Entonces Jesús llamándolos, dijo: Sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.

Mas entre vosotros no será así; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor;

Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo:

Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Mat 20:25-28

 

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Capítulo 6

 

CAPITULO 6

EL LIDERAZGO DE LA IGLESIA LOCAL: ¿COMO LA DIRIGIAN? 

 

En el último capítulo hemos descubierto que la moderna definición de pastor, aceptada como líder en la mayor parte de las iglesias evangélicas, es totalmente desconocida en el Nuevo Testamento. De acuerdo a la información bíblica, los líderes de la temprana iglesia, encargados de la asamblea, eran simplemente los hombres locales. Fue a ellos a quien Dios dio la tarea de pastorear y supervisar el rebaño, la Biblia los llama ancianos, supervisores y pastores.

Y en tanto es verdad que la Biblia no promueve otra forma de liderazgo que la compartida, la mera presencia de una pluralidad de ancianos no da por asegurado la sanidad de la iglesia. Puesto que si los ancianos no se conducen en la forma prescrita por Cristo, su efecto puede ser más dañino a la asamblea que la de un solo líder, ya que la asamblea, en lugar de tener un tirano, ahora tendrá varios. Y esta es la razón por lo que la forma en la que la asamblea es dirigida, se convierte en un asunto de crucial importancia .

Contrario al concepto moderno, los ancianos del Nuevo Testamento nunca fueron vistos como figuras prominentes de la iglesia. En consecuencia, existe un silencio y falta de atención hacia el liderazgo en las epístolas del Nuevo Testamento. Las cartas de Pablo a las iglesias, por ejemplo, nunca están dirigidas a los líderes de las iglesias, sino a las iglesias mismas (Notemos en Filipenses 1:1 cómo el liderazgo es mencionado por encima y sólo después de haber saludado a la iglesia). Es bastante significativo esta omisión puesto que se enfrenta vigorosamente a la noción evangélica popular de la preeminencia del pastor y sus ayudantes, que indudablemente va en contra de la enseñanza bíblica. Es más, todo el tema de liderazgo tiene mucho menos atención en el Nuevo Testamento que el otorgado por la iglesia moderna. La totalidad de la iglesia es el punto central de las Escrituras, su función como tal y no la forma en la que los líderes la conducen.
 

 

La autoridad Jerárquica, Posicional y Espiritual

La Biblia pone mucho énfasis en el hecho de que el liderazgo en el reino de Dios es totalmente diferente al de los mundos gentiles y judíos. Contrario a la noción de autoridad de los gentiles, la orientación cristiana de liderazgo no ata la autoridad a un poder de rangos y estructuras jerárquicas. De esta manera los líderes del Nuevo Testamento no se enseñoreaban sobre los santos por medio de una jerarquía y orden de mando de la manera en que lo hacían los gentiles.

Mateo 20

25.  Entonces Jesús llamándolos, dijo: Sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.

26.  Mas entre vosotros no será así; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor;

27.  Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo:

28.  Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Además, contraria a la noción judía de autoridad, la orientación cristiana sobre el liderazgo no une la autoridad con la ordenación externa, el puesto, titulo o protocolo. Por tanto los líderes de la primera iglesia no se conducían por una exteriorización de autoridad investida en un título o posición que habían asumido como hacían los líderes en el mundo judío.

Mateo 23

1.   Entonces habló Jesús á las gentes y á sus discípulos,

2.   Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariseos:

3.   Así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardad lo y haced lo; mas no hagáis conforme á sus obras: porque dicen, y no hacen.

4.   Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover.

5.   Antes, todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres; porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;

6.   Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas;

7.   Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres Rabbí, Rabbí.

8.   Mas vosotros, no queráis ser llamados Rabbí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos vosotros sois hermanos.

9.   Y vuestro padre no llaméis á nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos.

10.  Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.

11.  El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.

12.  Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado.

La orientación cristiana de liderazgo, en contraste, une la autoridad espiritual con la función espiritual y su madurez. Está basada en el modelo del sirviente líder que fue tema común en las enseñanzas de Nuestro Salvador, un modelo que milita contra los venenos de sumisión forzada, las estructuras de la autoridad patriarcal y las relaciones jerárquicas (Mateo 23:11; Marcos 10:42-45; Lucas 22:26-27). En este contexto, el modelo cristiano de liderazgo sirve de salvaguarda a la real y viviente dirección de Cristo y está constantemente verificando el autoritarismo, formalismo y clericalismo. El brote en la vara de Aarón es una bella ilustración que revela que las bases de la autoridad espiritual descansan en la vida resucitada por medio de un servicio espiritual, en lugar de una posición otorgada o asumida.

Números 17

1.   Y habló Jehová á Moisés, diciendo:

2.   Habla á los hijos de Israel, y toma de ellos una vara por cada casa de los padres, de todos los príncipes de ellos, doce varas conforme á las casas de sus padres; y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara.

3.   Y escribirás el nombre de Aarón sobre la vara de Leví; porque cada cabeza de familia de sus padres tendrá una vara.

4.   Y las pondrás en el tabernáculo del testimonio delante del testimonio, donde yo me declararé á vosotros.

5.   Y será, que el varón que yo escogiere, su vara florecerá: y haré cesar de sobre mí las quejas de los hijos de Israel, con que murmuran contra vosotros.

6.   Y Moisés habló á los hijos de Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas; cada príncipe por las casas de sus padres una vara, en todas doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos.

7.   Y Moisés puso las varas delante de Jehová en el tabernáculo del testimonio.

8.   Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había brotado, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras.

9.   Entonces sacó Moisés todas las varas de delante de Jehová á todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara.

10.  Y Jehová dijo á Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde por señal á los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de sobre mí, porque no mueran.

11.  E hízolo Moisés: como le mandó Jehová, así hizo.

12.  Entonces los hijos de Israel hablaron á Moisés, diciendo: He aquí nosotros somos muertos, perdidos somos, todos nosotros somos perdidos.

13.  Cualquiera que se llegare, el que se acercare al tabernáculo de Jehová morirá: ¿acabaremos de perecer todos?

Por tanto, los líderes de la primera iglesia, eran dirigidos por el ejemplo, no por coerción o manipulación. El respeto recibido por la congregación iba en proporción directa con su servicio sacrificado (I Corintios 16:10-11, 15-18; Filipenses 2:29-30; I Tesalonicenses 5:12-13; I Timoteo 5:17). Su autoridad estaba basada en su condición espiritual interna y su función externa, en lugar de una posición sacerdotal investida en él exteriormente (para que otros sigan su liderazgo). Por tanto, si un anciano esperaba de otros el ganar a los perdidos, era su trabajo el de crear un ambiente de recuperación de almas ante la asamblea. ¿Por qué? pues porque él dirigía con el ejemplo. En consecuencia, la noción que existe sobre el hecho de que los pastores no ganan almas porque "los pastores no crían las ovejas, sino que las ovejas crían las ovejas" es un clásico ejemplo de violenta ruptura de la enseñanza bíblica. Si seguimos empujando la metáfora del pastor y las ovejas más allá de su intención, no solo los pastores son incapaces de criar a las ovejas pero si son capaces de venderlas, matarlas y comerlas. Desafortunadamente muchos "pastores" modernos son culpables de todo eso. En lugar de alimentar a las ovejas, ellos se alimentan de ellas

Ezequiel 34

1.   Y fue á mí palabra de Jehová, diciendo:

2.   Hijo del hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y diles á los pastores: Así ha dicho el Señor Jehová: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan á sí mismos! ¿No apacientan los pastores los rebaños?

3.   Coméis la leche, y os vestís de la lana: la gruesa degolláis, no apacentáis las ovejas.

4.   No corroborasteis las flacas, ni curasteis la enferma: no ligasteis la perniquebrada, ni tornasteis la amontada, ni buscasteis la perdida; sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia;

5.   Y están derramadas por falta de pastor; y fueron para ser comidas de toda bestia del campo, y fueron esparcidas.

6.   Y anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto: y en toda la haz de la tierra fueron derramadas mis ovejas, y no hubo quien buscase, ni quien requiriese.

7.   Por tanto, pastores, oid palabra de Jehová:

8.   Vivo yo, ha dicho el Señor Jehová, que por cuanto mi rebaño fué para ser robado, y mis ovejas fueron para ser comidas de toda bestia del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron á sí mismos, y no apacentaron mis ovejas;

9.   Por tanto, oh pastores, oid palabra de Jehová:

10.  Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo á los pastores; y requeriré mis ovejas de su mano, y haréles dejar de apacentar las ovejas: ni los pastores se apacentarán más á sí mismos; pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida.

11.  Porque así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo, yo requeriré mis ovejas, y las reconoceré.

12.  Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.

Además, en cuando los ancianos se levantan en la asamblea como modelos de vida espiritual y de servicio, ellos alientan a los hermanos a vivir y servir de igual manera.

I Tesalonicenses 5

1.   Y os rogamos, hermanos, que reconozcáis á los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan:

2.   Y que los tengáis en mucha estima por amor de su obra. Tened paz los unos con los otros.

3.   También os rogamos, hermanos, que amonestéis á los que andan desordenadamente, que consoléis á los de poco ánimo, que soportéis á los flacos, que seáis sufridos para con todos.

4.   Mirad que ninguno dé á otro mal por mal; antes seguid lo bueno siempre los unos para con los otros, y para con todos.

Así ellos alentaban a los maestros a enseñar, a los oradores a orar, a los profetas a profetizar, a los exhortadores a exhortar, etc. tanto dentro como fuera de las reuniones de la asamblea. Tengamos presente que las reuniones de la primera iglesia permitía que cada miembro funcionara de acuerdo a sus dones, en lugar de engendrar pasividad y muerte espiritual entre la congregación, mientras que otro daba un sermón de 45 minutos. En pocas palabras, el liderazgo en la iglesia del Nuevo Testamento no era una obligación de esclavos ni una implacable necesidad, sino que era un recurso valioso marcado por la humildad, hermandad, servidumbre y ejemplo divino.
 

 

Un paradigma de liderazgo compartido

Trágicamente, el modelo moderno que es a menudo empleado en el liderazgo de la iglesia es extraído del mundo de los negocios corporativos. El paradigma utilizado es un paradigma de empresarios donde el factor predominante del líder de una iglesia es el de originar una meta y geográficamente delinear un programa estratégico por el que alcanzar la meta. De esta manera, la iglesia ha sido encasillada dentro de una cultura delineada por el sistema organizacional de la América corporativa. Y como resultado, los cristianos han adoptado patrones de liderazgo secular y los han ofrecido como bíblicamente válidos. Simplemente ¡que nuestra moderna noción de liderazgo de la iglesia está culturalmente cautivo al espíritu de la época!

Viendo que el gran peso de la enseñanza bíblica acerca del liderazgo, ha sido perdido por las prevalentes nociones de nuestra cultura, tenemos obligatoriamente que reclamar el terreno perdido sobre esa materia. Nos hará muy bien el recordar que la principal metáfora que la Biblia da para la iglesia no es organización, sino organismo. Consecuentemente, la metáfora de la corporación queda y se ve muy distante. Como hemos dicho en un capítulo anterior, la principal metáfora sobre la iglesia es la de una viviente familia. Por esta razón, el modelo bíblico de liderazgo cristiano es el de madre y padre espirituales.

I Tesalonicenses 2

6.   Ni buscamos de los hombres gloria, ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.

7.   Antes fuimos blandos entre vosotros como la que cría, que regala á sus hijos:

8.   Tan amadores de vosotros, que quisiéramos entregaros no sólo el evangelio de Dios, mas aun nuestras propias almas; porque nos erais carísimos.

9.   Porque ya, hermanos, os acordáis de nuestro trabajo y fatiga: que trabajando de noche y de día por no ser gravosos á ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.

10.  Vosotros sois testigos, y Dios, de cuán santa y justa é irreprensiblemente nos condujimos con vosotros que creísteis:

11.  Así como sabéis de qué modo exhortábamos y consolábamos á cada uno de vosotros, como el padre á sus hijos,

12.  Y os protestábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó á su reino y gloria.

Sin embargo, hasta la imagen paterna de liderazgo puede ser distorsionada y volverse pura prosa si no la vemos contra el trasfondo del ministerio general de todos los creyentes y nuestra principal relación de unos con otros, como hermanos y hermanas.

Mateo 23

8.   Mas vosotros, no queráis ser llamados Rabbí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos vosotros sois hermanos.

Dicho más simplemente, los líderes de la iglesia del Nuevo Testamento dirigían en una forma no jerárquica , ni aristocracia, ni autoritaria, ni institucional, ni clerical. Es más, la visión del liderazgo en la iglesia del Nuevo Testamento era principalmente funcional, y lo que es más importante aún, era relacional.

Así pues, para tener un liderazgo que funcione en la iglesia local bajo los mismos principios de los de un ejecutivo de una corporación o un aristócrata de casta imperial nunca fue lo enseñado por el Señor. Es por esta razón por lo que los autores del Nuevo Testamento nunca escogieron metáforas sobre las jerarquías o el imperio para describir el liderazgo de la iglesia. Por el contrario, los líderes de la iglesia del Nuevo Testamento toman papeles de esclavos y niños, en lugar de señores y maestros.

Lucas 22

25.  Entonces él les dijo: Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores:

26.  Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve.

A pesar de que esta forma de pensar entra en conflicto directo con las ideas populares de hoy día acerca de la autoridad, se engarza perfectamente con las enseñanzas bíblicas acerca del reino de Dios - la esfera en la que el débil es fuerte, el pobre rico, el humilde es exaltado, y el último el primero.

 

Reconsiderando nuestra noción de autoridad

La razón principal del por qué nuestras ideas acerca del liderazgo de la iglesia se encuentran tan lejanas de las enseñanzas bíblicas, puede alzarse a nuestra tendencia de proyectar nuestras nociones políticas de autoridad, posición y puesto de mando sobre los escritores bíblicos y meterlas dentro del texto del Nuevo Testamento. Así pues, cuando leemos palabras tales como "pastores", "supervisores" y "ancianos" en el Nuevo Testamento, tenemos la tendencia de pensar de ellos en términos de oficiales ejecutivos como "presidente" y "senador". De esta manera, nos relacionamos a los ancianos, pastores y supervisores como elementos de nuestra sociología (posiciones sociales). Los vemos como espacios vacíos que poseen una realidad independiente para la persona que los ocupa. De esta forma, atribuimos a los oficiales de la iglesia con una autoridad incuestionable sobre todos los demás creyentes en la asamblea, simplemente porque "ocupan un puesto".

La noción de liderazgo en el Nuevo Testamento es completamente diferente. No hay ninguna garantía de que la idea de liderazgo en la iglesia sea algo oficial, como tampoco existe la noción de que unos creyentes tengan autoridad alguna sobre otros creyentes. La única autoridad existente es la de Cristo mismo. Los humanos no tienen autoridad sobre otros humanos. La autoridad divina está investida solamente en la Cabeza. Por tanto la autoridad en el Nuevo Testamento es representativa. Esto quiere decir que si bien los creyentes pueden representar y expresar la autoridad divina, ellos nunca podrán asumir dicha autoridad.

La misión del liderazgo bíblico, entonces, es simplemente el descubrir, expresar y modelar la voluntad de la Cabeza. En tanto que un miembro del Cuerpo esté reflejando el sentimiento de la Cabeza, hasta cierto punto él está representando la autoridad divina. Y en tanto que un miembro esté modelando la voluntad de Dios, hasta ese punto él estará dirigiendo. En este aspecto, el liderazgo bíblico está orientado hacia el servicio, los líderes son aquellos que sobresalen en servicio y ministerio. Esto les provee de un modelo o patrón de cómo toda la iglesia ha de funcionar. Por tanto, no es motivo de asombro el que el apóstol Pablo al hablar del liderazgo cristiano jamás utilizó ninguna de las 40 palabras más comunes en el idioma griego usadas para describir "puesto" o "autoridad". Lo que sí es motivo de asombro es que la palabra favorita del apóstol para definir el liderazgo bíblico es precisamente la opuesta a lo que la mente natural pueda pensar, y esta es "diakonos", que simplemente significa "sirviente".

En su hermosa exposición de Marcos 10:42-43, Ray Stedman dice:

La autoridad entre los cristianos no se deriva de la misma fuente a la autoridad mundana, ni ha de ser ejercida de la misma manera. El punto de vista del mundo, hace que la autoridad coloque a los hombres unos encima de otros, como en una estructura militar, o una jerarquía de ejecutivos, o un sistema de gobierno- Urgido por la competencia creada en la Caída, y enfrentados con lo rebelde, agresiva y pecadora naturaleza humana, el mundo no podría funcionar sin el uso de una estructura de mando y decisiones ejecutivas. Pero como Jesús dijo muy detenidamente "-no ha de ser así entre vosotros". Los discípulos han de tener una relación unos con otros, siempre diferente a la mundana. Los cristianos son hermanos y hermanas, hijos de un mismo Padre y miembros unos de otros. Jesús lo dejó muy claro en Mateo 23:8, "-uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos vosotros sois hermanos." A través de veinte siglos la iglesia ha ignorado esas palabras. Probablemente con la mejor intención, repetidamente a tomado prestado del mundo su estructura de autoridad, cambiando los nombres de sus ejecutivos de reyes, generales, capitanes, presidentes, gobernadores, secretarios y jefes por los de papas, patriarcas, obispos, diaconisas, diáconos, pastores y ancianos y después, la iglesia, ha seguido contenta su camino, enseñoreándose sobre los hermanos y así destruyendo el modelo de servicio que nuestro Señor diseñó- En algún lugar, con seguridad, las palabras de Jesús, "-no ha de ser así entre vosotros" tienen que tener algún efecto. Pero a pesar de todo en la mayor parte de las iglesias de hoy una inimaginable aceptación ha sido dada acerca de que el pastor tiene la última palabra de autoridad en ambos, doctrina y práctica y de que él es el director ejecutivo de la iglesia con respecto a su administración. Pero con toda seguridad, ¡si un papa es malo sobre toda la iglesia, un papa en cada iglesia no es mucho mejor! ("La autoridad del Pastor" Discovery Paper #3500, Discovery Publishing)

No olvidemos el hecho que los ancianos del Nuevo Testamento eran sirvientes del Maestro, el Señor Jesús, quién él sólo era dueño de los derechos de la iglesia. Así, a través del Nuevo Testamento, ningún líder religioso se le conoce como "la cabeza" de una iglesia. Este título está reservado exclusivamente para nuestro Señor Jesús. Puesto que los ancianos de la primera iglesia no veían a la iglesia como de su propiedad, ellos no impusieron sus agendas por la fuerza ni bloquearon el camino a otros sometiéndolos ante la posición de autoridad que aparentaban tener. En otras palabras, los ancianos de la primera iglesia no operaban como una oligarquía (el gobierno absoluto de unos pocos) o una dictadura (el gobierno de uno solo).

Por la misma razón, la primera iglesia no operaba como una democracia moderna. El Nuevo Testamento nunca vio la resolución de los asuntos de la iglesia llevados a cabo por una mayoría. Aunque podamos pensar que el sistema democrático de gobierno de los Estados Unidos está enraizado en la teología bíblica, no existe un solo ejemplo en todo el Nuevo Testamento donde encontramos que las decisiones son tomadas con un mero levantar de manos.
 

 

El gobierno divino del consenso

Entonces ¿cuál fue el patrón de decisión en la iglesia del Nuevo Testamento? Simplemente el consenso. "Entonces nos pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia" y más adelante "nos pareció bien habiendo venido por unanimidad". Este es el modelo divino para manejar los asuntos de la iglesia. En tanto que la responsabilidad de tomar las decisiones administrativas de la iglesia recaía por igual en los hombros de los ancianos (Hebreos 13:7, 17, 24), los ancianos no conducían la iglesia dando gritos de mando hacia una congregación totalmente pasiva. Por el contrario, ellos trabajaban juntos con la asamblea con objeto de llegar a una decisión unánime en la que todos coincidían (Hechos 1:23-25; 6:2-6; 15:22). Por esta razón, la verdadera idea detrás de la palabra "obedecer" que encontramos en-

Hebreos 13

13.  Obedeced á vuestros pastores, y sujetaos á ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como aquellos que han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no gimiendo; porque esto no os es útil.

- es el de "permitir ser persuadido".

En un plano paralelo, el principio bíblico mantiene que los trabajadores apostólicos no tienen ninguna autoridad directa para tomar decisiones en la asamblea local una vez que los ancianos han hecho su presencia. En tanto que el ministerio espiritual del apóstol ha de ser bienvenido en la iglesia local, toda la responsabilidad espiritual de la asamblea está colocada en manos de los ancianos (Hechos 14:23, 20:28-31; I Timoteo 5:17; Tito 1:5; Hebreos 13:17). Por tanto el concepto de un concepto de gobierno fuera del local no existe en el Nuevo Testamento. En la primera iglesia, cada asamblea estaba espiritualmente unificada por vida, pero autónoma gubernamentalmente por localidad. Dicho en otras palabras, las iglesias del Nuevo Testamento eran independientes unas de otras en organización y responsabilidad, pero interdependientes unas de otras en vida y unidad.

Este es el maravilloso designio de Dios.

Puesto que cuando un apóstol de fuera de la localidad toma el control de la asamblea local, esta se convierte en una extensión de él mismo. Como resultado, la iglesia se convierte en una secta (la del apóstol) y la plenitud del testimonio de Jesús que se suponía llevar a cabo, queda relegado a segundo término.

A pesar que la responsabilidad del tomar decisiones en la asamblea, cae sobre los hombros de los ancianos, la misión principal de decisión en los asuntos de la iglesia se veía como un consenso a tomar entre los creyentes. Así pues, el liderazgo descansaba ampliamente sobre la habilidad de persuadir a la asamblea en una aprensión de los deseos del Señor, en lugar de tratar de forzar a una total sumisión al estilo de "si no se someten a lo que nosotros decimos, deberá buscar otra iglesia a la que asistir".

Examinemos por un momento el concepto del consenso. Por consenso quiero decir que todos los miembros de la iglesia han llegado al acuerdo unánime en apoyo de una decisión en particular. De acuerdo a esto, consenso y unanimidad son virtualmente idénticos. En tanto que los miembros podrán estar de acuerdo con la decisión en varios grados de entusiasmo (algunos llegando a acceder un tanto penosamente), todos han llegado a un lugar donde han dejado a un lado sus objeciones y pueden apoyar la decisión en buena conciencia. Cuando una iglesia toma decisiones basadas en consenso, las decisiones son demoradas hasta que se ha llegado a un total y pleno acuerdo. Este proceso requiere que todos los miembros de la iglesia participen igualmente y acepten su responsabilidad por alcanzar la mente del Señor en una particular decisión. Consecuentemente, cuando se ha logrado el consenso, elimina automáticamente todos los rumores y quejas. Puesto que todos y cada uno de los miembros ha tenido una participación por igual en la responsabilidad de la decisión.

En palabras de Christian Smith-

El consenso es parte de la experiencia de la comunidad cristiana. Requiere de fuertes lazos y relaciones que hagan posible el tolerar juntas ideas controversiales. Requiere de un amor y respeto mutuos para escuchar a unos y a otros, cuando existe un desacuerdo. Consenso también requiere del compromiso necesario para entender a otras personas más allá del deseo de convencerlas y llevárselas por delante. Consenso, como el camino para tomar las decisiones en la iglesia, no es fácil, sino el mejor. Parafraseando a Winston Churchill, consenso es la peor forma de toma de decisiones en la iglesia, pero mucho mejor que el resto. Consenso, no es fuerte en eficiencia, si por ello nos estamos refiriendo a velocidad. Puede llegar a tomar un largo tiempo el ir sobre cada uno de los temas, por lo que en algunos casos se puede convertir en algo bastante frustrante - el consenso es fuerte en unidad, comunicación, apertura de mente, permitir el liderazgo del Espíritu y la participación responsable del Cuerpo. En el logro de esos valores, el consenso es eficiente. Decidir por consenso, entonces, significa el creer en unidad, amor, comunicación y participación y es mucho más importante, dentro del esquema cristiano, que cualquier decisión rápida y fácil. Requiere del entendimiento que, al final, el proceso es tan importante como el resultado. Tan importante es el cómo tratamos a unos y a otros en el proceso de tomar unánimemente las decisiones, como la decisión misma. (Yendo a la raíz).

En tanto que, vista bajo el prisma pragmático de la mente americana, la práctica del consenso ha sido objetada como idealística y poco práctica, es la única salvaguarda que asegura que la mente de Cristo ha sido verdaderamente alcanzada. Y aunque muchos alegan que este método jamás podrá funcionar en nuestros días, el testimonio de la historia de la iglesia desafía tal pensamiento.

La regla del consenso ha sido la práctica de los Hutteritas, los Cuáqueros y otras modernas hermandades que han decidido seguir los principios del Nuevo Testamento en su vida corporativa. Además, el principio del consenso está profundamente enraizado en las Escrituras. Hasta en la economía del Antiguo Testamento, la Biblia asocia el consenso con la plenitud espiritual (II Samuel 1-:15-18; I Crónicas 12:38-40, 13:1-4; II Crónicas 30:4-5), de igual manera que asocia el juicio dividido con la ruina espiritual (I Reyes 16:21-22, 19:18). En pocas palabras, la Biblia presenta consenso como una regla divina para la iglesia y el orden de la cooperación cristianas (Romanos 15:5-6; I Corintios 1:10; II Corintios 13:11; Efesios 4:3; Filipenses 2:2, 4:2)
 

 

El reto que se encuentra ante nosotros

No es difícil ver cuán lejos la iglesia moderna se encuentra del patrón bíblico acerca del liderazgo. ¿Podríamos decir que ante los problemas de la divisiones de las iglesias, el deambular de las ovejas perdidas, los interminables forcejeos de los clérigos son consecuencia de nuestra arrogante conclusión de que hemos encontrado un camino mejor para dirigir la casa de Dios en el siglo 20?

El pastor y algunas veces el consejo, en muchas iglesias institucionales, toman decisiones sin consultar a la asamblea y sin considerar el sentido espiritual de la iglesia. Los miembros de las iglesias no tienen voz alguna en los asuntos y se les anima que vayan a otro lugar si no se "ponen en fila". De la misma manera, en esas otras iglesias que deciden por voto de la mayoría, aquellos que "perdieron el voto" quedan libres de cuestionar el juicio de la mayoría y algunas veces la ética del procedimiento. Además generalmente se pasa por alto, el hecho de que la Escritura esté llena de ejemplos donde la mayoría estaba equivocada.

Argumentando acerca del proceso de decisión en la iglesia encontrada en Mateo 18:18-20, Robert Banks dice:

La guía sobre los asuntos que afectaban la vida de la comunidad, era provista a los miembros cuando se reunían para discernir lo que Dios requería de ellos. Ellos recibían esta ayuda del Espíritu por medio del ejercicio de sus dones de conocimiento, revelación, sabiduría y así sucesivamente. En todo esto, Pablo nunca se cansa de insistir de que todo miembro de la comunidad tiene la responsabilidad de compartir el conocimiento que le ha sido dado. Todos están alentados a "instruir unos a otros" a "hablar la palabra de Dios- para que todos sean fortalecidos y alentados" y "enseñar y aconsejar unos a otros en sabiduría" puesto que es por medio "de hablar la verdad con amor" por la que ellos "podrán crecer en todos los sentidos hacia Aquel que es la Cabeza, es decir Jesucristo". Así, el escenario más característico en el que la comunidad recibía su instrucción, era cuando los cristianos se reunían para compartir y evaluar los dones que les habían sido dados. Aquí en una variedad de formas complementarias, la guía era traída por medio cada uno hacia todos y por medio de todos para cada uno. (La idea de Pablo de comunidad)

No hay duda alguna que el consenso por medio de la guía del liderazgo es bastante costoso. Puesto que impone la responsabilidad sobre todos los santos de buscar al Señor por sí mismos y demanda que todos luchen y peleen con paciencia para asegurarse de alcanzar Su Deseo. Esto a menudo significa la toma de decisiones rápidas para ganar confianza en la espera. Pero ¡qué edificación este proceso ofrece a la asamblea! ¡qué trabajo hecho de pura paciencia! ¡qué reflexión sobre el respeto y amor mutuos! ¡qué ejercicio de comunidad cristiana! ¡qué control es impuesto sobre la carne! ¡qué forma de llevar la cruz! ¡qué negación hacia nuestras propias agendas! ¿acaso todo esto no vale asegurarse el pensamiento del Señor para con su Cuerpo y darle a él la oportunidad de trabajar con nosotros más profundamente como Su Cuerpo? Tan a menudo olvidamos que en la mente de Dios, los medios son tan importantes como el fin.

¿Acaso la confianza el obtener la mente del Señor en asuntos que son referentes a Su iglesia (no la nuestra) no sobrepasa la conveniencia de tomar decisiones rápidas que podrían afectar negativamente las vidas de los hermanos y no reflejarían el deseo del Señor?

Al acercarnos al tema del consenso, algunos han gritado: ¿es esto práctico?, ¿acaso es posible? ¿es apropiado? Sin embargo tenemos que darnos cuenta que en el pensamiento divino por medio de esas preguntas es tanto irrelevante como, a menudo, irreverente. Lo apropiado es un criterio muy peligroso y la mayor parte de las veces poco seguro, para juzgar las acciones en el plano espiritual. Por tanto, el punto clave del asunto se refiere a que no debemos preguntarnos "¿es esto apropiado?" sino "¿está esto en las Escrituras?" Pueden tener la seguridad de que si el Señor, por medio de Su Palabra, nos ha escogido para algo, lo hará práctico y posible por medio de Su gracia.

En suma, los líderes de la iglesia del Nuevo Testamento lideraban por medio de: alentando la universalidad de los dones y ministeriando a la asamblea, ayudándoles a formar una solidaridad doméstica entre todos los creyentes, incubando un sentido de comunidad, cohesión y unidad dentro de la iglesia. El liderazgo bíblico no se caracteriza por la habilidad de mantener el poder o imponer la voluntad de uno sobre los otros, sino la habilidad de fundir a toda la iglesia en un solo cuerpo con objeto de lograr el consenso.

Dicho más simplemente, el Nuevo Testamento desconoce el patrón jerárquico de liderazgo, un estado basado en la estructura de la autoridad, no en un sistema carente de líder e individualismo democrático. El liderazgo bíblico es simplemente uno de los muchos dones del Espíritu Santo enumerados en el Nuevo Testamento (I Corintios 12:28). Y como es el caso con todos los otros dones, el liderazgo como don del Espíritu Santo, siempre es ejercitado en el contexto de la sumisión mutua más que en una estructura de subordinación (Efesios 5:21; I Timoteo 5:19-20).

 

Que el Señor nos libre de sacrificar Su verdad en el altar de la conveniencia y nos ayude a devolver y poner nuestras iglesias, como un símbolo de nuestra fe sincera, bajo el control y maestría de nuestro Señor Jesucristo.

 

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