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Una tarde con unos amigos

Un admirador secreto

Como algo impulsivo y con una erótica lentitud, tomé el borde de mi falda y la levanté suavemente hasta quitármela recogiendo mis piernas, antes extendidas y abriéndolas ligeramente. Siguiendo el proceso desabotoné la blusa de seda, y dos turgentes pechos quedaron libres al fin de su sometimiento. Dos firmes areolas color chocolate dejaban entrever dos pezones erectos y firmes.

ya sólo las braguitas quedaban a la vista, y a través de la tela transparente podía vislumbrarse el pequeño triángulo de vello púbico.

En ese momento presentí que no sería difícil masturbarme sabiendo que el me observaba. Llevé mis manos a los muslos por la parte interior, subiendo desde la rodilla hasta los bordes de mi braguita, mis dedos se detenían en los bordes de la tela para abrirla ligeramente.

Mi propia excitación hizo que cerrara los ojos y que mis caricias fueran creciendo en intensidad. Mis dedos tocaban sin reserva alguna, las partes sensibles de mi sexo, este juego erótico hizo que las braguitas se humedecieran en gran medida, así que me deshice de ellas bajándolas lentamente para acrecentar la exitación y arrojándolas después al suelo.

Mi sexo lucía muy atractivo, un pequeno triángulo de vello púbico rizado de color castaño y su notable humedad acompañada el inconfundible olor... Llevé mis dedos hacia él en la típica posición de tocación para advertir mis intenciones.

Mis primeras caricias me llenaron de intenso placer y su presencia las hicieron aún mayores. Sentí la necesidad de apretar mis pezones ... en pocos instantes más, ya estaba entregada a la más caliente de mis auto tocaciones, y su presencia la utilizaba para hacer mayor mi deleite personal.

Mii respiración se hizo más intensa, y unos gemidos mal contenidos acompasaban al ritmo de mis caderas mientras con cautela estimulaba mi monte de venus.

De pronto eché de menos su presencia en la estancia y un gran deseo de que me pudiese penetrar con su hermosa verga. Así pues imaginé sus cálidas manos tocando mis muslos en todo su recorrido... casi hasta la parte húmeda de mi sexo mientras retiraba una de ellas para acariciar su propio sexo erecto y ya lubricado con su líquido blanquecino.

Retomé mis caricias eróticas personales, que me llenaron nuevamente de gran placer acrecentado por el sabido deseo que ahora sentiría hacia mi, mi oculto admirador, pensaba en como sus manos recorrerían todo mi cuerpo, todas las partes que le era posible tocar. Mi vientre, mis caderas, mis senos, mis hombros, mi boca, mis mejillas, mi cuello, incluso mis dedos en las insistente misión de arrancarme un ultimo espasmo procedente de mi goce y solo de pensarlo alcancé un delicioso y sacudido orgasmo. Fue grandioso y creo que él lo disfrutó tanto como yo...

Al otro lado, Saúl que observaba tras las láminas de la ventana llevó su mano hasta su caliente, dura y húmeda verga. y comenzó a masturbarse con intenso placer después del espectáculo erótico que había observado a escondidas y pensando en el, su mano comienza a moversa con mayor celeridad y fuerza, mientras, lo siente venir... intenso y rápido. Una caliente cantidad de líquido blanco y viscoso, cae en las blancas sábanas, así como un segundo y tercero, dejándola aún más mojada.

A pesar de esta incomodidad, ambos quedamos muy conformes y satisfechos. Creo que yo más que él, pues nunca pensé que podría realizar el acto más secreto de mi vida, ante los ojos de un desconocido.

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