y volvi� a frotarla. Luego la �despeg� de la estufa y la deposit� r�pidamente sobre la bandeja:
-Toca la bandeja, �no est� fr�a?
Sin sospechar la mala pasada, alargu� despreocupadamente la mano hacia la bandeja y ... la retir� precipitadamente: algo dio un chasquido y sent� un pinchazo en el dedo. Mi hermano se ech� a re�r.
-�Qu� te parece? Te ha ca�do un rayo. �Has o�do el chasquido? Pues, eso fue un trueno peque�o.
-He sentido un pinchazo fuerte, pero no he visto ning�n rel�mpago.
-Ahora lo ver�s, cuando repitamos el experimento a obscuras.
-Pero yo no quiero volver a tocar la bandeja -declar� yo resueltamente.
-Tienes que mirar estos experimentos s�lo con los ojos, y no con toda la cabeza. Hagamos ahora otro experimento con un chorro de agua. Lo haremos en la cocina, en el grifo del agua. El peri�dico se quedar� en la estufa hasta que haga falta.
Dejamos salir del grifo un chorrito fino de agua, que, al caer, chocaba sonoramente con el fondo de la pila.

Figura 72


-Ahora voy a hacer que este chorrito, sin tocarlo, corra de otro modo. �Hacia d�nde quieres que se desv�e, hacia la derecha, hacia la izquierda o hacia adelante?
-Hacia la izquierda -respond� yo sin reflexionar.
-Est� bien. No toques el grifo que ahora traigo el peri�dico.

Figura 73

Regres� mi hermano con el peri�dico, procurando sujetarlo con los brazos extendidos, lo m�s lejos posible de su cuerpo, para que perdiera menos electricidad. Acerc� el peri�dico al chorro, por la parte izquierda, y vi claramente como el hilo de agua se torc�a a la izquierda. Trasladando el papel al lado contrario, hizo que el chorro se desviara hacia la derecha. Finalmente, le oblig� a torcerse tanto hacia adelante, que el agua pas� por encima del borde de la pila.
-�Ves con qu� fuerza influye aqu� la acci�n atrayente de la electricidad? Este experimento puede hacerse tambi�n f�cilmente sin estufa ni plancha, si se utiliza un peine de caucho, como �ste -dijo mi hermano, sacando un peine del bolsillo lateral y pas�ndolo por sus tupidos cabellos-. De este modo ya lo he electrizado.
-�Pero si tus pelos no son el�ctricos!
-Claro que no. Son pelos ordinarios, como los tuyos y los de otro cualquiera. Pero si el caucho se frota con los cabellos, se electriza, lo mismo que el peri�dico con las cerdas del cepillo de la ropa. �Mira!
Aproxim� el peine al chorro y �ste se desvi� sensiblemente hacia un lado.
-Para los otros experimentos no sirve el peine: en �l se obtiene demasiadas poca electricidad, mucha menos que con la �m�quina el�ctrica� que, como te habr�s convencido, es f�cil hacer con una simple hoja de papel de peri�dico. Y a prop�sito, quiero hacer con el peri�dico otro experimento, el �ltimo, pero no el�ctrico, sino otra vez acerca de la presi�n del aire, como el que hicimos con la desafortunada regla.
Regresamos a la habitaci�n. Ya en ella, mi hermano se puso a recortar y pegar una hoja de peri�dico, de modo que result� una bolsa larga.
-Mientras se seca nuestra bolsa, trae varios libros grandes y pesados.

Figura 74

Yo busqu� en el estante tres voluminosos tomos de cierto atlas de anatom�a y los puse sobre la mesa.
-�Puedes inflar esta bolsa con la boca? -me pregunt� mi hermano.
-Claro que puedo -repuse yo.
-La cosa es f�cil, �no es verdad? Pero, �y si aplastamos la bolsa con un par de libros de �stos?
-Ah, entonces por mucho que te empe�es no inflar�s la bolsa.
Mi hermano, sin decir palabra, puso la bolsa al borde de la mesa, le coloc� encima un tomo y, sobre �l, puso otro tomo de pie.
-Ahora f�jate. Lo voy a inflar.
-�No querr�s soplar estos libros? -le dije ri�ndome.
-Pues, s�, eso es lo que pienso hacer.
Mi hermano se puso a inflar la bolsa. �Y qu� piensa usted? El libro que estaba debajo se inclin�, levantado por la presi�n del aire en la bolsa, y tir� al que ten�a encima. Y, sin embargo, pesar�an unos cinco kilos.

Figura 75


Sin esperar a que yo saliera de mi admiraci�n, mi hermano se dispuso a repetir el experimento. Esta vez carg� la bolsa con tres tomos. Sopl� y -�qu� soplido de gigante! - volc� los tres tomos.
Lo m�s asombroso de todo es, que en este ins�lito experimento no interven�a nada extraordinario. Cuando yo mismo me atrev� a hacerlo, consegu� volcar los libros con la misma facilidad que mi hermano. No hay que tener pulmones de elefante ni m�sculos de gigante: todo ocurre de por s�, casi sin hacer esfuerzo.
Mi hermano me explic� despu�s el quid del fen�meno. Cuando inflamos la bolsa de papel, introducimos en ella aire m�s comprimido que el circundante, porque de lo contrario no se inflar�a. La presi�n del aire exterior es igual aproximadamente a 1000 g por cada cent�metro cuadrado. Calculando cu�ntos cent�metros cuadrados de papel hay debajo de los libros, es f�cil determinar que aunque el exceso de presi�n constituya solamente la d�cima parte, es decir, nada m�s que un centenar de gramos por cada cent�metro cuadrado, la presi�n total que ejerce el aire, desde dentro, sobre la parte oprimida de la bolsa puede alcanzar casi 10 kg. Esta fuerza, como es natural, es suficiente para volcar los libros.
Con esto se acabaron nuestros experimentos f�sicos con la hoja de papel de peri�dico.
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