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Una tarde con unos amigos

Tengo algo para ti...

Hola Cariño, tal vez sea el momento, o quizás no lo sea, qué más da eso ahora, el caso es que estaba en la cama pensando en ti, y me he excitado de tal forma que no he podido contenerme.

He sentido tu mirada sobre mi y te he deseado con toda mi alma. He recordado como tus ojos se posaban en mi cuerpo mientras lo ibas acariciando con suavidad fijándote en cada extensión, en cada arruga o recoveco, reconociéndolo tuyo y apoderandote de el con extrema ternura. Te he visto estudiarlo con detenimiento, mientras jugueteabas y probabas como me estremecía o me hacía sentir un beso de tus labios, o una caricia de tu lengua.

Sentía como me abrias y entrabas dentro mi con la mirada, y como tus dedos acariciaban mi clítoris con lentitud, para luego introducirlos en el calor de mi sexo para explorarlo, para darme placer. Tu lengua acompasaba el movimiento interno, y sentía como poco a poco me estremecía de placer...

Querías tenerme rápidamente, pero a la vez sabías que me gustaba disfrutar de esas caricias, así que poco a poco me masturbabas con tus manos, me acariciabas por fuera y por dentro, y poco a poco ibas buscando mi culo, para humedecerlo. Yo te sentía lamerme, y por dentro me retorcía de placer que quería llegar a postergar lo máximo posible

Tengo los pezones tan arrugados y duros que casi me duelen, y tal humedad entre las piernas que casi parece que en efecto has estado conmigo, jugando, acariciandome y disfrutando a la vez de lo que hacías, pues te vi erecto y duro, sabía que deseabas que a la misma vez te fuera acariciando, que lamiera tu pene humedecíendolo, frotándolo y dándole aún más vida.

Sentía como las primeras gotas de líquido hacía que el movimiento fuera más suave. Si, ahora si que había logrado que te excitaras, pues tus caricias se hicieron más vigorosas, y la fuerza que imprimías a tus dedos era mayor.

Eso también me excitaba a mi, pues estaba deseando comerte el pene hasta el final, deseaba que te acercaras más a mi, para poder chupártelo, lamértelo, besártelo. Mi sexo, cada vez más mojado y caliente no podría soportar por más tiempo tus caricias, y como apercibiéndote de ello, separastes mis labios, con tus dedos, lamiste con la punta el rededor de mi clítoris, y con la otra mano, buscastes mi culo, que al fin te recibió mientras me besabas. Estaba en tus manos, ya no podría soportarlo, pronto los latidos de mi sexo se delatarían, y yo te exigiría que me penetraras.

Estabas tan duro, tan mojado y exitado como yo, faltaba muy poco, y pronto ya no pude respirar, entonces, con toda la fuerza de la que pudiste disponer, me penetraste y te recibí dentro de mi, te tenía, eras mío, y no deseaba otra cosa que te movieras con fuerza. Estaba disfrutando de ti de muchas formas, pues ni encima, ni de lado, ni de espaldas nos habíamos encontrado mejor. Encima, debajo, y tu seguías tan empalmado, y yo tan caliente que parecía que aquello pronto no podría retenerse.

Ambos nos movíamos con avidez, mi boca buscó la tuya, necesitaba tenerte de todas formas, y ya no había distinción entre dos personas, pues ambos rodábamos como una sola. De repente sentí que ya no podría aguantarlo más y junto a tí, me dejé ir en tus brazos, ambos disfrutando entre sudores y respiración entrecortada. Te relajaste sobre mi cálido cuerpo, y sentía tu respiración entre mi cuello y oreja. Algún que otro espasmo de un enorme placer se hacía sentir de vez en cuando, y así, abrazados, dejamos nuestros cuerpos abandonados para que volviesen a la normalidad.

Curiosamente, no hubo comentarios, solo un beso tuyo en mis labios, me hizo sentir una gran ternura, un gran amor hacia ti, y no se me ocurrió otra cosa que abrazarte con fuerza, intentar retener el calor de nuestros cuerpos en ese abrazo. No quería otra cosa que prolongar aquel momento, hacerlo más intenso. Juntos cerramos los ojos y nos besamos. Dejé caer mi cabeza sobre tu pecho, y así, sobre ti, me quedé dormida, sintiendo tu olor y tu calor muy cercanos...

 

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