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CAPITULO 11
¿QUE DEBEMOS HACER?
Un peligro muy común que el cristiano encuentra en su caminar es el igualar una aprensión mental sobre la verdad, con su forma práctica de trabajar en la vida. Si usted ha servido al Señor por algún período largo, sin duda se habrá dado cuenta que existe un sutil peligro de permitir que una verdad descanse estéril en su intelecto, entendida mentalmente pero sin llegar a haber sido puesta en práctica espiritualmente. Nuestro problema reside en que somos bastante rápidos en captar las cosas en nuestras mentes cuando nuestra experiencia camina unos pasos detrás. Russell Lipton escribe,
Tenemos que guardarnos de (y esto aplica principalmente a los lectores que están de acuerdo con este escrito) simplemente estar de acuerdo mentalmente acerca del asunto de la iglesia. "Vivimos en un mundo plagado de ideas. Pablo se refería a los seguidores de ideas como aquellos con oídos inquietos. No los trató muy amablemente. Esta iglesia, la Novia por quién Cristo, su amante celestial, llevó la cruz, no es una "idea" más. A su alrededor giran ideas de vida, muerte, premio, vergüenza y castigo (¿Acaso importa la iglesia?)
Es decir que teniendo una acertada percepción de las cosas divinas, no nos asegura que las estamos manteniendo en nuestras manos. Teniendo presente este pensamiento, movamos nuestro punto de vista hacia desafío que se presenta ante nosotros en el campo de su aplicación práctica e implementación. Una vez hecho una refrescante evaluación de las nociones bíblicas de la iglesia, no es menos trágico si fallamos en encarnar esta nueva luz que acabamos de descubrir. Así pues, permítanme presionarles con esta pregunta: ¿Qué podemos hacer?
En páginas anteriores hemos hablado bastante acerca de la necesidad de llevar a cabo un cambio radical de renovación en la iglesia. Pero la pregunta que encontramos ante nosotros descansa sobre lo medios bíblicos de renovación. Enfrentándonos a esta pregunta algunos han defendido la idea de renovar la iglesia institucional de dentro a afuera. No obstante, aquellos que lo han intentado, han encontrado una fuerte resistencia, frustración y, en algunos casos, hasta persecución.
Hablando cándidamente, a no ser que el no bíblico sistema de clero/secta sea desmantelado en una iglesia en particular, el esfuerzo de alcanzar a Dios será seriamente atacado. Estos son los descorazonadores resultados que son comúnmente encontrados en una iglesia institucionalizada cuando se ha puesto en práctica un intento de renovación bíblica: el pastor se siente atacado, algunos en la congregación se resisten al cambio y cómodo asiento, los comités se encuentran divididos y el resto de la congregación no entiende lo que está ocurriendo.
Antes que entremos a discutir la contestación del Señor ante este problema en la iglesia contemporánea, demos un rápido vistazo a algunos de los movimientos modernos que han buscado la renovación espiritual de la iglesia.
De compras en el Mall
El supermercado de las superiglesias no es más que uno de los ejemplos fallidos de renovación a la iglesia. Estos supermercados eclesiásticos, dirigidos por sus eventos, han creado 'boutiques' especializadas para cada sección de la sociedad americana actual desde las familias de un solo padre o madre, los que se recobran del alcoholismo, los constructores, las parejas que se van a casar, los padres con hijos adolescentes, las madres que trabajan, los hombres de negocios, los actores, los bailarines, etc. Anunciados por talentosos profesionales y maestros del mercadeo, conducidos por una mentalidad del "aumento industrial" las superiglesias atraen en sus anfiteatros a miles de personas todos los domingos. Utilizando las últimas técnicas de crecimiento y estrategias de organización para las iglesias, pocas veces tienen problemas para enfrentarse a sus monumentales presupuestos financieros.
En la cultura consumista del día de hoy, iglesias de esta naturaleza son bastante exitosas en ensanchar sus líneas de mando. Proveen impecables métodos de multimedia para la adoración con efectos visuales de alta tecnología, perfectamente diseñadas oraciones con una fuerte dosis de comicidad, extraordinarias representaciones dramáticas, frecuentes visitas e personas famosas cuyos colores están siempre de acuerdo con el resto del decorado todo esto con billones de grupos divididos o especializados en diferentes intereses o actividades que puedan satisfacer todas las necesidades de los consumidores. Además de esto, las superiglesias ofrecen todos estos recursos religiosos al consumo masivo a cambio de un compromiso mínimo, escasa visibilidad y a un escaso costo. En otras palabras, el movimiento de las superiglesias está basado en el paradigma del negocio corporativo que utiliza un punto de vista de mercadeo para construir el reino de Dios.
Desafortunadamente, esos creyentes que son atraídos a esta enormes, destelleantes y superorganizados supermercados del mundo religioso, difícilmente pueden encontrar un lugar en sus corazones para una simple y recogida reunión donde poca gente se reúne alrededor de la persona de Cristo solamente. Para ellos, escoger entre la iglesia supermercado y una iglesia en la casa, sería como el elegir ir a comprar a la 5a. Avenida de Nueva York o la tienda de la esquina.
La debilidad que plaga a las superiglesias es que ponen énfasis en la dimensión de la "iglesia desparramada" del Cuerpo de Cristo que el concepto de "iglesia reunida" sufre una pérdida tremenda. Poniendo el foco de atención en "ser sensibles" en las zonas de confort de "buscar" a los no creyentes, la mayoría de las superiglesias han dejado de discipular adecuadamente a sus nuevos conversos hacia un abandono radical hacia Cristo y el nutrimiento de las íntimas relaciones comunales con otros discípulos. Lo que es más, la maquinaria del negocio que conduce esas monstruosas instituciones, opaca la auténtica espiritualidad y la naturaleza orgánica de la asamblea local.
A pesar de que trabaja bajo el lema de la "relevancia cultural" las superiglesias conservan una curiosa similitud a las estrechas y poco profundas estructuras de las corporaciones de esta época para que causen un impacto perdurable en esta cultura. Sencillamente, las técnicas modernas utilizadas para comunicar el evangelio son a menudo tan carnales como el sistema del que se supone ha de sacar a la gente. De esta manera el evangelio se ha trivializado, comercializado y privado de todo su poder, siendo visto como otro producto más dentro de nuestra obsesivamente consumidora cultura.
En una palabra, la superiglesia de la moderna cultura popular cristiana tiene muy poca similitud con la simple, dependiente del Espíritu, centrada en Cristo, espiritualmente dinámica, mutuamente ministeriada, iglesia del primer siglo que, en su tiempo, puso al mundo de cabeza (Hechos 17:6)
Tragados bajo la ola
Además de la superiglesias, el "movimiento de la tercera ola" y su pariente "el movimiento de restauración", han sido los jugadores más importantes en el juego de la restauración. Estos movimientos, integrados principalmente por carismáticos y pentecostales, presionan por la restauración de los poderes apostólicos, milagros apostólicos y ministerio apostólico. En beneficio a la brevedad, llamaré esos movimientos "restauración de tercera ola".
En tanto que no tengo nada en contra de la creciente necesidad de un genuino movimiento del Espíritu Santo tanto en como por medio de la iglesia moderna, la mayor parte de las iglesias de la "restauración de la tercera ola" han puesto el carro antes del caballo. Es decir, han buscado el poseer el poder del Espíritu Santo antes de haber pasado por el auto sacrificio de la Cruz.
Hablando de acuerdo a las Escrituras, la Cruz es el exclusivo terreno del poder del Espíritu Santo. En la misma manera que el Calvario precede a Pentecostés, el bautismo de nuestro Señor en el Jordán precede la llegada de la paloma celestial, el altar del sacrificio precede al fuego celestial y la roca partida precede las aguas del Horeb, de la misma manera el poder del Espíritu Santo encuentra su descanso en el altar de la vida crucificada. Recordemos como el Señor ordenó a Israel no derramar el aceite sagrado sobre la piel (Éxodo 30:32). Este mandamiento es una perfecta figura que ilustra como la Cruz cancela la antigua creación para permitir al Espíritu entrar a morar y operar en la persona. Es decir, el Espíritu no puede trabajar en una carne que no ha sido crucificada.
Los peligros de comenzar con el Espíritu en lugar de con la cruz, son innumerables. En principio, puede fácilmente conducir a la persona a una enfermiza búsqueda de poder sin el carácter - experiencias místicas sin deidad - incontrolable excitación del alma sin discernimiento y dar paso a engañosos demonios sin percatarse de la realidad espiritual. En este aspecto, no pocos cristianos buscan que desesperadamente una renovación individual, andan constantemente haciendo sus maletas de paso por los diversos "centros cristianos" de revitalización patrocinadas por las iglesias restauradoras de tercera ola.
Sin embargo, debido a su desesperación de ser tocados por Dios, muchos se han convertido en blanco de todo viento de doctrina o experiencia que ha pasado por la puerta de su iglesia, sin considerar si poseían o no algún mérito bíblico (Efesios 4:14). En este aspecto, muchos de los de la tercera ola, han desarrollado una dependencia muy poco sana de las experiencias de fenómenos - una dependencia que, al igual que un adicto, les lleva a viajar lejos para adquirir su necesaria próxima inyección de éxtasis espiritual. Tal dependencia no solamente obscurece la misión de las Escrituras como la fuerza principal de alimento de sostenimiento espiritual, discernimiento y comunión con el Cristo viviente, sino que, de la misma manera acarrea una poco saludable inestabilidad espiritual en sus vidas.
No digo esto para sugerir que los movimientos de restauración de la tercera ola no han tenido su valor en el Cuerpo de Cristo. Por el contrario, el movimiento ha contribuido con un número de diferentes acentos bíblicos. Y más significativamente, a traído un hambre genuino hacia la apertura del movimiento hacia Dios, una importante mezcla de teología evangélica y carismática y una vasta colección de maravillosamente ungida música de adoración. Sin embargo, su fallo principal recae en su acentuado énfasis en la experiencia mística, su tendencia de poner en el trono a los poderosos dones en lugar de poner a Cristo el Generoso, además de su celoso soporte hacia el moderno sistema clerical.
En la típica iglesia restauradora de la tercera ola, el pastor es el rey. Como resultado, los congregantes que han sido verdaderamente renovados con el vino del Espíritu encuentran poca libertad para funcionar libremente con sus dones durante una típica reunión de la iglesia. Así, en tanto las iglesias de la restauración de la tercera ola presumen de poseer "el vino nuevo", lo han guardado en los viejos odres - uno que inhibe el ministerio mutuo, la relación, libertad y edificación mutua. En su lugar el odre viejo que es utilizado solamente refuerza la mentalidad de "siéntate y empápate" que plaga al Cuerpo de Cristo en el día de hoy.
Los "gurús cristianos" son también una plaga en las iglesias de la restauración de la tercera ola. Sus profesores de poderosa palabra, profetas y apóstoles son numerosos en este movimiento y son reverenciados como iconos espirituales, llegando a moverse en las bambalinas del "fan club" de sus seguidores. Una típica cruzada de renovación no tiene mucha desigualdad con un concierto de rock, donde la celebridad de turno trae el plato de fondo y toma sus aplausos bajo la luz de las candilejas cristianas. De esta manera, no está fuera de lo común para los miembros de la iglesia, el llegar con varias horas de anticipación y así asegurarse el mejor sitio que les permitirá ver mejor a los últimos maestros del circuito cristiano de paso por su ciudad.
En efecto, el movimiento de la restauración de la tercera ola de esta manera ha puesto énfasis en el ministerio que ha rivalizado y obscurecido el ministerio de los creyentes. En otras palabras, ha presionado sobre el tema del ministerio extra local a expensas de la iglesia local. Y es lo último lo que Dios ha establecido como el ambiente normal para rodear nutrir y hacer crecer al Espíritu. No es de extrañar que aquellos que desean la plenitud de Dios, pero desconocen la vida de la iglesia del Nuevo Testamento, están dispuestos a tratar cualquier cosa que les prometa un aumento de flujo en su jugo de renovación.
Lamentablemente, muchos en el movimiento de restauración de la tercera ola se han velozmente precipitado hacia una ambigüedad teológica e inconsistencia bíblica. Esto es, de todo corazón han abrazado un fenómeno peculiar que posee pocas o ninguna garantía bíblica a la vez que se han encogido de hombros ante un patrón de vida de la iglesia que posee gran cantidad de méritos bíblicos. Irónicamente, la misma experiencia que andan buscando multitud de personas en este movimiento, solamente puede ser encontrado en la iglesia del Nuevo Testamento. Puesto que cuando alguien prueba la "vida del Cuerpo" tal como Dios ha ordenado, será curado de su desenfrenada necesidad de marchar de un lado para otro, asistiendo al último lugar de moda de renovación. En su lugar encontrarán un verdadero, duradero, refrescante y estable descanso en el contexto de la asamblea del Nuevo Testamento.
Haciendo girar a la metáfora, en su anhelo por cabalgar en la cresta de la última ola de renovación, muchos restaurados de la tercera ola han sido atrapados en la resaca de una estructura de iglesia dominada por el clero. Lo que es más, muchos han sido mordidos por los tiburones al ser víctimas, en su experiencia, de los estafadores espirituales. Como resultado ahora se encuentran ahogándose en las tenebrosas aguas del misticismo cristiano y del clericarismo carismático. Lamentablemente no se puede practicar con éxito la respiración artificial dentro de la matriz institucional de la restauración de la tercera ola. En tanto, la única esperanza de recuperación se encuentra en tirar del tapón del institucionalismo con objeto de que baje el agua.
Prisioneros en una celda
Otro intento de renovación ocurrido en los últimos años y más prometedor que los anteriores, ha sido la emergencia de las llamadas "iglesias celdas" o "iglesias celulares". Estas iglesias están basadas en un doble intento de hacer iglesia. Proveen una reunión semanal al "grupo celular" (generalmente en una casa) y una reunión de "celebración" el domingo, generalmente en un edificio. Las reuniones celulares se hacen en pequeños grupos y están diseñadas para hermandad, ministerio, oración y evangelismo, en tanto que las reuniones del domingo se hacen en grupos mayores y están diseñadas para la predicación y la enseñanza. El movimiento de iglesias celulares es digno de encomio - especialmente en el énfasis que se da a estrechar los lazos de hermandad, la unión de unos con otros y el ministerio del Cuerpo - sin embargo su punto flaco reside en el modelo de liderazgo utilizado.
A pesar de que las iglesias celulares han buscado la renovación de la iglesia institucional proporcionando un cierto contexto de relación corporal y el funcionamiento mutuo, ha ido en contra de las Escrituras al dejar sin tocar al sistema clerical. Endémico a las iglesias celulares está una rígida estructura de jerarquía de liderazgo que trabaja en contra de la sociedad. Así "el látigo largo" es una metáfora que bien describe el modelo de la iglesia celular. Es decir, se le da a la congregación una cierta medida de la verdadera vida de la iglesia en sus reuniones en las casas, no obstante, por medio de una organizada jerarquía, el pastor aún controla las reuniones y les dirige de acuerdo a sus deseos. Por ejemplo, no es nada extraño que el llamado "tiempo de ministerio" se dedique en una reunión de iglesia celular, a discutir el último sermón del pastor.
Y lo que es más, en una típica iglesia celular, el servicio de adoración del domingo es tratado como la reunión más importante, cuando las reuniones en las casas son como un complemento.
A pesar del hecho que la literatura de las iglesias celulares llama a la "celda", la "unidad básica" de la iglesia, no es éste el modelo que se está persiguiendo. Por el contrario, las pequeñas "celdas" sirven principalmente como puntos de entrada para hacer más grande la reunión semanal de adoración, a la que la "celda" pertenece, crece y aumenta. Es más, cada grupo celular en general muestra muy poco interés en hermanarse con otros cristianos que asisten a otra iglesia diferente sin importarles el que esos otros hermanos estén interesados o no en participara en sus reuniones celulares de las casas.
Sin duda alguna, el modelo de iglesia celular aparenta se impresionante en papel (los manuales de las iglesias celulares están repletos con elaborados diseño de flujo y espectaculares organigramas). Sin embargo se les ve en la vida real faltos de experiencia. Se merecen un aplauso por su denuncia hacia las iglesias dirigidos por programas corporativos, pero se encuentran ellos mismos enredados en sus estructuras burocráticas. No obstante concede nuestra desaprobación por su energética exposición de un sistema rígido de las estructuras de liderazgo jerárquicas. Pero no solamente este tipo de iglesia va en contra del principio bíblico, sino que hace de cada celda una extensión de la visión del pastor con todo su peso, aplastando bajo él todo el sacerdocio de los creyentes bajo las capas de la jerarquía humana.
De acuerdo a esto el modelo de la iglesia celular viola el mismo principio que mantiene bien en alto, es decir, que la iglesia es un organismo constituido por individuos o "celdas espirituales". En asombroso contraste, cada "celda" o grupo no es nada más que una copia de la misma parte del Cuerpo (el pastor), en lugar de la verdadera representación de la diversificada unidad que resalta en el Cuerpo de Cristo. Más simple aún, la simple adición de las reuniones en las casas a la estructura de iglesia dominada por el clero, no alcanza a llegar lo suficientemente lejos como para proveer una concreta expresión de pleno ministerio a cada creyente y así funcionar bajo la plena dirección de la Cabeza de Cristo.
Adoptando la actitud correcta
Con lo que hasta ahora he dicho, no lo he hecho con el ánimo de criticar o poner en tela de juicio a nadie del pueblo querido de Dios. Por el contrario, he querido contrastar entre estas estructuras que Dios ha ordenado en Su Palabra y aquellas que Él no ha ordenado. Es un hecho que Dios ha utilizado y sigue utilizando a la iglesia institucional. Por su gran misericordia, el Señor trabajará con cualquier estructura siempre que Él pueda encontrar corazones que se encuentren abiertos a Él, de esta manera, no hay duda alguna que Dios utiliza de igual manera a las celdas, las superiglesias y las iglesias de restauración de la tercera ola - y hasta aquellas iglesias en las casas que han llegado a crecer de forma aislada y exclusiva.
Si embargo, esta no es la pregunta que nos debemos hacer. El Señor nos hace responsables por seguir Su Palabra en tanto la hayamos escuchado. El que nos comparemos nosotros a otros grupos o personas es colocarnos en terreno peligroso tratando de buscar su aprobación.
II Corintios 10
12. Porque no osamos entremeternos ó compararnos con algunos que se alaban á sí mismos: mas ellos, midiéndose á sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos no son juiciosos.
De esta manera, algo menos de lo que Dios ha revelado en las Escrituras referente a la iglesia, no llegará a alcanzar al pleno propósito que Él tiene para Su Pueblo. Y no lo digo en tono crítico o con ganas de juzgar a nadie, sino con toda sobriedad. La palabras de T. Austin-Sparks captan es espíritu de lo que quiero decir,
En tanto que las sectas y las denominaciones, misiones e instituciones son una partida de la forma original e intención del Espíritu Santo, Dios, sin lugar a duda, los ha bendito y utiliza en una forma muy real y soberanamente ha llevado a cabo un gran trabajo por medio de fieles hombres y mujeres. Damos gracias a Dios por así hacerlo y oramos porque siga dando su bendición a cada forma y medio posible. Con esto no quiero decir en forma altanera o con un espíritu superior: Dios perdone. La única reserva se debe a que pensamos que ha habido mucha demora, limitación y debilidad debido al alejamiento de la primera y plena posición de los primeros años de vida de la iglesia y por un ansia de corazón del regreso al punto de partida. No podemos aceptar el presente desorden como todo lo que el Señor puede o debe de tener. (Explicación de T. Austin-Sparks acerca de la naturaleza e historia de este ministerio)
El síntoma que encubre la causa
Para que ocurra una verdadera renovació en una iglesia, tenemos que distinguir entre el síntoma y la raíz del problema. Con referencia a esto, Elto Trueblood dijo acertadamente "El problema básico [con la iglesia institucional] es que su propuesta cura tiene un chocante parecido a la enfermedad". Como ejemplo de esta aguda y acertada observación se encuentran las conferencias dirigidas hacia: el clero agotado, reuniones de unión interdenominacional, apoyo al clero que sufren por ser "mordidos por las ovejas" y grupos de trabajo sobre las últimas técnicas de crecimiento para las iglesias.
Todas estas supuestas "curas" arrullan trágicamente al sistema que es responsable por todas las enfermedades de la iglesia. Ellos simplemente tratan los síntomas mientras ignoran el verdadero culpable, y así, el mismo drama continúa actuando en diferente escenario. Es precisamente el sistema de clérigos y sectarismo lo que inhibe el redescubrimiento de la comunidad que se ve frente a frente y suplanta la funcional dirección de Cristo a la vez de estrangular el pleno ministerio de cada creyente. En el mejor de los casos, al principio, tales intentos traerán algún cambio limitado. En el peor, traerán abierta hostilidad.
Con toda franqueza, el intento de trabajar por una verdadera recuperación del pleno testimonio de Jesús desde dentro de una iglesia institucional en generalmente un ejercicio inútil y un tiempo perdido. Tales intentos puede parecer algo así como el tratar de derrumbar a una torre desde los cimientos. Si aquellos que tratan de desensamblar la torre se acercan a comprometer su estructura, la torre se caerá sobre ellos. En consecuencia, la única manera de desmantelar a la torre es de arriba abajo. Y esto requiere que el trabajo de derrumbe comience desde arriba. De esta manera, las asambleas locales nunca alcanzarán el fin de Dios si la estructura de clero/denominación no es abandonada. Dicho de otra manera, los movimientos de renovación que solamente transplantan los principios bíblicos dentro del terreno institucional, nunca lograrán llegar a darse cuenta del pleno propósito de Dios.
El llamado a abandonar la cristiandad dominada por el clero
Sobre esto, damos gracias a Dios por los miles de cristianos que han abandonado las jerarquías eclesiásticas, abandonado sus poderosas posiciones y dejado sus sectas para convertirse en simples hermanos en la casa del Señor. Es entre tantos que el Señor ha encontrado los cimientos para Su propio edificio.
Como era de esperar, aquellos que han abandonado sus puestos asalariados como clérigos, han pagado un enorme precio. Sin duda, este pensamiento toca un punto crucial en el clérigo profesional con una paga mediana. Por esta razón, muchos se resistirán a ni siquiera pensarlo, reaccionando de una manera parecida a los orfebres de Efeso que se opusieron al mensaje de Pablo porque ponía en peligro su oficio (Hechos 19:24-27). Por tanto, a no ser que una persona que ocupa una posición clerical, esté dispuesto a examinar con una mente abierta y obedecer las enseñanzas del Nuevo Testamento que tocan este asunto, cualquier discusión sobre esta materia será altamente inflamable pudiendo, si intentamos razonar, a llegar ser explosivo.
Al llegar a este punto, es crítico que los líderes del clero se den cuenta que no necesitan ser déspotas para poder alcanzar el ministerio mutuo. Sin lugar a dudas, el clero en general, son bien intencionados y son cristianos con dones que sinceramente creen que Dios le ha "llamado" a esta profesión. Algunos son bastante instruidos y llegan a controlarse pudiendo ser unos benevolentes dictadores. Otros son tiranos espirituales con un maquiavélico deseo de poder que aprisiona y congela la vida en sus asambleas.
El punto es que el clero no, necesariamente, tiene que usar victoriosas formas de pedagogía y autoridad para injuriar a la vida del cuerpo. Puesto que la mera presencia del modelo jerárquico de uno arriba y otro abajo es suficiente para aniquilar el ministerio mutuo, sin importar cuán poco autoritario el temperamento del clérigo pueda ser. La mera presencia del clérigo tiene el poder de dejar mudos a todos y preparar a la congregación a ser perpétuamente pasivos y dependientes de su liderazgo. Christian Smith deja muy en claro este punto:
El problema reside en que, no importa de lo que nuestras teologías nos digan acerca del propósito del clero, el efecto actual de esta profesión es dejar inválido al Cuerpo de Cristo. Esto sucede, no porque sea la intención del clero (en general tratan lo contrario), sino porque la objetiva naturaleza de la profesión, inevitablemente convierte al laico en un recibidor pasivo. La misión del clero es esencialmente la centralización y profesionalización de los dones de todo el Cuerpo en una persona. De esta manera, el clero representa la capitulación del cristianismo ante la moderna tendencia de la sociedad hacia la especialización; los clérigos son unos especialistas espirituales, especialistas de iglesia. Cualquier otra persona en la iglesia, no es más que un "ordinario" creyente que tiene un trabajo "secular" donde se especializa en actividades "no espirituales" tales como plomero, maestro, o mercadeo. Así, de hecho, lo que debería ser llevado a cabo de una manera normal, descentralizada, sin profesionalismo, por todos los miembros de la iglesia es en su lugar llevado a cabo por un solo profesional de tiempo completo - el pastor. Y ya que el pastor es pagado para ser el especialista en el manejo y dirección de las operaciones de la iglesia, es también lógico y natural que los laico asuma una actitud pasiva dentro de la iglesia. En lugar de poner su parte y contribuir en edificar la iglesia, ellos van a la iglesia como pasivos recipientes para ser edificados. En lugar de gastar su tiempo y energía en el ejercicio de sus dones para el bien del Cuerpo, ellos se echan hacia atrás y dejan que el pastor corra con todo. (La iglesia sin clero, Voces en el desierto, Nov/Dic 88).
El creyente término medio no se da cuenta que esta noción de liderazgo ha ido tomando forma por siglos de historia eclesiástica y burocrática (alrededor de 1700). De hecho, el concepto del clérigo está tan afincado en las creencias de la mayoría de los cristianos modernos, que cualquier intento de desviación sufrirá una violenta confrontación. Por esta razón, los creyentes modernos están tan dispuesto a no desmantelar el sistema clerical como los mismos clérigos en persona. Las palabras de Jeremias tienen una aplicación pertinente.
Jeremias 5
31. Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué pues haréis á su fin?
No despreciéis el día de las cosas insignificantes
Recordemos que en la historia de la cautividad de Israel, Dios había llamado a Su pueblo para hacerlo salir de Babilonia y regresar a Jerusalén para construir Su casa sobre los cimientos originales. Notemos que mientras Israel se encontraba cautiva en tierra extranjera, ellos se reunían para adorar a Dios en diversas sinagogas esparcidas por todo el imperio. No obstante, el llamado de Dios para Israel fue para que ella abandonara las cómodas casas que había levantado en Babilonia y regresara a Jerusalén para reconstruir el verdadero templo del Señor. Desafortunadamente solo unos pocos israelitas estuvieron dispuestos a pagar el precio de abandonar su conveniente estilo de adoración al que ya estaban acostumbrados. En consecuencia, solamente una pequeña parte de ellos regresaron a su tierra (Ezra 9:7-8, Hageo 1:14).
No es muy difícil ver que el llamado de Dios a Israel para regresar a la tierra y reconstruir Su casa es una sombra del actual grito del Espíritu hacia Su iglesia. Así pues, las palabras del profeta Haggai son una carga presente para nosotros en estos cruciales momentos:
Hageo 1
4. ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de morar en vuestras casas enmaderadas, y esta casa está desierta?
5. Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pensad bien sobre vuestros caminos.
6. Sembráis mucho, y encerráis poco; coméis, y no os hartáis; bebéis, y no os saciáis; os vestís, y no os calentáis; y el que anda á jornal recibe su jornal en trapo horadado.
7. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.
8. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella, mi voluntad, y seré honrado, ha dicho Jehová.
A pesar de todo, solo un pequeño grupo, aparentemente un pequeño remanente, regresó a Jerusalén para reparar las paredes de la ciudad y reconstruir la casa de Dios, el profeta Zacarías les acusó "¿Quién ha despreciado el día de las cosas pequeñas-?" ¿Y por qué? puesto que a pesar del aparente pequeño grupo, ¡Dios se encontraba entre ellos! A pesar que la mayor parte de Israel se refería a la reconstrucción del templo como "nada" en comparación con el pasado esplendor del antiguo, ¡Dios se encontraba en él! (Hageo 2:3) A pesar de que los ancianos de Israel sollozaron en su miseria cuando vieron al pequeño grupo colocar los insignificantes cimientos, ¡Dios estaba en él¡ (Ezra 3:12).
Desde el ejército de Gideón de 300 soldados, hasta el de Elías de 7000, en Israel, quien no había doblado su rodilla ante Baal - desde los sacerdotes levíticos que entraron primero en la tierra prometida, hasta los ocultos Anas y Simeones de nuestro Señor en el día de hoy que buscan "la consolación de Israel", el trabajo más precioso de Dios siempre ha sido llevado a cabo por medio de los pequeños, los débiles, los desapercibidos (I Corintios 1:26-29, I Reyes 19:11-13).
Para estar seguros, la medida del éxito en los ojos del mundo está atada a cosas sobresalientes y naturales como, números, extensión, tamaño, peso y cosas parecidas. No obstante, el hecho permanece de que las cosas más grandes de Dios han sido excesivamente pequeñas a los ojos de los hombres. Acerca de esto, George Moreshead se hace la siguiente pregunta.
¿Acaso en estos días, entre los miembros del Cuerpo, hay otra corriente más profunda y oculta, un pueblo diseminado que ha sido llevado a las profundidades de la revelación y a la experiencia de Cristo en la más extrema medida trabajando por medio del Espíritu Santo, vaciándose, crucificándose- un grupo de pioneros en la compañía del Señor serán necesarios para que el resto del cuerpo les siga - quizá sean algunos trabajadores de la "hora once" están resultando como consecuencia de Su trabajo? (extracto de una carta personal al autor)
En esta misma línea, T. Austin-Sparks escribe:
Lo que es llamado "Cristianismo" - y lo que ha llegado a ser llamado "la iglesia" - se ha convertido en una tradición, una institución y un sistema tan inmóvil, tan enraizado y establecido como nunca llegó a ser el judaísmo; y no será menos costoso el cambiar su fundamentalismo como lo fue en el judaísmo. Pueden ser hechos ajustes superficiales - y están siendo hechos - pero un precio muy alto está peegado a este cambio que es necesario pagar para realmente resolver el gran problema. Podrá ser, como en el tiempo del Señor, que la luz esencial no ha de ser dada a muchos, porque Dios sabe que ellos nunca pagarán el precio. Puede ser que solo unos pocos - como antiguamente - sean lo que serán encaminados hacia la contestación de Dios porque ellos estarán dispuestos a cumplir lo ordenado a cualquier precio. (Cita de un manuscrito inédito)
Seamos claros, entonces, en que el llamado de Dios para recobrar la esencia de la vida de la iglesia del Nuevo Testamento es tal, que solamente puede ser cumplido por aquellos que comienzan en un terreno totalmente nuevo; alejados de todo sistema religioso y costumbres que el hombre ha construido. Y ese terreno totalmente nuevo tiene un nombre. Su nombre es Cristo.
Pero esto no contesta nuestra pregunta original acerca de qué debemos hacer. Simplemente aclara un poco la neblina para que podamos ver un poco más claro el propósito de Dios. En tanto que las Escrituras no nos ofrecen unos pasos predeterminados para la construcción de la iglesia del Nuevo Testamento, yo creo que existen varios principios lo suficientemente amplios y esenciales para cualquier tipo de trabajo espiritual dirigido a recobrar el pleno deseo de Dios para Su Cuerpo. Estos son:
(1) Una Revelación Refrescante
En el libro de los Proverbios encontramos lo siguiente:
Proverbios 29
18. Sin profecía el pueblo será disipado: Mas el que guarda la ley, bienaventurado él.
Antes de hacer cualquier intento de reunión de acuerdo a la forma de pensar de Dios, es imperativo que, en primer lugar, recibamos la visión de la iglesia tal como Dios la ve. Esta visión deberá emanar de una nueva forma de ver a la persona de Cristo, puesto que la iglesia en su forma corporal no puede existir sin Cristo. Tal "visión celestial" tal como Pablo la llamó, es indispensable en la construcción de la casa del Señor.
Hechos 26
19. Por lo cual, oh rey Agripa, no fuí rebelde á la visión celestial:
Así, es de clara la enseñanza del Nuevo Testamento de que la iglesia está construida sobre la revelación de Jesús en persona.
Mateo 16
15. El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy?
16. Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
17. Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos.
18. Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
La revelación de que Cristo es el centro de todo en el terreno espiritual - es sobre lo que todo el Nuevo Testamennto está construido. Es por medio de la revelación de nuestro Señor Jesucristo por medio del Espíritu Santo, por lo que somos nacidos de nuevo-
Mateo 16
17. Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos.
- transformados en Su imagen-
II Corintios 3
18. Mas cuando se convirtieren al Señor, el velo se quitará.
- equipados para el trabajo de Cristianos-
Gálatas 1
16. Revelar á su Hijo en mí, para que le predicase entre los Gentiles, luego no conferí con carne y sangre;
y gloriosamente convertido en Cuerpo.
I Juan 3
2. Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes á él, porque le veremos como él es.
Nuestra vida total del cristianos - desde el comienzo hasta su consumación - descansa sobre la visión plena del Cristo Resucitado en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo.
En consecuencia, solamente es cuando nuestros corazones están cautivados y enfocados sobre la revelación de Jesucristo en su pleno esplendor, que podemos recibir la visión para el trabajo que Él nos ha llamado a hacer. Tal como le ocurrió a Moisés, el tabernáculo solo puede ser construido después que se nos ha mostrado su patrón desde lo alto - y ese patrón es Cristo. Es decir, necesitamos la visión del Señor antes de que podamos recibir la visión hacia el Señor. Russell Lipton hace el siguiente comentario,
Pablo oró para que los efesios recibieron una revelación acerca del conocimiento de Cristo y los ojos del corazón se les abrieron. Esta es nuestra gran necesidad- ¿Por qué la iglesia que Cristo tanto añora ha sido tan poco entendida, tan pervertida, tan enfrentada? La única razón es la ceguera de Su pueblo. Sin revelación, ¿cómo pueden actuar? Con revelación tú sabrás lo que hacer (¿Acaso importa la iglesia?)
De qué manera tan desesperada necesitamos un fresco e inspirado Espíritu que nos haga emprender nuestra marcha, una incomparable revelación de Cristo y Su iglesia. Tal visión traída desde el trono celestial es el trampolín necesario para que Dios eleve un testimonio que refleje Su pleno deseo para Su amado pueblo. Este es un necesario prerequisito para una verdadera renovación dentro del Cuerpo de Cristo.
(2) Un cambio de paradigma
En el lenguaje científico del filósofo Thomas Kuhn, necesitamos un "cambio de paradigma" acerca de la iglesia antes de que debidamente podamos empezar a construirla. Es decir, necesitamos un nuevo punto de vista del mundo acerca del significado de Cristo y de Su Cuerpo - un nuevo modelo de entendimiento de lo que significa la palabra ekklesia - un nuevo marco de pensamiento para la iglesia. Por supuesto, el nuevo paradigma al que me estoy refiriendo, no es de ninguna manera nuevo. Es el paradigma que el Nuevo Testamento nos entrega - yo le llamo el "paradigma bíblico".
En este aspecto, nuestros días no son muy diferentes de los de Neheremias.
En tiempos de Neheremias la ley de Dios había sido re descubierta, re instituida y re explicada a Israel después que habían pasado sin ella por mucho tiempo.
Neheremias 8
8. Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.
De la misma manera los cristianos del siglo XX deberán re aprender el lenguaje de las Escrituras en lo que se refiere a la iglesia. Puesto que el significado original de innumerables términos bíblicos tales como "iglesia", "ministro", "pastor", "la casa del Señor", "ministerio" y "hermandad" han sido totalmente perdidos, carcomiendo así la amplitud de significado de la asamblea del Nuevo Testamento.
Y aún hay más, estas palabras han sido investidas con poder institucional - un poder que era extraño a quién originalmente los puso en la Biblia. En consecuencia, es de gran urgencia la necesidad en la iglesia de hoy el re descubrimiento del lenguaje bíblico original. Joseph Higginbotham y Paul Patton denuncian este punto:
Tomémoslo con franqueza: nuestro lenguaje refleja nuestra práctica. Es muy difícil el hacer que el pueblo ocupe el terreno del sacerdocio universal cuando reservamos la palabra "ministro" para personas con un título logrado en un seminario adornados con una serie de certificados de ordenación- La gimnasia lingüística ha cambiado al Cristo que es cabeza y dirige a un Cuerpo unificado en un dios tribal de denominaciones o de la iglesia local. Tiene que ver con el uso que le hemos dado a la palabra "iglesia". Escasamente la utilizamos en la forma en que Cristo la usó. Hablamos de "construir una iglesia", cuando deberíamos de decir que estamos levantando un nuevo edificio donde el pueblo de Dios se pueda reunir. Hablamos de "comenzar una iglesia" cuando deberíamos de afirmar, que en un cierto local, la iglesia de Cristo se está edificando ("La batalla por el cuerpo" Buscando juntos, Vol 13:2)
Porque la mayor parte de los cristianos ha aprendido a leer el Nuevo Testamento por medio de los lentes de las instituciones del siglo XX, hay una urgente necesidad para nosotros de repensar nuestro entero concepto sobre la iglesia y aprender a ver una nueva imagen a través del nuevo prisma de los autores del Nuevo Testamento. Debido a la influencia de las profundas asunciones enterradas que en rara ocasión han sido excavadas y casi nunca examinadas a la luz de las Escrituras, el cristianismo moderno nos ha enseñado efectivamente que la palabra "iglesia" significa edificio, una denominación o una estructura organizacional y que el "ministro" es una clase especial de cristiano.
Desde que nuestra noción contemporánea de la eclesiología ha sido profundamente atrincherada en la forma de pensar del ser humano, requiere de un esfuerzo consciente por nuestra parte para ver la iglesia en la forma que fue vista por todos los cristianos del siglo primero. Demanda que vigorosamente caminemos a golpe de machete por la tupida vegetación de la tradición humana hasta que podamos desenterrar un fértil terreno virgen donde podamos cultivar la verdadera realidad espiritual. Por tanto, solamente el empeño necesario de repensar a la iglesia en su contexto de acuerdo a las Escrituras nos permitirá el distinguir entre la noción bíblica de la iglesia y las instituciones que hoy día se adueñan de ella. Acerca de este punto, comparemos brevemente dos paradigmas: el bíblico y el institucional.
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El paradigma Institucional
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El paradigma Bíblico
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Se mantiene por medio de un sistema clerical
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Ni siquiera es mencionado el sistema clerical
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Motiva la incentivación de los laicos
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No sabe de una clase aparte llamada laicos
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Mantiene al grueso de sus congregantes pasivos en sus bancos.
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Hace de todos sus miembros sacerdotes activos.
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Asocia la palabra iglesia con un edificio o denominación a la que la persona va o se reúne.
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Afirma el hecho de que el pueblo no va a la iglesia ni se une a una iglesia, sino que son la Iglesia.
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Está enraizada en la uniformidad de aquellos que comparten un mismo juego de costumbres y doctrinas.
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Está enraizada en la hermandad sin reservas de todos los Cristianos cuya fundación es Cristo.
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Arranca a los Cristianos "normales" del "sanctus santorum" y los encadena al banco de la iglesia
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Libera a todos los creyentes a servir como ministros en el contexto de un sistema no clerical, descentralizado y lejos de la política eclesiástica.
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Coloca sus prioridades en los programas religiosos, mientras mantiene a sus congregantes a distancia, aislándolos los unos a los otros.
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Coloca sus prioridades en un cara a cara, relaciones de vida compartida, responsabilidad mutua, apertura, libertad, servicio mutuo y realidad espiritual - todos esos elementos que constituyen el entramado de las asambleas del Nuevo Testamento.
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Gasta la mayor parte de sus recursos en edificios y salarios de los ministros.
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Gasta la mayor parte de sus recursos en los "pobres entre ustedes mismos" y en los trabajos de apostolado y misiones.
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Opera bajo la base de que el pastor o sacerdote está a la cabeza (mientras que Cristo está a la cabeza solo nominalmente)
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Opera en la base de que Cristo es la Cabeza por medio de su guía invisible del Espíritu Santo obrando sobre la comunidad de creyentes.
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Enclaustra y protege un sistema dominado por el clero centrado en un programa que sirve de motor a la iglesia organizada.
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Muestra un rechazo por el sistema que ahoga el ejercicio soberano del Espíritu Santo que en amor abraza a cada Cristiano dentro del sistema.
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Se dedica a construir programas que alimenten la iglesia y ve a los individuos como simples dientes del engranaje.
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Edifica al pueblo a unirse para proveer fuerza en su asamblea.
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Alienta a los creyentes a participar institucionalmente.
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Invita a los creyentes a participar relacionalmente.
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Separa a la iglesia (eclesiastología) de la salvación personal (soteriología), viendo a una como una consecuencia de la otra.
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No pone ningún lazo de unión entre la salvación personal y la iglesia, puesto que ninguna asegura a la otra (aquí la Escritura nos dice que cuando uno es salvo, inmediatamente se convierte en parte de la Iglesia y se reúne en asamblea.)
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Para mejor explicar esto a alguien, el paradigma bíblico representa "el ganar para Dios las cosas ordinarias y la desacralización de la cosas hechas sacras (por las manos del hombre)". Sin embargo, debido al paradigma tradicional ha sido profundamente enterrado en la mente de los tantos cristianos, la mera noción de "colorear alrededor de los bordes" de este modelo y construir una nueva matriz sobre la que pensar acerca de la iglesia, puede ser bastante aterrador. El desafortunado resultado es que aquellos que no han sufrido un cambio de paradigma acerca de la iglesia, lo ignorarán o se opondrán a aquellas iglesias que no pueden entrar en el modelo del paradigma tradicional, sin importar que esté de acuerdo con el Nuevo Testamento.
Así, a los ojos de aquellos que ven al mundo a través de las lentes institucionales, a no ser que la iglesia se reúna en el sitio "apropiado" (un edificio), posea el "debido" liderazgo (un ordenado pastor o sacerdote), y lleve el nombre "correcto" (uno que pueda ser colocado a la puerta), no es reconocido como una verdadera iglesia. En su lugar, será denominado con términos más innovativos como "para iglesia", que susceptiblemente indica algo un poco menor que la verdadera iglesia. Así, en las mentes de aquellos que no aún no están cansados de correr en los senderos escritos por los programas de las iglesias institucionales, lo que es anormal es considerado normal en tanto que lo normal se considera anormal. Este es el infeliz resultado de no basar nuestra fe y prácticas bajo la Palabra de Dios. Jon Zen nos dice acerca de esto-
Me parece que hemos hecho algo normal para lo que no existe ninguna garantía en las Escrituras (el énfasis en el ministerio de un hombre), y hemos omitido algo por lo que hay un gran soporte bíblico (el énfasis en unos y otros)- hemos exaltado algo por lo que no existe evidencia alguna y rechazado algo por lo que existe abundante evidencia. ("Construyendo el Cuerpo: unos con otros" Buscando juntos, Vol 10:2))
De la misma manera Alexander Hay se lamenta del dilema de la moderna iglesia cuando dice-
Tertuliano encontró lo que necesitaba para decir: "La costumbre sin verdad es un viejo error". No es mucho lo que existe en nuestro orden y prácticas de la iglesia moderna que esté garantizado por las Escrituras. Pero como por mucho tiempo ha sido nuestra costumbre, sin preguntarnos lo aceptamos como parte del orden divino (El orden para la iglesia y misión del Nuevo Testamento)
Lamentablemente, debido a que muchos cristianos modernos se han adherido descuidadamente a las tradiciones humanas y a los paradigmas tenidos en tan alta estima acerca de la estructura de la iglesia, cualquier cosa nueva o renovada de hacer iglesia es vista a menudo con una sospecha poco razonable, hasta si ésta tiene unas bases bíblicas mucho más superiores a las que presenta el modelo tradicional.
En otras palabras, nada menos que un cambio de paradigma acerca de la iglesia a la vez que la implantación de una luz fresca de parte del Espíritu Santo, traerá una renovación bíblica en el Cuerpo de Cristo. Cualquier reajuste al odre viejo, no importa cuán radical o revolucionario sea, no llegará muy lejos. La única manera de renovar la iglesia tradicional es desensamblándola totalmente y construyendo algo totalmente diferente y bastante mejor. Para hacer esto, necesitamos un cambio de paradigma (en el plano natural) y una fresca revelación de Cristo y de Su Cuerpo (en el plano espiritual)
Que el Señor nos libre de imponer descuidadamente nuestro patrón de organización de la iglesia sobre los autores del Nuevo Testamento y que tengamos el coraje de arrojar lejos de nosotros nuestras maletas institucionales de tal manera que podamos aprender a leer las Escrituras con unos ojos renovados.
(3) Aferrarnos al Centro y Supremacía del Señor Jesús
El nacimiento de la iglesia del Nuevo Testamento se lleva a cabo con dolores de parto en compañía de un pueblo que abraza la centralidad y supremacía de Cristo con un completo rigor. Así, para que Dios pueda llevar a cabo Su intención última, Él necesita un pueblo celoso por la dirección de Su Hijo sobre la iglesia. Cristo en persona ha de ser la fundación y la superestructura de su vida corporativa, nuestra hermandad y nuestro ministerio (I Corintios 2:2, 3:11, Efesios 2:20). Jesús ha de ser el centro vital de la iglesia. El Cuerpo local tiene que estar vitalmente ligado a Él, si es que quiere llegar a vivir ante Dios.
El tema de la supremacía de Cristo es el eje y la razón del por qué la iglesia es un asunto provocativo y a menudo confuso en el día de hoy. Es debido a que la iglesia está tan entrañablemente unida a la dirección y soberanía de Cristo, por lo que las fuerzas de las tinieblas no han cesado en su batalla y en su matanza espiritual contra los hijos de Dios - una batalla que está centrada en mantener cerrados los ojos al verdadero sentido y significado de la iglesia. Así cuando el pueblo comience a ver al Señor en Su trono, ellos comienzan a ver a la iglesia del Nuevo Testamento - puesto que los dos están conectados inseparablemente. En otras palabras, no podremos construir el Cuerpo sin estar abrazados a la Cabeza.
Por la misma razón, si un grupo de personas descubren los principios del Nuevo Testamento para la vida de la iglesia sin llegar a entender el liderazgo de la dirección de Cristo, perderán bastante. En lugar de reunirse bajo Cristo, se reunirán en base a una reacción negativa - una reacción que puede ser comparada a una "santa" cruzada en contra de la cristiandad institucionalizada. El grupo sucumbirá ante la falsa creencia de que son los únicos que están haciendo la iglesia como debe hacerse. Como resultado, el veneno del orgullo eventualmente los esclavizará. La hermandad que se reúne en estas bases, por lo general, no dura mucho. Se acaban convirtiendo en exclusivos, elitistas e ingobernables. Sus reuniones se caracterizarán por el mismo tono de criticismo en contras del "sistema religioso" y eventualmente, morirán a causa de su falta de visión positiva.
(4) Contando el costo
Al expresar su devota disposición de negarse a sí mismo con objeto de que Dios encontrara un lugar donde habitar, el rey David dijo:
Salmo 132
3. No entraré en la morada de mi casa, Ni subiré sobre el lecho de mi estrado;
4. No daré sueño á mis ojos, Ni á mis párpados adormecimiento.
5. Hasta que halle lugar para Jehová, Moradas para el Fuerte de Jacob
El Señor nunca hará crecer una fresca expresión de Su Cuerpo en medio de nosotros, si no estamos dispuestos a pagar el precio que esto trae consigo.
Entre otras cosas, esto significa que debemos dejar de compararnos a otros cristianos y medir nuestro éxito por sus formas de medida. El peligro de la antigua Israel se debió a su continuo deseo de seguir a las multitudes que la rodeaban. En contraste, nosotros debemos aprender a conectar nuestra obediencia a lo que Dios ha revelado en nuestros corazones por medio de la Escritura y no a lo que el resto de Su pueblo está haciendo. En Éxodo 23:2 Dios previene acerca a Israel acerca del andar siguiendo, en desobediencia, a las multitudes. Esta admonición es aún válida para nosotros en el día de hoy.
Así, si Dios nos ha mostrado la iglesia, Él nos va a hacer responsables por obedecer lo que hemos visto. Nada menos o implícito que la obediencia incondicional hacia esa visión celestial, nos proveerán el contexto adecuado para que la Escritura se levante en una expresión del Cuerpo en forma local. Desafortunadamente, no son pocos los cristianos que están familiarizados con las enseñanzas del Nuevo Testamento sobre la vida de la iglesia que se han alejado de sus responsabilidades de obedecer a las Escrituras. La triste excusa de que "De momento Dios tendrá que hacerse cargo de la iglesia; yo voy a seguir apoyando la iglesia institucional hasta que algo grande suceda" resume una forma de pensar muy común sobre este asunto. Y a pesar de todos, este punto de vista fatalístico es el más inteligente esquema del enemigo para esconder nuestra rebelión. No es muy diferente el decir: "Yo no obedeceré hasta que no vea a otros hacer lo propio". Podemos estar seguros que mantener una actitud como esa, va a traer el descontento del Señor.
Sin embargo, aquellos que están dispuestos a obedecer la Palabra del Señor a cualquier costo pueden asegurarse del hecho que miles de creyentes por todo el globo han salido de las estructuras religiosas creadas por el hombre de nuestro tiempo y han regresado al terreno de Cristo para su vida corporativa. Hasta de solamente hubiera un puñado que se han hecho la promesa de reunirse de acuerdo a las líneas del Nuevo Testamento, ¿puede esto acaso disuadirnos a nosotros de lo que el Espíritu nos ha descubierto en nuestros corazones?
No nos equivoquemos, hay que pagar un precio por obedecer a lo que Dios ha pedido que hagamos en la iglesia. Tendrán que enfrentarse al hecho de no ser comprendidos por aquellos que han abrazado de todo corazón la cristiandad institucional de meros espectadores. En el proceso de ser edificados juntos con otros creyentes y crear una relaciones interpersonales, llevaréis la marca de la cruz y moriréis en ella miles de veces. Tendréis que acostumbraros a la improvisación que es parte de y lleva consigo el cristianismo relacional y abandonar el orden artificial que puede pagar la iglesia organizada.
Ya no podrás compartir la comodidad de ser un espectador pasivo, y aprenderás la lección de autovaciarte al hacerte un responsable, sirviente miembro del Cuerpo en funcionamiento. Tendrás que marchar contra el duro masticar de lo que un escritor llamó "las siete últimas palabras de la iglesia" (nunca nosotros hicimos eso de esa manera) e incurrir en la desaprobación de la mayoría religiosa por rehusar el ser controlados por la tiranía del "status quo". Finalmente, provocarás los más severos asaltos del adversario en su intento de destrozar lo que representa el testimonio viviente de Jesús en un grupo de personas. No obstante, sin importar el sufrimiento que sigue a aquellos que toman el camino menos concurrido y se encuentran solos, en simplicidad, alrededor de Nuestro Señor Jesús, los gloriosos beneficios de vivir la vida del Cuerpo, compensarán en mucho el costo que hay que pagar por ello.
En suma, a nos ser que seamos un pueblo crucificado, no podrá una verdadera expresión de la iglesia. Pues es un principio establecido que la iglesia parte de la cruz. En la misma manera que el altar precede a la casa en el orden del Antiguo Testamento, así la cruz siempre precede a la iglesia. Es por esto, por lo que no pocas iglesias que han intentado emplear los principios del Nuevo Testamento, han tenido corta vida. Así, cuando una nueva compañía de creyentes empieza a hacer "el orden del Nuevo Testamento" si pierden su foco y razón de reunirse bajo Jesús y corporativamente no se colocan bajo la cruz, inmediatamente perderán la dirección de la Cabeza de Cristo y se encontrarán en su desintegración siendo arrojados a la muerte.
Aferrándose a la dirección y liderazgo de Jesús en una forma viva, unidos a un perpetuo vaciarse en beneficio de los hermanos son los elementos esenciales que permitirán a la iglesia el mantenerse en el medio de las pruebas más severas. Así, sin el trabajo práctico de la cruz en la vida de los creyentes, la vida de la iglesia del Nuevo Testamento se convierte en nada más que un ideal de largo alcance. "Salgamos pues á él fuera del real, llevando su vituperio" pues solamente allí donde encontraremos al Salvador (Hebreos 13:13).
(5) Una oración laboriosa
Finalmente y lo más importante, necesitamos aprender a tocar el trono de dios con nuestra oración de labor. La primera iglesia nació de un grupo de 120 discípulos que se dedicaron ellos mismos a la oración (Hechos 1:13-15). Las expresiones del Cuerpo de Cristo están hechas en la misma forma, por ejemplo, entrando en la penuria del Señor. Generalmente, el Señor responde a este tipo de oración proveyendo con un trabajador apostólico, o "hortelano eclesiástico", para ayudar a dar vida a la nueva iglesia o para tejer con estrechas puntadas a un grupo de creyentes con la misma visión y carga que viene en su concepción.
Nunca debemos olvidar que la iglesia es orgánica. Es decir, no podrá ser construida por los inconstantes impulsos del hombre natural. El nacimiento de una iglesia requiere de esa clase de oración que marcaron las vidas de Nehemias y Daniel. Fue entonces cuando esos hombres entraron el la oración laboriosa acerca del presente desorden en el que ellos vivían y Dios les fue fiel trayéndoles otros que se pusieron de su lado y pudieron cumplir la visión que Él había depositado en sus corazones. (Nehemias 1-2; Daniel 9-10).
Oración entonces, es una característica crítica para recibir el poder del Espíritu - un poder que es necesario para dar a luz y nutrir la expresión local del Cuerpo de Cristo. Puesto que la iglesia no está hecha de barro por manos humanas, sino por el soplo del Espíritu Eterno. Recordemos como el antiguo templo fue construido sin el sonido de la maquinara humana.
I Reyes 6
7. Y la casa cuando se edificó, fabricáronla de piedras que traían ya acabadas; de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro.
Este incidente, establece un principio crucial. La iglesia de Jesucristo nunca podrá ser hecha con el sudor y el trabajo del hombre natural; tiene que ser dada a luz desde los cielos.
En palabras de Russell Lipton,
Es solamente por medio del Espíritu Santo por lo que la iglesia es construída, no por la inteligencia de nuestros planes, esquemas, comités o campañas. Muchas veces somos demasiado listos al admitir que dependemos de nuestra propia fuerza en lugar del Espíritu Santo- pero lo hacemos (¿Acaso importa la iglesia?)
Por tanto, si estamos dispuestos a envolvernos profundamente en la batalla local por aquellos elementos que reflejan el fin de Dios y el camino de Dios para la iglesia, Él fielmente responderá. La respuesta de Pablo para la construcción de la iglesia lo resume de una manera muy bonita: "Hijitos míos, que vuelvo otra vez á estar de parto de vosotros, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gálatas 4:19). En vista a esto, John W. Kennedy dice:
Hasta qué punto Dios nos puede utilizar en el establecimiento de la iglesia depende de nuestra sujeción a Él y nuestra libertad de las garras de la tradición y otras ataduras humanas que podrían entorpecer Su trabajo. Entonces la iglesia no necesitará precipitarse hacia su existencia. El Espíritu en persona dará a luz la necesidad que hace nacer la asamblea- levantando un edificio o estableciendo la observación de la mesa del Señor o algún modo de reunirse nunca, aún, ha hecho una iglesia. Sin la ardiente visión de los caminos del Señor y la constante necesidad de obedecer al Espíritu, cualquier modelo que creemos no será más que un vacío engaño. (El secreto de Su Propósito)
Un último llamado
Vivimos en una hora en la que el Espíritu de Dios está haciendo señas a su pueblo para que vea y cumpla su intención última acerca de la iglesia de Jesucristo. Esta intención descansa en la formación de un pueblo que está lleno del nuevo vino del Espíritu para el sólo propósito de convertirlos en la debida Novia para el placer del bendito Hijo de Dios. Y así, en este contexto, Dios está emplazando a Su pueblo a re-examinar el viejo odre de la práctica de la iglesia. Por esto, la necesidad actual es para el Señor levantar a multitudes de aquellos que en el espíritu de hijos de Isacar quiénes "entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus hermanos" (I Crónicas 12:32).
George Moreshead explica:
En estos días en los que el hacer (incluso el hacer "por Dios" y por "Su gloria") han eclipsado el énfasis bíblico sobre, y la prioridad de, ser y convertirse, parecería igualmente necesario e importante dejar saber a aquellos que tienen el entendimiento espiritual y el discernimiento que la "Israel" del Nuevo Testamento tiene que saber lo que debe y no debe hacer. ¿Cómo entonces puede existir algo que se compare, siendo la primera necesidad de estos tiempos, el surgir de aquellos que ven desde el cielo - creyentes de una excepcional estatura espiritual y profundo entendimiento de esta época, para la construcción del Cuerpo de Cristo, el medirse con la plenitud de Cristo? ¿De qué otra manera puede el "hombre viejo" de la nueva "Israel" juntarse con los hermanos más jóvenes en un himno de victoria y el grito del éxito sobre la completamente terminada Casa de Dios? ("Entendiendo los tiempos" artículo inédito)
Para terminar, confío que lo que he intentado poner en marcha en este libro, provoque a los lectores a no volver a diluir el vino de la vida espiritual para poderlo guardar en los viejos odres. Que el Señor transforme radicalmente nuestros corazones por medio de una renovada y fresca visión del Espíritu Santo que nos lleve a sentir la plenitud de Cristo, permitiéndonos capturar la visión que prendió en la iglesia del Nuevo Testamento. Y que nosotros permitamos el dulce viento del Espíritu soplar sobre nosotros tan fuertemente que nuestros odres - que han llegado a obscurecer el Mayorazgo de Jesús y desarmado al sacerdocio de los creyentes - exploten sin lugar a su reparación. Mi oración de clausura es que Dios levante incontables expresiones locales de la dinámica vida espiritual por todo el globo - expresiones que simplemente vivan y sirvan en sacrificio por la realización de Su eterno propósito.
¡Que Dios nos ayude a seriamente pensar y reconsiderar el significado del nuevo odre en el cual nos vamos a convertir!
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