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Una tarde con unos amigos

Sentimientos

No tengo aún la fecha ni el instante claro, pero si puedo decir que de un tiempo a esta parte la sola idea de acostarme con esa chica me asalta en los más inesperados momentos. Como una necesidad más allá de lo moralmente aceptable, de tarde en tarde el deseo se persona en mi cabeza, la llego a contemplar frente a mí y no dejo de sentir una excitación que supera lo anteriormente experimentado (en cuanto a imaginación se entiende). La escena que describo es sin lugar a dudas la que más se repite en mi mente, surgida de un sueño y modificada poco a poco por el inconsciente

No recuerdo el número de copas que he bebido, sales, cenas, bebes, bebes y vuelves a beber. Una mano me toca en la espalda y antes de dar la vuelta y ver su rostro sé que es ella. Una charla intranscendente, una risa, una copa más y la miro a los ojos, en un tono grave le digo que me aburre esta vida, que quiero mucho más que permanecer de pie frente a todo el mundo.

Salgo del local y la miro con media sonrisa, camino unos paso sin mirar hacia atrás. Llego a mi bar de culto, me siento en uno de sus sofás, uno de los camareros que me reconoce me trae un vaso transparente, lleno de burbujas y con una voluptuosa corteza de limón. En menos de dos minutos está sentada a mi lado, reímos de las cosas que nos rodean, bebemos despacio entre palabras, nunca confesiones. El primer beso que se le da a una mujer que deseas siempre es definitivo, si no te gusta deberías de bajarte de ese tren en marcha, si te gusta sigue e involúcrate todo lo que puedas. El primer beso que nos dimos me dejó claro que no íbamos a casarnos, ni a vivir juntos, pero esa noche la pasaríamos pegados el uno al otro.

En la habitación un pequeño desorden daba paso al ventanal que mostraba la calle iluminada por las exageradas farolas. Nos besábamos de pié, agarrados por la cintura, nuestras bocas sabían a alcohol y a su tabaco rubio, también sabían como nada podía saber en ese momento, me gusta acariciar su pelo, sus mejillas, la nuca. Me gusta dejarme abrazar por sus movimientos, dejarme llevar por sus brazos, lamer su cuello, susurrarle lo bella que es, lo extraordinariamente atractiva que está a la luz de la luna, lo feliz que soy en sus brazos, entre sus piernas, en ella. Se quita la blusa y un sujetador negro de encaje sujeta dos preciosos pechos blancos, asoman las aureolas rosa pálido. Abro la boca y los lamo, los mordisqueo, juego con la lenguas y sus pezones que van endureciéndose, lamo el contorno, hasta la barbilla, de nuevo hacia abajo, se suelta el sostén y amaso la carne que se deposita en mis manos, la beso en la boca mientras las manos se adaptan a la forma, la textura y el calor de los maravillosos pechos. Me quito la camisa y el pantalón lanzándolo hacia atrás, le quito los suyos quedándose en bragas y botas altas. Nos arrojamos sobre la cama que está en el suelo, le quito las botas, comienzo a lamer la planta del pié, las pantorrillas, araño sus piernas, me pego a su cintura, lentamente con los ojos cerrados y en silencio, juego con los pequeños dedos del pié derecho, acaricio sus muslos y me sitúo de manera que mi cabeza comienza a avanzar hacia el interior de sus piernas. Mi lengua recorre todos los rincones de su piel, acaricio con mis labios los gemelos, succiono la carne del interior de los muslos, muevo mi mano hacia arriba acariciando la tela de las bragas, acariciando los dibujos del encaje que cubren un sexo que deja escapar su humedad. Con mi mano libre me bajo los boxers y me acaricio el sexo ya ansioso por actuar. Comienzo a lamer por el exterior de sus bragas, llego a su sexo que destapa apartando la tela con su mano izquierda, mi lengua acaricia los pliegues despacio en círculos concéntricos, ahora en forma de espiral, ahora en lentas idas y venidas, noto mi pene pegado a sus mejillas y comienzo a masturbarme dirigiendo el glande hacia los labios que se abren lo suficiente como para permitir a su lengua humedecerme. Con un nuevo giro quedo bajo sus caderas, ahora esfuerzo mi cuello para alcanzar con la lengua la humedad de su sexo. Me abrazo a sus caderas, humedezco mi dedo medio y penetro su sexo agitándolo en su interior con furia, lamo el tenso clítoris mientras noto en ella sus primeras convulsiones, lo saco y utilizo la lengua para penetrarla, con las manos le separo las nalgas para alcanzar a ver el anillo de carne rosado, lamo con pasión, con rabia, con premura, apartando la tela que aún cubre en parte su magnífico cuerpo hasta penetrarlo, jadea un instante y sin transición se mete mi pene en la boca mientras lo masturba con la mano. Cierro los ojos y me concentro en el placer que me produce, acompaso mi ritmo al de sus movimientos, a la intensidad que marca con sus labios, sus dedos y su vientre. Su mano se agita sobre mi pene cada vez más rápido, con la otra se masturba frente a mi boca de manera que puedo lamer sus dedos empapados en el licor de su gozo. Sé que en breves instantes me voy a correr, ella me grita algo ininteligible, se agita, se deja caer a un lado, se levanta, abre más la boca y noto como mi pene se adentra hasta casi el imposible.

Salta de la cama, me mueva con ella, se arrodilla y me pego a su espalda, agarro sus pechos y beso su boca, sigue masturbándose entre convulsiones, con su mano derecha mete mi pene bajo la tela de sus bragas, noto la separación de sus nalgas, noto la humedad, su mano comienza a agitarse arriba y abajo, abrazado a ella como poseído por un miedo infinito a volver a ser uno solo dejo que su mano alcance un ritmo vertiginoso, en su oído dejo caer unas palabras de amor, deseo no mas, ella vuelve a tener un orgasmo y yo me corro violentamente sobre sus nalgas, entre su sexo, en los pliegues de su vientre. Lamo sus labios, los muerdo lentamente, beso sus ojos, beso las aletas de la nariz, le beso el cuello, los hombros, los pechos, los pezones duros y de un rojo brillante. Del encaje negro de sus bragas comienza a fluir el nacarado esperma, con un rápido movimiento las quita abre sus piernas y muestra el sexo rodeado de remolinos blanquecinos, noto una erección, me acerco y noto su ardiente sexo amoldarse al paso de mi pene, me agito hasta que la dureza consigue arrancarle un jadeo leve, beso sus labios y meto mi lengua en su boca, el beso dura tanto como el sexo en su interior, me agito violentamente y me corro dentro de ella.

Los días transcurrieron de manera apacible, ya eliminada la tensión del primer encuentro parecía sumido en una nube, me despistaba en cada detalle de las aceras, en los árboles, en las caras de la gente, en los cientos de objetos que nos rodean y son parte ineludible de nuestros recuerdos y vivencias. Cada vez que recordaba el encuentro me asaltaban las ganas de aproximarme y de nuevo gozar de su cuerpo, conteniéndome tan solo por la situación que nos separaba a ambos. No era una relación fácil, ni tan siquiera posible, era como todo lo que es pasión un accidente, bello, arrebatador, único, inmortal.

Una tarde ocurrió algo inesperado me encontré con una amiga y comenzamos una charla jovial, tomamos un café y recordamos viejos episodios comunes.

La charla me llevó a recordarla y anhelarla con desespero, así pues tomé la decisión de acercarme a mi deseada. Fuí hasta ella, y le explique lo que había sucedido y deje que el silencio se instalase entre los dos. Me levanté y anduve nervioso. Tan solo sentir su presencia me impedía actuar con normalidad, me dominaba los nervios de manera que volví a la silla intentando iniciar una conversación trivial e insulsa. Tan solo la miré a los ojos en un par de ocasiones, incapaz de afrontar el hecho de la cercanía, la oportunidad, el deseo, el ansia del que ama. Me incliné sobre ella y la besé en los labios, lamiendo lentamente su boca, el paladar, los dientes, la lengua, lamiendo sus labios, besándole los ojos, la nariz, el cuello, ciego de pasión y a punto de arrancarle la ropa. Ella no parecía sorprendida, más bien parecía divertida, era feliz viendo como sufría, como la deseaba y era incapaz de aceptarlo, de atreverme a proclamar a todo el mundo mis sentimientos. Fue más rápida que yo, se medio incorporó y dejó al descubierto sus piernas desnudas frente a mí, unas diminutas bragas cubrían su sexo, y una camiseta dejaba bien patente las formas de sus pechos, enfrentados a mis desorbitados ojos. Alargué la mano y comencé a acariciarla por encima de las bragas, lentamente y en círculos, besándola delicadamente en los labios, ella apoyó su mano izquierda en mi muslo derecho y la dejó muerta, su mano libre subió hasta sus pechos y comenzó a juguetear con sus pezones. Abrió las piernas para facilitarme la labor, dejando escapar un suspiro lento. Se levantó la camiseta y de nuevo pude contemplar los magníficos pechos que tenia. Los mordí con deleite y fuerza, los apresé en mi boca y deje la lengua encima de los pezones al tiempo que apartaba el borde de la braga y dejaba resbalar hasta el interior del húmedo sexo dos dedos en busca del embriagador olor que despedía. Se agitó un poco, seguía frotándola con el dedo pulgar mientras el índice y el corazón giraban dentro de su cuerpo. Se echó hacia atrás, empujando sus caderas hacia arriba de manera que me era más sencillo seguir con mis movimientos y podía apreciar aquella parte de su cuerpo tan anhelada. Yo estaba muy excitado pero sin posibilidad de desprenderme de la ropa, esperaba que ella se diera cuenta y actuase en consecuencia, pero no parecía importarle mi estado. Agité con más fuerza los dedos en su interior, cambié de táctica y le introduje el pulgar en el sexo, para alojar los otros dos en la entrada de su ano, empapados por las secreciones, ella soltó mi muslo y comenzó a masturbarse furiosamente. Se giró un poco más y pude ver sus nalgas agitándose entre mis dedos y los suyos, me dio una orden y acerqué mi lengua lamiendo tan rápido como podía. Se corrió con un pequeño grito, dejándose caer sobre mi, y permitiendo que mi lengua acariciase una vez más su ano. Yo respiraba agitadamente, estaba a punto de hacerlo encima, saqué mi pene, me bajé los pantalones y comencé a masturbarme, ella se dio la vuelta, pasó sus pechos por mi pene, lo lamió lentamente, lamió mis muslos acarició mis piernas y humedeciendo un dedo en su sexo lo introdujo muy despacio por mi ano. Sentí un calor intenso y una sensación de angustia, ella acercó la boca a mi sexo y comenzó a masturbarme con su mano libre. Su dedo entraba y salía de mí vertiginosamente, haciéndome daño a la vez que me excitaba enormemente. Me masturbó de manera rápida y violenta, dejando que mi glande se apoyase en sus labios, utilizando su lengua para acariciarme y agitando sus dedos por todo mi pene. Un dolor en el vientre comenzó a manifestarse, le rogué que se parara pero ya no era posible, me agarré a su cabeza y me deje derramar en su boca. Un instante después , echados en la cama nos besábamos, descansando en pos de un tormentoso encuentro venidero.

 

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