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Una
tarde con unos amigos
Sensaciones   
Es
fácil empezar. Sentir el calor de tu mano envolviendo
el calor de la mía. Sentir tus dedos entrelazados con
los míos, sobre todo tu pulgar acariciando mi índice.
Sentir tu mano en la mía es como sentir el latido de
tu corazón. Poquito a poco nos van abandonando los nervios
a los que nos ha sometido este deseado reencuentro. Ya nos conocemos
un poquito, y ahora los dos deseamos mostrarnos el uno con el
otro tal y como somos de la forma más natural posible,
como si fuéramos amantes y necesitáramos de nuevo
mirarnos a los ojos y sentir en la mirada nuestra pasión
y darle alas con las que volar entre nuestros alientos y alimentarla
y desatarla a besos de tanto amar.
Sé que cuando me has besado para presentarme nuestro
paisaje mi perfume ha hecho mella en ti, amor, y te ha provocado
una sensación del todo agradable. Las mujeres sabemos
de esta magia, y entonces solemos esconder aromas sorpresivos
en muchos rincones de nuestra geografía femenina, como
tesoros que hubieras de explorar, encontrar y conquistar.
Notas en mis ojos furtivos que me apetece mucho abrazarte pero
me cuesta dar el primer paso. Sé cómo piensas
y sé que piensas que la única manera de vencer
esta pequeña y última barrera que de ti aún
me aleja es, sencillamente, derribándola. Sé que
vas a hacerlo. Sé que sabes cómo hacerlo. Por
fin me agarras firmemente por mi cintura y tu mirar anegando
mis ojos me rinde y por fin te digo, "bésame".
Vas acariciando la suavidad del sol sobre mis cabellos mientras
mis labios buscan ya con mucha ansia los tuyos sonrientes y
pícaros de hacerme sufrir en esta espera. Me tienes dominada
con tu mirar y con tu ternura alternadas.
Tus manos se escabullen de nuevo hasta posarse en mi cintura,
hasta rodearla en un abrazo apretándome contra tí
y siento esta sensación inconfundiblemente tuya y cálida
penetrar en todo mi cuerpo.
A prohibido no sabes, o quizá sí, cómo
he extrañado tus besos, tu arte de humedecer mis labios,
increible y agradablemente realzado ahora por la sorpresa oportunísima
de este ligero viento que sopla intensificando estas sensaciones.
Estamos de pie, acariciándonos ya y sintiéndonos
los cuerpos bajo las manos. Estamos enfrentados, deseándonos,
notando como la piel y el deseo se van calentando. Sé
que quisieras desnudarme aquí mismo bajo este sol entre
las flores pero no sabemos si nos pueden ver. Qué más
da, es maravilloso este sentir deshinibido Desabrocho mi sujetador
negro por su broche entre mis pechos. Te va a encantar tanto
como a mí acariciármelos así, por encima
de mi blusa, sintiendo tanto tú como yo sus redondeces
en libertad. Los sentimos libres, móviles, excitantes,
muy apetecibles y receptivos. Por encima de mi blusa tus manos
retiran despacio el tejido y por fín notamos cómo
se marcan mis pezones, perfilando su figura cada vez más
evidente, brotando al contacto con la calidez de tu tacto. Esta
sensación nos enardece, nos hace enloquecer por dentro
y por fuera y por un momento recorremos nuestros cuerpos con
aceleradas caricias, unidos en un baile de labios y palabras.
Me gusta tanto cuando tomas mi rostro entre tus manos. Has abandonado
mis labios pero son tus ojos los que ahora me hablan de tu deseo
y mientras, controlándote, me dices "tranquila",
dominándome. Ahora eres tú quien desabrocha, esta
vez dos botones de mi blusa. Los suficientes para poder aplicar
tus caricias sobre la suavidad de mis senos, y sobre la femenina
rugosidad de mis pezones, ofreciéndome así un
placer muy sutil y estremecedor. Sé que también
para tí es una sensación maravillosa acariciar
mis pechos desnudos. Lo es tanto que te escucho, sobre todo
cuando me escuchas susurrarte "acaríciame, soy tuya"...
Mi voz resuena en tus oídos, te excita todavía
más. Lo noto...acabo de rozar mi mano sobre tu pantalón
y sé que tu cuerpo y tu alma son también enteramente
para mi. Durante largo rato acaricias mis senos, recreándote
en esta situación tan erótica. Posees un absoluto
control desde donde me miras y me tomas. Mi cuerpo rezuma mucha
pasión y deseo, mi excitación va creciendo. Me
excita mucho el que todavía no sabes una cosa....pero
pronto la vas a descubrir. He conseguido atraparte en un beso
largo, jugando a lamer tu lengua, estoy intentando distraerte
y despistarte pues quiero esta excitación que me desborda
en su crecida. Pero no puedo evitar, ni quiero que tu mano baje
hasta mis muslos. La detienes justamente donde acaba mi falda.
Tus dedos exploran el interior de mi prenda, tocando en lentas
caricias por sobre el tejido de mis medias. Subes tus caricias
hasta donde éstan terminan. Ese encaje adherido a mi
piel, recorriendo toda su circunferencia, desde el interior
de mi muslo hasta llegar a mi culo.
No llevo braguitas, mi
sexo está desnudo para ti. Noto que esta sensación
inesperada te ha cortado la respiración por un segundo
descontrolando tu dominio. Te lo devuelvo en una mirada, provocadora,
pícara. Me acaricias la redondez tersura desnuda
con ambas manos. No hace falta que te lo pida. Sabes perfectamente
lo que significa para mi el sentir cómo me abres lentamente,
separándome con cuidado, hasta que llegas a intuir mi
sexualidad deseosa. Tus besos recorren mi cuello y mis brazos
rodean el tuyo. Así abandonada me dejo hacer deliciosamente
mientras me aprieto contra ti y el movimiento de mis caderas
se define en un vaivén sobre tus genitales provocándote,
más y más.
No sé en qué momento, así atrapada, tus
manos han empezado a recorrerme de atrás hacia adelante
hasta notar tus dedos enredándose en mi vello suave,
y rozarse con los labios húmedos de mi sexo.
Me acaricias así, la palma de tu mano rozándome
por el exterior, y te escucho pedirme "ábrete a
mi".
Con tus índices me separas los labios, ayudando a mi
perla a asomarse a tu encuentro. El contacto con el ligero viento
que sopla la ha despertado del todo, y noto como se me contrae,
encontrándola desafiántemente dura y erecta tus
dedos al explorarlo.
Arengada por el placer que me producen tus caricias, el juego
de tu lengua es indefinible, interminable. Como el juego de
tus dedos, que acarician más y más mi clítoris,
ayudados en su deslizar, en círculos y en ligeros toques
a un lado, por la humedad de mi vagina que se descubre ya medio
abierta No quieres parar, y yo no deseo que te dentengas. Mis
piernas, ahora completamente separadas, dejan que tus dedos
entren entre ellas, dentro y fuera de mi, de forma rítmica
y poco acelerada. Lo haces así para que note cada centímetro
de tu piel fundirse en el calor del roce con la mía.
lLegado un momento detienes el movimiento de tus dedos dentro
de mi, pretendes volverme loca de placer, sé lo que me
vas a hacer. No, no me mires así de lentamente en esta
quietud que me fuerzas. "Shhhh, quieta, no te muevas. Siente...".
Me abandono a tus deseos y siento, extrañamente, mi propio
deseo aumentar pero de una forma deliciosamente relajada. Es
una exquisita tortura para los dos. Así de bien nos compenetramos.
Jadeamos en la quietud del placer.
Tus dedos dentro de mi deciden que es hora de hacerme explotar.
Comienzan a presionar las paredes de mi vagina de repente. Una
presión detrás de otra, sin parar, a intervalos
de un segundo, fuerte, cada vez más y más fuerte
y más rápidamente. Estoy gritando de placer que
me has obligado a contener y del que me estás obligando
ahora. Tu mano libre agarra mi pelo por detrás con mano
firme, y sin embargo como guante de seda. Así penetrada
y dominada me miras, miras mi rostro de placer. Te doy mi secreto
más íntimo. Cuando creo que estoy a punto de llegar
al orgasmo retomo el control. Te aparto con un movimiento y
bajo la cremallera de tu pantalón, desabrocho tu botón.
Separo la tela y la deslizo por tus caderas. Y veo como asoma
tu sexo erecto por encima de tu slip. Tu glande totalmente enrojecido
y mojado corona un miembro hinchado a punto de reventar.
Poniéndome de rodillas ante ti, deslizo tu pantalón
por encima de tus caderas y de tus piernas hasta el suelo. Tu
sexo está a la altura de mis ojos y de mi boca...sin
embargo no me resisto a acariciártelo por encima de tu
ropa interior que me traspasa del calor tu miembro ardiente.
Lo quiero dentro de mi, pero antes deseo darnos otro pequeño
placer más. Libero tu sexo y con mi lengua lo humedezco
y lo recorro, con mis manos lo tomo, con mi boca lo acaparo
durante instantes. Por tus gemidos sé que no puedes más,
y que si sigo así estallarás más pronto
que tarde.
No deso esta situación adivinada. Lo que quiero es que
me corras mientras te derramas dentro de mi. Así que
poniéndome de espaldas a ti me inclino y te ofrezco mis
encantos. Levantas mi falda y aparece mi sexo sediento de ti,
te gusta lo que ves y sí, vas a penetrárlo.
Estoy preparada para recibirte. Tu miembro entra deslizándose
muy poco a poco e invadiendo mi cueva cálida y excitada.
Notas la oleada de placer que me estás provocando en
tu propio cuerpo. Yo noto como el placer desborda todo tu cuerpo,
atravesando el mío y de vuelta de nuevo hasta el tuyo.
No es posible aguantar así mucho tiempo, es tan grande
el deseo. Comienzas justo en el momento adecuado un movimiento
rítmico y salvaje al mismo tiempo. Me penetras con unas
fuerzas apenas contenidas, sólo yo te freno en el contacto
de tus caderas contra mis nalgas. Me provocas tal excitación
que yo misma acelero el movimiento, tornándolo cada vez
más violento.
Entre gemidos, el golpear de tus testículos ahora
anhelantes de ser vaciados en mí.
Tus manos acariciando y recogiendo mis pechos que se mueven
al ritmo de nuestro movimiento. Todo, me vuelve loca. Aminoramos
el ritmo y sigues penetrándome también con un
dedo, mojándolo deliberadamente en los fluidos que me
precipitas.
Noto como tu dedo abandona mi vagina, permitiéndola relajarse
un poquito. Más esta sensación no dura mucho tiempo
pues enseguida vuelvo a notar tu dedo contoneándose alrededor
de mi ano, estrecho y cerrado, mojándolo con mi esencia.
Tu suave y experto masaje está consiguiendo que mi musculatura
alrededor vaya relajándose, relajando nosotros nuestro
ritmo además.
Sabes que necesitas quererme y mimarme mucho para conseguirme
así, y porque quiero darte algo así. Me tranquilizas
con la seguridad de tus movimientos dentro y alrededor mío.
Penetras suave y despacio mi sexo ardiente con tu miembro y
mi ano con tu dedo lubricado, entrando y saliendo de él.
Me siento llena totalmente. Tu miembro entero dentro de mi y
tu dedo dándome placer ...
Vas a correrme y no quiero aún. Quiero jugar a este juego
maravilloso aún, contigo. Llévame a donde aún
nunca he estado. Así te lo pido y comienzas otro ritmo
más enfurecido, esta vez entrando y saliendo de mis dos
orificios alternativamente.
Me golpeas fuerte en cada uno de ellos, amor, alterando uno
y otro sin detener tu ritmo salvaje. De repente un temblor recorre
todo mi cuerpo cuando descargas toda tu esencia en el interior
de mi sexo, y siento como ambos nos estamos corriendo al mismo
tiempo. Nuestros jadeos se mezclan y el placer in- descriptible
que sentimos nos hace seguir moviéndonos para mantener
un orgasmo tan deseado, y tan deseable.
"No quiero que digas nada,. Solo quiero que me beses y
en la intimidad, mirar tu cuerpo desnudo y recorrer cada centímetro
de tu piel con la mirada, mis caricias y mis besos".
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