NUESTROS MEJORES RELATOS ERÓTICOS

Nuestra Calificación: Malo (1) - Regular (2) - Bueno (3) - Muy bueno (4) - Excelente (5)
Opina


 

Una tarde con unos amigos

En la Intimidad

Vengo de la calle, amor, aterida de frío. Lentamente me sumerjo en el baño de espuma, calentito, humeante. La piel de mi cuerpo desnudo se eriza al primer contacto con el agua que me recibe, acogedora, y un suspiro de puro placer se me escapa cuando lo dejo abandonarse en la envoltura de calor líquido.
Mi dedo pulgar en movimientos circulares baila alrededor de mis tobillos, ¡qué agradecidos mis pequeños!..., bien se merecen mis caricias y cuidados... a todas partes me llevan.
Con las rodillas dobladas y las piernas todo lo separadas que permite el espacio que me contiene, mis manos se dirigen hacia el interior de mis muslos. Unas leves caricias aquí no pueden evitar, sino más bien incitar a que mi mente dispare flashes de escenas voluptuosas. Pienso en hacerlas realidad.
Nadie me ve. Estoy abandonada a darme placer.
Las palmas de mis dos manos abarcan y surcan, subiendo y bajando, cada uno de mis dos muslos ahora elevados sobre mis nalgas. Imagino entonces que me acompañas, tocando mis labios allí escondidos, con tenues sorbos, capaces de sonsacar mi dulce humedad.
Lo que mi mente y mi deseo acaban de crear en una erótica visión interior enciende mis mejillas. Noto el calor ascender por mi cuerpo hasta ellas, sonrosándolas, y volver a regresar camino abajo hasta el lugar cercano donde se originó.
Lentamente, con suavidad, como a mí gusta hacérmelo.
Deslizo mis brazos por debajo, a los lados de mi cuerpo, hasta que mis manos alcanzan a recoger cada una un cachete, separándolo muy despacito del otro, disfrutando enormemente de la sensación que provoca el agua caliente al introducirse entre mis labios entreabiertos. Bañando mi interior y acrecentando su calor.
Mis caderas bailan arriba y abajo, mis manos sujetan mis nalgas separando y abriendo mis labios cada vez un poquito más, hasta que un torrente cálido de agua serpentea raudo por el cauce de mis paredes vaginales.
Mis ojos hasta ahora entrecerrados han vislumbrado un objeto, y otro flash de atrevimiento me acaricia.

Invadida por el placer que adivino venir me incorporo y, arrodillándome sobre el suelo de la bañera tomo el objeto entre mis manos, y lo observo con deliberación carnal.
Abro los dos grifos, salpicados de gotitas, y ajusto la temperatura y la presión necesarias.
Erguida sobre mis rodillas dobladas y separadas acerco el mango de la ducha a mi sexo entreabierto. Con una mano lo sostengo y pienso decididamente darle trabajo a mí otra mano libre. Suavemente con dos dedos separo despacito la distancia entre un labio y otro, y mi pequeño tesoro asoma entre ellos, su cabecita ansiosa de recibir la presión acuosa.
Lentamente me cuesta cada vez más reprimir mi ritmo.
Mi clítoris recibe ahora una delicada ducha. Nada excepto el agua lo acaricia. Mis dedos separan mis labios y mis caderas van y vienen.
Escucho mis propios sonidos de placer femenino Y deseo por fin sentir como se abre mi cueva. Me ayudo buscando con mis dedos. Descubro que mi esencia de fémina es arrastrada por la cascada de agua, bajando ambas por el camino entre mis muslos.
Sé que esa sensación invasora, mi cavidad más íntima así abierta mientras el agua estimula mi perla, me va a pedir más y más, hasta desear como nunca sentirme penetrada por dentro.
Mi espalda arqueada en extremo hacia adelante, mis caderas y culo moviéndose adelante y atrás en un ritmo un tanto más acelerado, un placer cosquilleante conquistando mis territorios secretos, unos suspiros ahogados que pujan por respirar convertidos en una sucesión de gemidos teñidos por el sonido del gozo difícilmente contenido.
Voluntariamente contenido, pues quiero más, me detengo. Apago las cosquillas al cerrar los grifos del placer.
Entonces recorro mi sexo por dentro y por fuera, contrastando la dulce suavidad de miel interna con la sutil rasposidad de mi vello púbico, libremente con mis dos manos. Acariciando y tranquilizando mi clítoris tremendamente excitado, dándole un nuevo ritmo más pausado, unos lentos masajes circulares a su alrededor que hacen el placer más soportable.
Se me escapa un leve grito pues me doy cuenta de que incluso así voy a llegar a donde no quiero ir todavía. No sin imaginar, no sin sentirme penetrada.
Alcanzo a coger otro objeto de la estantería. Su superficie es suave, lisa y fría, metálica y dorada. Una vez se deslice en mi interior la fricción elevará su temperatura y sé que cuando haya terminado su trabajo y lo acaricie con gratitud, me quemará entre los dedos.
Una vez más abro mi sexo ardiente y mirando con propósito lascivo lo observo perderse dentro de mí. Desde donde estoy puedo ver mi clítoris hinchado, sonrojado, abiertamente expuesto fuera de su envoltura. Y mi vibrador dorado acariciando su base una y otra vez, con suavidad y lentitud primeras, al aventurarse en mi interior, entrando y saliendo sin prisa, en toda su extensión. Hasta el fondo de mí, hasta afuera de mí.
Pongo en marcha su sistema vibratorio y unas ondas de placer me recorren incansables, absolutamente toda. Cuando me llega hasta el final lo noto muy dentro de mí. Cuando lo devuelvo al exterior no puedo evitar acariciarme con su extremo vibrante la puntita de mi clítoris.
Miro como me doy placer y no me pierdo movimiento alguno ni sensación. Disfruto muchísimo de este momento de intimidad conmigo misma.
El ritmo de mi penetración se acelera por instinto, desde donde estoy puedo escuchar el sonido producido por mi sexo apretando fuertemente el objeto que lo penetra, contrayendo los músculos en un intento de no dejar escapar el placer, de llevarlo más y más adentro aún.
Y con los dedos de mi mano libre ahora sí que acaricio, fricciono y ayudo a mi perla a sentir. Mis movimientos ya no quieren más ser controlados. Me abandono al ritmo salvaje al percibir y detenerme a escuchar el sonido que produce mi flujo al ser penetrada.
Friccionando mi clítoris con urgente abandono y clavándome y atravesándome, totalmente penetrada y abierta y sin embargo cerrándome desesperadamente alrededor de tu miembro imaginado, deseado, cabalgándote.
Me dejo ir finalmente.
Escucho mi orgasmo explotar en un largo y entrecortado gemido. Mi cuerpo es sacudido de la cabeza a los pies y mis adentros se tornan en un fuego trémulo. A cada oleada de placer suspiro tu nombre con voz arrastrada, penetrándome aún con tu nombre, hasta caer desplomada de nuevo dentro del agua.
Su calidez me envuelve y devuelve descanso a mi cuerpo y mis sentidos hace un momento desatados.
A unos metros de mí, vuelves a mirar por el ojo de la cerradura, y una última imagen de te provoca hasta el extremo.
Mi cuerpo extendido, relajado, envuelto de agua y espuma. Sobre la superficie líquida asoman mis dos senos coronados de dos hermosos, duros, erguidos, apetecibles pezones marrones.

 

© Todos los dchos reservados -"El Rincón Clásico del Relax" - 2000 - Sevilla, España

 

Hosted by www.Geocities.ws

1