Río y muchacha
Son el jugo de la tierra,
ríos de fértiles causas,
indómitos mancebos, giran
sobre sus brazos quebrando,
y se excitan, y bailan
la música brava de los pájaros.
Apéndices del mundo,
dulces aguas,
tu piel es de melocotón,
tu cuerpo es de nácar.
Pero también los ríos son pausa,
quietud de lagunas y de lagos;
allí, digo en los lagos y lagunas,
levitan hacia nubes de fuego,
y en la tierra con tal finura
que bucean entre las rocas del cerro.
Apéndices del mundo,
dulces aguas,
en tu cintura vive la mimbre,
en tu cintura sueña la caña.
Acuden a las fuentes
y osan las tinas enlutadas
- fluye manso, fluye río manso -
que te esperan las muchachas
con los labios apretados
bajo un sol de justicia brava.
Apéndices del mundo,
dulces aguas,
tus ojos son el sol,
tus ojos de luces claras.
De ellos las verdes siembras,
el aire arrullado en la zarza,
enfebrecidos, ríos lisonjeros,
perfilados y altaneros
¡Ay, niña del mundo, dulce gema
en tus muslos hay un río de plata!
Luis Gómez