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Una
tarde con unos amigos
Un
Mar más Grande   
Tengo
una gran tristeza hoy y me dejo llevar, quizá porque
sé que esta emoción también pasará.
Considerarlo así me relaja y libera. Pasará, sí,
así que me reclino en mi butaca y la dejo pasearse y
caminarme los adentros.
Es de un color sutil y agridulce, que lo tiñe todo, hasta
los trazos de amor, en este paisaje gigantesco , en algún
lugar de mi interior. Se pasea pausada, sin ninguna clase
de prisa, pero con su ritmo particular e imparable. Ligera
depresión un acto forzado para quienes preferiríamos
darle vida a nuestra muerte, al convertirla en recuerdo
y resucitarla.
No sé muy bien dónde la tristeza me acaricia la
memoria y dónde sucede lo contrario.
Imágenes retrospectivas que, en la noche de un día
pasado, insisten de tanto en tanto, asomándome una
frase, un gesto, un aroma, una luz, un nombre que me despereza
ahora, me sonsaca ligeramente de esta tristeza o quizá
tan solo le da visos de nostalgia, que siempre es más
llevadera...
Podría ser cualquier otro que dibujara una media sonrisa
en mi rostro... . Pero es ese otro nombre de hombre el que devuelve
la vida a mi muerte en esta noche; el que elijo recordar
porque se me grabó en el alma como tatuaje, de por
vida en el cuerpo.
Este nombre de hombre que me sabe a mar. Sin duda me despierta,
me abre los ojos, me parte el corazón, me toca
el alma y otras partes secretas, misteriosas e íntimas
de mi ser.
Este nombre me acaricia el recuerdo y me reclino, me
abandono todavía más en mi butaca.
He decidido volver a volar surcando sus letras hasta donde
quieran llevarme.
Las llamas de este fuego de chimenea me traen el calor de su
tacto y el color de su presencia...
Un día tal
que hoy, años atrás, en una noche como esta, fui
yo quien le llamó por su nombre directamente al corazón.
Y sus brazos encontraron la tierra anclada de mi ser, y no pudieron
abarcarla con la facilidad con la que abrazaban a las demás
mujeres que habían visitado o que poblaban bien
arraigadas, su vida....
Sus brazos me apretaron contra su pecho, intentando meterme
dentro de sí....desclavarme de esta playa donde busco,
incansable, siempre, un mar más grande. "Vente conmigo....sin
duda no hallarás un mar más grande si permaneces
anclada en esta playa mirando siempre el mismo mar..."
Intentó convencerme con sus artes de seducción.
Mis manos....acaso palpaban lo intangible que es eso que se
llama placer...
Mis labios....entreabiertos de suspiros obligadamente ahogados....
Mis ojos...entrecerrados como no queriendo ver más...
Mis pechos bajo sus manos delataban el latido dubitativo de
mi corazón...
Mis pezones se estremecían pronunciándose a su
favor bajo la calidez de su aliento.
Permanecía
en lucha por no abandonar su sueño,...
"o por no hacerlo realidad..." pronunció la
voz del hombre, pronunciando al tiempo mi universo, iluminándolo
de sentido.
Y mil estrellas comenzaron a llorar su luz brillante de líquido
incandescente y resbaladizo por mis muslos.
Comenzaba a sentirle. Su lengua tremenda, deslizante, imparable,
deshizo cada pliegue de mi rosa replegada, recogiendo en cada
sorbo de sus labios mi luz de estrellas derramadas.
La mujer del ancla en la playa se resistía aún
a dejarse llevar en volandas hasta la alfombra junto al fuego
que ahora ilumina el recuerdo del hombre, permanecía
aferrada al fondo de la arena.
Más, una mano experta iba cerrándose alrededor
de su cintura, un nudo magnético que la arrastraba fuera
de sí, y la obligaba a desplegar su infinito, innato,
desconocido saber, y a derramarse en líquidos ardientes
hasta fundir el ancla.
Mi vientre se llenó de
vida al rozarse con el sol contenido en el vientre del
hombre que había visitado tantos mares y tantos universos,
y tantos colores de estrellas y rosas desparramadas había
degustado.
Baten ahora apresuradas las alas de mi memoria. Aletean ahora
hasta alcanzar el vuelo y acariciar el viento hecho aliento
que empuja las velas del mástil penetrante.
Este recuerdo me bombea los adentro, insuflándome oleadas
de sensaciones voluptuosas.
Yo áncora
derretida, me abandono a la travesía de su universo antes
nunca explorado de acuosos sentidos y desbordante locura de
placer.
Tu nombre, tu nombre, tu nombre... penetra mis interiores...excitante,
imposible, desarmando las pasiones.
Tu nombre me completa, me llena e inunda. Y mi rosa salpicada
de rocío rejuvenece.
Sabor escondido,
tu beso de luz en el agujero negro de mi universo funde mi amalgama
de hierros obstinados que una vez tuvieron forma de áncora,
y la mujer casi descorchada de la angosta abertura donde permanecía
anclada por años de desterrado, negado, y desconocido
placer, por buscar un placer más grande, fue atravesada
por la claridad que irradiaba el hombre navegante de inmensos
piélagos e inconmensurables universos, quedando traspasada
por su luz como por una lenta bala perforadora de sus interiores...ahora
temblando por el recuerdo.
Y cuando sus pechos
fueron estremecidos, su rosa encarnada fue abierta, desparramada
la suavidad de su fragancia, salpicada de gotas de blanco rocío, Cuando
su agujero negro vomitó toda la luz contenida durante
milenios, y cuando el alma se le salió del pecho ante
el descubrimiento y la experiencia de su mar más grande,
su voz se quebró en un grito descabellado que atravesó
todos los universos de las cosas creadas y sus manos finalmente
agarraron la caña del ancla que la condenaba a esta playa
y ella sola se la clavó en un gemido de inconmensurable
mar.
Por unos segundos
ahora eternizados y rememorados, navegaron los dos hasta los
confines de las praderas marinas y celestiales del placer, unidos
sobre una misma montura cabalgando desenfrenados de sensaciones
agradables, dejando tras de sí una estela de líquidos
y sonidos ahora etéreos.
El hombre cuyo nombre
ahora penetra mi rosa de los recuerdos, era también
un hombre que buscaba otro mar más grande poblado de
rosas que formasen una sola y misma rosa por escarchar.
Nunca supe si sigue
navegando.
Y la mujer ya sin
ancla conoció al fin su mar más grande a costa
de nunca querer regresar a ninguna diferente Pues no encontró
hierros con qué crear una nueva ancla, ni se le pudieron
recomponer los pétalos de su rosa desgranada y desangrada, ni tampoco vió
jamás una playa que fuese lamida por el mar más
infinito que mujer alguna pudo desear, experimentar o concebir
en su imaginación.
Me encuentro ahora
anclada en mi sillón, sin otra luz que la proyectada
por el fuego que arde en este fuego del hogar que una vez fue
nuestro. He rememorado y revivido este recuerdo para poder
navegar fuera de estos mares tras estas ventanas, mares que
semejan y acechan tempestades. Mares cuyas olas se crespan en
espumas de deseos encubiertos, basándose en mares
nunca vistos de silencio, basándose en palabras
nunca dichas y de gritos estrangulados.
Bullen los mares
preparando sus espumas del sabor de deseo y miel. Sus
riberas naturales van minimizándose hasta desaparecer
anegadas por sus propias aguas pasionales, después de
ser erosionadas desesperadamente.
Ya no existen playas donde anclarme.
No existe el motivo por el que hacerlo.
Anclarme me impide buscar un mar más grande, aunque sepa que
no puede existir.
Cuántos amaneceres
habré de vivir a oscuras antes de bañar mi mirada
de nuevo en la superficie lisa de un mar todavía más
profundo...un mar de luz rosa y dorada anegada de aguas calmas...???
No muero sino que
sigo viviendo cada vez que recuerdo mi inmenso mar, continúo
viviendo cada vez que lo busco por más que me empeñe
en que no existe la vida después de semejante amante.
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