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CAPITULO 10
LA CARACTERISTICA DE LA IGLESIA LOCAL
En cierta ocasión, Thomas F. Torrance dijo lo siguiente:
No hay duda alguna de que cada una de las grnades iglesias durante la reforma- han desarrollado su propia tradición maestra y esa tradición en el día de hoy ejerce una influencia masiva, no solo en la manera de interpretar la Biblia y formular su doctrina, sino también sobre toda la forma y dirección de sus vidas. Aquellos que cierren los ojos a este hecho, son precisamente aquellos que están más esclavizados al poder dominante de la tradición simplemente porque se ha convertido en ellos un inconsciente canon y norma en su manera de pensar. Es de gran importancia el que nos preguntemos si la Palabra de Dios tiene en verdad un libre curso entre nosotros y si no está, despues de todo, atada y restringida por las tradiciones de los hombres. Aparentemente la tragedia es que las mismas estructuras de nuestras iglesias representan la fosilización de tradiciones que han crecido en práctica y el procedimiento y se han endurecido en tal manera que llegan a ser auto justificantes hasta el punto que la Palabra de Dios difícilmente puede lograr su apertura. (Citado en Veredicto, Vol 3, #4, Oct. 1980).
La tradición de los apóstoles
Virtualmente cada segmento de la iglesia cristiana opera en base de algún tipo de tradición que les ha sido proporcionada por sus padres espirituales. En el caso de algunas denominaciones, esas tradiciones comprenden la misma fábrica que mantiene a la iglesia junta, definiendo su propósito por medio de razones literarias, confesiones, credos y cánones. En respuesta a esta tendencia, muchas denominaciones nuevas han sostenido siempre en alto algo que choque con la palabra "tradición" y la haga anatema, distanciándose de cualquier práctica que remotamente semeje rutina o atadura. (Es interesante notar que muchas iglesias que predican estar libres de la influencia de las tradiciones, han creado las suyas propias) La ironía de esas dos tendencias recae aquí: en tanto que mucha atención le ha sido dada a las humanamente diseñadas tradiciones eclesiásticas, muy poca se le ha dado a las establecidas por los apóstoles y Jesucristo. En efecto, aquello que define el patrón de la iglesia del Nuevo Testamento puede solo encontrarse en la tradición apostólica prevista en el Nuevo Testamento. Consideremos estos pasajes que aluden a esta tradición:
Por tanto, os ruego que ME IMITEIS- el cual os amonestará de mis caminos cuáles sean en Cristo, de la manera que ENSEÑO EN TODAS PARTES EN TODAS LAS IGLESIAS. (I Corintios 4:16-17)
Y os alabo, hermanos, que en todo os acordáis de mi, Y RETENEIS LAS INSTRUCCIONES MIAS, DE LA MANERA QUE OS ENSEÑE.(I Corintios 11:2)
Con todo eso, si alguno parece ser contencioso, NOSOTROS NO TENEMOS TAL COSTUMBRE, NI LAS IGLESIAS DE DIOS. (I Corintios 11:16)
Porque Dios no es Dios de disensión, sino de paz; COMO EN TODAS LAS IGLESIAS DE LOS SANTOS. (I Corintios 14:33)
Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad los que así ANDUVIEREN COMO NOS TENEIS POR EJEMPLO. (Filipenses 3:17)
Lo que aprendisteis y recibisteis Y OISTEIS Y VISTEIS EN MI, ESTO HACED; y el Dios de paz será con vosotros. (Filipenses 4:9)
Así que, hermanos, estad firmes, Y RETENED LA DOCTRINA QUE HABEIS APRENDIDO, sea por palabra, ó por carta nuestra. (II Tesalonicenses 2:15)
Empero os DENUNCIAMOS, HERMANOS, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que anduviere fuera de orden, y NO CONFORME A LA DOCTRINA QUE RECIBIERON DE NOSOTROS: (II Tesalonicenses 3:6)
Porque vosotros mismos sabéis DE QUE MANERA DEBEIS IMITARNOS- (II Tesalonicenses 3:7)
No porque no tuviésemos potestad, SINO POR DAROS EN NOSOTROS UN DECHADO, PARA QUE NOS IMITASEIS. (II Tesalonicenses 3:9)
Esto te escribo- PARA QUE SEPAS COMO TE CONVIENE CONVERSAR EN LA CASA DE DIOS, que es la iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad. (I Timoteo 3:14-15)
Lo que no es la tradición apostólica
Con toda seguridad, la tradición de los apóstoles no se refiere a una serie de reglas formalmente codificadas que los apóstoles instituían en cada iglesia. Consecuentemente, no tenemos que pensar acerca de la tradición apostólica como un detallado manual de prácticas eclesiásticas. La verdad es que no existe ese manual. (Desgraciadamente, algunos han tratado de reconstruirlo).
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Nota del traductor. La palabra griega paradosis se utiliza en I Corintios 11:2 como "instrucciones" y en II Tesalonicenses 2:15 y 3:16, como "doctrina". En la versión inglesa de la Biblia esta palabra se traduce por "tradiciones" y a esto es lo que se está refiriendo el escritor.
Tenemos que entender la importancia de la "tradición" entre los judíos para la transmisión de las leyes y en consecuencia el significado que esta palabra alcanza.
El comentario de Thayer dice sobre paradosis que era aquello que es entregado como substancia en la enseñanza o cuerpo de preceptos o rituales que los judíos recibían verbalmente desde Moisés y eran transmitidos en forma oral de generación en generación, expandiendo la ley escrita y siendo obedecidos con igual reverencia.
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De hecho, la Biblia es bastante parca en lo que se refiere a los detalles de las reuniones de la primera iglesia. La razón por esto es muy simple. Si hubiera existido esa detallada descripción, no hubiera habido cabida para la guía y liderazgo del Espíritu Santo. La ley hubiera reemplazado al Espíritu, el odre hubiera sido más importante que el vino y la iglesia se hubiera deslizado hacia una moderna réplica del antiguo judaísmo, entrampada en el molde legalista de una adherencia mecánica hacia las formas y las letras.
La corrección técnica y el conformismo externo hacia un prescrito orden eclesiástico, ritual o liturgia nunca fue la idea de Dios. Tan frío formalismo solamente traerá la muerte por estrangulación de la naturaleza orgánica del Cuerpo de Cristo. Por tanto, es imperativo que percibamos a la iglesia como un vivo organismo donde el Espíritu de Dios está trabajando por el eterno propósito de Dios en una forma nueva y refrescante. La iglesia no es más que el cuerpo del Cristo viviente. La iglesia, en efecto, es lo que se proyecta de Cristo. De la misma manera que Eva salió de una costilla de Adán, también la iglesia tiene su origen en el Hombre Celestial (Comparen Génesis 2:21- 23 con Efesios 5:23 - 32). Dicho de otra manera, las piedras vivientes que ahora son construidas en conjunto con el Espíritu Santo formarán la verdadera casa del Señor han sido extraídas y formadas de la inmutable Roca que es Cristo en persona. (Compare Mateo 16:18 con I Pedro 2:5, 8)
Así si entendiéramos que la iglesia no solo está hecha por Cristo sino que también está hecha de Cristo, estaríamos protegidos de hacer de la iglesia un método o una técnica. Y, no obstante, debido a la falta de visión acerca de la naturaleza cristológica de la iglesia, no pocos cristianos han convertidos al Nuevo Testamento en un cristalizado sistema de orden, forma y método. En cualquier lugar que esto es llevado a cabo, la iglesia se convierte en algo y en sí misma y la totalidad de nuestro Señor Jesús es perdida.
En consecuencia, esto nos obliga a ver que todo con respecto a la práctica de la iglesia tiene que mantenerse en una relación vital con la Cabeza viviente. Puesto que si el Cuerpo es cortado de la Cabeza, muere y deja de ser iglesia. Puesto en otra forma, la vida del Cuerpo reside en la Cabeza y cuerpo separado de su Cabeza es un cadáver. Por tanto la iglesia no tiene existencia alguna separada de Cristo. Ni tampoco puede tener existencia aparte de propósito de Dios en Jesús. De esta manera, la práctica de la iglesia está fundida con algo mucho más alto que una adherencia formal a un patrón preconcebido - hasta si este patrón estáe; basado en el Nuevo Testamento. T. Austin-Sparks nos dice:
El ministerio del Espíritu Santo ha sido siempre el revelar a Jesús, y revelando a El, conformando todo a El. Ningún genio humano puede hacer esto. No podemos obtener nada en nuestro Nuevo Testamento como resultado del estudio, investigación o razonamiento humano. Todo es la revelación de Jesucristo por medio del Espíritu Santo. Nuestra obligación es continuamente buscarle a El a través del Espíritu y conoceremos que El - no un patrón de papel - es el Patrón, el Orden, la Forma. Es toda una Persona que es la suma de todos los propósitos y caminos- Todo (en la temprana iglesia) era entonces el libre y espontáneo movimiento por el Espíritu Santo y El lo hizo a plena vista del Patrón - el Hijo de Dios (Palabras de sabiduría y revelación)
En tanto que el Espíritu de Dios nunca nos conducirá a una ortodoxia muerta basada en formas externas que separan al Cuerpo de su Cabeza viviente, debemos reconocer que el Espíritu siempre trabaja de acuerdo a una serie de principios espirituales. Y son estos principios lo que constituyen la base de la tradición apostólica. Dando testimonio des un punto de vista personal, T. Austin-Sparks explica:
El camino de Dios y la ley de la plenitud son la base de la vida orgánica. En el orden divino, la vida produce su propio organismo, tanto si es vegetal, animal, humano o espiritual. Esto significa que todo viene desde dentro. El funcionamiento, el orden y los frutos son asuntos que forman parte intrínseca de la ley de la vida. Y es basado en este solo principio que el Nuevo Testamento tomó vida. El cristianismo organizado ha dado vuelta a ese orden- Así habiendo dejado a un lado el antiguo sistema del cristianismo organizado, hacemos nuestro compromiso con el principio de la ley orgánica. Ningún 'orden' fue 'preparado' ni oficiantes ni ministros fueron nombrados. Dejamos en las manos del Señor que se haga manifiesto por medio de 'dones' y unción sobre aquel que Él escoge para supervisión y ministerio. El ministerio de un hombre nunca hubiera surgido. Los 'supervisores' nunca hubieran sido votados o seleccionados y por supuesto menos aún bajo el expreso deseo de uno de los líderes. Ningún comité o cuerpos de oficiales hubieran existido en ninguna parte del mundo. Todas las cosas principales hubieran surgido de la oración (Palabras de sabiduría y revelación)
Recobrando el lugar de la tradición en la asamblea
En el Nuevo Testamento la palabra tradición es paradosis, y denota "aquello que es trasmitido". La tradición apostólica, entonces, recoge ambos, los mandamientos y las prácticas de los apóstoles que eran transmitidas a las iglesias locales. En efecto, ellas representan lo que ha de ser la práctica normal de la iglesia. Así, cuando Pablo hace referencia a la práctica universal de todas las iglesias, él está haciendo uso de la tradición apostólica. (I Corintios 4:16-17, 11:16, 14:33-38). Esto no eran prácticas que solamente Pablo describía, sino requisitos que prescribía para cada una de las iglesias. El erudito del Nuevo Testamento F. F. Bruce observa,
- Cuando examinamos las referencias de Pablo acerca de la tradición de Cristo, parece comprender tres elementos:
- un sumario de mensajes cristianos, expresados como confesión de fe con énfasis especial sobre la muerte y la resurrección.
- varios hechos y palabras de Cristo
- procedimientos éticos de comportamiento para los cristianos.
- Lo que derivaba del terrenal Jesús y lo que era transmitido por los apóstoles era a la vez continuamente validado por el exaltado Señor a través de Su Espíritu en los apóstoles, así que la revelación y la tradición apostólica eran las dos caras de la misma moneda- como si el eterno Cristo mantuviera y autenticara la tradición a través de la época apostólica hasta que la tradición oral cesara y se convirtiera en la Sagrada Escritura. La tradición es pues, una manera que nuestro Señor resucitado impartía su revelación por medio del Espíritu. (Tradición: Antigua y nueva)
Es decir que la tradición de los apóstoles está contenida en la escritura. Así, tal como indica Bruce, la noción mantenida por algunos teólogos Católicos y Ortodoxos que existe un misterioso cuerpo de inspiradas autoritarias e infalibles tradiciones fuera de la Biblia, no puede ser demostrado. Al contrario, la tradición apostólica abraza todos esos principios espirituales y prácticas orgánicas que los apóstoles modelaban en cada iglesia del siglo primero. So esos principios, métodos y líneas de trabajo lo que constituyen el odre que Dios ha creado para preservar Su vino nuevo.
En consecuencia es un soberano imperativo que la práctica de nuestra iglesia esté en armonía con la tradición apostólica. Puesto que es a través de la práctica de los apóstoles que sus mandamientos y enseñanzas encuentran su verdadera expresión. Así, lo que está escrito en el Nuevo Testamento acerca de cómo los apóstoles se comportaban no ha de ser visto como una historia irrelevante. Por el contrario ha de ser considerado con gran cuidado y seriedad.
Por supuesto, algunos podrán argüir que si seguimos fielmente la dirección del Espíritu Santo no hay necesidad de poner atención al patrón del Nuevo Testamento. Sin embargo, este argumento ignora el hecho de que somos criaturas falibles que podemos confundir la guía del Espíritu con la nuestra propia. Así pues, debemos darnos cuenta que para nosotros el descubrir el origen de nuestra dirección, las prácticas de nuestra iglesia han de tener unas bases bíblicas. El ignorar el patrón apostólico es el ponernos en una posición peligrosa de, sin darnos cuenta, substituir la soberana dirección del Espíritu por nuestros sentimientos a la deriva.
El Nuevo Testamento entonces, ha de ser nuestro estándar para la fe y la práctica, tanto en nuestra conducta individual como la de la vida corporativa. Sobre este punto, Watchman Nee nos dice:
Si hemos de entender la voluntad de Dios acerca de Su iglesia, entonces no tenemos que mirar como Él manejó a Su pueblo el pasado año o hace diez años, o hace cien años, sino que debemos regresar a los comienzos, al 'génesis' de la iglesia, para ver lo que Él dijo e hizo entonces. Es allí donde encontraremos la más grande expresión de Su voluntad. El libro de los Hechos es el 'génesis' de la historia de la iglesia y la iglesia en la época de Pablo es el 'génesis' del trabajo del Espíritu. Las condiciones de la iglesia en el día de hoy son totalmente diferentes de lo que era entonces y estas condiciones presentes nunca podrán ser nuestro ejemplo o guía de autoridad; tenemos que regresar a los 'principios'. Solamente aquello que Dios ha puesto en marcha como nuestro ejemplo en el principio, es la voluntad eterna de Dios. Es el estándar divino y nuestro patrón para siempre. (La iglesia y la obra, Vol. 2)
Por tanto el Nuevo Testamento nos presenta una iglesia en su más pura estructura, antes de que fuera echada a perder por la malévola mano del hombre. De acuerdo a esto es en el Nuevo Testamento donde debemos buscar para discernir la dirección del Espíritu para nosotros, ambos, en forma individual y en el plano corporativo. Trágicamente si ignoramos la palabra de Dios acerca de esos puntos, cometeremos la peligrosa equivocación de crear una iglesia local a nuestra propia imagen y semejanza en lugar de construir la iglesia del Señor de acuerdo a Sus enseñanzas.
Empezando con el fin correcto
Al llegar a este punto, tenemos que poner énfasis que antes de que en verdad podamos entender algo significativo acerca de la iglesia, tenemos en primer lugar ser capturados por una revelación comprensiva y exhaustiva de la Persona por quien la iglesia existe y vive. Por tanto, siempre tenemos que comenzar con nuestro Señor Jesús - en su plenitud, convergencia y gloria - antes que podamos prestar atención a la verdad de la iglesia. Es decir, si empezamos con la iglesia en lugar de Aquel por quien fue concebida y por quien existe y vive, acabaremos con algo distorsionado. Rusell Lipton dice correctamente-
¡Es tan importante la iglesia! No obstante su significado queda diluido comparado con la gloria de Cristo en persona. Corremos grandes peligros cuando nos 'graduamos' en iglesia y nos especializamos en su 'estructura'. Tenemos que graduarnos en el Señor y especializarnos en la iglesia- Si Cristo no es exaltado, estamos edificando sobre arena, utilizando madera, paja y materiales de deshecho. Todo arderá en cenizas. Cuando los cristianos, a través de los tiempos, han construido en otros cimientos otros que Cristo, las tempestades han venido e iglesias vivientes han caído en una muerte espiritual (¿Acaso importa la iglesia?)
Como dijimos en nuestro último capítulo, la iglesia no es en sí misma el fin. Por esta razón la Palabra de Dios pone una gran atención en la Persona y la obra del Señor Jesucristo como el centro y circunferencia del pleno propósito de Dios. Su atención primera está amarrada a las cosas de peso de Su liderazgo, es decir, Su Reino, Su triunfo victorioso, Su glorioso carácter, Su vida en los creyentes, Su segunda venida y su reinado universal. ¡Es todo sobre Él!
A pesar de que el énfasis de la Palabra de Dios es sobre el vino, (Cristo en el Espíritu), el vino de Dios necesita de unos odres (la estructura de la iglesia) para recibirlo. Si erramos al prestar atención al odre que es presentado en el Nuevo Testamento, el vino de la vida de Dios será perdido, se echará a perder, o será mal representado. Pues el odre ha sido dado para el trabajo práctico de nuestra gloriosa herencia que reside en Cristo - su propósito es el contener y expresar las riquezas de Su gloria. Así, Dios no solamente nos ha despertado a esas verdades acerca del organismo a la vez del orden. Acerca de esto Watchaman explica-
El peligro, con aquellos que tienen un escaso conocimiento de la vida y la realidad, es poner énfasis en una simple corrección externa; pero con aquellos que la vida y la realidad son asunto de suprema importancia, la tentación es el desechar el patrón de la cosas divinas, optando por lo legal y lo técnico- Todas las verdades espirituales, tanto si pertenecen a la vida interna o a la externa, están dispuestas a ser legalizadas. Todo lo que es de Dios, interno o externo - si es del Espíritu es vida, si es de la letra es muerte. Así pues la pregunta no es ¿acaso es hacia dentro o hacia fuera? Sino ¿acaso pertenece al Espíritu o a la letra? 'La letra mata, pero el Espíritu da vida' (La iglesia y la obra, Vol. 2)
El lugar del organismo y orden dentro de la Iglesia
En tanto que la iglesia es en primer lugar un verdadero organismo, ésta no tiene su orden. Al igual que el liderazgo, el orden existe. Dicho de otra manera, siempre que el pueblo de Dios se reúne, emerge naturalmente cierta clase de forma. Esta forma puede ser liberadora u opresiva, seguirá o no a las Escrituras, será beneficiosa o dañina, pero siempre existirá. En palabras de Howard Snyder,
- Toda vida tiene que tener forma. La vida sin forma, enferma y muere, muere porque no puede sostenerse a sí misma. Esto ocurre con todo tipo de vida, tanto si es humana, espiritual o botánica, pues, dentro de Su creación, Dios es consistente" (La comunidad del Rey)
El orden en la iglesia es por tanto inevitable; pero no todo el orden es válido bíblicamente ni espiritualmente saludable. El orden puede llegar a ser un maestro opresivo o un ejemplar sirviente. En tanto que la fuerza de la palabra de Dios recae en la iglesia como organismo, también exige un orden eclesiástico adecuado.
Un buen ejemplo de esta verdad lo encontramos en el rechazo que Jesús hace a los Fariseos. En Mateo 23, encontramos al Maestro repudiando su tradición rabínica, reprobándoles por su injustificada obsesión por su corrección externa y su atadura legal hacia las formas externas. Un poco más adelante en el texto, Jesús vuelve a demostrarles por cambiar las prioridades divinas cuando les dice: "porque limpiais lo que está de fuera del vaso y del plato; mas de dentro están llenos de robo y de injusticia- porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejasteis lo que es lo más grave de la ley, es á saber, el juicio y la misericordia y la fe".
Es muy significativo el notar que cuando el Señor reprendía a aquellos hombres por imponer la corrección exterior siendo negligentes con su pureza interna, Él no descontó la importancia de las cosas externas, puesto que continuó diciendo: - esto era menester hacer, y no dejar lo otro. (Mateo 23:23)
Así cuando el valor más alto de Dios descansa en la espiritual realidad interior (organismo), Él no ignora su expresión externa tampoco (orden).
El hecho es que existen ambos, orden y vida - forma y función - en la iglesia de Jesucristo. A. W. Tozer con gran conocimiento toca este delicado balance entre los dos, al decir:
Algunos no tendrán organización alguna y por supuesto, el resultado es confusión y desorden y esos nunca podrán ayudar a la humanidad o traer gloria al Señor. Otros substituyen organización por vida y aún teniendo un nombre con el que viven, en realidad están muertos. Otros llegan a tal grado a enamorarse con las reglas y las regulaciones que las multiplican más allá de la imaginación y pronto la espontaneidad es poco a poco diluida dentro de la iglesia y su vida poco a poco desaparece (Dios le dice al hombre que le importa).
¿En qué se han equivocado los evangélicos modernos?
Acerca de la práctica de los apóstoles, algunos aplican un estándar de doble cara. Por ejemplo, es una creencia popular entre muchos evangélicos modernos, la idea de que solamente aquellas cosas que son "ordenadas explícitamente" en la Escritura, son las que obligan al hombre. Irónicamente, la mayor parte de los evangélicos, en la práctica lo niegan, defendiendo rigurosamente la importancia de tener la Cena del Señor en una forma regular, la necesidad de nombrar líderes en la iglesia, la necesidad de bautizar a los nuevo conversos, la obligación de cada Cristiano el predicar a otros el Evangelio y la necesidad de la reunión semanal. Sin embargo ninguna de esas prácticas está explícitamente ordenada en la Escritura.
La verdad es que no solamente son la normativa de los mandatos apostólicos totalmente necesarios para la iglesia moderna, sino que también lo es la normativa de la práctica apostólica. Por normativa quiero decir esas prácticas que son repetidas en el Nuevo Testamento - particularmente en el libro de los Hechos y en las epístolas (constituyendo así una práctica generalizada) - y que son más doctrinales que culturales. Por medio de esta regla, el echar a suertes tal como leemos en Hechos 1, no calificaría como una normativa de práctica apostólica. Puesto que el echar a suertes solamente aparece una vez en el Nuevo Testamento y viola la doctrina del guía del Espíritu Santo que es desarrollada en las epístolas apostólicas después de Pentecostés. Y en tanto que no procede una discusión exhaustiva acerca del precedente histórico, la intención del autor y las distintivas apostólicas ya que van más allá del interés de este libro, confío en que puedan apreciar lo que quiero decir.
Aquello que es incluido en la tradición apostólica es, en efecto, una práctica normativa para todas las iglesias de entonces y de ahora. Así pues, la exhortación de Pablo de "asiros fuertes a las doctrinas (tradiciones) que os he dado" y el practicar todas aquellas cosas que "han aprendido y recibido y escuchado y visto en mí" son consideraciones que han de guiarnos en nuestro empeño de regresar a la idea original de Dios para Su Iglesia.
Intercalando Tradición y Doctrina
El hecho es que hay numerosas prácticas de la temprana iglesia que son para nosotros normativa en el día de hoy. Estas prácticas no están condicionadas por la cultura, sino que están atadas a nuestra fe y obediencia. Y es más, están profundamente enraizadas en la teología bíblica, dando una expresión práctica de las realidades espirituales que hay en Cristo. Estas son, en efecto los medios divinos para expresar su divino propósito. Russell Lipton lo pone de esta manera-
La doctrina informa el corazón y los cambios de hombre interno. La práctica nos enseña a abrazar la doctrina y convertir la doctrina en testimonio. A pesar que la práctica evolucionó y cambió en cierto grado a través de las primeras décadas de la temprana iglesia, no tenemos garantía alguna de la Escritura que minimice o evada las prácticas del Nuevo Testamento e introduzca las suyas propias. A lo más, podremos experimentar con formas frescas que son claras e inconfundibles y defensivamente atadas a aquellas primeras prácticas. Pero si somos sabios, viviremos aquellas prácticas de los apóstoles a la vez que sus doctrinas. ("Devoción a las Prácticas" artículo inédito)
Simplemente, la tradición apostólica encarna las enseñanzas apostólicas que dan forma a la doctrina bíblica. Así, la asamblea de la iglesia abierta a la participación está sólidamente basada en una bien establecida doctrina del sacerdocio de todos los creyentes y los principios orgánicos de la vida del Cuerpo, funcionando y creciendo (Capítulo I). El observar la mesa del Señor como foco distintivo de la reunión de la iglesia es predicado acerca del centralismo de Cristo y la relación de alianza dentro de la comunidad de creyentes (Capítulo 2). Las reuniones en las casas descansa igualmente sobre la doctrina de que la iglesia es una comunidad de personas que se miran cara a cara - fuertemente entrelazadas, una familia extendida que se dedica al servicio mutuo, compartir y edificar (Capítulo 3).
El liderazgo pluralizado, la toma de decisiones por consenso están firmemente cimentadas en la operación práctica del funcionamiento bajo la Dirección de Cristo, que es el punto central de Dios a través de la totalidad de la Biblia (Capítulos 5 y6). Las bases de una iglesia encontradas en las Escrituras para una comunidad está fundamentalmente establecida sobre la doctrina de la unidad del Cuerpo de Cristo (Capítulos 7 y 8). Finalmente, la función ordenada por Dios de la asamblea local descansa sólidamente sobre el propósito eterno de Dios que se desdobla en el cuerpo de las epístolas paulinas, especialmente en Romanos, Colosenses y Efesios (Capítulo 9).
Concedo el hecho de que hay otras prácticas apostólicas además de las mencionadas, tales como las de la predicación del evangelio; discipulado; el papel del hombre y la mujer dentro de la iglesia; el entrenamiento y enseñanza de los nuevos conversos; la ayuda al pobre; la esfera y soporte a los trabajadores apostólicos; los variados ministerios de la iglesia; los dones del Espíritu Santo; entre otros. Sin embargo ya que esos elementos están recibiendo tanta atención en día de hoy, creemos que van más allá de la intención de este libro.
Resumiendo, cada principio que es parte de la tradición de los apóstoles está vitalmente conectada a la firme doctrina de las Escrituras. La práctica apostólica representa los medios ordenados por Dios para expresar la realidad espiritual a través del Nuevo Testamento. Así, la función y forma de la iglesia son nociones complementarias en las Escrituras. Cuando la función de la iglesia ha de preceder siempre la forma de la iglesia, la forma de la asamblea no puede ser ignorada. Puesto de otra manera, la forma correcta no asegura ni garantiza la vida. Sin embargo, si una iglesia posee vida, deberá abrazar aquella formas que facilitarán la edificación del Cuerpo y su crecimiento en Cristo.
Tal como dice un escritor-
Toda la estructura de la iglesia (incluyendo la estructura de autoridad) ha de salir adelante de una forma espontánea de la 'vida'. 'El río (la vida), hace su propio cauce (la estructura). Nosotros no podemos hacer el cauce (la estructura) y luego invitar al río (la vida) que pase por nuestra construcción. Sino que el río se mueve y en la forma en que lo hace, construye su propio cauce a través. Así la vida del Espíritu en la asamblea, formará su propia estructura. Así toda la estructura en el Nuevo Testamento es flexible (se mueve con la vida) y no es rígida (Mateo 9:14-17). Sin embargo, la estructura básica de la iglesia arranca de las Escrituras y debe ser estudiada y re-estudiada de tal manera que podamos verificar su estructura en la medida que esta es formada. El Espíritu no trae estructuras que estén opuestas a la Palabra. (Rudy Ray, "Autoridad en la iglesia local" Buscando juntos, Vol. 13:1).
Así, cuando el Espíritu Santo tiene abierto Su soberano camino para restaurar y refrescar al pueblo, es inevitable que ellos comiencen a reunirse espontáneamente en el estilo bíblico. Ellos no desecharán la tradición apostólica. En palabras del apóstol Pablo, aquél que es espiritual reconocerá y obedecerá el mandamiento apostólico acerca del orden en la iglesia (I Corintios 14:37). Lamentablemente, sin embargo, la tradición de los apóstoles ha sido por mucho tiempo ignorada y vista como irrelevante a los ojos de muchos cristianos modernos. La tradición apostólica ha sido enterrada bajo una montaña de tradiciones humanas. Es decir, hay multitud de líderes religiosos en el día de hoy que han optado por considerar sus ideas de "hacer iglesia" más sabias, más expeditas y más exitosas que aquellas que encontramos en el Nuevo Testamento. La tragedia de esta conclusión equivocada tiene innumerables ramificaciones. Es decir, que cuando el patrón apostólico es reemplazado por los programas hechos por los hombres, el ordenado propósito de Dios para la iglesia, en el mejor caso inválido y en el peor aplastado.
La importancia del patrón del Nuevo Testamento
Interesantemente, cuando Pablo fue enfrentado por aquellos que querían salirse del patrón que él había dado a las iglesias, él respondió con una agudeza poco común al decirles-
I Corintios 14
36. Qué, ¿ha salido de vosotros la palabra de Dios? ¿ó á vosotros solos ha llegado?
37. Si alguno á su parecer, es profeta, ó espiritual, reconozca lo que os escribo, porque son mandamientos del Señor.
Nos haría bastante bien el recordar que la verdad divina es comprendida de dos maneras, por precepto y por ejemplo. La verdad espiritual es enseñada por medio de proposiciones éticas a la vez que por tangibles demostraciones de su forma de hacer. Este es el caso a través de las Escrituras, desde las historias del Antiguo Testamento hasta el Evangelio y los hechos de los apóstoles en el Nuevo. Así pues, el olvidarse del los principios orgánicos y los ejemplos de las Escrituras es traicionar las doctrinas de las Escrituras y en consecuencia, perder la realidad espiritual de la que ellas son portadoras.
Sorpresivamente, hasta cuando una iglesia pueda abandonar el patrón del Nuevo Testamento de su forma auto construida, las bendiciones de Dios pueden aún recaer sobre ella de alguna manera. Esto ha causado a no pocos cristianos concluir que los patrones apostólicos no son importantes. No obstante, no podemos dejarnos engañar al pensar que las bendiciones de Dios equiparan a Su aprobación.
La historia de Israel contiene una soberana lección de como Dios puede aún bendecir a un pueblo que desobedece Sus reglas al imponer las suyas. Pues hasta los hijos de Israel clamaban por un rey en su rebelión contra la voluntad divina y no solamente Dios sucumbió a sus deseos carnales, sino que continuó bendiciéndolos. Sin embargo, las trágicas consecuencias siguieron a su limitada obediencia. Hay un triste paralelo entre la condición de Israel y muchos del pueblo de Dios, en el día de hoy, que han optado por un sistema religioso terrenal y dirigido por el hombre en lugar de el patrón que Él había establecido para ellos.
El desafío de una genuina obediencia
Dicho con toda franqueza, cada vez que el pueblo de Dios opta por sus propios caminos en lugar de los de Él, ellos le limitan severamente y no llegan a satisfacer Su corazón. En tanto es verdad que Dios en su misericordia busca bendecir a cualquier grupo de gente si Él puede encontrar razones para hacerlo, el Señor es muy celoso en Su iglesia y no tendrá piedad para aquellos que, a sabiendas, ignoren Sus mandamientos. En lenguaje de Apocalipsis, Él no es incapaz de "remover el candelabro" de la asamblea local. Nuestro Señor busca juzgar a aquellas iglesias que encontramos en Apocalipsis 2-3 donde haya la prueba de esto.
¡Oh, cuán pronto olvidamos que la iglesia pertenece a Dios y no a nosotros! Es parte de nuestra naturaleza fallida el seguir nuestras propias ideas acerca de las prácticas eclesiásticas, para poner en alto nuestras tradiciones, canonizar nuestras preferencias personales e institucionalizar aquello que se ajusta a nuestra noción del éxito, en lugar de seguir lo que los apóstoles nos han dejado como herencia.
Y así, yo les pregunto, ¿de dónde hemos adquirido el derecho de cambiar el patrón bíblico? ¿Cuales son las bases que poseemos para ignorar la tradición de los apóstoles en preferencia de las nuestras? ¿Qué autoridad tenemos para reemplazar el plural liderazgo con un sistema jerárquico de forma de gobierno y sistema del pastor único? ¿Qué bases exegéticas disponemos para substituir las reuniones de participación abierta con servicios basados en programas humanos que facilitan la pasividad y limitan el ministerio del Cuerpo? ¿Qué fundamentos tenemos para dividirnos y separarnos de otros cristianos en bases a diferencias de preferencia, ministerio o énfasis doctrinal?
En otras palabras, ¿qué prerrogativa tenemos para alterar lo que el Señor ha prescrito para Su propia iglesia por medio de los claros ejemplos mostrados en su Palabra? En palabras del erudito teólogo John Stott:
La marca del verdadero evangelismo no es la incondicional repetición de las viejas tradiciones, sino nuestra predisposición de someternos a todas las tradiciones, sin importar cuán viejas estas sean, constantemente refrescar nuestro entendimiento bíblico y, si fuera necesario, corregirnos. ("Bases Stott" Christianity Today, Enero 8, 1996)
Así pues, les quiero hacer directamente esta pregunta: ¿Si las prácticas de nuestra iglesia caen en conflicto directo con la revelación del Nuevo Testamento, estaremos dispuestos a hacer el cambio?
Dios es el constructor de su propia casa
Un inconfundible tema bíblico es aquel en que Dios no deja al hombre decidir acerca de las cosas divinas; es la casa de Cristo la que Él está construyendo y lo hace a Su manera. Él es el Dios del fin a la vez que el Dios de los medios. Así, todo ha de ser de Él, a través de Él y para Él si ha de tener un valor perdurable. En consecuencia no es el tamaño del edificio sobre lo que Dios se preocupa, sino de lo que se compone
I Corintios 3
9. Porque nosotros, coadjutores somos de Dios; y vosotros labranza de Dios sois, edificio de Dios sois.
10. Conforme á la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima: empero cada uno vea cómo sobreedifica.
11. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
12. Y si alguno edificare sobre este fundamento oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca;
13. La obra de cada uno será manifestada: porque el día la declarará; porque por el fuego será manifestada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego hará la prueba.
14. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa
15. Si la obra de alguno fuere quemada, será perdida: él empero será salvo, mas así como por fuego.
A los ojos de Dios, cómo construímos y con qué lo hacemos es más importante que el tamaño exterior y la apariencia del edificio. Y lo que es más, "a no ser que el Señor construya la casa" declara el salmista "trabajará en vano construyéndola" (Salmo 127:1). Puesto que Dios solamente es el maestro "arquitecto y constructor" (Hebreos 11:10) - especialmente cuando viene a Su propioo lugar de habitación. Así, con el trabajo de Dios, el principio es siempre, "Señor- todo lo que hemos logrado tu lo has hecho por nosotros" (Isaías 26:12)
La historia trágica del acto presuntuoso del rey David al colocar el arca del Señor sobre un carro de madera, es el testigo que resume el hecho de que el trabajo de Dios ha de ser hecho a Su manera (II Samuel 6:1-7). En tanto el esquema hecho por el hombre de colocar el arca sobre un carro pudiera haber sido aceptado bajo un pragmático punto de vista moderno, la idea del carro fue tomada de los infieles filisteos y violaba la simple instrucción de Jehová (Éxodo 25:12-16, Números 4:5-15). De la misma manera, invitamos a la muerte espiritual a asentarse en medio de nosotros y caemos en el disgusto del Señor siempre que nos alejamos de Sus patrones y pretendemos afirmar el arca por Él. Rusell Lipton lo expone de una manera muy bella:
Es un asentado principio del hombre natural de nuestro siglo, el imitar las prácticas de otras religiones idólatras. La razón es muy simple. El cristianismo es el único camino de vida que no puede ser debidamente vivido por el hombre natural. Es espiritual por todo y en todo. Literalmente depende totalmente del trabajo del Espíritu Santo por medio del espíritu renovado, la mente y la voluntad del creyente-Por esta razón la práctica de la iglesia no puede ser asunto de indiferencia, o peor, una excusa por seguir los caminos del mundo (aprendamos de los caminos del mundo la forma de construir organizaciones y pidamos a Dios que bendiga lo que hemos determinado hacer). En un sentido real la iglesia no está en la tierra, ni es como una de las naciones. No queremos decir que es impráctico el seguir las prácticas bíblicas. Las prácticas bíblicas son las más prácticas (las únicas prácticas) formas con las que Dios puede llevar a cabo Su voluntad en la tierra. (Practicas detestables - artículo inédito)>
Que nunca olvidemos las amonestaciones de Pablo acerca de la sutil influencia de las filosofías vagas que nos separan de la Persona de Cristo (Colosenses 2:8). El pragmatismo es uno de esas filosofías. No obstante, porque ha sido bautizado en el nombre de Cristo, vestido en traje de cristiano y guardado bajo el leguaje bíblico, muchos creyentes modernos asumen que el pragmatismo es una parte del Cristianismo. Si le quitamos su disfraz, el pragmatismo abiertamente afirma que si algo sucede de acuerdo a la medida del ser humano, debe ser verdad. Esta manera de pensar es espiritualmente peligrosa e inválida bíblicamente. Puesto que Jeremias, Isaías, Ezra, Neheremias, Juan el Bautista, Jesús y los doce apóstoles hubieran sido todos suspendidos a los ojos de un moderno pragmatismo. En su profundo ensayo llamado "El pragmatismo va a la iglesia" A. W. Tozer llega a tocar el centro del problema:
¿Qué debemos hacer para romper y liberarnos del poder del pragmatismo que se ciñe sobre nosotros? La contestación es muy simple. Reconocer el derecho de Jesucristo de controlar las actividades de Su iglesia. El Nuevo Testamento contiene muchas instrucciones, no solo sobre lo que nosotros tenemos que creer sino lo que debemos hacer y cómo podemos ponerlo en práctica. Cualquier desviación de esas instrucciones es una negación del señorío de Cristo. Repito que la contestación es muy simple, pero no es fácil puesto que requiere que obedezcamos a Dios en lugar de al hombre y eso trae consigo la ira de la mayoría religiosa. No es una cuestión de saber qué hacer; fácilmente lo podemos aprender en las Escrituras. Es simplemente una cuestión de si tenemos o no el coraje de hacerlo (Dios dice al hombre que le importa)
¿Qué casa estamos construyendo?
Para terminar, quizá un simple ejemplo nos puede ayudar a subrayar la fuerza que hemos puesto en marcha en este capítulo. Supongamos que ustedes contratan a un carpintero para que, durante las dos semanas de vacaciones, les construya una habitación para hacer más grande su casa. Ustedes hacen el diseño y los planos especificando como y de qué manera quieren que la habitación sea construida, cuidadosamente se lo explican al carpintero y, además, se lo dejan por escrito.
Al regreso de sus vacaciones quedan sorprendidos al encontrar que su nueva habitación en poco se asemeja al diseño y las instrucciones que le dejaron al carpintero. Al preguntarle por qué no había seguido las instrucciones que se le habían dado, él contesta: "Yo creo que mi idea es mejor que la suya".
¿Acaso no hemos hecho nosotros lo mismo con la casa del Señor?
Desgraciadamente, innumerables cristianos no han tenido problema alguno redecorando con los muebles espirituales de la Casa del Señor, sin consultar a su Dueño. De esta manera, David aún sigue colocando el arca sobre el carro filisteo cuando la mano humana de Uza continúa tratando de balancearlo.
¡Que nosotros no seamos tan poco sabios!
¡Que Dios nos ayude a observar el "orden debido" (I Crónicas 15:13)
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