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No cabe la menor duda de que Dios llama.
A mí me llamó y, desde aquel día, no he parado de buscar.
Educado bajo la religión Católica, por muchos años vagué sin ningún rumbo religioso. No obstante, siempre mantuve una relación de consulta y oración con Nuestro Creador.
Hasta que un día me llamó.
Mi llamado no fue tajante y radical como hace con otros. Llamó a mi esposa y, a través de ella, comenzó a obrar y a mostrarme Su mano. Vi Su mano y ya no pude volver atrás.
En los Estados Unidos me llevó a una secta cristiana, creyentes del Sábado y de la Ley, legalistas, intransigentes y mereced otros, por dónde nos tiene que llevar. La estancia en esta secta nos permitió estudiar el Antiguo Testamento, la Ley. Pudimos entender que Dios es Dios, está muy por encima de nosotros y nunca, bajo ningún concepto, podemos entenderle y mucho menos tratar de traerlo a nuestro plano para hacerlo. Esa es la misión del gnosticismo que impregna la mayor parte de las sectas cristianas.
En nuestro proceso de búsqueda de la Primera Iglesia, la Iglesia de Jesucristo, nos fuimos dando cuenta el importante papel que juega el hombre sobre el hombre y cómo éste trata de interponerse entre el individuo y Su Creador. Cómo este trata de interpretar a Dios para que el otro lo entienda. Inclusive utilizando Su palabra.
En nuestra búsqueda y estudio nos dimos cuenta que existe muy poco material en español para aquellas personas que estudian la Palabra de Dios.
Dios me dio el don de lenguas, al menos así lo creo, y decidí poner a la disposición de todos aquellos que pudieran encontrarse en la misma situación que yo en otro tiempo estuve, traducciones del material que nos ha ayudado a descubrir el camino y la puerta de acceso a Dios: Jesucristo.
Ahora somos un pequeño grupo de hermanos que nos reunimos en las casas los sábados o los domingos para gozarnos en el Señor. Partimos el pan y bebemos el vino en Su memoria y tratamos de entretejer, en firme trama, nuestra relación de asamblea bajo la amorosa inspiración y guía del Espíritu Santo.
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