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Una tarde con unos amigos

Esperanzas

Había sido un día duro. Con la cabeza caliente te diriges a casa. Es uno de esos días en los que no puedes fijarte en nada de lo que sucede a tu alrededor, vas ensimismada en tus propios pensamientos.

Piensas en los problemas cotidianos y no deja de rondarte la cabeza ese que... Ni te das cuenta, pero alguien te sigue, le es fácil porque no prestas ninguna atención. Entonces, te agarra, te tapa la boca y te empuja lejos de las miradas de los posibles viandantes.

Te asustas, unas lágrimas de pánico se apoderan de ti. Sientes el cuerpo de tu agresor, se queda ahí, inmovilizándote sin decir nada, percibes un olor agradable. Usa una venda para los ojos, te acaricia, crees que vas a ser violada. Pero suavemente, sin prisa, te besa levemente el cuello, los labios, los lóbulos de las orejas y se retira, oyes una enérgica carrera.

Te ha dejado sola, sentada en el suelo y suspirando. Temerosa te quitas la venda que cubre los ojos, no hay nadie. Solo unas lágrimas de tensión y confusión. Muchas preguntas se agolpan en tu cabeza. Por algún extraño motivo no se lo cuentas a nadie....

En los días siguientes no vuelves a pasar por esa zona y procuras que siempre te acompañe alguien. Sin embargo, pese a tu confusión sientes una extraña excitación por lo ocurrido.

Unos días más tarde vas a las clases, no más tardar dejas tus cosas en la mesa y vas al baño a refrescarte un poco. Cuando alguien te sorprende, te tapa la boca y te mete en un baño, cerrando el pestillo. Una venda con un olor conocido te tapa los ojos. Te empuja contra la pared y te inmoviliza, sin hacer nada más durante unos momentos. Le sientes, le hueles, puedes sentir cada uno de sus músculos, su respiración, su aliento. Te empieza a acariciar y a besar suavemente. No puedes evitar unos suaves suspiros cuando te acaricia los senos, los pezones, las caderas. Te destapa la boca pero no gritas, quieres seguir sintiendo. Te desabrocha el pantalón, mete su mano, te acaricia por encima de las braguitas. Notas su respiración entrecortada. Te masturba por encima de la ropa interior, pronto sentirás el orgasmo, justo... justo en el momento, abre la puerta y se aleja.

Te quitas la venda, estás sola, te tiemblan las piernas, tu respiración es entrecortada y estás muy excitada. Así no puedes salir, cierras el pestillo, te bajas completamente los pantalones y la ropa interior y te acaricias con insistencia. Piensas en él y te sobreviene un tremendo orgasmo que te hace encogerte...

Ahora ya no sabes qué pensar, te has masturbado cada vez que recordabas el último encuentro. La curiosidad es todavía mayor...

Unos días después, sales de compras con una compañera de clase. En una de las tiendas has cogido un vestido negro corto para probarte y vas con ella al probador, pero en ese momento ve un suéter y se va, dejándote sola. No cierras la puerta, quizás ella viene ahora ...

Alguien entra, tú, de espaldas a la puerta crees que es tu compañera. Cuando te quitas la ropa alguien te pone una venda en los ojos...

Es él! Ese olor, su tacto. Esta vez te excitas al primer contacto. No gritas, ni te resistes a sus caricias. Le devuelves los besos que él te da, mientras te acaricia todo el cuerpo, sólo tienes puesta la ropa interior. Los besos, las caricias van ganando en intensidad, te dejas, él lo nota, te acaricia el sexo, tu clítoris, mientras chupa y rodea tus pezones con la lengua. Sientes su erección y buscas su miembro. Ahora jadeáis ambos, tú le acaricias firmemente mientras él introduce en tu sexo uno, dos, tres dedos mientras con el pulgar te acaricia el clítoris, no puedes evitar tener un orgasmo intenso. Tus convulsiones te hacen terminan en sus brazos, que te depositan suavemente en la silla del probador y...desaparece!.

Lo ha vuelto a hacer, te ha dejado presa de una excitación incontenible, sola y totalmente confundida. Cuando sales del probador tu amiga te pregunta si te encuentras bien, pues estás muy congestionada!. Ahora tienes tres vendas, los sueños por la noche se suceden, ya no tienes miedo. Ahora sientes impaciencia y excitación por la próxima aparición de tu silencioso amante.

El tiempo transcurre, y durmiendo en tu habitación sientes su olor, su tacto, el sabor de sus besos. En ese estado de semiinconsciencia crees que sueñas, que es producto de tu imaginación. Las caricias continúan, cada vez sientes mayor placer, tu respiración es entrecortada y... te corres con una convulsión, te despiertas agitada pero continúas corriéndote. No ves nada, tienes una venda en los ojos!. Te agarra, te tumba, te ha estado masturbando mientras dormías y también te ha desnudado, al igual que él.

Los dos desnudos en la cama, él sobre ti, besándoos, acariciándoos, con pasión, con entrega. Ya no hay nada que hacer, no te resistes en absoluto, te entregas, necesitas de sus caricias, necesitas que sólo él apague tu excitación. El sudor baña vuestros cuerpos, tu sexo resuma placer y es atendido por sus caricias, su miembro recibe atención por tu parte. No podéis ahogar los gemidos intensos que os provocáis mutuamente. Saboreas su sexo, erguido, caliente, dulce, mientras él gime fuerte, profundamente. A su vez él alcanza tu clítoris con su lengua, lo explora, explora tu vagina, introduce su lengua, juguetea dentro, fuera,... con los dedos va masajeándote los glúteos, mojándolos en tus jugos mientras ambos seguís suspirando, gimiendo y jadeando. Os incorporáis, un beso os hace saborear vuestro propio sexo, eso os excita aún más y os urge sentiros más intensamente. Os abrazáis fuertemente mientras él coloca su sexo en la entrada de tu vagina. Jugueteando mueve su glande arriba y abajo, tocándote la fuente del placer y llegando con su exasperante caricia hasta el ano, pero sin penetrarte aún. El deseo se ha apoderado de ti, gritas, le muerdes y le suplicas poséeme ya!!". Como si hubiera estado esperando eso, tu desconocido amante, te penetra lentamente, haciéndote volar.

Nunca en tu vida te habías sentido así, presa de una excitación, de un deseo y de una pasión tan acuciante. Prácticamente cuando penetró completamente en tu cuerpo tuviste un orgasmo, y luego éstos se sucedieron de forma continua. Él empujaba rítmicamente, acariciándote los senos, besándote los labios, el cuello, las manos, los brazos. Te levantaba las piernas, las doblaba mientras te penetraba, rozaba con su órgano todas las partes de tu sexo, por dentro, por fuera. En un par de ocasiones le notaste que iba a tener un orgasmo, y en un par de ocasiones hizo decrecer el ritmo, sin llegar a correrse. Perdida ya la noción del tiempo y abandonada al placer notaste un brusco cambio de ritmo. Ahora tu amante pretendía volverte loca con este acelerón, buscaba su orgasmo y ello provocaba que tú gritases de placer, le arañabas la espalda, os mordíais, saboreabais vuestra propia sangre en vuestros labios por vuestros furiosos besos. Por fin le llegó el orgasmo y gritó profundamente, fue presa de unas convulsiones que hicieron que casi te desmayaras del gusto, y cuando notaste su semen en tu interior te corriste tú con él. Os abrazasteis con ternura mientras se acababan las convulsiones de ambos, exhaustos, sudorosos, felices...

No querías soltarlo, no querías que desapareciera como las otras veces. Por primera vez pensaste en quitarte esa venda que él te ponía y ver quién era, preguntarle, saber quién te hacía sentir de esa manera, saber si era el hombre de tu vida, suspirar para siempre con él. Pero el cansancio hizo mella en ti, y con esos pensamientos, abrazada a él mientras te acariciaba dulcemente los hombros y el pelo, te quedaste dormida.

Cuando despiertas estás desnuda, sola en tu habitación. No sabes si ha sido un sueño o realidad. En la ventana de tu habitación encuentras la venda, al lado de un hermoso tulipán amarillo en un delicado jarrón de porcelana con un ángel en el centro... no ha sido un sueño, ha sido realmente él.

A partir de entonces te decides a averiguar quién es tu desconocido perseguidor, tu apasionado amante, el que te hace suspirar de esa manera. Incluso te llegas a preguntar si estás enamorada, tus sentimientos hacia él son tan fuertes que te hacen sentirte confundida.

Pasan los días y no hay ninguna señal de tu desconocido amante. Te preocupa que no vuelva a aparecer, un sentimiento de desolación se apodera de ti. En ese momento te das cuenta que tienes en común con él, que ha hecho mella en tus sentimientos.

Pasan los días y no tienes ninguna noticia, Te has resignado a que haya desaparecido de tu vida. Pasas muy triste los días, buscas en todas partes, su olor. Le buscas en los sitios donde otras veces te encontró... pero nada.

Ahora tu único consuelo son unas cuantas letras y muchos recuerdos, así como la esperanza de que muy pronto vuelva a aparecer en tu vida

 

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