El viento que te habitaba
Abrí la ventana al poniente
para que el día de ti se aromara
y el viento entró lentamente
buscando sin atajos el agua.
La arena en la linde cantaba,
la madera crujía en el muelle
y el viento de música y plata
peinaba aromas en tu vientre.
Fuiste la mensajera de la luz
y también el idioma de la mañana.
Fuimos más que yo sólo y sola tú.
Yo te decía amor y bailabas
al son del día blanco y azul.
Fui yo el viento que te habitaba.
L. Gómez