CAPÍTULO 4
COBERTURA DENOMINACIONAL
En contraste con el principio Bíblico de la sujeción mutua, la noción de "responsabilidad denominacional" es realmente una ficción. En su esencia, la "cobertura denominacional" está construida sobre la idea supersticiosa de que si Yo pertenezco a una organización denominacional, estoy de alguna manera "cubierto" o "protegido" mágicamente del error. Pero el hecho de que la gente en el sistema denominacional rutinariamente está equivocada al pensar así, es prueba indiscutible de que esta idea es una mera charada. La noción de que de alguna manera estoy cubierto por estar conectado en mi "responsabilidad legal" con una remota organización o un individuo (como la iglesia Católica Romana lo está con el Papa) es una falacia.
La única protección del error está en someterse a la dirección del Espíritu de verdad (1 Jn. 2:20,27) y en sujetarnos atentamente a aquellos creyentes maduros y dignos de confianza a quienes conocemos personalmente, porque el consejo de los sabios nos ayuda a discernir qué es lo que nos mueve. Por consecuencia, la idea de Dios con respecto a la responsabilidad legal funciona de persona a persona, ¡no del clérigo a la persona! La protección espiritual viene de la relación con el Espíritu y la conexión con otros Cristianos. En esto está el temple y el espíritu de la comunidad del NT. Por contraste, el complicado y reglamentado sistema oficial de la responsabilidad legal al estilo encima/debajo es un sustituto artificial de la sujeción mutua. Como resultado, la enseñanza Bíblica con respecto a la sujeción mutua continua siendo oscurecida en la niebla de la intelectualidad clerical al calor y vigor de los debates entre facciones.
La Tiranía del Status Quo
Trágicamente, los que se atreven a poner a prueba los soportes Bíblicos de la doctrina de la "cobertura" saben que pueden echar abajo los motores retóricos del clero y ven volar chispas. La espantosa verdad es que las gentes que cuestionan la autoridad eclesiástica hacen estremecer al sistema clerical. Como resultado, se les denigra, difama y estigmatiza como "herejes", "agitadores", "perturbadores", "alborotadores", "entremetidos no autorizados" y "rebeldes insumisos". Semejante invocación de la retórica religiosa está planeada para sofocar la reflexión y quitar del camino a los que manifiestan una disconformidad honesta con el status quo. Por consiguiente, la casa de Dios todavía sufre por los que, animados de un espíritu de censura, expulsan de la sinagoga del Señor a los que son preciosos a Sus ojos, y cierran la puerta de la casa a los miembros de la familia (3 Jn. 9-10).
Los que usurpan la autoridad a menudo se deshacen en elogios elocuentes acerca de cómo ellos salvaguardan a las ovejas de Dios de los peligros del aislamiento y el individualismo (y muchos de ellos en realidad creen esto). Es evidente que las sectas se multiplican interminablemente porque algunos se aíslan del Cuerpo de Cristo y siguen sin reservas las ideas y pensamientos de un líder u organización. Irónicamente, sin embargo, la "cobertura denominacional" está mucho más cerca de la noción torcida de liderazgo amo/esclavo que distingue a las sectas que del modelo Bíblico de la sujeción mutua dentro de la asamblea local. Esto se debe a que el modelo Bíblico enfatiza la sujeción de los unos a los otros en contraste con la obediencia absoluta a un líder humano, personal u organización.
Para poner de relieve un punto aún más fino de este asunto, la doctrina de la "cobertura" se usa muy frecuentemente como un garrote para rechazar y acabar con aquellas iglesias que no están bajo una bandera denominacional. La utilizan los grupos religiosos partidistas como una arma temible para asegurar el terreno teológico. Esta arma ha sido provista por la intolerancia y el fanatismo sectarios y ha provocado la fractura de la comunión del pueblo de Dios, cortando en pedazos al Cuerpo de Cristo, y reduciendo a la iglesia a astillas. El moderno pantano denominacional ha contaminado el paisaje Cristiano, convirtiendo al "un Cuerpo" en una entidad trágicamente dividida con una tradición que lo estrangula.
No cabe la menor duda de que muchos defensores del denominacionalismo creen que este sistema es inofensivo. En su opinión, las diferentes denominaciones meramente representan a las distintas partes del Cuerpo de Cristo. Pero el sistema denominacional es ajeno al NT e incompatible con la unidad Cristiana, porque está basado en divisiones que son Bíblicamente injustificables (1 Cor. 1-3). En efecto, el denominacionalismo se deriva de una visión fracturada del Cuerpo de Cristo. (Vea mi libro, Rehaciendo los Nuevos Odres, para mayores detalles).
El Gobierno de la "Madre Iglesia"
Virtualmente cada iglesia que nació dentro de los primeros quince años a partir de Pentecostés fue engendrada por la iglesia de Jerusalén. Sin embargo, estas nuevas iglesias no tenían una relación formal ni subordinada con la asamblea de Jerusalén. En este respecto, el NT siempre describe iglesias locales autónomas pero fraternalmente relacionadas. Esto significa que en la mente de Dios, cada iglesia local, aunque es una en vida con todas las demás iglesias, es independiente, se gobierna a sí misma, y es responsable solamente ante Dios con respecto a sus decisiones. De aquí que el concepto de una "madre iglesia" que gobierna o de una sede denominacional no solamente está basado en una interpretación acartonada de la Escritura, sino que es inherentemente partidista. (Esto no quiere decir que estamos dando el golpe de muerte al denominacionalismo per se, sino que deseamos sacar a la luz el problema esencial que está detrás de él y criticarlo de una manera constructiva).
Nunca fue el deseo de nuestro Señor que las asambleas locales se combinaran para formar una organización denominacional, una super federación, una asociación organizada o un centro de control diocesano. Por el contrario, el principio Escritural afirma que cada iglesia local debe ser independiente cuando toma decisiones y en su supervisión. Esto puede verse con toda claridad en las palabras de nuestro Señor a las siete iglesias de Asia en las que cada iglesia fue tratada específica y singularmente de acuerdo a sus propios problemas peculiares (Apoc. 1-3). Esto también se subraya en las epístolas de Pablo en las que trató consistentemente a cada asamblea local como un organismo autónomo que se gobierna a sí mismo. De acuerdo a Pablo, cada asamblea local era directamente responsable de obedecer la palabra Divina (1 Cor. 11:2; 2 Tes. 2:15; 3:6) y debía rendir cuentas directamente a Dios (Efe. 5:24; Col. 1:9-10).
Por lo tanto, es un craso error tejer iglesias locales con el hilo del federalismo religioso. Sin duda, cada iglesia local está bajo la misma Cabeza y es una en vida. Por esta razón, cada una debe cooperar con las demás, aprender de ellas y ayudarse una a otra en la medida de lo posible (Hech. 11:28-30; Rom. 15:25-29; 2 Cor. 8:1-14; 1 Tes. 2:14). Ésta era la práctica de las asambleas primitivas (Rom. 16:1; 1 Cor. 16:19; 2 Cor. 13:13; Fil. 4:22). Además, cada asamblea local está obligada a seguir la tradición que los apóstoles establecieron en "cada iglesia" (1 Cor. 4:16-17; 7:17; 11:16; 14:33; 16:1; 1 Tes. 2:14). De esta manera, si una iglesia local se pone a trabajar por su propia cuenta en una línea meramente individualista en lo que respecta a sus prácticas eclesiásticas, esto significará que se ha apartado del principio Divino.
Al mismo tiempo, Dios tiene el propósito de que cada iglesia local desarrolle su propia supervisión y ministerio y que no se una a otras iglesias en una organización externa. Mientras una iglesia local esté siguiendo los principios generales formulados en el NT para la vida corporativa ( = la tradición apostólica), el Señor indudablemente conducirá a cada asamblea en una dirección diferente con respecto a cómo debe de dar testimonio especial a su comunidad. De modo que hay una relación espiritual y de ayuda entre las asambleas locales, pero cada iglesia es responsable directamente a su Cabeza (Cristo) y está bajo Su control inmediato (Incidentalmente, la Biblia nunca se refiere a un ser humano como "cabeza" de una iglesia. Este título pertenece exclusivamente a Jesucristo).
Mientras que las iglesias locales tienen un fuerte vínculo interno que las une en Cristo, mantienen una fuerte independencia local en su organización. Esto significa, entre otras cosas, que es antibíblico que una asamblea local dirija o discipline a otra asamblea. En la mente de Dios, una iglesia no tiene derecho a regular, controlar o entrometerse en los asuntos, enseñanzas o prácticas de otra. (El sistema denominacional viola todos estos principios). Para resumir, la unidad y relación de las iglesias preserva el testimonio de que el cuerpo es uno, mientras que la independencia y autonomía de las iglesias preserva el testimonio de que la Cabeza es soberana.
La Cuestión de Hechos 15
Como contra argumento, algunos han tratado de sacar de Hechos 15 un precedente Bíblico de la idea de una "madre iglesia" que gobierna. Pero un análisis cuidadoso de este texto muestra decisivamente que ésta es una aplicación injustificada que no concuerda con el resto del NT. En apariencia, podría parecer que Pablo y Bernabé fueron a la iglesia de Jerusalén porque ésta tenía una autoridad unilateral sobre todas las demás iglesias. Sin embargo, esta noción se hace pedazos cuando el capítulo se lee en su conjunto.
Pablo y Bernabé fueron impulsados a visitar Jerusalén a causa de una enseñanza errónea que se había originado en la iglesia de esa ciudad (Hech. 15:1-2,24). Si la falsa enseñanza hubiera salido de la iglesia de Antioquia, ellos habrían ido a Antioquia para tratar de esto allí. No obstante, ya que la doctrina había salido de la asamblea de Jerusalén, Pablo y Bernabé fueron a los ancianos de Jerusalén a determinar quién había introducido la falsa enseñanza. A su llegada, aquellos miembros de la iglesia que habían afirmado esta doctrina fueron identificados (15:4-5). Esto llevó a un concilio de la iglesia local que repudió públicamente la doctrina (15:6ss.). La decisión alcanzada por el concilio, que incluyó la aprobación de los doce apóstoles, de los ancianos y de toda la iglesia, se hizo circular en las iglesias Gentiles, por si éstas algún día llegaran a enfrentar el mismo asunto perturbador. La decisión llevaba la autoridad de Dios porque el Espíritu Santo la había inspirado (15:28; 16:4), y las iglesias la recibieron con alegría (15:23,28,31).
Tratar de ver algo más en este relato evidencia el error de no tomar en cuenta seriamente los aspectos históricos específicos que están detrás de la narración. Es un ejemplo de cómo se pueden introducir los propios prejuicios en el texto en vez de obtener de él sentido y dirección. En una palabra, la idea de una "madre iglesia" autoritativa carece de fondo Escritural, y el relato no la sustenta. Sin duda, la iglesia de Jerusalén fue amada, apreciada y socorrida por otras asambleas (Rom. 15:26-27; 2 Cor. 9:11-13). Pero no hay nada en el NT que nos lleve a creer que la iglesia de Jerusalén poseía autoridad suprema y que todas las demás iglesias estaban subordinadas a ella. Por el contrario, cada iglesia local era autónoma y directamente responsable a Dios, no estando subordinada a ninguna otra.
En este respecto, el sistema denominacional no sólo es una mala copia del ejemplo Escritural, sino que viola activamente el principio espiritual. El denominacionalismo ha sido usado por sus partidarios religiosos para fragmentar el Cuerpo de Cristo; ha alienado eficazmente a la familia de Dios; ha desintegrado la estructura de nuestra hermandad espiritual convirtiéndola en un interminable embrollo de partidos religiosos; y ha engendrado miles de clanes en la familia de Cristo que existe sobre la tierra y que es sólo Una.
El Denominacionalismo es Contraproducente
Otro problema que presenta el sistema denominacional moderno es que aplasta lo que afirma proteger y preservar. Derriba eficazmente con lo que pretende edificar. El denominacionalismo Protestante, al igual que el celo sectario mal orientado que impulsa al Catolicismo Romano, se han deteriorado hasta convertirse en una institución humana que chasquea el látigo del despotismo ante sus disidentes, defiende solícitamente a sus adeptos, y condena a otros por supuestas violaciones doctrinales.
Es por esta razón que Pablo se enciende contra los Cristianos de Corinto cuando se asignaban a sí mismos algún nombre y se deslindaban unos de otros en campos separados dentro de la misma comunidad (1 Cor. 1:11-13; 3:3-4). Hoy en día no es menos escandaloso que a la familia de Dios se le imponga con violencia la camisa de fuerza partidista de la ortodoxia religiosa. (Debe notarse que muchas de las iglesias así llamadas no- denominacionales, inter-denominacionales y post- denominacionales son tan jerárquicas y sectarias como las grandes y antiguas denominaciones. De aquí que éstas también pertenecen al "sistema denominacional").
Pero es aun más sorprendente que el sistema denominacional realmente perpetúa la herejía –la misma cosa que afirma refrenar. Vale la pena pensar en esto. Si la naturaleza autónoma de cada iglesia se preservara, la propagación del error se localizaría en su mayor parte. Pero cuando una sede denominacional se infecta de una falsa enseñanza, cada iglesia conectada con ella cae en la misma falsedad y la herejía se difunde.
Además, cuando cada iglesia es autónoma, es más difícil que algún falso maestro ambicioso surja y tome el control de un grupo de asambleas. Cuando las iglesias son independientes y no están afiliadas de manera organizacional, la "figura de un Papa" es prácticamente una imposibilidad. Pero esto no ocurre así en una denominación, donde todas las iglesias relacionadas están en pie o caen. Puede discutirse más profundamente si formar una denominación es cometer una herejía. El pecado de herejía [Griego: haíresis] consiste en seguir los propios dogmas. En consecuencia, una persona puede ser un hereje con respecto a la verdad si la usa para fracturar el Cuerpo de Cristo.
Mientras que la iglesia institucional moderna puede jactarse de estar "cubierta" por una denominación, en realidad se permite mucho menos el "dar cuentas" cara a cara que en la mayoría de las iglesias no tradicionales que se reúnen de acuerdo a las líneas trazadas por el NT. En la típica iglesia evangélica, se dice que el pastor "cubre" a la congregación. Pero en la mayoría de las iglesias de esta clase, el grueso de la congregación apenas si conoce al pastor, y mucho menos se conocen el uno al otro. No es raro que los que "los cristianos practicantes" empleen menos de tres frases cuando se dirigen a otra persona en un típico servicio de Domingo en la mañana. En contraste, en la asamblea del NT, todos los hermanos se conocen uno a otro íntimamente, y esto incluye a sus líderes (1 Tes. 5:12a).
Viendo todo esto en conjunto, la "cobertura denominacional" es artificial y nominal, y está confinada a los límites seguros de su propia inherente superficialidad. El deseo de Dios es que Su pueblo encarne los valores de la vida y la enseñanza de Su Hijo en una comunidad en la que pueden estar cara a cara íntimamente. Y este deseo constituye lo más preciado de Su propósito eterno (Efe. 2:18-3:11). En una palabra, la sujeción mutua preserva a la iglesia como una comunidad estrechamente unida, mientras que la "cobertura" denominacional la convierte en una sociedad jerárquica.
Una Palabra Acerca de la Ortodoxia Cristiana
Es muy claro que el mero empleo de estructuras eclesiásticas tradicionales como el sistema del pastor del Protestantismo, el sistema sacerdotal del Catolicismo Romano y el sistema denominacional de la Cristiandad, jamás podrán salvaguardar al pueblo de Dios del error doctrinal. Poniendo entre paréntesis al gran número de iglesias independientes que se han apartado de la ortodoxia Cristiana, muchas denominaciones guiadas por clérigos han seguido el mismo camino (la Sociedad de la Torre del Vigía ["Testigos de Jehová"], el Camino Internacional, los Santos de los Últimos Días ["Mormones"], etcétera.).
Además de la sujeción mutua, la enseñanza Cristiana histórica con respecto a las doctrinas esenciales de la fe juega un papel crucial guardando a la asamblea local en el sendero Escritural. A través de los siglos, los Cristianos han preservado las creencias medulares de nuestra fe. Estas creencias se han estructurado en forma de credos en medio de una plétora de herejías doctrinales. El Credo de Nicea, el Credo de los Apóstoles y otros más, no pertenecen a alguna tradición eclesiástica o denominación. Más bien, son la herencia de todos los Cristianos genuinos, y reflejan adecuadamente la voz unificada de la iglesia a lo largo de su historia. (Aunque el lenguaje utilizado en los credos tempranos suena arcaico a nuestros modernos oídos, sus significados reflejan la enseñanza Bíblica histórica).
Para decirlo de otro modo, los Credos Ecuménicos encarnan lo que C. S. Lewis llamaba Cristianismo y nada más, es decir, "la creencia que ha sido común a casi todos los Cristianos en todos los tiempos". Mientras que los credos por sí mismos no son un disuasivo suficiente para no caer en el error doctrinal, sirven como signos para alertarnos si nos estamos desviando de la sana enseñanza. Aunque los credos no deben verse como declaraciones teológicas perfectas, funcionan como señales en el camino indispensables para nuestra fe común. Los credos no sustituyen a la Escritura, ni están más allá de ser ampliados. Pero cuando se los maneja adecuadamente, ayudan a salvaguardar la doctrina pura.
Por consiguiente, las modernas congregaciones Neotestamentarias y las "iglesias hogar" deben valorar los instrumentos útiles que nuestros antepasados espirituales nos legaron en su búsqueda por seguir fielmente a Cristo. Estos instrumentos están representados en las confesiones de la iglesia primitiva (p.ej. los Credos Ecuménicos). Constituye un grave error despreciar indiscriminadamente sus contribuciones simplemente porque algunos de ellos formaban parte de la "iglesia organizada" de sus días.
No olvidemos que cada uno de los principios Escriturales que todos tenemos en alta estima fue defendido y compilado formalmente por aquellos que estaban dentro de las estructuras eclesiásticas institucionales. Esto último no les impidió juntar sus voces a las de los apóstoles con respecto a los sagrados oráculos de Dios. (Recordemos que el Cuerpo de Cristo incluye a todos los Cristianos de cualquier época, sin importar a qué asamblea local pertenezcan).
Por esta causa, el llamado a recobrar la ecología de la iglesia del NT no incluye una convocatoria a reinventar la rueda religiosa en cada tema teológico. Tampoco incluye un rechazo a todo lo que nos ha sido transmitido por nuestros antepasados espirituales. Más bien, toma partido por toda voz del pasado que ha permanecido fiel a la revelación apostólica, no importa a qué segmento de la iglesia histórica pudo haber pertenecido en aquel tiempo.
Si bien las asambleas modernas del NT deben marcar nuevas fronteras a medida que se mueven a la realización del propósito eterno de Dios, sólo podrán hacerlo en la senda de la ortodoxia Bíblica. La iglesia primitiva estaba enraizada en el fértil suelo de la verdad Cristiana. Y permanecer en ese suelo requiere que estemos sobre los hombros de los que han estado antes de nosotros.
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