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Una tarde con unos amigos

Nos conocíamos desde hacia tiempo, nada me hacia suponer lo que aquella noche iba a pasar. Al llegar al bar nos instalamos en una mesa lejos de la barra y poco transitado. Como muchas nos reuniamos unos amigos.

Recuerdo que le pedí a unai amiga que me acompañara a los servicios, pero enseguida dijo que no tenia ganas de moverse y entre bromas se sortearon quien me acompañaría. Le toco a su Fran.

Lo que después paso no fue premeditado y todavía el recuerdo me eriza el vello. De camino a los servicios me cogió por la espalda, de aquella forma que me era familiar y que interprete como un signo de amistad. Al mirarle percibí una mirada cómplice que nunca antes le había visto. Su sonrisa era la de siempre, pero sus ojos brillaban.

Mientras, notaba como sus manos abiertas se deslizaban por mi espalda mientras andábamos.

Tras tragar saliva, note como se me aceleraba la respiración. Me pare y los dos nos miramos a los ojos. Cara a cara. Mis labios se entreabrieron. Los suyos dejaban ver la punta de su lengua. Y como un imán se fueron a buscar. Primero con temor, después con desespero. Aquello ya no se podía parar. La luz tenue del pasillo y la música nos ayudaron, y sin decir palabra abrimos la puerta del WC, cerrando después el pestillo.

Era verano y yo llevaba ropa ligera. Un vestido muy corto sin espalda, ¿ ..él? ...no me acuerdo. Sudábamos. Mis manos sabían donde tenían que ir, mi boca también. Mientras le besaba notaba como sus manos amasaban mis glúteos. Yo baje mi mano hasta poder alcanzar el bulto que oprimía mi vientre.

Pude alcanzar la cremallera y tras abrirla busque el duro tronco que pugnaba por salir. Su sexo se me presento orgulloso y fuerte, y me rendí a él.

Mi lengua lo recorrió muchas veces, de abajo arriba, suavemente. Tiernamente, mis labios jugaron con su glande, y... boca y lengua sorbieron con deleite sus testículos. Al mirarle a la cara y por sus movimientos yo sabia que estaba apunto. Sus gemidos eran incontrolados.

Me levante y apoyada en la pared, le pedí que me poseyera. Con una mano subió mi corta falda y aparto mis bragas. Mi sexo palpitaba y empezó abrirse para recibir y llenarse con su pene. Primero poco a poco, y después con embestidas incontroladas, haciendo que mi vagina se contrajera con fuerza sobre su miembro. Haciéndome enloquecer de placer. Las piernas me temblaban. Yo con un pie sobre la tapa de lavabo. Él embestía con fuerza, besándome los pechos que salían por el escote de la blusa. Nos corrimos los dos al mismo tiempo. Su semen y mi flujo resbalaron por mis piernas, teniendo después toda la noche una sensación de acartonamiento de mi piel, por los fluidos secos. No me pude limpiar por las prisas y el lugar. Recompuse mi ropa y salimos.

Cada vez que aquella noche nuestros ojos se cruzaban intentábamos disimular la sonrisa que espontáneamente se dibujaba en nuestras caras. El olor intenso a sexo nos podía delatar.

De mutuo acuerdo no quisimos perder aquellas sensaciones con una ducha hasta que pasaron unos días, durante los cuales nuestros teléfonos moviles, no pararon de sonar intentando alargar las sensaciones vividas con frases y palabras dichas a la oreja que nos volvían a producir intensas excitaciones...

 

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