CAPÍTULO 6
RESUMEN Y CONCLUSIÓN
Cuando nuestro Señor estaba en la tierra, los líderes religiosos de Su día lo acosaron con la polémica pregunta: "¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te dio esa autoridad?" (Mat. 21:23). Irónicamente, no pocos de la clase dirigente religiosa de nuestros días están haciendo la misma pregunta a los sencillos discípulos que se reúnen en torno a Cristo nada más, sin control clerical o partidismo denominacional. ¿"Quién es tu cobertura?" es esencialmente la misma pregunta que "¿Con qué autoridad haces esto?".
Como hemos podido ver, esta pregunta tiene su origen en una falsa interpretación de la Escritura. En el fondo, la noción moderna de "cobertura" eclesiástica es un eufemismo de "control" apenas disimulado. Por esta razón, es una pobre representación de la idea de Dios de la sujeción mutua y representa una enorme desviación del principio del NT. Mientras que los que siguen el ejemplo de la iglesia institucional insisten en ella a voz en grito, todos los Cristianos del primer siglo, sin duda, la repudiarían.
Las divisiones ideológicas, herejías doctrinales, independencia anárquica y el subjetivismo individualista son problemas severos que atormentan al Cuerpo de Cristo en nuestros días. Pero la "cobertura" denominacional/clerical es mala medicina para purgar la patología de estos males. En realidad, esta clase de "cobertura" es un síntoma del mismo problema disfrazado de solución. Como tal, agrava el problema de un individualismo e independencia tenaces, desdibujando la distinción entre autoridad oficial y Divina, creando una falsa sensación de seguridad entre los creyentes e introduciendo más divisiones en el Cuerpo de Cristo.
Esto es tan grave que la doctrina de la "cobertura" inocula al sacerdocio de los creyentes, impidiéndole que asuma la responsabilidad ordenada por Dios para servir y funcionar en asuntos espirituales. Deliberadamente o no, la enseñanza de la "cobertura" llena de temor a los corazones de multitudes de Cristianos, llevándoles a creer que si asumen su responsabilidad en las cosas espirituales sin el conocimiento del clérigo, serán presa fácil del enemigo. La enseñanza contiene una amenaza implícita de que los "descubiertos" serán acusados de todas las cosas horribles que podrían ocurrir. En este respecto, pocas cosas paralizan tanto al ministerio del Cuerpo que esta doctrina de la "cobertura".
Si tratamos de ingeniárnosla para sanar los males de la iglesia empleando una técnica de "cobertura", terminaremos con un padecimiento que es peor que las enfermedades que se pretenden curar. La enseñanza de la cobertura trae consigo tonos, texturas y resonancias muy específicas que poco tienen que ver con Jesús, Pablo o cualquiera de los otros apóstoles. Aunque permite rascar una comezón peculiarmente moderna, es ajena al método elegido por Dios para mostrar Su autoridad. Por lo que el antídoto espiritual para los males de la herejía, independencia e individualismo es, por una parte, la sujeción mutua al Espíritu de Dios y, por la otra, de los unos a los otros por reverencia a Cristo. Nada menos que esto puede proteger al Cuerpo de Cristo o sanar sus llagas abiertas.
La Sujeción Mutua es Natural a la Vida Cristiana
No nos equivoquemos. Si estamos funcionando de acuerdo al deseo de Dios, estaremos mutuamente sujetos a los hermanos con quienes nos reunimos. Y con mucho gusto recibiremos ayuda y consejo de los hermanos que pudieran no vivir en nuestra comunidad, pero que nos llevan la delantera en Cristo y hayan probado que son obreros dignos de confianza en la viña de Dios.
Bien entendida, la sujeción mutua no es idealista; es práctica y vital. Existe cuando una piedra viviente de la casa del Señor recibe humildemente de una manera viva ayuda y consejo de otras piedras vivientes. Se deriva de la conciencia sobria de que ya que estoy conectado con mis hermanos y hermanas en Cristo, mis acciones y actitudes afectan profundamente a las suyas. De este modo, la sujeción mutua crea una cultura que tiene en estima el liderazgo espiritual sin absolutizarlo o convertirlo en un instrumento de opresión o control.
Cuando las "relaciones de consejo" y las "sociedades de responsabilidad legal" son gobernadas por la sujeción mutua, son espiritualmente sanas y mutuamente enriquecedoras. Y no tienen ningún parecido con la práctica moderna de la "cobertura" jerárquica.
Un Testimonio Personal
Como uno que ha conocido varias iglesias desde 1980 y que ha buscado reunirse de acuerdo a los lineamientos del NT, he experimentado el inmenso beneficio de la sujeción mutua. En particular, he descubierto la seguridad que surge cuando someto asuntos cruciales de mi vida y ministerio ante la opinión de la asamblea local y al esperar un consenso antes de ir adelante.
También he sido ayudado tremendamente por aquellos probados y esforzados obreros Cristianos en otros lugares con quienes he desarrollado relaciones. Si bien no hay ni el más leve indicio de alguna relación oficial o formal entre nosotros, gozosa y abiertamente recibo consejo de ellos siempre que me enfrento con un asunto difícil –he madurado para confiar en su discernimiento. Muchas veces sus consejos confirmaron lo que el Señor me había revelado personalmente. En otras ocasiones, Dios les usó para ajustar mis pensamientos cuando descubría algún flanco débil en mi vida. Cierto es que de no haber atendido a sus consejos en aquellas ocasiones, habría naufragado en aguas tormentosas. Por la misma razón, estos hermanos han sido suficientemente humildes para recibir ayuda de mí (afirmando así que la sujeción espiritual siempre es mutua).
Estas relaciones son maravillosamente refrescantes y espontáneas por naturaleza, y son increíblemente informales. Las relaciones de esta clase son vitalmente necesarias para mantener y profundizar el desarrollo espiritual. Además, hacen que crezca nuestro amor por Cristo y por los demás y nos salvaguardan del error. También mantienen un balance delicado entre los exclusivistas y los que dependen patológicamente de otros seres humanos; porque cuando se deifica a los que crean relaciones caracterizadas por mandamientos, éstas terminan desembocando casi siempre en idolatría. Al mismo tiempo, cuando éstas están ausentes o se rompen, conducen a una alineación atroz.
La sujeción mutua discrepa de aquellos sistemas que crean un contexto donde la gente termina obsesionándose de las relaciones y de los que promueven un aislamiento enfermizo del Cuerpo de Cristo.
El Punto Esencial de Este Asunto
Por último, deseo resaltar la razón del por qué esta discusión acerca de la "cobertura protectora" merece el tiempo y el esfuerzo que le he dedicado: Afecta fundamentalmente la Jefatura ejecutiva del Señor Jesucristo. Las falsas interpretaciones y aplicaciones del liderazgo, autoridad y responsabilidad legal finalmente ahogan el Señorío de Jesús en Su iglesia.
Esto explica por qué estos asuntos son tan delicados. Satanás sabe que si puede engañar al pueblo de Dios en estos puntos, entonces puede suplantar el lugar legítimo de Jesús en la comunidad de los creyentes y así frustrar el pleno propósito de Dios. Por consiguiente, el intento de examinar críticamente la enseñanza de la "cobertura" y todo lo que está estrechamente ligado con ella es más que un mero ejercicio teológico. Toca el mismo propósito de Dios –un propósito que se ocupa por completo de la soberanía absoluta y supremacía de Jesús en Su iglesia.
La sujeción mutua ayuda a subrayar el motivo central de la Biblia, que es la preeminencia universal de Cristo (Efe. 1:9-10; Col. 1:15-20). Cuando la iglesia aprende a sujetarse a Jesucristo en todo, entonces se cumplirá el eterno propósito de Dios de hacer que todas las cosas estén sujetas en obediencia a Su Hijo (Col. 1:18). Como los "primeros y mejores frutos de la creación" (Stg. 1:18), nosotros los Cristianos debemos aprender primero a sujetarnos a la autoridad Divina. A medida que lo hagamos, toda la creación seguirá el ejemplo. Esto es lo que hace que la sujeción a la autoridad de Dios sea preciosa y significativa.
Un Llamamiento Final
Sinceramente espero que lo que he presentado en este libro ayudará a desmantelar las barreras sectarias que se derivan de la doctrina moderna de la "cobertura". Por lo menos, confío en que mis lectores serán provocados a repensar sus nociones de "entregar cuentas" o "responsabilidad legal" y la examinarán en una luz más plena. En una palabra, corremos graves riesgos espirituales siempre que actuamos condenatoria y petulantemente hacia las iglesias y ministerios que han escogido no plegarse a una denominación o a una institución religiosa.
Por consiguiente, en vez de repetir clichés como el de "no cobertura" y elogiar irreflexivamente ciertas expresiones populares como "responsabilidad legal", mejor vamos a reconocer la unción y la vida del Señor en nuestras congregaciones y ministerios que Él ha bendecido, en vez de cancelarlas porque no encajan en los estilos de liderazgo que nos hemos inventado. También tengamos un poco más de cuidado cuando hablemos acerca de estos asuntos y cesemos de hacer declaraciones inclusivas acerca de la "cobertura" y "la responsabilidad legal" que están basadas en un mal uso del NT.
En nuestros días el Señor está buscando recobrar plenamente el plan original de la vida corporativa de Su amado pueblo. Nos convoca a que recibamos la medida íntegra del vino nuevo de Su Espíritu, y nos invita a desechar los viejos odres agujereados que han estorbado su fluir.
No cometamos el mismo error de nuestros antepasados de hace ya varias décadas cuando el Señor estaba haciendo el mismo llamado. (A partir de 1970 el Señor levantó muchas congregaciones e iglesias en las casas según el modelo del NT en, virtualmente, cada parte de la Unión Americana), Es decir, no seamos sometidos por los mismos conceptos erróneos de autoridad, sumisión y responsabilidad legal que ellos abrazaron. Estas mismas equivocaciones causaron la desaparición de muchas, si no de la mayoría, de estas expresiones florecientes de la vida de la iglesia primitiva. Que no ocurra así en nuestros días. Mientras que estamos sujetos a las mismas debilidades como los que fueron antes de nosotros, no hay razón del por qué tengamos que sucumbir a sus errores. Si tenemos que cometer errores. Cometamos otros nuevos.
Quizás una metáfora final nos ayudará a resumir lo que he tratado de comunicar en las páginas anteriores. Podemos comparar la sujeción mutua con la buena música. Cuando la sujeción mutua funciona en el contexto de una humildad inteligente y una profunda fidelidad a la Jefatura de Cristo, se produce una hermosa melodía que resuena con la dulce armonía del canto del NT. Pero cuando se le reemplaza por los sistemas jerárquicos que caracterizan al el espíritu de los Gentiles , su sonido se desvirtúa en menoscabo de sus oyentes. Peor aún, cuando se le rechaza en favor de los pecados posmodernos del individualismo e independencia recalcitrantes, su timbre y tono cesan por completo y la muerte helada del silencio está en su amanecer.
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