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CAPÍTULO 3
AUTORIDAD Y SUMISIÓN
Aunque no hay respaldo Bíblico para la enseñanza moderna de la "cobertura". Las Escrituras tienen algo qué decir acerca de la autoridad y la sumisión. Debe notarse, sin embargo, que la Biblia gasta mucha más tinta en decirnos cómo amarnos unos a otros que en cómo ejercitar la autoridad y someternos a ella.
De hecho, la experiencia nos muestra que cuando los aspectos fundamentales del amor y el servicio se practican plenamente en una asamblea, los asuntos del liderazgo y la autoridad se expresan por sí mismos. (A este respecto, aquellos que ponen un énfasis indebido en la autoridad y la sumisión están típicamente más interesados en hacerse a sí mismos indispensables para el crecimiento espiritual de los demás que en servirles).
Aunque la Biblia no dice mucho tocante a la autoridad y la sumisión, los temas están presentes, y guardan relación con el hecho de recibir el ministerio, ejercerlo y agradar a Cristo –la cabeza de toda autoridad. En lugar de oscurecer el tema con la jerga antibíblica de la "cobertura", haremos mejor si empleamos el lenguaje y el vocabulario de la Escritura cuando discutimos estos temas. A medida que lo hagamos, seremos en verdad capaces de atravesar la jungla enredada de la tradición humana que ha oscurecido estos temas, y nuestra conversación será mucho menos vaga y confusa.
El Trágico Rastro de los Movimientos Anteriores
Para decirlo sin rodeos, lo que pasa hoy por "autoridad espiritual" es en su mayor parte un verdadero disparate. El movimiento discipulado/pastoreo de los años setenta, que se degradó hasta llegar a formas extremas de control y manipulación, es un ejemplo clásico de las tragedias indecibles que pueden ocurrir cuando se hacen aplicaciones falaces e insensatas de la autoridad.
El error más grande de este movimiento, que estaba corrompido con toda clase de mezcla espiritual, descansaba sobre la falsa pretensión de que la sumisión equivale a la obediencia incondicional y que Dios reviste a ciertas personas de una incuestionable autoridad sobre los demás. (Estamos seguros de que los líderes que dieron nacimiento a este movimiento eran hombres dotados que tenían nobles motivos. Sin duda, no imaginaron la dirección que tomaría en el futuro, y la mayoría de ellos se han disculpado desde entonces por haber participado en él.
En muchos sectores del movimiento, el abuso espiritual se racionalizó con el cliché tan a menudo repetido de que Dios obra para bien a pesar de los actores en el reparto, y que Él hace responsables a los "pastores" individuales por las decisiones equivocadas. Se ha argumentado que las "ovejas" no tenían responsabilidad porque obedecieron (ciegamente) a sus pastores. Trágicamente, el movimiento construyó nuevos yugos de control que fueron tallados y se les dio forma para adaptarse a la casta clerical. Estos nuevos yugos sofocaron el sacerdocio de los creyentes y mostraron la misma forma de dominio de las almas que caracteriza a las sectas. Los así llamados "pastores" se transformaron en sustitutos de Dios para otros Cristianos, tomando control sobre los detalles más íntimos de sus vidas –todo en el nombre del "mandato Bíblico de la responsabilidad legal".
En el período subsiguiente, el movimiento dejó una estela de Cristianos abatidos y devastados que continúan desconfiando hasta hoy de cualquier apariencia de liderazgo. (Algunos sufrieron destinos más crueles). Como resultado, los que fueron azotados por los clérigos de este movimiento continúan teniendo aversión a palabras tales como "autoridad", "sumisión" y "responsabilidad legal". Todavía luchan por desechar las imágenes distorsionadas de Dios que fueron grabadas en sus mentes después de haber experimentado el "pastoreo".
El tema de la autoridad, por consiguiente, representa para muchos hoy en día una historia muy sensible con una enorme carga. Tanto es así que cuando apenas se menciona terminología de liderazgo, se encienden luces de alerta y se iza la bandera roja de la persecución. Sin duda, el tema de la autoridad espiritual continúa siendo inflamable y emocionalmente insufrible. Por esto, a pesar de la manera muy divergente en que abordamos el tema contenido en este capítulo, estamos pisando los bordes de un terreno peligrosamente minado.
Sin embargo, las enseñanzas erróneas nunca brotan del simple uso de las palabras Bíblicas. Más bien, provienen de la poca consideración que comúnmente se tiene por lo que éstas significaron para sus oyentes originales. Por consecuencia, vocablos tales como "autoridad" y "sujeción" han sido degradados ya por tanto tiempo que necesitan que se les "redima" de las falsas connotaciones que se les han agregado. La segura salvaguarda contra la falsa enseñanza, no está en desechar estos términos Bíblicos, sino en volver al combate y refundirlas de acuerdo a sus significados originales. Para decirlo de otro modo, debemos aprender no solamente a hablar donde la Biblia habla, sino hablar como la Biblia habla.
La Noción de Sujeción del NT
La palabra Griega que en el NT que se traduce más a menudo como "someter" es el vocablo Hupotasso. Una mejor traducción es "sujeción", como ocurre en algunas de las traducciones más modernas. De acuerdo al uso más común del NT, sujeción es una actitud voluntaria de ceder, cooperar y permitir que otros nos amonesten y aconsejen. La sujeción Bíblica, por consiguiente, no tiene nada que ver con control o poder jerárquico. Es simplemente una actitud de apertura como la que manifiestan los niños, dando nuestro consentimiento a los demás en la medida en que reflejan la mente de Cristo.
La sujeción Bíblica existe, y es preciosa. Pero debe comenzar con lo que Dios quiere y con lo que el NT asume: es decir, que nosotros estamos sujetos a Cristo Jesús individual y corporativamente, los unos a los otros, en el lugar donde nos reunimos, así como a aquellos obreros probados y dignos de confianza que sirven al Cuerpo de Cristo de una manera sacrificada. (Quiero acentuar "probados y dignos de confianza" porque abundan los falsos apóstoles y profetas, y es responsabilidad de la hermandad local poner a prueba a los que afirman ser obreros de Dios –1 Tes. 1:5; 2 Tes. 3:10; Apoc. 2:2). Por esta razón, la Biblia nos exhorta a sujetarnos a los líderes espirituales a causa de su noble carácter y servicio espiritual ( 1 Cor. 16:10-11, 15-18; Fil. 2:29-30; 1 Tes. 5:12-13; 1 Tim. 5:17; Heb. 13:17).
Quizás el texto más luminoso que debemos considerar en toda esta discusión es Efesios 5:21, que dice,
Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo (BA)
Pedro se hace eco del mismo pensamiento, al que añade este corolario:
Y todos sumisos unos a otros, revestíos de humildad;
porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los
humildes (1 Ped. 5:5)
Dicho de manera sencilla, la Biblia no habla de una "cobertura protectora". Más bien, enseña una sujeción mutua. La sujeción mutua descansa sobre la noción del NT que a todos los creyentes les han sido dados dones, y como tales, todos pueden expresar a Cristo. La sujeción mutua está cimentada igualmente en la revelación del Cuerpo de Cristo, que enseña que la autoridad Divina ha sido conferida al Cuerpo entero y no sólo a una sección particular de él. (Mat. 18:15-20; 16:16-19; Efe. 1:19-23). En la eclesiología de Dios, la ekklesía es una sociedad teocrática y participativa en la que la autoridad Divina está diseminada entre todos los que poseen el Espíritu. Dios no ha delegado Su autoridad a algún individuo o segmento de la iglesia. Por el contrario, Su autoridad reside en toda la comunidad. Y cuando los miembros de la comunidad creyente desempeñan sus ministerios, la autoridad espiritual se dispensa a través de los dones que han recibido del Espíritu.
Fundamentalmente, la sujeción mutua simplemente significa que nosotros, como miembros individuales del Cuerpo de Cristo, nos damos cuenta de que somos inadecuados en nosotros mismos para cumplir el propósito más alto de Dios. La sujeción mutua descansa en la afirmación humilde, y sin embargo realista, de que necesitamos de la aportación de los demás miembros del Cuerpo para nuestro propio desarrollo espiritual. Siendo este el caso, debemos estar abiertos al Señor para que nos corrija por medio de Sus pequeños, y siempre dispuestos a recibir admonición y corrección (del Señor) sin tener en cuenta quien lleva el látigo. De esta manera, la sujeción mutua es indispensable para estructurar una vida Cristiana normal.
La Idea de Autoridad de Dios
La otra cara de la moneda de la sujeción es la autoridad. La autoridad es el privilegio dado por Dios para realizar una acción. La palabra del NT que está más cerca de nuestra palabra "autoridad" es exousía. Exousía se deriva de la palabra éxestin, que significa una acción posible y legítima que puede ser llevada a cabo sin obstáculo. La autoridad (exousía), por consiguiente, tiene que ver con la interpretación y comunicación de poder. Más específicamente, la autoridad es el derecho de realizar una acción particular.
La Escritura enseña que Dios es la fuente única de toda autoridad (Rom. 13.1), y esta autoridad ha sido conferida a Su Hijo (Mat. 28:18; Juan 3:30-36). Cristo, y sólo Cristo, posee autoridad. El Señor Jesús claramente dijo, "Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra". Al mismo tiempo, Dios ha delegado Su autoridad a los hombres y mujeres de este mundo para propósitos específicos.
Por ejemplo, en el orden natural, Dios ha instituido diversas esferas en las que Su autoridad debe ejercerse (Efe. 5:22-6:18; Col. 3:18-25). Ha establecido ciertas "autoridades oficiales" con el propósito de que guarden el orden bajo el sol. A los oficiales gubernamentales, como los reyes, magistrados y jueces, se les ha dado esta autoridad (Mat. 8:9; Luc. 20:20; 23:7; Juan 19:10,11; Hech. 9:14; 26:10,12; Rom. 13:1 ss.; 1 Tim. 2:2; 1 Ped. 2:14).
La autoridad oficial es autoridad que se confiere a un oficio estático sin que para ello importen las acciones de la persona que lo ocupa. La autoridad oficial es autoridad posicional. Es fija, externa e inviolada. Cuando alguien ejerce las funciones de la autoridad, el recipiente llega a ser "una autoridad" por su propio derecho. Es por esta razón que se exhorta a los Cristianos a que se sujeten a los líderes oficiales de su gobierno, a pesar de la condición de su carácter (Rom. 13:1ss.; 1 Ped. 2:13-19).
Nuestro Señor Jesús, así como Pablo, mostraron espíritu de sujeción cuando comparecieron ante la autoridad oficial (Mat. 26:63-64; Hech. 23:2-5). De manera similar, los Cristianos deben sujetarse siempre a la autoridad, porque la anarquía y el desprecio por la autoridad son signos de la naturaleza pecadora (2 Ped. 2:10; Judas 8). No obstante, la sujeción y la obediencia son dos cosas muy diferentes, y es un fatal error confundirlas.
Sujeción Contra Obediencia
¿En qué difiere la sujeción de la obediencia? La sujeción es una actitud; la obediencia es una acción. La sujeción es absoluta; la obediencia es condicional. La sujeción es un asunto interno del corazón; la obediencia es un asunto externo de conducta.
Dios nos convoca a tener un espíritu de humilde sujeción hacia los que ha colocado en autoridad sobre nosotros en el orden natural. Sin embargo, no podemos obedecerles si nos mandan hacer lo que viola Su voluntad; porque la autoridad de Dios es más alta que cualquiera autoridad terrenal. No obstante, uno puede desobedecer al tiempo que se somete. Es decir, podemos desobedecer a una autoridad terrenal y mantener un espíritu de humilde sujeción, respeto y reverencia como opuesto a un espíritu de rebelión, injuria y subversión ( 1 Tim. 2:1-2; 2 Ped. 2:10; Judas 8). La desobediencia de las parteras Hebreas (Éxo. 1:17), los tres jóvenes Hebreos (Dan. 3:17-18), Daniel (Dan. 6:8-10), y los apóstoles (Hech. 4:18-20; 5:27-29) ejemplifican el principio de estar sujeto a una autoridad oficial al tiempo que se le desobedece cuando ésta choca con la voluntad de Dios.
Es verdad que Dios ha establecido una autoridad oficial para operar en el mundo natural, pero no ha instituido esta clase de autoridad en la iglesia. Es por esta razón que los líderes eclesiásticos están ausentes manifiestamente de la discusión de Pablo con respecto a las esferas de autoridad mencionadas en Efesios 5-6 y Colosenses 3. Concedemos que Dios ha dado autoridad (exousía) a los creyentes de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12); poseer propiedades (Hech. 5:4); decidir casarse o permanecer célibes (1 Cor. 7:37); decidir qué comer o beber (1 Cor. 8:9); sanar las enfermedades (Mar. 3:15); expulsar demonios (Mat. 10:1; Mar. 6:7; Luc. 9:1; 10:19; Juan. 17:2); edificar a la iglesia ( 2 Cor. 10:8; 13:10); recibir bendiciones especiales asociadas con ciertos ministerios (1 Cor. 9:4-18; 2 Tes. 3:8-9); gobernar naciones y comer del árbol de la vida en el reino futuro (Apoc. 2:26; 22:14). ¡Pero en ninguna parte la Biblia enseña que Dios ha dado autoridad (exousía) a los creyentes sobre otros creyentes! Recordemos la palabra de nuestro Señor en Mateo 20:25 y Lucas 22:25 donde condenó las formas de autoridad tipo exousía entre Sus seguidores. Este hecho debe darnos pausa para una seria reflexión.
Por lo tanto, sugerir que los líderes en la iglesia deben ejercer la misma clase de autoridad que los dignatarios, lógicamente representa un salto y una generalización excesiva. El NT nunca vincula exousía a los líderes de la iglesia, ni establece que algunos creyentes tienen exousía sobre otros creyentes. Si bien el AT describe a los profetas, sacerdotes, reyes y jueces como autoridades oficiales –principalmente porque estos "oficios" diversos eran sombras de los ministerios autoritativos de Jesucristo como Profeta, Sacerdote, Rey y Juez-, nunca encontramos que en el NT se describa o represente a algún líder como una autoridad oficial.
La noción de que los Cristianos tienen autoridad sobre otros Cristianos es un ejemplo de exégesis forzada, y es Bíblicamente insostenible. Cuando los líderes de la iglesia ejercen el mismo tipo de autoridad que desempeñan los oficiales gubernamentales seculares, se convierten en usurpadores. Cierto es que la autoridad funciona en la esfera de la iglesia, pero la autoridad que opera en la ekklesía es notablemente diferente de la que se ejerce en el orden natural. (Esto tiene sentido ya que la iglesia no es una organización humana, sino un organismo espiritual). La autoridad que opera en la iglesia no es oficial. Es autoridad Divina.
Autoridad Divina Contra Autoridad Oficial
¿Qué es la autoridad Divina? La autoridad Divina es autoridad que está basada en la vida Divina. La autoridad Divina es autoridad comunicada. Es decir, cuando una persona comunica la vida de Dios a través de palabra u obra, tiene la ayuda y el respaldo del Señor. Todos los Cristianos, en virtud del hecho de que poseen el Espíritu y están habitados por Él, poseen una medida de autoridad Divina (es por esta razón que el NT nos ordena que nos sometamos unos a otros en el temor de Cristo). Y los que son maduros en la vida Divina tienden a expresar el pensamiento de Dios mucho más consistentemente que los carnales y los inmaduros (Heb. 5:14).
La autoridad Divina tiene su fuente en la dirección inmediata de Cristo y no en un oficio estático que ha autorizado. La autoridad Divina, por lo tanto, no es intrínseca a una persona o a una posición. No reside en el hombre mismo o en un oficio que puede desempeñar. En cambio, la autoridad Divina es extrínseca al individuo, porque pertenece a Cristo. Solamente cuando Cristo dirige a una persona a la palabra o a la acción éstas expresan la autoridad Divina. Para decirlo de otro modo, una persona tiene el derecho de ser oída y obedecida sólo cuando es enviada por Dios para hablar, y habla lo que Dios quiere que diga. La autoridad Divina, por consiguiente, es comunicada y derivada.
La naturaleza comunicada de la autoridad Divina puede entenderse en el marco de la metáfora del Cuerpo que Pablo traza para la iglesia. Cuando la cabeza (que es la fuente de toda autoridad) le indica a la mano que se mueva, la mano posee la autoridad de la Cabeza. La mano, no obstante, no tiene autoridad en o de sí misma. Deriva su autoridad sólo cuando actúa de acuerdo con la comunicación de la Cabeza. En la medida en que la mano está representando la voluntad de la Cabeza, en esa medida la mano está actuando como una autoridad.
Por consiguiente, los seres humanos solamente ejercen autoridad Divina cuando representan a Cristo en sus palabras y obras. De aquí que la autoridad Divina es flexible y fluida y no estática. Es transmitida y está fundada en la madurez espiritual y el servicio; por lo que no es una posesión irrevocable. Esto explica por qué Pedro y Jacobo, así como Pablo y Bernabé, fluctuaban con respecto a la medida de influencia espiritual que ejercían (Hech. 1:15; 2:14; 12:17,25; 13:2,7, 13ss.; 15:2,7,13,22).
Ya que la autoridad Divina no es oficial, sino derivada, los creyentes no asumen, heredan, confieren, se atribuyen ni sustituyen la autoridad de Dios. Únicamente la representan cada vez que reflejan Su pensamiento en palabra o en obra. Esta es una distinción categórica y tremendamente significativa. El no poder (o no querer) entenderla ha conducido a una confusión y abuso indecibles entre el pueblo de Dios.
Cuando discutimos la autoridad Divina, el énfasis siempre debe de estar en la función y en el servicio y no en una noción mística de "espiritualidad" o "vida espiritual que se posee". Demandar autoridad sobre la base de la propia espiritualidad es prácticamente lo mismo que la autoridad oficial, porque el reclamo de "espiritualidad" constituye un oficio velado. Si alguien es verdaderamente espiritual, su espiritualidad se manifestará en la manera en que vive, sirve y escucha al Señor. La espiritualidad puede discernirse sólo a partir de esto último y no por los reclamos promocionales de los demás. Mantener el enfoque en el servicio y la función ayuda a proteger a las congregaciones Neotestamentarias de recaer en el culto a la personalidad.
Una Comparación Provechosa
Separemos algunas de las distinciones principales entre autoridad oficial y autoridad Divina.
1. Las autoridades oficiales deben ser obedecidas siempre y cuando lo que declaren no viole la voluntad de una autoridad más alta. (Hech. 5:29). El NT ordena a los hijos que obedezcan a sus padres (Efe. 6:11; Col. 3:20), a los ciudadanos que obedezcan a las autoridades gubernamentales (Tito 3:1), y a los empleados que obedezcan a quienes los emplearon. (Efe. 6:5; Col. 3:22).
Por contraste, a los que ejercen autoridad Divina nunca se les ordena que demanden obediencia a ellos mismos. Antes bien, los que ejercen autoridad Divina buscarán persuadir a los demás a que obedezcan la voluntad de Dios. Por esta razón Hebreos 13:17 nos convoca a que permitamos que nuestros líderes nos persuadan (peitho). Las epístolas de Pablo arrojan más luz sobre este tema, porque todas ellas resuenan con súplicas y peticiones y están llenas del lenguaje de la persuasión (Sobre esto abundaremos más adelante).
2. Las autoridades oficiales son totalmente responsables si conducen a los que están bajo su mando a prácticas erróneas. En Números 18, por ejemplo, aprendemos que el peso de la iniquidad cayó sobre los hombros de los sacerdotes, que eran las autoridades oficiales en Israel.
Por contraste, la autoridad Divina nunca anula la responsabilidad de los demás. En la iglesia, los creyentes son totalmente responsables de sus propias acciones, aun cuando decidan obedecer el consejo de otros. Es por esta razón que la Escritura manda repetidamente que se compruebe el fruto y se examinen las palabras de ellos. Asimismo, enseña que el engaño pone en movimiento el juicio Divino (Mat. 7:15-27; 16:11-12; 24:4-5; 1 Cor. 11:31; 14:29; Gál. 1:6-9; 2:4; Fil. 3:2-19; 1 Tes. 5:21; 1 Tim. 2:14; 1 Jn. 3:4-10; 4:1-6). El NT nunca enseña que si un Cristiano obedece a otra persona, ya no es más responsable de sus acciones.
3. Las autoridades oficiales pueden ser menos maduras, menos espirituales y menos justas que aquellos sobre los que tienen autoridad. Pero la autoridad Divina está directamente vinculada a la madurez espiritual, y no puede separarse de ella. A menudo decimos a nuestros niños, "obedezcan a sus ancianos" porque los que son más viejos (en la vida natural) tienden a ser más maduros en su consejo, y de aquí que merecen nuestro respeto y sujeción (1 Ped. 5:5a). Sucede lo mismo en el reino espiritual.
Los que han crecido más en la vida espiritual poseen una medida más grande de autoridad Divina (por esta razón, una persona no puede ejercer autoridad espiritual a menos que ella misma esté bajo la autoridad de Dios). Un espíritu de servicio y una docilidad como de niño son signos seguros de una mayor madurez espiritual. Consideremos los siguientes textos que muestran ambas características:
- Os exhorto hermanos (ya conocéis a los de la casa de Estéfanas, que fueron los primeros convertidos de Acaya, y que se han dedicado al servicio de los santos), que también VOSOTROS ESTÉIS EN SUJECIÓN A LOS QUE SON COMO ELLOS, Y A TODO EL QUE AYUDA EN LA OBRA Y TRABAJA. Y me regocijo por la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido lo que faltaba de vuestra parte. Porque ellos han recreado mi espíritu y el vuestro. POR LO TANTO, RECONOCED A TALES PERSONAS. (1 Cor. 16:15-18 BA)
- Recibidlo, pues [a Epafrodito] en el Señor con todo gozo, Y TENED EN ALTA ESTIMA A LOS QUE SON COMO ÉL; PORQUE ESTUVO AL BORDE DE LA MUERTE POR LA OBRA DE CRISTO, ARRIESGANDO SU VIDA... (Fil. 2:29-30ª BA).
- Hermanos, les pedimos que SEAN CONSIDERADOS CON LOS QUE TRABAJAN ARDUAMENTE ENTRE USTEDES, y los guían y amonestan en el Señor. TÉNGANLOS EN ALTA ESTIMA, Y ÁMENLOS POR EL TRABAJO QUE HACEN... (1 Tes. 5:12-13 NVI)
- Los ancianos que dirigen bien SEAN TENIDOS POR DIGNOS DE DOBLE HONOR, ESPECIALMENTE LOS QUE TRABAJAN ARDUAMENTE EN LA PALABRA Y EN LA ENSEÑANZA... No admitas acusación contra un anciano a no ser que haya dos o tres testigos. (1 Tim. 5:17, 19 RVA)
- Acordaos de vuestros guías, QUE OS HABLARON LA PALABRA DE DIOS, y CONSIDERANDO EL RESULTADO DE SU CONDUCTA, IMITAD SU FE. (Heb. 13:7 BA)
- Fiaos [déjense persuadir] de quienes os dirigen, Y OBEDECEDLES; PUES ELLOS VELAN POR VUESTRAS ALMAS COMO QUIENES TIENEN QUE RENDIR CUENTAS. Así esto será para ellos tarea gozosa, y no llena de angustia, lo cual sería perjudicial para vosotros. (Heb. 13:7 LA BIBILIA Versión de Ausejo)
- Asimismo, vosotros los más jóvenes, ESTAD SUJETOS A LOS MAYORES... (1 Ped. 5:5)
Resulta claro que el NT manda a la comunidad creyente que tenga en estima y aprecie a los que trabajan incansablemente en el servicio espiritual. Tal estima es espontánea y ganada; jamás se debe de absolutizar o formalizar. El criterio del NT para el modelo de los roles, por consiguiente, siempre es funcional, y no formal. Aunque debemos valorar el servicio de los que ponen sus vidas por nosotros, es un grave error diferenciarlos formalmente del resto de la comunidad de los creyentes. (Es aquí donde falla la enseñanza de la "cobertura")
En efecto, el honor que un creyente recibe de la iglesia siempre es merecido; nunca es demandado o hecho valer. A este respecto, los que son verdaderamente espirituales no reclaman tener autoridad espiritual sobre los demás, ni se jactan de su labor espiritual y/o madurez. De hecho, la gente que hace tales reclamos revela su inmadurez. De esta manera, la persona que declara que él es "el hombre ungido de Dios de fuerza y poder para la hora presente" –o elogios similares- ¡prueba que no tiene ninguna autoridad!
Los que reciben estima en la iglesia son los que han probado que son siervos dignos de confianza –no en mera retórica, sino en la realidad (2 Cor. 8:22; 1 Tes. 1:5; 2 Tes. 3:10). El reconocimiento ganado y la confianza del Cuerpo no solamente son una señal de la propia autoridad espiritual, sino que es un antiséptico contra el Nicolaísmo de línea dura.
4. Las autoridades oficiales poseen autoridad hasta que son removidas de su oficio delegado, sin que para ello importe si han tomado decisiones sabias o injustas. El Rey Saúl, por ejemplo, retuvo su autoridad aun después de que el Espíritu de Dios se había apartado de él (1 Sam. 16:14; 24:4-6).
La autoridad Divina, por otra parte, opera solamente cuando Cristo está siendo expresado. Si un líder en la iglesia manda a un creyente que haga algo que no refleja la autoridad de la Cabeza (aún si viola o no una ley prescrita por Dios), no hay autoridad que respalde su mandato. Sólo Cristo tiene autoridad, y solamente lo que fluye de Su vida posee autoridad.
5. Las autoridades oficiales siempre están establecidas en una jerarquía. Pero la autoridad Divina nunca está relacionada con la jerarquía (Mat. 20:25-28; Luc. 22:25-27). De hecho, siempre que ésta se asocia con aquella se distorsiona y abusa. La imaginería jerarquía no sólo está ausente de la Escritura, sino que virtualmente conduce siempre a ideas falsas y prácticas enormemente dañinas.
Fundamentalmente, el problema de la autoridad en la ekklesía nace de una aplicación vergonzosamente superficial de las estructuras de la autoridad oficial a las relaciones en la iglesia. Esta aplicación errónea, basada en una mentalidad de liderazgo al estilo "una-talla-para-todos", en lugar de ayudar hace que cada esfera de la vida –ya sea el lugar de trabajo, el hogar o la iglesia- pierda su integridad incomparable.
En resumen, la autoridad Divina no fluye de arriba hacia abajo. Es decir, no funciona como una cadena de mando, al modo jerárquico. Al mismo tiempo, la autoridad Divina tampoco funciona de abajo hacia arriba, lo que significa que no va de la iglesia a la persona. Aún si una iglesia local decide dar autoridad a alguien para una tarea específica, no tendrá autoridad legítima si no refleja la mente de Cristo.
La autoridad Divina funciona de adentro hacia fuera. Cuando el Cristo que habita en el creyente dirige a alguien en particular o a un grupo de creyentes a hablar o actuar, están respaldados por la autoridad de la Cabeza. Ésta es la única autoridad que existe en el universo. Jesucristo, representado por el Espíritu que mora en el interior de los Suyos, es el manantial exclusivo, fundamento y fuente de toda autoridad. ¡Y no hay cobertura sobre Su Cabeza!
La Sujeción Mutua Siempre Está Enmarcada en el Amor
Hemos visto que la sumisión mutua es sumisión a la autoridad de Cristo. Cuando algún creyente está expresando la autoridad Divina en la iglesia, haremos bien en reconocerla y estar sujetos a ella. Rebelarse contra la autoridad Divina es rebelarse contra Cristo, porque no hay autoridad Divina sin Jesucristo como Su autor. En otras palabras, rechazar las palabras de alguien cuando éstas expresan el pensamiento de Dios es rechazar la autoridad Divina.
La sujeción que está cimentada en nuestra sumisión a Dios, que es el fundamento para todo en la senda espiritual, siempre está enmarcada en el amor. El amor siempre está abierto para aprender y escuchar lo que los demás tienen que decir. Al mismo tiempo, el amor está dispuesto a amonestar a los que flaquean, sin temor a que esto dañe la relación.
El amor rechaza la espiritualidad del tipo "hazlo por ti mismo", "estrella solitaria" y "trabaja por tu cuenta ", pero valora la interdependencia del Cuerpo. Se da cuenta de que al ser miembros los unos de los otros y de que poseemos el mismo linaje, nuestras acciones tienen un profundo efecto sobre los demás. El amor reprueba el Cristianismo individualista y privatizado, pero afirma su necesidad de los otros miembros del Cuerpo.
El amor es dulce, amable y agradable; sin embargo, cuando enfrenta los horrores del pecado, es perspicaz, combativo e inflexible. El amor es paciente, respetuoso y gentil, nunca es estridente, degradante o dictatorial. El amor repudia los reclamos de autoridad ostentosos y engreídos, mas está marcado profundamente con humildad y mansedumbre. El amor no es fláccido o sentimental, sino vivamente perceptivo y penetrante. Si bien el amor siempre ofrece sus recursos para ayudar a los demás, nunca manipula o impone su propia voluntad. El amor nunca se fuerza, se demanda o se obliga. Ya que la sujeción mutua siempre se expresa en amor, genera una cultura de seguridad y salvaguarda espiritual.
Mientras que el amor nos impele a aceptar la responsabilidad de ser los "guardas de nuestro hermano", prohíbe que nos convirtamos en entrometidos impertinentes. En efecto, somos llamados a representar la voluntad del Espíritu Santo los unos a los otros, pero nunca a sustituir Su Persona o reemplazar Su obra. En este respecto, la sujeción mutua no es una licencia para investigar los asuntos íntimos de nuestros hermanos para "asegurarse" de que están caminando correctamente.
En ninguna parte la Biblia da libertad a los Cristianos para examinar a sus hermanos acerca de sus inversiones financieras, cómo hacen el amor a su pareja, u otras áreas de intimidad. Esta clase de investigación innecesaria, que se practica a guisa de "responsabilidad legal" forma parte de las cosas de que están hechas las sectas autoritarias, y que finalmente convertirán a cualquier comunidad de creyentes en una olla de presión de inconformidad. (Por supuesto, si un creyente desea voluntariamente confiar a alguien más estos asuntos personales, no hay problema. Pero es una elección y no una obligación).
Nunca debemos perder de vista el hecho de que la Biblia concede un alto valor a la libertad Cristiana individual, y la privacidad (Rom. 14:1-12; Gál. 5:1; Col. 2:16; Stg. 4:11-12). Por consiguiente, el respeto por estas virtudes debe ser alto entre creyentes. A menos que exista una buena razón para sospechar que un hermano o hermana están en pecado, es profundamente anticristiano husmear y entrometerse en los asuntos domésticos. Como Cristianos, no debemos andar "metiéndonos en todo"... "y diciendo cosas que no convienen" (1 Tim. 5:13; 1 Ped. 4:15). Por la misma razón, si un creyente está luchando con algún "pecado oculto", el amor demanda que busque y reciba ayuda de la iglesia.
En resumen, la sujeción mutua a la autoridad Divina no es control, sino ayuda. Nunca debe congelarse en un sistema estático o formal. No es oficial, legal o mecánica, sino funcional, espontánea y orgánica. Cada vez que se transforma en una institución humana surge amenazador el peligro, no importa que nombre se le ponga.
En efecto, cuando invitamos a que otros entren a nuestra vida, dejamos abierta la puerta para que el Señor nos anime, corrija, motive y proteja. Es por esta razón que el libro de los Proverbios repetidamente acentúa que en "la multitud de consejeros hay seguridad" (Prov. 11:14; 15:22; 24:6). El amor, pues, es el paraguas Divino que proporciona protección espiritual (gracias a Dios que no es tan estrecha como los corazones de algunos que están bajo su protección). A fin de cuentas, solamente el amor tiene una "cobertura" de poder (Prov. 10:12; 17:9; 1 Ped. 4:8).
El Costo de la Sujeción Mutua
Ya que la sujeción mutua es radicalmente diferente de la subordinación unilateral a las estructuras autoritarias, no debe confundirse con el igualitarismo altamente individualista, moralmente relativo y tolerante que distingue al pensamiento postmoderno. La sujeción mutua es costosa. Enfrentémoslo, a nuestros egos no les gusta sujetarse a nadie. Como criaturas caídas, queremos hacer lo que a nuestros propios ojos está bien sin la interferencia de los demás.
La proclividad a rechazar la autoridad Divina está profundamente arraigada en nuestra naturaleza Adámica (Rom. 3:10-18). Por esto, recibir corrección, admonición y censura de otros mortales es difícil y arriesgado. La Escritura nos dice que un hermano que se ofende es más difícil de ganar que una ciudad amurallada (Prov. 18:19). De aquí que la dificultad de corregir a los demás, junto con el temor a la confrontación, hace muy penoso para nuestra carne obedecer al Señor en áreas donde debemos expresar Su autoridad. Es mucho más fácil dejar pasar las cosas y orar por nuestros hermanos equivocados, que confrontarlos amorosamente.
Todas estas cosas subrayan el hecho asombroso de que el amor debe gobernar nuestra relación con los demás, porque si amamos a los hermanos, nos sujetaremos a su consejo y amonestación. Asimismo, seremos constreñidos a corregirles en un espíritu de mansedumbre cuando los veamos errar. En el fondo, el camino del amor es siempre el camino de la cruz.
La Importancia de Conocer a Dios Como Comunidad
Ya que la sujeción mutua está enmarcada en el amor, tiene sus raíces en la misma naturaleza de la Deidad. Por naturaleza, Dios es Comunidad. Es decir, el Dios único incorpora una Comunidad de tres Personas que eternamente comparten sus vidas una con la otra (a esta verdad se le conoce históricamente como la Trinidad).
Dentro de la Deidad, el Padre se derrama en el Hijo, el Hijo se da a Sí mismo sin reservas al Espíritu, y el Espíritu se ofrece a Sí mismo al Padre. Y dentro de esta danza Divina de amor y sujeción, no existe jerarquía. Hay solamente sacrificio y sujeción mutuas. (Juan 14:28 y 1 Cor. 11:3 no contradice este principio, porque estos textos tienen a la vista la sujeción voluntaria del Hijo al Padre como la parte que le corresponde en esta relación de mutua sujeción).
El mutuo compartir que ocurre consistentemente en la Deidad es la piedra angular del amor, y es la razón misma por la que Juan pudo decir que "Dios es amor" ( 1 Jn. 4:8). Si Dios no fuera Comunidad, no podría haber habido nadie a quien Él amara antes de la creación, por el hecho de que amar requiere la presencia de dos o más personas. La iglesia, como la comunidad del Rey, debe reflejar la relación recíproca de amor que ocurre dentro de la Deidad. Y ya que no hay jerarquía en la Deidad, tampoco la hay en la ekklesía. Existe solamente sujeción mutua gobernada por una preocupación que lleva al auto-sacrificio.
El NT es muy explícito cuando usa el tema de la familia para aplicarlo a la iglesia. Por naturaleza, la iglesia es una extensa familia –una comunidad que cara a cara examina mutuamente sus valores, discute mutuamente sus sentimientos, confiesa mutuamente sus pecados, y conversa mutuamente sobre sus decisiones pendientes. Dentro del entorno familiar de la iglesia, la sujeción mutua y la responsabilidad de darnos cuentas crean unidad, construyen el amor, proveen estabilidad, fomentan el crecimiento y dan un significado más rico a la vida Cristiana. Por contraste, en las jerarquías, la sujeción y la responsabilidad legal son típicamente punitivas y legalistas. Por estas razones, las jerarquías generalmente producen temor, inseguridad, sospecha, dominación y control.
Ya que la iglesia local es un clan familiar , debe seguirse un modelo circular de poder y autoridad en vez de uno vertical. El enfoque del NT al liderazgo de la iglesia enfatiza el poder a favor de y el poder entre en vez del poder sobre; la concesión de poder a todos en vez de a unos pocos; relaciones en vez de programas; vinculación en vez de separación; conexión en vez de aislamiento; organismo en vez de organización, participación en vez de la pasividad del espectador; integración en vez de fragmentación; solidaridad en vez de individualismo; espíritu de servicio en vez dominación; interdependencia en vez de independencia; y enriquecimiento en vez de inseguridad.
Nuestra cultura estimula la confianza en uno mismo, la auto suficiencia, el individualismo y la independencia, pero todas estas cosas son incompatibles con la ecología de la iglesia del NT. Ya que Dios es Comunidad, nosotros como hijos de Dios fuimos diseñados para vivir en comunidad. Nuestra nueva naturaleza (por medio de la regeneración) nos llama a esto. Así que, nosotros los Cristianos no somos seres aislados, extrínsecos. Como el Dios Triuno, somos comunitarios y desarrollamos relaciones intrínsecas con los demás. Mientras que la doctrina moderna de la "cobertura" oscurece esta visión luminosa, el principio de la sujeción mutua la pone en un marcado relieve.
En palabra sencillas, la naturaleza Trinitaria de Dios es fuente y modelo para toda comunidad humana. Y es dentro de la relación de amor que ocurre en el seno de la Deidad que el principio de la sujeción mutua encuentra su verdadero valor. La sujeción mutua, por consiguiente, no es un concepto humano. Surge de la naturaleza comunitaria y recíproca del Dios eterno. Y es esta misma naturaleza que la ekklesía es llamada a llevar. De esta manera, la sujeción mutua nos capacita para contemplar el rostro de Cristo en la misma trama y urdimbre de la vida de la iglesia.
Tomando prestado el lenguaje de cierto escritor, el concepto de autoridad y sumisión presentado en este capítulo puede resumirse de esta manera: "Otorga más autoridad a la iglesia que la que Roma da, confía más al Espíritu Santo que el Pentecostalismo, tiene más respeto por el individuo que el Humanismo, hace de los estándares morales algo más obligatorio que el Puritanismo, y está más abierta a cualquier situación dada que la ‘Nueva Moralidad’".
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