Cuando caen las murallas
Me gusta cuando caen las murallas
y tus brazos se giran como un río,
por un sólo cabello dejo de ser mío
mirando como se vierte y derrama.
Yo sigo su caída en movimientos
ondulantes, dulce como una hoja,
hasta que muere donde se aloja
para recibir mis tibios cortejos.
Luego se esconden las claridades
y asoman las manos, las bocas
en verde primero y rojas luego,
muslos blancos, pechos espirales,
hasta que la sangre nos alborota
eclipses por las venas del cuerpo.
L. Gómez