Déjame
No me despiertes
si sueño contigo,
aunque todo se agote
y camine por la angustia
de estas discretas soledades.
No me despiertes
si notas que hablo a solas
con este amor sin nombre
y pronuncio la palabra
que más me completa: tú.
Déjame quieto en los amplios
miradores del sueño,
en la terraza lleno con la paz
de la tarde, soñando que llueve
y las manos se nos empapan.
No me despiertes
si ves que camino
por campos de hojas
que tu cuerpo antes retuvieran
en las pupilas del tiempo.
Despiértame
si el injusto silencio de la niebla
de pronto me habita el rostro
y mis gestos se vuelven oscuros,
lejanos como un navío.
Pero despiértame
si decides quedarte alentando
el margen quieto de mis labios,
que no se besen dos, sino cuatro,
que no se pierdan dos, sino uno.
Y ámame entonces
en estos recorridos de arcenes
y patios difusos,
no dejes que mueran las formas
de mi cuerpo en llamarada,
déjame en ti,
si decides quedarte conmigo.
L. Gómez