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CAPÍTULO 1
MODELOS DE LIDERAZGO
Si vamos a las raíces de la doctrina moderna de la "cobertura", descubriremos que descansa sobre una noción jerárquica de liderazgo y autoridad repleta de altos cargos. Esta noción fue tomada de las estructuras que pertenecen al sistema de este mundo en vez del reino de Dios. Como tal, carece de fundamento Bíblico y es inválida.
Expliquemos esto un poco más. La estructura de liderazgo jerárquico que caracteriza a la iglesia Occidental, se deriva de lo que podríamos llamar una mentalidad posicional. Esta manera de pensar otorga autoridad en términos de espacios para llenar, descripciones de trabajo objetivas que realizar, títulos para lucir, y rangos que hacen valer sus privilegios. La manera de pensar posicional muestra un gran interés en estructuras explícitas de liderazgo, oficios y jerarquías. De acuerdo a este marco, "pastor", "anciano", "profeta", "obispo", etcétera Son títulos que constituyen oficios eclesiásticos
Por contraste, la noción de liderazgo del NT está arraigada en una mentalidad funcional. Describe a la autoridad en términos de cómo las cosas operan orgánicamente (es decir, por medio del Espíritu de vida). Asigna un alto valor a los dones especiales, contribución peculiar, madurez espiritual y servicio sacrificado de cada miembro. Enfatiza las funciones en vez de los oficios, las tareas en vez de los títulos. Su interés principal está en actividades tales como pastor-ear, profet-izar, supervis-ar, etcétera Para decirlo de otro modo, el pensamiento posicional depende de sustantivos, mientras que el pensamiento funcional acentúa los verbos.
En el marco posicional, la organización de la iglesia se modela según las estructuras de los corporativos empresariales y militares que forman parte y parcela de nuestra propia ontología cultural. En el marco funcional, la organización de la iglesia se funda en el ministerio mutuo de cada miembro, de acuerdo a sus dones diversos.
Es común que en las iglesias orientadas en un marco posicional/jerárquico exista una maquinaria política que funcione detrás del escenario, que promueva a gente diversa a posiciones de poder eclesiástico. Es habitual que en las iglesias orientadas funcionalmente se manifieste la responsabilidad mutua y la interacción colegiada de sus miembros diversos, a medida que escuchan juntos al Señor y se afirman unos a otros en los dones que han recibido del Espíritu.
En una palabra, el modelo de liderazgo mundano está basado en una orientación posicional/oficial, mientras que el modelo de liderazgo Bíblico está fundamentado en una orientación orgánica/funcional. Existe una afinidad natural entre el modelo de liderazgo posicional/jerárquico y el concepto de "cobertura protectora".
Jesús y el Modelo de Liderazgo Gentil/Político
Un estudio cuidadoso a la enseñanza de Jesús con respecto al tema de la autoridad nos ayudará a clarificar los temas fundamentales que están detrás de la moderna doctrina de la "cobertura". Consideremos cómo el Señor contrastaba el modelo jerárquico de liderazgo del mundo Gentil con el liderazgo en el reino. Después de que Jacobo y Juan le pidieron que les concediera los asientos de poder y gloria más altos al lado de Su trono, Jesús contestó diciendo,
Sabéis que los gobernantes de las naciones SE ENSEÑOREAN de ellas, y los que son grandes EJERCEN sobre ellas POTESTAD, MAS ENTRE VOSOTROS NO SERÁ ASÍ, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y parea dar su vida en rescate por muchos. (Mat. 20:25-28)
...Los reyes de las naciones SE ENSEÑOREAN de ellas, y los que sobre ellas TIENEN AUTORIDAD son llamados bienhechores; MAS NO ASÍ VOSOTROS, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. (Luc. 22:25-27)
De modo significativo, la palabra Griega traducida "ejercen potestad" en el texto de Mateo es katexousiadzo que es una combinación de dos palabras Griegas: katá, que significa sobre, y exousiadzo, que significa ejercer autoridad. (En el texto de Lucas, el significado es el mismo, aunque se emplean palabras ligeramente diferentes). Lo que Jesús condena en estos pasajes no es a los líderes opresores como tales, sino a la forma jerárquica de liderazgo que dominaba al mundo Gentil. Esto merece repetirse: ¡Jesús no estaba condenando solamente a los líderes tiranos; estaba condenando la forma jerárquica misma de liderazgo!
¿Cuál es la forma jerárquica de liderazgo? Es el estilo de liderazgo fundado en la pobre idea de que el poder y la autoridad fluyen de arriba hacia abajo en una estructura social de cadena de mando. El estilo de liderazgo jerárquico está basado en un concepto mundano del poder. Esto explica por qué es común a todas las burocracias tradicionales, desde las formas corruptas del señor feudal-vasallos y amo/esclavo hasta las esferas altamente estilizadas y reguladas de las sociedades militares y corporativas del primer mundo.
El estilo de liderazgo jerárquico, si bien a menudo no es cruel, es perjudicial para el pueblo de Dios. Reduce las relaciones humanas a asociaciones estilo comando, algo que es ajeno a la práctica y al pensamiento del NT. Lamentablemente, este estilo de liderazgo, que se emplea en todas partes en la cultura pagana, ha sido adoptado en incontables asambleas Cristianas hoy en día.
Si examinamos cuidadosamente la enseñanza de nuestro Señor acerca del estilo de liderazgo Gentil bosquejado en Mateo 20:25-28 y Lucas 22:25-27, se harán evidentes estos marcados contrastes:
- En el mundo Gentil, los líderes operan sobre la base de una estructura social política, al estilo cadena de mando ( = un sistema jerárquico). En el reino de Dios, el liderazgo es una función de docilidad parecida a la de un niño, y un servicio sacrificado.
- En el mundo Gentil, la autoridad está basada en la posición y en el rango. En el reino, la autoridad está cimentada en un carácter piadoso. Jesús empleaba las frases, "será vuestro servidor" y "sea... como el más joven". Ser, por lo tanto, precede al hacer, y el hacer surge de ser. En otras palabras, la función sigue al carácter. Los que sirven, hacen así porque son siervos.
- En el mundo Gentil, la grandeza se mide por la prominencia, el poder externo y la influencia política. En el reino, la grandeza se mide por la humildad interna y la servidumbre externa.
- En el mundo Gentil, los líderes se aprovechan de sus posiciones cuando gobiernan a los demás. En el reino, los líderes rechazan todo tipo de reverencia especial y se ven a sí mismos como "el más joven".
En suma, la implementación de estructuras jerárquicas que caracteriza el espíritu de los Gentiles, está en pugna con el Cristianismo del NT. Nuestro Señor no se anda con rodeos cuando declara Su implícito desprecio hacia la noción Gentil de liderazgo, porque claramente dijo: "mas entre vosotros no será así". Considerándolo todo, no hay lugar en la enseñanza de Jesús para el modelo de liderazgo jerárquico que caracteriza a la cultura pagana.
Jesús y el Modelo de Liderazgo Judío/Religioso
Jesús también contrastó el liderazgo en el reino con el modelo de liderazgo que caracterizó al mundo religioso de los Judíos. En el texto que sigue, el Señor ofrece una expresión particularmente vívida de la perspectiva de Dios con respecto a la autoridad, en contraste con el concepto religioso:
Pero no permitan que a ustedes se les llame ‘Rabí’, porque tienen un solo Maestro Y TODOS USTEDES SON HERMANOS. Y NO LLAMEN ‘PADRE’ A NADIE EN LA TIERRA, porque ustedes tienen un solo Padre, y él está en el cielo. NI PERMITAN QUE LOS LLAMEN ‘MAESTRO’, porque tienen un solo Maestro, el Cristo. El más importante entre ustedes será siervo de los demás. Porque el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. (Mat. 23:8-12)
Recogiendo el contenido de la enseñanza de Cristo en este pasaje, tenemos lo siguiente:
- En el clima religioso de los Judíos existía un sistema de clases formado por los religiosos, especialistas estilo gurú y los no especialistas. En el reino, todos son hermanos de la misma familia.
- En el mundo Judío, a los líderes religiosos se les otorgan títulos honoríficos (p. ej. Maestro, Padre, Reverendo, Pastor, Sacerdote, Ministro, etcétera). En el reino no hay distinciones de protocolo que oscurecen el incomparable sitio de honor que corresponde a Jesús y que empañan la revelación del NT la cual contempla a todos los Cristianos como ministros y sacerdotes.
- En el mundo Judío, se exalta a los líderes a posiciones de prominencia en un despliegue de poder. En el reino, los líderes encuentran su trabajo en la toalla sencilla del servicio y el modesto lebrillo de la humildad.
- En el mundo Judío, el liderazgo se fundamenta en el status, el prestigio y la posición titular. En el reino, el liderazgo se arraiga en la vida interior y el carácter. (La manía tan común de otorgar "doctorados" honoris causa a un incontable número de clérigos es sólo un ejemplo de cómo la iglesia moderna refleja aquellos valores de liderazgo que van en contra del reino de Dios).
En resumen, hay un gran abismo entre el liderazgo de acuerdo con Jesús y lo que vemos a guisa de "liderazgo Cristiano" en la mayoría de las iglesias modernas. El Señor asestó el golpe de muerte tanto al modelo de liderazgo Gentil/político que está basado en una idea de autoridad jerárquica estilo comando, así como al modelo de liderazgo Judío/religioso que se funda en una idea de autoridad posicional y titular. Ambos sistemas impiden el progreso del reino de Dios, suprimen la funcionalidad del sacerdocio de los creyentes, rompen la imagen de la iglesia como una familia, y ponen severas limitaciones al Gobierno de Cristo en Su asamblea. Por estas razones "no será así" entre los que llevan el nombre del Salvador.
Los Apóstoles y el Liderazgo Posicional/Jerárquico
No hay duda de que nuestro Señor condenó las estructuras de liderazgo posicional/jerárquicas. Pero, ¿qué hay de Pablo y los demás apóstoles? En contraste a la manera popular de pensar, las epístolas del NT nunca asignan el rol de líder de la iglesia en términos de oficios u otras convenciones de organización social humana. (Un poco más adelante trataremos con los varios pasajes que algunos han usado para respaldar una jerarquía eclesiástica y oficios en la iglesia).
En conformidad con la literatura apostólica, aquellos que eran principalmente responsables de la supervisión de la asamblea local se les describe casi siempre en términos de la obra que hacían (de aquí la prominencia de los verbos). Y se les llamaba ocasionalmente ancianos y supervisores (Tito 1:5-7). Esto se debe a que cumplían con su labor como ancianos (actuando como modelos de madurez para los menos maduros – 1 Ped. 5.3), y supervisaban (tenían cuidado del bienestar espiritual de la asamblea – 1 Ped. 5:2). La tarea de los ancianos también se describe por medio de la imagen figurada de un "pastor" (Hech. 20:28; 1 Ped. 5:1-4), porque eran los vigilantes principales de la iglesia.
Es importante tomar en cuenta que todos los Cristianos participan en el liderazgo corporativo cuando ejercitan sus dones dentro de la esfera de sus ministerios particulares. Los ancianos solamente guían en la esfera de la supervisión general. De aquí que, mi discusión del "liderazgo en la iglesia" en este capítulo está limitado con toda intención, teniendo a la vista exclusivamente la supervisión general.
El rol de los Ancianos/Supervisores
En el idioma Griego, anciano (presbúteros) sencillamente significa un hombre de más edad, un santo maduro o un hermano mayor. Los ancianos del NT, por consiguiente, eran simplemente hombres espiritualmente maduros –Cristianos ejemplares que supervisaban (no controlaban o dirigían) los asuntos de la iglesia local. No eran figuras decorativas en la organización, predicadores asalariados, clérigos profesionales, oficiales gubernamentales, o altos funcionarios eclesiásticos. Más bien, eran gente real (ancianos de hecho) llevando a cabo funciones reales (pastor-eando, supervis-ando, etcétera).
Su labor principal era cuádruple: ser modelos de servicio en la asamblea, motivar a los santos para las obras del servicio, moldear el desarrollo espiritual de los creyentes más jóvenes, y engranar a toda la iglesia para alcanzar consensos sobre asuntos cruciales. (Como he demostrado en mi libro Rehaciendo los Nuevos Odres, el método del NT para la toma de decisiones no era dictatorial ni democrático, sino consensual).
Como vigilantes, los ancianos supervisaban la obra de los demás (en vez de sustituirla). Oraban con los ojos abiertos y tenían sus antenas espirituales levantadas perpetuamente para tomar el pulso a la asamblea. Como hombres de más edad, se buscaba su sabiduría en tiempos de crisis, y cuando hablaban, sus voces tenían el peso de la experiencia. Por último, ya que poseían el corazón de un pastor, los ancianos llevaban continuamente las cargas de la iglesia sobre sus corazones y rodillas; ayudaban a guiar, proteger y alimentar a los creyentes más jóvenes hasta que podían estar sobre su propio pie.
Dicho de manera sencilla, los ancianos eran facilitadores espirituales que proporcionaban dirección, abastecían de alimento, y alentaban el compromiso entre los miembros de la asamblea. Ser anciano, por lo tanto, es algo que uno hace en vez de un espacio que uno llena. El NT confirma esto muy claramente; porque si Pablo y los otros apóstoles hubieran querido describir a los líderes de la iglesia como oficiales, tenían a la mano numerosos términos Griegos que pudieron haber utilizado para el caso.
Sin embargo, es muy significativo que vocablos Griegos tales como árjon (jefe, gobernante, oficial de tropa), time (un oficial o dignatario); telos (el poder inherente de un gobernante); arjisinágogos (oficial de la sinagoga); hasan (un líder de la adoración pública); taxis (un puesto, posición o rango); hierateia (el oficio de un sacerdote); y otros más, están ausentes del vocabulario eclesiástico de los apóstoles. Como sucede con Cristo, la palabra favorita de los apóstoles para describir a los líderes de la iglesia es diákonos, que significa servidor o ayudante. De esta forma, la tendencia a referirse a los líderes-siervos de la iglesia como oficiales y clérigos profesionales vacía de su verdadero significado al lenguaje Bíblico y echa por tierra el sacerdocio de los creyentes.
El Problema del Rol Pastoral Moderno
Por la misma razón, la noción comúnmente aceptada de "sola pastora" (un sólo pastor) está en pugna con la noción del NT de una pluralidad de ancianos funcional. No hay una palabra en el NT que describa a una persona que lleva el timón de una asamblea local, dirija sus asuntos, le predique cada domingo, conduzca sus bautismos, y oficie sus servicios eucarísticos.
Por esto, el "rol pastoral" profesional altamente especializado del Protestantismo moderno es una novedad posbíblica que evoca una tradición sacerdotalista (nada provechosa) inventada por los hombres. Es decir, en esencia es un lastre del Romanismo (el sacerdote) que refleja mejor que cualquier cosa que se haya en el NT los pobres y débiles elementos de la economía Levítica. Es tan grave que pervierte a los muchos que ocupan esta posición; porque los que son seducidos por los símbolos del éxito que rodean al clericalismo profesional, siempre terminan siendo virtualmente corrompidos por él.
Quizás la característica más desalentadora del moderno rol pastoral es que mantiene en la infancia espiritual a la gente que reclama servir en vez de equiparlos para que lleven la responsabilidad en la iglesia. Concedemos que muchos que desempeñan este rol lo hacen por razones laudables, y no pocos de ellos desean sinceramente que sus hermanos asuman una responsabilidad espiritual. Sin embargo, el moderno oficio de "pastor" siempre sofoca y arrebata el poder al sacerdocio de los creyentes, sin tener en cuenta qué tan incontrolable puede ser la persona que llena esta posición. Ya que el pastor lleva la carga del trabajo, la mayoría de los hermanos se vuelven pasivos, perezosos, egoístas y dejan de crecer espiritualmente. De esta manera, es inevitable que pastores y congregaciones igualmente terminen convirtiéndose en inválidos espirituales, inutilizados por la presencia de este oficio antibíblico.
Siendo más específico y directo, el moderno rol pastoral es poco más que una mezcla de liderazgo del tipo "una-talla-para-todos"; administración, sicología y oratoria, todo en un solo paquete para el consumo religioso. Como tal, el rol sociológico del pastor, como se practica en el Occidente, tiene pocos puntos de contacto con algo o alguien del NT. Mientras que el NT llama a Pablo un "apóstol", a Felipe un "evangelista", a Manaén un "maestro" y a Agabo un "profeta", ¡nunca identifica a alguien como pastor! De hecho, la palabra "pastor" se utiliza solamente una vez en todo el NT, empleándose siempre como una metáfora descriptiva y nunca como un título u oficio eclesiástico. Esto no se toma en cuenta en la práctica común, en la que se tiene al "pastor" como la figura más valiosa de la iglesia, y cuyo nombre se pone entre luminarias en las marquesinas de las iglesias por toda la Unión Américana. Uno se pregunta por qué los nombres de otros ministerios no aparecen en estas marquesinas cuando el NT les otorga mucha mayor atención.
Bien considerado, el rol pastoral moderno socava el Gobierno de Cristo y tiene un efecto espiritual paralizante en la asamblea. Despoja de su plena función al sacerdocio (de todos los creyentes) tan amado por Dios, y su mera presencia difumina y ahoga a los creyentes "ordinarios" que están igualmente dotados para pastorear y enseñar al rebaño. (poco les importa si la Biblia enseña que cada iglesia debe tener múltiples pastores). Típicamente, si alguien, aparte del pastor, se atreve a pastorear o enseñar a las ovejas (aun si es digno de confianza, maduro y está espiritualmente dotado), el pastor se sentirá amenazado y terminará con ello con el pretexto de "proteger" al rebaño.
La idea que se tiene hoy en día del "pastor" está muy lejos del pensamiento de Dios, porque mete a la dinámica de la comunidad del NT en la camisa de fuerza del AT. No obstante, sin tener en cuenta las tragedias espirituales que esto engendra, las masas continúan dependiendo, defendiendo e insistiendo en la existencia de este rol tan antibíblico (vea Jer. 5.31). Por esta razón los así llamados "laicos" son igualmente responsables del problema del clericalismo como lo es el "clero".
La triste realidad es que muchos Cristianos prefieren la comodidad de tener a alguien aparte de ellos que cargue con la responsabilidad del ministerio y el pastoreo. Para ellos, es mejor pagar a un especialista religioso que atienda las necesidades de los hermanos, que molestarse con las demandas espirituales del servicio y el cuidado pastoral las cuales nos llevan a negar aun la propia vida. Las palabras del antiguo profeta captan el disgusto del Señor con esta manera de pensar: "Establecen reyes que yo no apruebo, y escogen autoridades que no conozco..." (Ose 8:4a).
A la luz de estos hechos graves, uno puede preguntar inteligentemente cómo es que el moderno rol pastoral continúa siendo la forma generalmente aceptada de liderazgo en la iglesia de hoy. La respuesta está profundamente arraigada en la historia de la Reforma, y continúa siendo reforzada por los imperativos culturales actuales. Nuestra obsesión Occidental por los oficios y títulos en este siglo nos ha llevado a anteponer nuestras propias ideas del orden eclesiástico por encima del NT, en vez de extraerlas de él. No obstante, el espíritu y valores de las epístolas del NT militan contra la idea de un sistema de un solo pastor, así como el del anciano, entendido éste como oficio.
La Escritura está en pugna igualmente contra el concepto del "pastor principal", que consiste en la práctica común de elevar a uno de los pastores (ancianos) a una prominente posición autoritativa. Pero el NT en ninguna parte aprueba la noción de primos inter pares – "primero entre iguales". Esta desconexión entre "el pastor" y los demás ancianos es un accidente de la historia. Sin embargo, ya que ésta encaja perfectamente bien con nuestra manera de pensar aculturada Americana, los creyentes modernos no tienen problema en creer que la Escritura enseña esta falsa dicotomía.
La Dramática Falta de Atención que Se
Da al Liderazgo en el Nuevo Testamento
Si somos lectores cuidadosos de la Escritura, descubriremos que las cartas de Pablo hacen mucho ruido con respecto a la importancia de la vida ejemplar y no muestran interés en la posición titular o formal. Por ejemplo, cada vez que Pablo escribía a una iglesia (poniendo aparte a las epístolas Pastorales, ya que son cartas personales escritas a los colaboradores apostólicos de Pablo), siempre se dirigía a la iglesia misma en vez de a sus líderes (Rom. 1:7; 1 Cor. 1:1-2: 2 Cor. 1:1; Gál. 1:1-2; Efe. 1:1; Fil. 1:1; Col. 1:1-2; 1 Tes. 1:1; 2 Tes. 1:1). Esta tendencia es notable en el libro de los Hebreos, donde el escritor, hacia el final de la carta, de pronto dice a los santos que saluden de su parte a sus líderes (Heb. 13:24).
Esto es aun más notable, cuando examinamos a la iglesia con mayores problemas que se menciona en el NT: la asamblea de Corinto. Pablo no pide ni siquiera una vez a sus líderes que intervengan. En toda la correspondencia a los Corintios, Pablo nunca reprende o castiga a los ancianos, ni recomienda que se les obedezca. De hecho, ¡ni siquiera los menciona! En cambio, apela únicamente a los santos y les recuerda su responsabilidad de tratar con las heridas que la iglesia se ha infligido a sí misma. Pablo encarga e implora "a los hermanos" más de treinta veces en su primera epístola a los Corintios, y les escribe como si no existieran oficiales.
Si existieran oficiales en Corinto, ciertamente Pablo se habría dirigido a ellos para solucionar sus males. Pero nunca lo hace. Al final del libro, llama a los Corintios a que se pusieran a disposición de Estéfanas, quien se había dedicado a servir a los creyentes, ampliando potencialmente este grupo para incluir a otros más: " y de todo el que colabore en este arduo trabajo" (1 Cor. 16:15-16). Además, en los quince capítulos previos, Pablo instruye a toda la iglesia cómo manejar sus propios problemas.
Probablemente el ejemplo más claro de la ausencia de ancianos-oficiales en Corinto se encuentra en 1 Corintios 5 donde Pablo convoca a toda la asamblea para disciplinar a un miembro caído entregándolo a Satanás (1 Cor. 5:1ss.). Su exhortación se opone a la idea actual de que solamente aquellos que poseen "poder eclesiástico" están calificados para estas delicadas tareas.
De la misma manera, Pablo no dice una palabra acerca de los ancianos en ninguna de sus nueve epístolas a las iglesias, incluyendo el ultra correctivo tratado a los Gálatas (que era una carta dirigida a cuatro iglesias de la región: Antioquia de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe). En vez de esto, persistentemente suplica e invita a "los hermanos" a la acción.
Pablo menciona a los supervisores una sola vez en una de sus cartas, y de una manera muy breve –después de saludar a la iglesia (Fil. 1.1). Su carta comienza con estas palabras: "Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, incluyendo a los que vigilan y los que sirven". Este orden resulta muy extraño si en verdad sostenía la noción de oficiales eclesiásticos. En suma, la evidente falta de atención que Pablo da a los líderes de la iglesia demuestra incisivamente que rechazaba la idea de que ciertas personas en la iglesia poseían derechos formales sobre otros.
Las cartas de Pedro enseñan lo mismo. Mientras que Pedro concede un espacio a los ancianos en su primera epístola, su discusión acerca de ellos está formulada como una advertencia contra el espíritu de los Gentiles. Señala específicamente que los ancianos están entre el rebaño y no sobre él (5:1-2). Los ancianos, dice, no deben "tener señorío (katakurieuo)" sobre los santos (1 Ped. 5.3). De modo significativo, Pedro usa la misma palabra que Jesús empleó en su discusión acerca de la autoridad: "...los gobernantes de las naciones se enseñorean (katakurieuo) de ellas..." (Mat. 20:25).
Encontramos el mismo énfasis en el relato de Lucas donde Pablo exhorta a los ancianos de Efeso: "tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho guardianes..." (Hech. 20:28 NASB). Santiago, Juan y Judas escriben en el mismo tono, ya que tienen poco qué decir acerca del liderazgo y nada qué decir acerca de los ancianos como oficiales (hablaremos de la epístola a los Hebreos en un capítulo posterior). Es muy claro, por consiguiente, que el NT rechaza consistentemente la noción de oficiales eclesiásticos en la iglesia.
Los Ancianos Contra La Hermandad
Haríamos bien en preguntar por qué el NT concede tan poco espacio a los ancianos/supervisores de las asambleas primitivas. La razón, a menudo ignorada, sonará sorprendente a los oídos institucionales. A saber, la mayor parte de la responsabilidad del cuidado pastoral, la enseñanza y el ministerio en la ekklesía descansan directamente sobre los hombros de todos los creyentes. Dicho de otra forma, las riquezas de la visión del Cuerpo de Cristo que Pablo expone se derivan de su énfasis constante en que cada miembro posee un don del Espíritu (1 Cor. 12:7,11), tiene un ministerio y es un "creyente responsable" en el Cuerpo (Rom. 12:6; 1 Cor. 12:1ss.; Efe. 4:7; 1 Ped. 4:10).
Como consecuencia, la responsabilidad ministerial nunca debe estar restringida a unos cuantos. Por esta razón la palabra adelfoí traducida "hermanos" aparece 346 veces en el NT y 134 veces en las epístolas de Pablo solamente. En muchos lugares, esta palabra es la forma abreviada que Pablo usa para referirse a todos los creyentes en la iglesia, hombres y mujeres (la erudición moderna está generalmente de acuerdo con esto. El contexto donde se utiliza el término lo confirma con toda claridad). En contraste, los "ancianos", "supervisores" y "pastores" ¡solo aparecen en las cartas de Pablo cinco veces, cuatro veces y una respectivamente!
El NT hace hincapié en la responsabilidad corporativa. La comunidad creyente está llamada a organizarse a sí misma (1 Cor. 11:33-34; 14: 39-40; 16:2-3) para; disciplinar a los miembros caídos (1 Cor. 5:3-5; 6:1-6); advertir a los rebeldes (1 Tes. 5:14); confortar a los desanimados (1 Tes. 5:14); sostener a los débiles (1 Tes. 5:21); progresar en la obra del Señor (1 Cor. 15:58); amonestarse unos a otros (Rom. 15:14); enseñarse unos a otros (Col. 3:16); profetizarse unos a otros (1 Cor. 14:31); servirse unos a otros (Gál. 5:13); llevar los unos las cargas de los otros (Gál. 6:2); preocuparse los unos de los otros (1 Cor. 12:25); lavarse los pies los unos a los otros (Juan 13:14); amarse los unos a los otros (Juan 13: 34-35; 15:12,17; Rom. 13:8; 1 Tes. 4:9); respetarse y honrarse los unos a los otros (Rom. 12:10); mostrarse bondadosos y compasivos los unos a los otros (Efe. 4:32); edificarse los unos a los otros (Rom. 14:19; 1 Tes. 5:11b); ser pacientes y tolerantes unos con otros (Efe. 4:2; Col. 3:13); exhortarse unos a otros (Heb. 3:13; 10:25); estimularse unos a otros al amor y a las buenas obras (Heb. 10:24); animarse los unos a los otros (1 Tes. 5:11a); orar unos por otros (Stg. 5:16); practicar la hospitalidad entre unos y otros (1 Ped. 4:9); tener comunión unos con otros (1 Jn 1:7) y confesar unos a otros sus pecados (Stg. 5:16).
Con dramática claridad, todos estos mandamientos "unos a los otros" encarnan la decisiva realidad de que cada miembro de la comunidad creyente debe llevar la responsabilidad del cuidado pastoral en la asamblea. El liderazgo, por lo tanto, es un asunto corporativo y no algo que realiza uno solo. La idea de que los ancianos dirigen y gobiernan exclusivamente los asuntos de la iglesia, toman decisiones por la asamblea, tratan con todos sus problemas, y proveen toda su enseñanza es ajena al pensamiento de Pablo y carece de respaldo Bíblico. No es de extrañar que en las iglesias de este estilo la madurez espiritual se atrofia y la mayoría de los miembros se convierten en espectadores pasivos e indolentes. Dicho simplemente, ¡el NT no contiene una sola palabra acerca de una iglesia mandada, gobernada o dirigida por ancianos. ¡Y menos aun de una iglesia conducida por un pastor!
Si pudiéramos tener claridad acerca del hecho de que el ministerio de todo el Cuerpo debe sobrepujar al rol de supervisión/ejemplar de los ancianos, ocurriría que nuestras iglesias serían mucho más sanas y vibrantes. Los ancianos, siendo los hermanos más maduros, son meramente responsables de ser un modelo de cuidado pastoral, nutriendo a sus hermanos más jóvenes en Cristo (Hech. 20:28-29; Gál 6:1; Heb. 13:17b). Su meta, como la de los profetas, maestros y evangelistas, es habilitar a los santos para que, junto con ellos, asuman su responsabilidad a favor del rebaño (Efe. 4:11-12; 1 Tes. 5:12-13). (Los ancianos pueden ser simultáneamente profetas, maestros y evangelistas; pero no todos los profetas, evangelistas y maestros son ancianos).
Mientras que algunos creyentes toman la delantera más que otros debido a sus dones peculiares y relativa madurez espiritual (es decir, los ancianos), el NT enfatiza la responsabilidad de toda la asamblea. De esta manera, el liderazgo y la responsabilidad pastoral reposan sobre los hombros de cada miembro de la iglesia, y no sobre la espalda de una persona o un grupo selecto. En la eclesiología de Dios, la hermandad precede, excede y aventaja al grupo de ancianos. Esto explica por qué la cartas de Pablo se leen pesadamente cuando tratamos de forzar en ellas la idea de títulos y oficios. Pablo enseña un liderazgo compartido, en el que a algunos creyentes se les reconoce que poseen una experiencia más grande y más visión que otros.
El testimonio del corpus Apostólico denunciando la autoridad jerárquica es evidentemente claro, y está en perfecta armonía con la enseñanza de nuestro Señor Jesús. Como tal, la palabra final al Cristiano con respecto a las estructuras de liderazgo posicional/jerárquicas está encarnada en la penetrante frase de nuestro Señor: "Mas entre vosotros no será así" (Mat. 20:26). Éste es el eje de todo el asunto.
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