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Una
tarde con unos amigos
Una
Violación Consentida   
Me
asomé a la ventana, la noche estaba oscura pero el cielo
dejaba ver las estrellas.
Me propuse consentirme y darme un relajante baño, oyendo
música suave y con una copa de frío vino. Hipnotizada
por la luz de las velas, me puse a pensar en mi maravilloso
amante. Cerraba los ojos y su presencia se manifestaba en tantas
formas, podía olerlo, sentía su piel como si fuera
el agua que me rodeaba, oía su grave y sensual voz, muchas
veces pienso que aún sin decirme una palabra, sé
lo que esta sintiendo o pensando. Es un hombre maduro, varonil,
inteligente y con mucha personalidad. Siempre me sorprende y
nunca llego a conocerlo del todo. Me concentré en su
físico, su gran estatura, su cuerpo en donde me
puedo perder jugando, sus grandes y bonitas manos, con una sola podría
abarcar la mitad de mi cuerpo.
El agua de la bañera se iba enfriando y eso me saco de
mi ensueño. Sentía mi piel tan suave y perfumada
por los aceites y las sales de baño que me metí
desnuda en la cama para sentir mi propia piel, y volví
a dar rienda suelta a mi imaginación.
Estaba medio dormida cuando oi abrirse la cerradura de la puerta
con mucho sigilo. Estaba tan relajada y adormilada que me quede
acostada, pensando que podía ser mi imaginación.
Me sorprendí al sentir otro cuerpo desnudo junto al mío. Ese
cosquilleo sabroso de vello rozando mi cuerpo ya lo conocía. Estaba
de espaldas a el. Había estado jugando con las diversas
sensaciones que se producian en mi cuerpo, el agua acariciándolo,
la toalla al secarlo, el aire rodeándolo, enfriándolo
y terminándolo de secar, el roce de las sabanas....y
ahora, ese cálido cuerpo dándome suaves escalofrios.
Sentía de vez en cuando una sensación diferente,
adivinaba ese pene que tanto deseaba.
Mi atención
se fijaba en el esperando su siguiente movimiento. Mi cuerpo
ya muy sensibilizado, se llenaba de nuevas y más fuertes
sensaciones, ahora en el estómago y piernas. Sentía
su cálido y húmedo aliento en el cuello y un hormigueo
recorría mi espina dorsal. Oía su respiración
grave y profunda.
Sentía a penas las yemas de sus dedos recorrer suavemente
toda mi piel, como si la dibujara, haciéndo evidente
todas mis formas. Se concentraba a veces en rozar a penas mis
pezones haciéndolos saltar de gusto. Cada vez me sentía
más y más excitada y mi lubricación se
iba escurriendo suavemente entre mi entrepierna. Sus manos me
acariciaban cada vez más firmemente me abrazaba
impidiéndome darme la vuelta, así es que sólo
podía sentirle con mi espalda y sentidos, acariciarme
toda con ese cuerpo detrás mío. Sus vellos
púbicos cosquilleaban mis nalgas y lograba sentir Sus
suaves testículos oprimirse contra mí. Me rodeo
con sus brazos fuertes, masajeando mi abdomen, mis caderas,
mis pechos.... que delicia poder soltarse a esos placeres mientras
me besaba el cuello. Todo mi ser ardía y temblaba aderezado
de muchos refrescantes escalofrios. Estaba oliéndolo,
reconociéndolo.
Su pene duro me atraía como un imán, lo masajeaba
entre mis manos, lo masturbaba y así sentía todo
lo largo de esta rica protuberancia hasta llegar a tus testículos
oprimiéndolos suavemente y haciéndolo soltar gemidos
de placer. Como me aceleraba tu excitación, me guiabas
con tu cuerpo y estos gemidos me indicaban como actuar, cómo
lograr hacerte gozar. Me besabas todo, cara, ojos, cuello, los
pezones suaves. El ombligo y luego empezo a lamer todo mi sexo
con exquisita dulzura. Lo estaba explorando todo, para después
rodear su borde y besar sus comisuras. Con una mano me deleitaba
acariciando la vagina y pasando al culito rico, suave y caliente,
haciéndolo entrar en confianza para poder introducirse
despues un poco el dedo y apretarlo suavemente. Con la otra
mano lo masajeaba todo. Entrelazaba mis piernas a las suya y
me masturbaba con ellas. Nuestros cuerpos se resbalaban con
tantos fluidos de ambos, sudor, lubricación, gotas de
semen. Ahora me arrastraba su gran cuerpo sin dejar ni un milímetro
de mi piel que no lo tocara, hasta llegar mi vagina junto a
su pene y sentirlo como se deslizaba poco a poco en mi interior
muy apretado. No podía creer que pudiera existir sensación
más placentera, tanto alivio a esta excitación
delirante. Mis caderas bailaban con su pene dentro, moviéndolo
y abrazándolo con mi vagina ansiosa y eso desperataba
nuevas sensaciones dentro de mí. Le sentía cada
vez más cerca, ahora adentro de mí, su cuerpo
estaba dentro, pero también todo tu ser se mezclaba con
el mío en todas sus manifestaciones. Nuestra respiración
crecía al mismo ritmo, muy coordinados, me daba a beber
su oxigeno y yo el mío, eramos como fueramos un solo
cuerpo con el mismo pensamiento y los mismos deseos. Explotasto
al ya no poder más y su semen me llego dentro, como inyectándome
más deseo que produjo de inmediato un orgasmo maravilloso.
Tanto fue el gozo que la única manifestación posible
era la explosión, es demasiado para manterlo dentro,
se tiene que compartir, dejarlo fluir y dejarse rodear de esa
sensación que es como una energía que te recorre
todo, desde los huesos hasta la mente.
Quedamos tan extasiados que sólo pudimos abrazarnos y
cerrar los ojos. Seguía siendo tan increíble todo
que pensaba que era obra de mi imaginación y me quede
profundamente dormida en una dicha absoluta. Al despertar me
encontré sola en la cama. No supe si fue un sueño
o no. A las pocas horas le vi y no me atreví a decirle
nada, pero por su mirada supuse que sabía perfectamente
lo que estaba pensando.
Así quedo
todo en una especie de complicidad secreta que ni aún
entre nosotros lo comentábamos. Y de hecho, no hacía
falta, nos lo habíamos dicho y expresado todo.
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