PoÉtIcA   y OtRoS

Hacia dónde la amistad nos lleve

a Carmen Serrano

El hombre ha olvidado cómo escuchar fuera de sus ojos de espanto

 

PrImAvErA

Dejó la nitidez en la infancia,
invierno lloraba y algo más.

En verde le nació al campo
flores blancas,
pétalos, labios en alboroto,
cuevas que están por descubrir;
en verde y gozo
se alzó madre de la tierra.

Perfiles inmensos
como sombras de mucha gente.

Sangre veloz por sus guías,
alegre insecto entre las matas;
en verde y lluvia
le nació a la tierra otra tierra,
frutos, esperanza básica,
sol niño y desgajado.

Donde las manos verdes
la fuente tropieza en su chorro.

Nubes capitanas,
andamios en los ventanales del cielo,
osada primavera
en los naranjos de siempre
¿qué metes y luego sacas
de repente en sus troncos?

La tibieza que presume
no la muestra de golpe.

Acaso un romper de lágrimas,
trepa la luz hacia las copas,
instrumentos en claves inciertas,
devenir de recuerdos y basta;
la primavera respira en colores
que no se logran definir.

Invierno pataleó fiero,
primavera en victoriosa llegaba.






VeRaNo

Agotada, la primavera
murió en su música.

El verano empieza a existir
en los cielos de junio,
ese azulado afán que avanza
perdiendo horas junto al río,
venganza violenta,
rojos boquetes abiertos.

Pócima de vida y muerte,
lechos de agonizantes olores.

Desde la izquierda, un sol diestro,
anuncia fuego y arde
dejando los cuerpos en cobre,
hermano pequeño de otro sol,
que cobra fuerzas para hundirse
como un guerrero en la tierra.

Es un no pero siempre un sí
que incómodo y maravilloso te toca.

Verano, trasiego de hondas locuras,
amores de rostros insensatos
que no dejarán puentes
para el próximo;
es un país de leyes ocultas
en la belleza.

Un sí pero siempre un no
si no te toca incómodo y maravilloso.

En sus días todo se presiente,
azules y blancos acodados
en la orilla
-todo gira en torno al agua
en aras de las terrazas profundas-
hamacas de silencios mortales.

Luces solitarias van en avaricia
escondiendo lo que dejaron.

Pero el verano tiene
una codiciosa disciplina,
olorosos jazmines con sabor a mar
zozobrante,
injusticia en las bocas abandonadas
que dejan sus habitantes.

Y la primavera parece algo lejano,
casi inexistente.
 

EsTaCiOnEs

 

Sólo sé que sé lo que sabiendo no sé decir

 

 

 

 

 

 

 

 

El amor no pregunta de dónde vienes sino si te sucedió alguna cosa

 

 

 

 

 

 

Creo en el amor que llega sin aviso, aún

 

 

                                                         L. Gómez

 

 

OtOñO

Verano quedó dormido
en sus árboles inmóviles.

Tiene esa mescolanza,
tertulia entre lo que aún es
y lo que presentimos
sin saber su certeza,
qué o qué desventura,
otoño inconmensurable.

Despierta la ternura,
al salón las primeras hogueras.

Otoño se saborea en la hojarasca,
en las platabandas de uralita,
mares destrozados, fósiles,
lamentos quedos en la arena,
ese olor tibio que el sol dejó
y va engullendo un ocre rudo.

Manos, versos viejos
retornan al principio.

Nace para que los atentos
busquen belleza entre tanta muerte;
no sube al cerro ni baja al río,
los espera como un asesino
para confinarlos
a un mismo viento.

Destruye la tierra
para que aprendamos de nuestros errores.

En los poetas descansan
sus velas amarillas,
trémulos roces, cálidas sinceridades,
destierro al primer pan,
y llora otoño
golpeándose el pecho.

Y verano se resignó
en las viejas hélices de septiembre.

 

 


InViErNo

Como siempre, otoño
se exilió a sus caminos muertos.

Avanza en el hielo que se afila,
blancas cintas de rabia,
en la lluvia que se tercia,
limpias aceras, ángel caído,
el invierno muestra en alabanza
todo sin pudor ni gloria.

Vendrán a las verdinas
rostros de grises espantos.

Tiempo si testigo,
alivia sus tensiones
con dureza a la tierra,
remanso de nieves oblicuas,
silencio de vapores lejanos
que se sudan en las ventanas.

No atrapa el frío a los huesos,
libera el que siempre estuvo.

Pájaros de río fuerte,
la mimbre, miedo disoluto,
enero hasta agotarse;
invierno soldado vencedor,
vacuo héroe de entonces,
armas y piedras límpidas.

Sueña que marchará con el día
y al siguiente lo mismo.

Que sí, que no dicen sus celajes,
que sí, que no sus mendigos,
llueve a cántaros nuestros muertos
que a poco levanta de sus tumbas,
murallas de aguas toscas
corren por delante, sí y no.

Otoño quedó en minúsculo
cuando llegó como un coloso.
 

 

Abofeteado
Almas en mi ventana
Amada por abril
Ángel de luz
Azul
Calladamente triste
Cielo hermano
Clara coincidencia
 

Cogemos el testigo
Colgado en la luna
Con qué derecho
Corazón de corazones
Cuando caen las murallas
Cuerpo dividido

 


De humo en humo
De lirios y rosa
Dejadme
Demasiado ruido
Dicen Sur, digo Sur
El instante

 

El tocado de la muerte
El viento que te habitaba
Mi mejor poesía; silencio
En la ventana la espero
Enfadarme con la muerte

 

Entendedor de silencios
Entiéndanme
Esa sombra soy yo
Escasa como junio
Estrecha y ancha
Etcéteras
Fluye conmigo
Frente a míx
Hundida la tierra te celebraba
Iba a decírtelo
Juventud
La inteligencia


La noche rota
La paciencia
La voz de los relojes
Las noches de amor
Le escribo al amor
Le he escrito tanto al mar
Lo que a la vida le sobra
Los sonidos del mar


Luna y rama caída
Mi alma al viento
Mi barca, mi corazón
Nada es eterno
No sé cómo decirte
Olor redondo del mar
Palabra
Perdón

Playas verdes
Qué mejor silencio
Quiso decir tanto
Río y muchacha
Sangre de sangre nuestra
Se enciende una lámpara
Se me desespera la muerte
Se me murió por dentro
Suspendido en estantes
Vigilias
 

 

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