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CAPITULO 8
LAS FRONTERAS DE LA IGLESIA LOCAL
Habiendo visto que el contenido interno de la iglesia es el Cuerpo de Cristo, quisiera ahora enfrentar el tema de las fronteras externas de la iglesia. Por fronteras, me estoy refiriendo a los límites externos de la iglesia local. En otras palabras, me estoy haciendo la pregunta, en términos geográficos, ¿dónde comienza y dónde termina la iglesia local? En nuestros días tenemos una plétora de congregaciones cristianas todas reclamando para sí el título de iglesias locales. Estos grupos incluyen, denominaciones, iglesias en las casas, grupos celulares, asambleas no denominacionales, misiones evangélicas, ministerios especiales, etc. Sin embargo, ¿puede cada uno de esos grupos cristianos justamente llamarse y reclamar para ellos el ser la expresión local del Cuerpo de Cristo?
La pregunta que hacemos es ¿acaso la iglesia local está formada por un país, un estado, una región, una ciudad, una villa, un caserío o simplemente una casa? ¿cual es la frontera o los bordes que delimitan la iglesia local? ¿Dónde comienza y dónde termina y cómo la podemos definir? La respuesta a estas preguntas refleja el corazón de cómo nosotros los cristianos, expresamos en la práctica nuestra unidad en Cristo. Como veremos más adelante, la única razón bíblica para dividir a los cristianos en iglesias diferentes son simplemente geográficas.
Definiendo la iglesia local
A pesar de que el término de "iglesia local" no se encuentra en el Nuevo Testamento, el concepto si está frecuentemente expresado en ella. Con claridad la Biblia nos demuestra que el sólo Cuerpo de Cristo se manifiesta en muchos lugares diferentes. Estas expresiones terrenales del único Cuerpo son llamadas "iglesias", en plural, y repetidas veces aparecen por entre las páginas del Nuevo Testamento. Decimos que esas iglesias son "locales" por que se encuentran físicamente y son geográficamente definibles en un lugar, en otras palabras, son "locales".
Queriendo definir las fronteras de la iglesia local, veamos lo que dijo nuestro Salvador en palabras de Mateo.
Mateo 18
15. Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, has ganado á tu hermano.
16. Mas si no te oyere, toma aún contigo uno ó dos, para que en boca de dos ó de tres testigos conste toda palabra.
17. Y si no oyere á ellos, dilo á la iglesia: y si no oyere á la iglesia, tenle por étnico y publicano.
18. De cierto os digo que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo.
19. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.
20. Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.
En estos versículos encontramos la base y esencia de la definición de iglesia local - una definición que se presupone a través de todo el Nuevo Testamento.
Es inconfundible, a la vista de este texto, que en la iglesia local es el lugar donde ocurren el mayor número de ofensas entre los la comunidad local, aún es más, la universal iglesia celestial es demasiado grande para establecer cuando llegan a ocurrir esas ofensas.
Después de una cuidadosa reflexión sobre estos versículos, descubrimos que hay tres facetas en la asamblea de la iglesia local:
- Una pluralidad de personas (dos o tres).
- Sumisión a la Cabeza de Cristo (en mi nombre).
- Una reunión corporativa en un lugar (dos o tres congregados).
Puesto en otras palabras, cuando dos o más creyentes se reúnen bajo la dirección de Cristo en un lugar, el Señor se encontrará presente entre ellos. Estos están representado a Cristo en su expresión local. Ellos son, al igual que antes fue, la iglesia local. Esta conclusión se mezcla claramente con la descripción de las iglesias que encontramos en el libro de los Hechos. Lucas nos dice que los apóstoles viajaban de región en región esparciendo el mensaje del Evangelio. Cuando en una localidad en específico recibía el Evangelio, ellos comenzaban inmediatamente a reunirse. Desde ese momento, eran colectivamente denominados, "la iglesia" de tal o tal parte. (Hechos 8:1, 11:22, 13:1, etc.)
El significado de "local"
En tanto que Mateo 18 nos trae muy cerca de la definición sobre las fronteras de la iglesia local, sin embargo, no logra llevarnos dentro de ella. Puesto que nos deja con la pregunta que prueba nuestro entendimiento de lo que nosotros creemos es la palabra "local". Yo, personalmente, creo que la Biblia aclara esta duda de una manera categórica. No es chocante el descubrir que a través del Nuevo Testamento cada vez que aparece la palabra "iglesia" (excepto en los pasajes que se refiere a la iglesia universal celestial, o a la casa que se reúne en la casa de una persona en específico) siempre está identificada con la ciudad. En contraste, cada vez que es usada la palabra "iglesias" en el Nuevo Testamento, virtualmente siempre se refiere a las iglesias que existen en una provincia o región.
Consideremos la siguiente lista:
LA IGLESIA (DE LA CIUDAD)
- La iglesia de Antioquia (Psidia) - Hechos 13:1
- La iglesia de Antioquia (Siria) - Hechos 11:26
- La iglesia de Cesárea - Hechos 18:22
- La iglesia de Cencreas - Romanos 8:1
- La iglesia de Corinto - I Corintios 1:2
- La iglesia de Efeso - Revelación 2:1
- La iglesia de Jerusalén - Hechos 8:1
- La iglesia de Laodicea - Revelación 3:14
- La iglesia de Pergamo - Revelación 2:12
- La iglesia de Filadelfia - Apocalipsis 4:7
- La iglesia de Sardis - Apocalipsis 3:1
- La iglesia de Esmirna - Apocalipsis 2:8
- La iglesia de Tesalónica - I Tesalonicenses 1:1
- La iglesia de Tiatira - Apocalipsis 2:18
LAS IGLESIAS (DE LA REGION)
- Las iglesias de Asia - I Corintios 16:19
- Las iglesias de Cilicia - Hechos 15:41
- Las iglesias de los Gentiles - Romanos 16:4
- Las iglesias de Galacia - I Corintios 14:33
- Las iglesias de Galilea - Hechos 9:31
- Las iglesias de Judea - Gálatas 1:22
- Las iglesias de Macedonia - II Corintios 8:1
- Las iglesias de Samaria - Hechos 9:31
- Las iglesias de Syria - Hechos 15:41
De acuerdo al texto bíblico, las fronteras de la iglesia local parecen ser la ciudad. Esta es la razón por la que Pablo ordena a Tito ordenar ancianos en cada ciudad (Tito 1:5) y los apóstoles reportan haber ordenados ancianos en cada ciudad (Hechos 14:23). Además, aprendemos del libro de la Apocalipsis que nuestro Señor Jesús ve una sola iglesia en cada ciudad (Apocalipsis 1:11-13; 20). La declaración de la Escritura por tanto afirma que durante los días del Nuevo Testamento, existía una sola iglesia en cada ciudad.
La expresión práctica de la singularidad del Cuerpo
Llegando a este punto debemos preguntarnos por qué el Nuevo Testamento selecciona a la ciudad para hacer de fronteras a la iglesia local. ¿Era simplemente un arreglo cultural pasajero o una simple coincidencia la que, hoy día, carece de un significado práctico?
Ninguna de las dos.
Las fronteras de la iglesia local están directamente unidas a la expresión práctica de la singularidad del Cuerpo de Cristo.
Hoy día muchos creyentes se han dividido en "iglesias" separadas en base a variados asuntos que asumen son legítimos para provocar la segregación cristiana. Consecuentemente, cuando un cierto local tiene un ilimitado número de "iglesias" separadas dentro de sus fronteras, el claro mensaje que se envía al mundo es que Cristo está dividido (sin importar el hecho de que aquellos que se reúnen en esas iglesias puedan profesar que son uno con el resto de los cristianos).
En contraste, supongan que un grupo de creyentes rehusa dividirse unos de otros por otra razón que no sea el hecho de la distancia que les separa para reunirse con regularidad. Esos creyentes son tan devotos unos de otros en amor, que éste les prohibe separarse por razones teológicas, líderes espirituales, estilo de adoración, ministerios especiales, raza, estado socio-económico, etc. El claro testimonio que es lanzado al mundo a través de su asamblea, es que el Cuerpo de Cristo es uno en verdad. Tal ilustración demuestra cómo el modelo bíblico de una iglesia por localidad salvaguarda la unidad del Cuerpo de Cristo y previene el sectarismo. En consecuencia, cuando los cristianos se dividen por razones otras de la localidad, nosotros, con Pablo, estamos forzados a alzar la voz con la con la turbadora pregunta: ¿Acaso está Cristo dividido?
En uno de sus clásicos volúmenes acerca de la base de la asamblea local, Watchman Nee dice:
Cualquier división de los hijos de Dios otra que no sea geográfica, implica, no solamente una división en esencia, sino también en naturaleza. Las divisiones geográficas son las únicas que no afectan la vida de la iglesia… Es el estar en Cristo lo que nos separa a nosotros del mundo y es el estar en una localidad en específico lo que nos separa de otros creyentes. Es solamente cuando residimos en un lugar diferente a los demás, cuando pertenecemos a otra iglesia. La única razón por la que yo no pertenezco a la misma iglesia que otros creyentes, se debe simplemente al hecho de que yo no vivo en el mismo lugar que ellos. (La Iglesia y la Obra, Vol. 2)
El peligro del legalismo
Buscando promover la revelación bíblica acerca de las fronteras de la asamblea local, es muy peligroso para nosotros el ser muy técnicos o legalistas en la definición lo que significa local. Dado el gran tamaño y diversidad de la población cristiana, en muchas grandes ciudades americanas, al hacerlo, debemos permitir alguna forma de contexto. Watchaman Nee nos dice de nuevo,
Naturalmente surgirán preguntas en ciudades grandes, tales como Londres. ¿Mantendrán el cálculo de "unidad - localidad" o habrá mas de una? Londres no es una 'ciudad' en el sentido del término utilizado en la Escritura y no puede ser contado como unidad. Hasta la gente que vive en Londres habla de ir "a la ciudad", que revela el hecho de que Londres y ciudad no son sinónimos. Las autoridades políticas y postales, al igual que el hombre de la calle, consideran a Londres como más de una unidad. La dividen en comunas y departamentos postales. Lo que ellos consideran una unidad de administración, podemos nosotros considerar una unidad en términos de iglesia. Considerando los lugares en el campo, los caseríos, que tampoco se pueden considerar técnicamente como una ciudad, también pueden ser considerados como unidad de iglesia. Nuestro Señor, cuando caminó por la tierra, se dijo que fue a "ciudades y aldeas" (Lucas 13:22), por lo que vemos que esos lugares en el campo, al igual que las ciudades, son consideradas separadamente como unidades de iglesia. (La iglesia y la Obra, Vol. 2)
Nee establece un punto válido. Dado el tamaño de muchas ciudades modernas, parece ser que la unidad geográfica llamada "la comuna" correspondería mejor a la noción bíblica de la palabra local. Así como en la iglesia de Cencrea (Romanos 16:1), que estaba localizada en una comunidad a corta distancia de la iglesia de Corinto, las moderna comunas se ajustan más al concepto bíblico de local que lo son nuestras ciudades.
Dejando a un lado todos los tecnicismos, sin lugar a dudas el principio bíblico afirma que la única razón de la separación de los creyentes es la de la delimitación geográfica. Los cristianos que están divididos por otras razones, bien sea por diferencias raciales, estilo de adoración, estrato social, interpretación doctrinal, ministerio o líder espiritual, son sectarios (I Corintios 1:11-13; 3:3-4). Y en tanto esto pueda resultar chocante a cualquiera, desafío a todos mis lectores a que busquen y encuentren razones bíblicas para separar a los creyentes por alguna otra razón que no sea la distancia geográfica. (Por supuesto estoy exceptuado el pecador empedernido y las actividades divisivas que requieren la disciplina de la iglesia tal como está descrito en Mateo 18, Romanos 16, I Corintios 5 y Tito 3).
El surgimiento del sectarismo en la Iglesia
El Nuevo Testamento claramente destaca el ejemplo de una iglesia por comunidad, ¿cómo es entonces que existen cientos de sectas en la misma comunidad todas reclamando para sí el título de iglesias locales? La contestación se encuentra directamente atada a los temas que hemos estado centrando nuestra atención en los dos últimos capítulos. En efecto, la razón de las infinitas divisiones en la iglesia va mucho más profundo que nuestras teologías revelan.
El desorden actual comenzó con la evolución de la clara distinción de clases, clérigos/laicos, que empezó a cristalizar alrededor del siglo segundo. La emergencia de un sistema jerárquico, que violentamente destruye el sacerdocio de todos los creyentes en dos clases, la clase del clero y la clase de los laicos, fue la mayor división conocida dentro del Cuerpo de Cristo. Este sistema, contrario a la Biblia, dio lugar a una división mayor del Cuerpo cuando varios del clero, representando las diferentes congregaciones que estaban bajo su gobierno, comenzaron a dividirse entre ellos mismos al disgregar sobre asuntos teológicos. El marco histórico de esos eventos dio lugar a un perpetuo aparato eclesiástico que, de generación en generación, comenzó a reproducirse en incontables sectas. De esta manera, la gente comenzó a agruparse alrededor de su ministro favorito en lugar de congregarse alrededor de nuestro único ministro: Jesucristo.
Quizá una analogía pueda ilustrar mejor esta triste cadena de eventos. Supongamos que Antonio, un lego en términos institucionales, se siente llamado a enseñar la Palabra de Dios. En las iglesias modernas, no va a tener más remedio que "adentrarse en el ministerio" y establecer una iglesia por sí mimo con objeto de poder llevar a cabo su llamado. Peligra el sentimiento del pastor a compartir su púlpito con un "laico" en una forma continuada, no importa cuán bueno sea este para predicar. En consecuencia, después de pasar por los correspondientes canales institucionales, Antonio se convierte en pastor y comienza una nueva iglesia en su comunidad. La iglesia de Antonio, no es más que una proyección de su propio ministerio e una innecesaria adición a las innumerables sectas ya activas en su comunidad - todas compitiendo entre sí para captar más miembros. No obstante, debido al sistema que gobierna la iglesia institucionalizada a la que Antonio pertenece que no le permite el poder utilizar libremente sus dotes de maestro, no encuentra otra alternativa que la de comenzar una nueva congregación. Desgraciadamente el sistema en sí, fomenta la formación de nuevas iglesias, que en realidad no son más que sectas, a pesar de que Dios nunca dejó dicho esto en su Palabra.
La distinción clero/laico ha sido el vivero para la producción de infinitas sectas y cismas en el Cuerpo de Cristo. Por cuando un individuo con el don de la enseñanza es detenido de llevar a cabo el llamado de Dios en las iglesias institucionales manejadas por el clero, este no tiene otra alternativa que la de comenzar su propia iglesia. Esta trágica situación no solo engendra innumerables sectas, sino que también es responsable por forzar a miles de hermanos con dones para la enseñanza a encasillarse dentro de una descripción de un "resumé" nunca dicha en el Nuevo Testamento. Además, esta "oficina" antibíblica ha venido en detrimento de bastantes cristianos sinceros que no se les ha permitido crecer después del momento de su llamado. Discutiendo la heridas auto-causadas que son el producto de sistema clerical, Jon Zens dice en toda candidez…
Nos guste o no, este trabajo de "clérigo" termina demandando una virtual omni - competencia de aquellos que se encuentran subidos en el púlpito. Al clero se le paga para actuar sobre todo lo que sea necesario para mantener en marcha la maquinaria religiosa y son grandes las expectativas para aquellos que las múltiples facetas que demanda su profesión. El problema mortal con este sistema no - bíblico es que acaba consumienddo a aquellos que se encuentran dentro de sus límites. El agotamiento, problemas morales, divorcio y suicidio son muy altos entre los clérigos. ¿Acaso es un misterio el que ocurran tales tragedias a la vista de lo que se le exige a una persona? Cristo nunca pretendió que nadie ocupara ese trabajo eclesiológico (Searching together, Vol 23:4)
Por contraste, en la iglesia del Nuevo Testamento, Antonio no hubiera tenido este problema de lanzarse a la aventura de comenzar una institución la cual nunca fue autorizada por Dios. Como miembro de la iglesia del Nuevo Testamento, Antonio habría tenido la libertad de funcionar sin presión alguna con su don de la enseñanza (Capítulo I). Además, como las decisiones habrían sido tomadas en consenso, Antonio hubiera tenido una voz en todas las decisiones mayores de la asamblea (Capítulo 6).
La única razón por la que Antonio hubiera abandonado la asamblea del Nuevo Testamento, sería en el caso en que hubiera sido un hermano rebelde, ambicioso de comenzar su propio ministerio, independiente de la asamblea local, o si Dios le hubiera llamado a realizar un verdadero y genuino trabajo de apostolado. Tengamos presente, sin embargo, que los apóstoles del Nuevo Testamento no eran enviados a crear sus propias franquicias espirituales. Por el contrario, establecían las iglesias del Nuevo Testamento donde nadie se encontraba presente. Simplemente, la causa principal del sectarismo moderno tiene sus raíces en la distinción de clases creadas por el sistema laico/seglar. Diótrefes, a quien el apóstol describe como deseoso de tener preeminencia entre los santos, no está solo en la historia del hombre que ansía por controlar el centro de la asamblea. Lamentablemente Diótrefes, aún prohibe a los miembros del Cuerpo el funcionar libremente en la casa del Señor. (3 Juan 9,10).
El Espíritu clama por unidad
La expresión práctica de unidad del Cuerpo de Cristo es el asunto de mayor importancia en el corazón de Dios. La última oración de nuestro Señor se centra en este mismo punto.
Juan 17
11. Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo á ti vengo. Padre santo, á los que me has dado, guárdalos por tu nombre, para que sean una cosa, como también nosotros.
12. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; á los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición; para que la Escritura se cumpliese.
13. Mas ahora vengo á ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.
14. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
15. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
16. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
17. Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad.
18. Como tú me enviaste al mundo, también los he enviado al mundo.
19. Y por ellos yo me santifico á mí mismo, para que también ellos sean santificados en verdad.
20. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.
21. Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste.
22. Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa.
23. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también á mí me has amado.
24. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me has amado desde antes de la constitución del mundo.
25. Padre justo, el mundo no te ha conocido, mas yo te he conocido; y éstos han conocido que tú me enviaste;
26. Y yo les he manifestado tu nombre, y manifestaré lo aún; para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.
Al igual que el asunto del liderazgo en la iglesia, la expresión práctica para nuestra unidad está muy unida a nuestra sumisión a la Cabeza de Cristo. Utilizando una metáfora sobre el cuerpo, si mi brazo y mi mano se encuentran ambos sometidos a mi cabeza, funcionarán en una manera ordenada. No existirá separación entre ellos. De la misma manera, división y desunión en la iglesia descubren el hecho que no estamos sumisos a la Cabeza (Colosenses 2:19), puesto que cuando Jesús es en verdad la Cabeza entre su gente, ellos fieramente rechazan la división entre ellos.
Cuando en el interior de la iglesia local es el Cuerpo de Cristo, las fronteras externas de la iglesia local son la comunidad. La denominaciones y un buen número de iglesias no-denominacionales e inter-denominacionales, por tanto, no pueden ser consideradas como iglesias locales en el sentido del Nuevo Testamento puesto que ellas recortan las fronteras bíblicas de la asamblea local. Lo mismo es verdad con algunas "iglesia en las casa" del día de hoy. Puesto que la comunidad y no la casa es la frontera de la iglesia local.
En los días del Nuevo Testamento, cuando Dios levantaba una iglesia, invariablemente comenzaba en una casa. Cuando crecía, se multiplicaba convirtiéndose en varias casas. Cada miembro se veía a sí mismo como miembro de la misma iglesia, es decir de la iglesia local. De acuerdo a esto, cuando la iglesia de Jerusalén se reunía en varias casas, colectivamente eran conocidas como "la iglesia de Jerusalén". Iglesias que comenzaban pequeñas, como la de Corinto (Romanos 16:23), Roma (Romanos 16:5), Efeso (I Corintios 16:19), Laodicea (Colosenses 4:16-16) y Colosas (Filemón 1,2), se reunían en una sola casa hasta que su número fue creciendo. Así la iglesia de Corinto que se reunía en casa de Gayo, no era una separada sub-iglesia dentro de la iglesia de Corinto. Sino que era toda la iglesia de Corinto la que se reunía en la casa de Gayo. Lo mismo ocurre con las iglesias que se reunían en las casas de Aquila y Priscila, Nimfas y Filemón.
En tanto que la casa es el lugar que marcan las Escrituras como sitio de reunión de la iglesia (Capítulo 3), es importante el darse cuenta que las fronteras de la iglesia local no son las paredes de la casa sino la comunidad. Acerca de esto, se encuentra presente en las modernas iglesias en las casas que se levanten, en la misma comunidad, varias iglesias independientes y separadas unas de otras. Por tanto si una casa-iglesia no se está reuniendo bajo las bases bíblicas de una iglesia por comuna, estará de hecho rompiendo la unidad del cuerpo de Cristo. De hecho, las iglesias que se reúnen en las casas tienen que verse a sí mismas como parte del único Cuerpo de Cristo en su comunidad, en lugar de entidades separadas e independientes.
En otras palabras, el Nuevo Testamento solamente conoce de una iglesia local, que está definida por la comunidad. Nunca fue el pensamiento de Dios que el Cuerpo de Cristo se convirtiera en las ciénagas denominacionales que existen hoy día. Ni tampoco fue su intención que los cristianos fueran divididos en separadas casas - iglesias. En consecuencia nuestro apoyo a una o varias sectas traiciona nuestra supuesta creencia de que el Cuerpo de Cristo es uno.
La reacción de Dios ante la división de la Iglesia
Habiendo visto la evidencia bíblica acerca de las fronteras de la iglesia, hacemos bien en preguntar acerca de la solución que da Dios a las actuales divisiones de Su Cuerpo y del creciente aumento y multiplicación de sectas en nuestras comunidades. El remedio divino para estas interminables divisiones del Cuerpo no se encuentra en la formación de una asociación de sectas o ministros que simplemente se toman de la mano para la fotografía. En otras palabras, el ecumenismo institucional no es la respuesta que da Dios. Tampoco es el sueño idealista de que un día Dios destruirá todas las sectas existentes sin nuestra cooperación. Por el contrario, la reacción de Señor al presente desorden es el de levantar una compañía representativa de creyentes que responda al grito del Espíritu por una genuina unidad. Este llamado corresponde a la cita del Señor por los vencedores en Apocalipsis 2 - 3. Así el Señor está otorgando un cargo a todos los que tienen oídos para oír. Es un cargo para abandonar todas las sectas creadas por los hombres y reunirse renovados bajo los términos del Nuevo Testamento en una asamblea local.
Actualmente existen miles de cristianos que se reúnen en estas mismas bases. Estos grupos de creyentes no piden para si nombre ni título alguno. Ellos simplemente están buscando el ser fieles a la visión del Nuevo Testamento de Cristo y su iglesia - una visión que ha cautivado sus corazones poderosamente. Por otro lado, ellos reciben a todo aquel a quien Dios ha recibido, tanto si se encuentran en sectas como si no. Incluyen a todos los creyentes de su comunidad y a todos ellos, dan la bienvenida con una hermandad sin reservas. Al mismo tiempo ellos no se unen o apoyan sistema alguno que, por estudioso convencimiento, saben choca de frente con lo revelado en el Nuevo Testamento. Así, ellos no niegan el hecho de que Dios ha utilizado y aún usa, el sistema institucional lo mejor que puede (pues Dios a menudo utiliza aquello que él no necesariamente aprueba). Sin embargo, ellos no pueden conformarse con menos de lo que corresponde al pleno pensamiento divino para Su Cuerpo.
El espíritu de esos creyentes que portan tal testimonio fue resumido por un escritor: "Sin malicia para nadie y caridad para todos, nos hemos salido de la iglesia tradicional para ser baluartes de la expresión orgánica del Cuerpo de Cristo". Paciente y calladamente sin orgullo ni presunción, este creciente número de creyentes busca el mantener el testimonio puro y simple de que Cristo es la Cabeza y Su Cuerpo es uno. Estos son los candelabros que se encuentran ante el Señor - las pequeñas y a menudo, desapercibidas vasijas que almacenan Su recobrado testimonio en la tierra.
¡Que Dios continúe levantando creyentes que furiosamente rechacen el dividir el Cuerpo de Cristo y estén dispuestos a pagar el precio que sea para trabajar por el logro de Su eterno propósito!
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