|
CAPÍTULO 5
LA AUTORIDAD APOSTÓLICA
Si bien una discusión completa del ministerio del apóstol está más allá del alcance de este libro, la manera en que trato la anatomía de la autoridad apostólica descansa en la creencia de que los apóstoles todavía existen en la iglesia de hoy. Sin duda, los doce apóstoles que escogió nuestro Señor Jesús durante Su ministerio terrenal tienen un lugar único en la economía de Dios. (Luc. 22:30; Apoc. 21:14). (Los doce incluyen a Matías, quien reemplazó a Judas Iscariote –Hech. 1:26).
Sin embargo, a lo largo de todo el libro de los Hechos, la Escritura se refiere a otros apóstoles aparte de los doce. Pablo y Bernabé (Hech. 14:4,14; 1 Cor. 9:1-6), Santiago, el hermano del Señor (Gál. 1:19), Timoteo y Silas (1 Tes. 1:1; 2:6) son solo algunos de los apóstoles que aparecen en las páginas del NT.
El ministerio apostólico, por lo tanto, continuó después de la muerte de los doce apóstoles originales. Este ministerio no desapareció después del primer siglo, ni fue transmitido formalmente a través de una jerarquía institucional. Mientras que los apóstoles contemporáneos no están produciendo Escritura, todavía están comisionados para edificar el Cuerpo de Cristo junto con los profetas, evangelistas y pastores/maestros (1 Cor. 12:28-29; Efe. 4:11). La obra principal de un apóstol es levantar asambleas locales. (Esto no significa que una iglesia no puede nacer sin la mano de un apóstol, porque las iglesias de Antioquia de Siria, Cesárea, Tiro y Tolemaida no parecen haber sido fundadas por alguno. No obstante, todas éstas recibieron ayuda de un obrero apostólico después de su nacimiento).
Los apóstoles no establecen misiones, denominaciones, grupos célula, organizaciones paraeclesiásticas o "iglesias" institucionales. En lugar de esto, plantan ekklesías Neotestamentarias que están cimentadas y sostenidas por Jesucristo, el Arquitecto principal de la iglesia (1 Cor. 3:6-15). Los apóstoles son hermanos dotados que están comisionados especialmente por Dios para realizar este trabajo (Rom. 1:1; 1 Tim. 2:7; 2 Tim. 1:11), y son enviados por un grupo representativo de la asamblea local para llevarlo a cabo. Considere Hech. 13:1-4:
- Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquia, PROFETAS Y MAESTROS: Bernabé, Simón el que se llamaba Níger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: APARTADME a Bernabé y a Saulo para LA OBRA a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y LOS DESPIDIERON. Ellos, entonces, ENVIADOS POR EL ESPÍRITU SANTO, descendieron a Chipre.
La comisión de un apóstol es personal, mientras que el ser enviado es algo corporativo. Entonces, un apóstol es, por lo general, un maestro, profeta o evangelista que ha sido llamado directamente por Dios a una obra regional y enviado públicamente por los creyentes locales. Es esta comisión interna y separación externa lo que constituye a un apóstol. (Los obreros apostólicos también pueden ser enviados por la mano de un obrero de más edad que los aconseja –1 Cor. 4:17; 2 Cor. 8:16-23; 12:18; Efe. 6:21-22; Col. 4:7-8; 1 Tes. 3:1-2; 2 Tim. 4:12; Tito 3:12-13).
De modo significativo, la palabra griega apóstolos, que se traduce "apóstol" literalmente significa uno que es enviado. Por consiguiente, el NT no dice absolutamente nada de un apóstol que se autonombra o se envía a sí mismo. Los apóstoles, en el sentido Neotestamentario, son gente itinerante y móvil, que evalúan la cultura, proclaman el evangelio, plantan y nutren a las asambleas del NT. Cómo realizan estas tareas y cuánta autoridad poseen son temas que consideraremos en este capítulo.
La Cuestión de la Cobertura Apostólica
La noción de la "cobertura apostólica" es semejante a la "cobertura denominacional", pero con un matiz propio. Dicha enseñanza sostiene que una iglesia está protegida del error doctrinal si se somete a un apóstol actual ( = uno que planta iglesias). Esto se basa en la idea de que los apóstoles tienen autoridad oficial para controlar y dirigir los asuntos de una iglesia local. La Biblia, sin embargo, se opone a este concepto, porque en ninguna parte del NT encontramos que un apóstol haya asumido la plena responsabilidad de una iglesia local una vez que ésta es plantada.
Los apóstoles del NT reconocían y respetaban la autonomía espiritual de cada asamblea una vez que ésta nacía. Aunque la iglesia estaba en las manos del obrero durante el tiempo en que ponía el fundamento, una vez que terminaba y se iba, la responsabilidad de la iglesia quedaba en las manos de ella. La carga de la supervisión pertenecía a la hermandad local y no al obrero apostólico. Los apóstoles eran responsables de sus propios ministerios regionales, y los santos locales eran responsables de los asuntos propios de la iglesia.
Una vez más, cuando un apóstol daba nacimiento a una iglesia, ésta estaba parcialmente en sus manos. Este período se asemeja a la fase de incubación. El obrero pasaría algún tiempo ministrando a Cristo a los santos y equipándoles para el servicio. Fue por esta razón que Pablo alquilaba una casa para realizar reuniones apostólicas junto a las reuniones de la iglesia (Hech. 28:30-31). Hizo algo similar cuando estuvo en Efeso, llevando a cabo reuniones apostólicas en la escuela de Tirano mientras que los creyentes locales se reunían en las casas (Hech. 19:9; 20:20; 1Cor. 16:19). Éstas eran reuniones de la obra, planeadas para habilitar a los santos para que funcionaran en las reuniones de la iglesia. Pero una vez que el obrero dejaba solos a los santos, delegaba toda la supervisión y la responsabilidad en las manos de los creyentes locales.
De esta manera, los apóstoles nunca se establecían en una iglesia para controlar sus asuntos. Siempre partían de allí. Aunque Pablo algunas veces pasaba un largo periodo de tiempo plantando una iglesia (en Efeso tres años, en Roma dos años y en Corinto 18 meses), siempre dejaba a estas iglesias por su cuenta una vez que el fundamento estaba establecido. Y después de salir ya no asumía la responsabilidad de ellas.
Por otra parte, sabemos que Antioquia sirvió a Pablo como base de operaciones para sus dos primeros viajes apostólicos, pero no hay evidencia que señale que él dominaba a la iglesia mientras estaba allí. En efecto, los primeros apóstoles nunca gobernaron a las iglesias locales que servían. Esto explica por qué el NT menciona a los ancianos de Efeso, a los supervisores de Filipo, etcétera, pero nunca a los apóstoles de aquellos lugares. (Aunque los doce apóstoles residían en Jerusalén como base de operaciones para su ministerio durante las épocas iniciales de la existencia de la iglesia, el NT jamás los llama "los apóstoles de Jerusalén").
Si bien la misión de los primeros apóstoles era más amplia que la esfera local, complementaba el ministerio de las asambleas locales. El ministerio apostólico, -o "la obra" (érgon) como la Biblia la llama (Hech. 13:2; 14:26; 15:38)- existía como una entidad separada de las iglesias locales. La obra era regional, mientras que las iglesias eran locales. La obra era transitoria, mas las iglesias estaban establecidas. La obra era una asociación itinerante, mientras que las iglesias eran comunidades residentes. Los apóstoles, por consiguiente, eran viajeros y no colonizadores –pioneros. Gente que siempre estaba en movimiento.
Un estudio cuidadoso de los viajes apostólicos de Pablo revelará el hecho sorprendente de que, por lo general, pasaba muy poco tiempo con las iglesias que plantaba. Como era su costumbre, pasaba varios meses estableciendo la planta baja de una comunidad de creyentes, sólo para dejarla por su cuenta por largos períodos de tiempo. Siempre estaba dispuesto para darles consejo (1 Cor. 7:1) y las visitaba periódicamente para comprobar su progreso (Hech. 15:36), pero no se hacía cargo de sus asuntos. Esta práctica de dejar a las iglesias en su infancia nos deja ver el hecho sobrecogedor de que Pablo creía que la iglesia era un organismo viviente capaz de desarrollarse por sí mismo, por el poder de la vida de Dios que estaba en su interior. Sabía que cuando dejaba una iglesia, el Espíritu se quedaba.
Al mismo tiempo, las asambleas que Pablo plantaba recibían ayuda de otras iglesias y estaban en contacto con él. En cuanto a esto, es absolutamente esencial que las asambleas Neotestamentarias modernas inviten periódicamente a otros ministros a que las animen y desafíen. Esto podría incluir a "obreros" itinerantes así como a maestros, profetas, etcétera que se reúnen en otras asambleas locales. Cuando una asamblea local no abre sus puertas para recibir ayuda de afuera y se juzga a sí misma "autosuficiente" por completo, sufrirá una pérdida tremenda. Las iglesias Neotestamentarias modernas deben evitar aislarse y deben buscar interconectarse con otros Cristianos y aprender de ellos.
La obra, pues, existe a favor de las iglesias y no para su propio beneficio, y las iglesias producen obreros. En este orden de ideas, el principio del NT afirma que la obra nunca debe rivalizar, sustituir o eclipsar a la iglesia local; porque la meta de la obra es establecer y fortalecer a las iglesias. Por consiguiente, todo el fruto que la obra produce en una localidad dada debe derramarse en la iglesia local. La iglesia no pertenece a la obra, sino a la localidad. De este modo, cuando los Cristianos modernos pasan más tiempo siguiendo a los ministerios regionales de obreros populares translocales y asisten continuamente a conferencias en donde la obra se conduce, están colocando la obra por encima de la iglesia. Esta es una triste contradicción que siempre termina lastimando a la iglesia, porque trastorna el objetivo Divino de la obra.
En una palabra, los apóstoles son responsables de plantar y nutrir a las asambleas locales en muchos lugares diferentes. Los ancianos son responsables de supervisar los asuntos de la iglesia en las asambleas locales donde viven. Los apóstoles Neotestamentarios nunca se establecen permanentemente en las iglesias que plantan ni asumen autoridad exclusiva sobre ellas. A este respecto, el rol pastoral moderno es una versión deformada de un apóstol estacionario, lo que significa una contradicción Bíblica.
¿Plantadores de Iglesias o Suplantadores de Iglesias?
Aunque los apóstoles eran siervos valiosos para las primeras iglesias, éstos no eran usurpadores (1 Cor. 4:1). No se conducían como presidentes ejecutivos o jefes distantes por encima de las asambleas. Dicho de otra manera, los apóstoles del NT eran plantadores y no suplantadores de iglesias. Eran asistentes, y no siervos aristócratas espirituales, ni fundadores déspotas de iglesias, ni celebridades de altos vuelos. Los apóstoles del NT instruían y persuadían a las iglesias y nunca interferían en sus asuntos, ni las controlaban.
Hoy en día la vocación apostólica se ha rodeado de glamour, pero Pablo consideraba que los apóstoles eran "como la basura del mundo... como desperdicio de la humanidad" (1 Cor. 4:9-13, DHH). Los verdaderos apóstoles no buscan la gloria. No tratan de impresionar a la gente (2 Cor. 11:5-6; 1 Tes. 2:5-6), obtener poder económico (2 Cor. 2:17; 11:20), o dominar las vidas de los demás (2 Cor. 1:24). No ostentan credenciales impresionantes (2 Cor. 3:1-3), no afirman poseer una herencia superior ( 2 Cor. 11:21-22), ni se jactan de experiencias espirituales extraordinarias (2 Cor. 10:12-15; 11:16-19; 12:1,12). Para Pablo, los apóstoles no son elitistas espirituales que se llaman, proclaman o promueven a sí mismos. Por el contrario, ¡son los que quitan con pala el estiércol después que termina el desfile y derraman su sangre por las iglesias! El sello de un verdadero apóstol es plantar ekklesías que sobreviven en su ausencia (1 Cor. 9:2; 2 Cor. 3:1-2).
Todo esto es consistente con la práctica de Pablo, cuyo ministerio apostólico recibe enorme atención en el NT. En vez de utilizar metáforas imperiales, Pablo las toma de la familia para describir su rol en las iglesias que plantaba. Describe su relación con las iglesias como la de un padre, una madre y una nodriza (1 Cor. 3:2; 4:14-15; 2 Cor. 12:14; Gál. 4:19; 1 Tes. 2:7,11), y no como señor, maestro o rey. Es evidente que, a partir de las alusiones persuasivas que impregnan sus cartas, Pablo trataba a las iglesias como un padre lo haría con sus hijos adultos, y no como a niños pequeños.
De esta manera, Pablo daba su opinión acerca de los asuntos de la iglesia en vez de emitir decretos unilaterales. 1 Corintios es un claro ejemplo de esta orientación. Alcanza su punto crítico cuando Pablo ofreció su consejo con respecto al incestuoso (1 Cor. 5:1-13) que estaba entre ellos para luego pedir a toda la iglesia que lo disciplinara por su cuenta. En efecto, las iglesias que plantó progresivamente dejaron de depender de él y crecieron en su dependencia de Cristo (1 Cor. 2:1-5). Pablo les exhortaba a andar por este camino (1 Cor. 14:20; Efe. 4:14).
El Método Paulino de Plantar y Nutrir Iglesias
Una de las características más dinámicas del método de plantar iglesias de Pablo era su consistente sujeción a los demás Cristianos. Desde el comienzo de su conversión aprendió a depender de la provisión de sus hermanos en el Cuerpo de Cristo. Aprendió su primera lección de sujeción al Cuerpo, de Ananías de cuyas manos recibió el Espíritu y su segundo llamado (Hech. 9:17-19; 22:12-16). Posteriormente, fue enviado por los creyentes de Berea (Hech. 17:14), fortalecido por sus colaboradores en Corinto (Hech. 18:5), refrenado por los discípulos de Efeso (Hech. 19:30), y aconsejado por los hermanos de Jerusalén (Hech. 21:23). En una palabra, Pablo sabía cómo enriquecer su espíritu y recibir ayuda de los demás (Rom. 15.32; 1 Cor. 16:18; Fil. 2:19; 2 Tim. 1:16).
Pablo estaba provisto ciertamente de una historia madura con Dios y muchos dones poderosos. No entendía su autoridad como oficial y sacralizada, sino como funcional y relacional. Para el apóstol la autoridad Divina estaba cimentada en la aprobación del Señor, y no en algún oficio formal (2 Cor. 10:18). Siempre buscó persuadir a las asambleas locales con respecto a la mente de Dios, en vez de promulgar mandamientos imperiales. De aquí que las dos palabras favoritas de Pablo para dirigirse a los santos son parakalein (utilizada 23 veces en sus epístolas), que denota una súplica, y erotao, que significa una petición hecha entre iguales. Lo que es más, Pablo se abstuvo de usar el muy fuerte vocablo epitagí ( = mandamiento) para ordenar que se le obedeciera. Consideremos los textos siguientes:
- Esto lo digo como una concesión y NO COMO UNA ORDEN (1 Cor. 7:6)
- En cuanto a las personas solteras, NO TENGO NINGÚN MANDAMIENTO DEL SEÑOR, PERO DOY MI OPINIÓN como quien por la misericordia del Señor es digno de confianza (1 Cor. 7:25)
- NO ES QUE ESTÉ DÁNDOLES ÓRDENES, sino que quiero probar la sinceridad de su amor en comparación con la dedicación de los demás. (2 Cor. 8:8)
- Por eso, aunque en Cristo tengo la franqueza suficiente para ordenarte lo que debes hacer, PREFIERO ROGÁRTELO EN NOMBRE DEL AMOR (Film. 8-9)
Cuando Pablo llamó a los creyentes a la acción o a que guardaran la actitud adecuada, le hayamos "rogando", "suplicando", "rogando con insistencia", "implorando" y "pidiendo" en vez de promulgar decretos autoritarios. Las epístolas de Pablo están salpicadas con esta clase de tono cooperativo (Rom. 12:1; 15:30; 16:1-2,17; 1 Cor. 1:10; 4:16; 16:12,16; 2 Cor. 2:8; 5:20; 6:1; 8:6; 9:5; 10:1-2; 12:18; Gál. 4:12; Efe. 3:13; 4:1; Fil. 4:2-3; 1 Tes. 2:3,12; 4:1,10; 5:12,14; 2 Tes. 2:1; 3:14; 1 Tim. 1:3; 2:1; Film. 9-10, 14). Para Pablo, el consentimiento voluntario de su audiencia y la internalización de la verdad era mucho más deseable que una obediencia nominal a las cosas que escribió.
A veces, cuando su tono era necesariamente severo, exhortaba y recomendaba que los santos obedecieran a Cristo, y no a él (Rom. 1:5; 16:19,26; 2 Cor. 2:9; Fil. 2:12). En aquellas raras ocasiones en que mandaba (paraggello) que se obedeciera a las cosas que había escrito (1 Tes. 4:11; 2 Tes. 3:4,6,10,14), el objeto de la obediencia no era Pablo como persona, sino Cristo cuyo pensamiento estaba expresando en ese momento. Dicho de otra manera, cuando Pablo manifestaba la mente de Cristo, sus palabras eran autoritativas, si bien él nunca se mostró autoritario. Considere los siguientes textos:
- Yo, de mi parte, estoy plenamente convencido EN EL SEÑOR JESÚS de que no hay nada impuro en sí mismo... (Rom. 14.14)
- Pero a los que ya están casados, les doy este mandato QUE NO ES MÍO, SINO DEL SEÑOR... (1 Cor. 7:10 DHH)
- Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que ESTO QUE LES ESCRIBO ES MANDATO DEL SEÑOR. (1 Cor. 14:37)
- Pues no somos como muchos, que comercian con la palabra de Dios, sino que con sinceridad, COMO DE PARTE DE DIOS Y DELANTE DE DIOS HABLAMOS EN CRISTO (2 Cor. 2:17 BA)
- NO NOS PREDICAMOS A NOSOTROS MISMOS, SINO A JESUCRISTO COMO SEÑOR; nosotros no somos más que servidores de ustedes por causa de Jesús (2 Cor. 4:5)
- ¿Todo este tiempo han venido pensando que nos estábamos justificando ante ustedes? ¡MÁS BIEN HEMOS ESTADO HABLANDO DELANTE DE DIOS EN CRISTO! TODO LO QUE HACEMOS, QUERIDOS HERMANOS, ES PARA SU EDIFICACIÓN. (2 Cor. 12:19)
- Pues buscáis UNA PRUEBA DE QUE CRISTO HABLA EN MÍ, el cual no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros. Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero VIVIREMOS CON ÉL POR EL PODER DE DIOS PARA CON VOSOTROS (2 Cor. 13:3-4 RVR-1960)
- Así que no dejamos de dar gracias a Dios, porque al oír ustedes la palabra de Dios que les predicamos, la aceptaron NO COMO PALABRA HUMANA, SINO COMO LO QUE REALMENTE ES, PALABRA DE DIOS... (1 Tes. 2:13)
- Ustedes saben cuáles son las instrucciones que les damos DE PARTE DEL SEÑOR JESÚS (1 Tes. 4:2)
- CONFORME A LO DICHO POR EL SEÑOR JESÚS... (1 Tes. 4:15)
- A tales personas les ordenamos y exhortamos EN EL SEÑOR JESUCRISTO... (2 Tes. 3.12)
Sin duda, Pablo no era una personalidad autoritaria ni trabajaba por su cuenta. De su propia boca dejó en claro que no consideraba su llamado apostólico como una licencia para ejercer dominio sobre los asuntos de las iglesias. Nunca sacó ventaja de su derecho como apóstol obteniendo ayuda económica de los que servía (1 Cor. 9:1-19). De hecho, su principio inalterable era no aceptar dinero de las iglesias que auxiliaba. Solamente aceptaba ayuda financiera de creyentes en otras localidades para no ser una carga a los que eran los recipientes de su ayuda inmediata (2 Cor. 11:7-9). En efecto, todo el panorama de la autoridad apostólica de Pablo se cristaliza en esta máxima, "No es que pretendamos dominar sobre vuestra fe, sino que contribuimos a vuestro gozo... (2 Cor. 1:24 BJ). De esta manera, difería inmensamente de sus adversarios (2 Cor. 11:19-21).
La Fuente de la Autoridad de Pablo
La autoridad que Pablo poseía estaba ligada a su competencia para hablar la palabra del Señor a las comunidades que fundaba; era una autoridad dada "para la edificación y no para la destrucción" (2 Cor. 10:8; 13:10). Por lo tanto, siempre ejercía autoridad con el único propósito para la que le fue dada (es decir, para edificar a los santos). Nunca abusó de ella para obtener un lugar prominente, poder terrenal o ventaja material.
Pablo reconocía que la fuente de su autoridad era Cristo, tal y como está encarnado en el evangelio. Esto explica por qué invitaba con firmeza a los santos a que juzgaran lo que decía (1 Cor. 10:15; 11:13; 1 Tes. 5:21) y les apremiaba a que rechazaran su mensaje si no era consistente con el evangelio (Gál. 1:8-9). De la misma manera, los autores del NT en su totalidad nos exhortan a obedecer la verdad viva del evangelio tal y como se encuentra en Cristo y no a las palabras de simples hombres (Rom. 6:17; 10:16; Gál. 3:1; 5:7; 2 Tes. 1:8; Tito 1:14; Heb. 5:9; 1 Ped. 1:22; 4:17). Él esperaba que las iglesias le escucharan en la medida en que sus palabras reflejaran el evangelio de Cristo (Gál. 1:9) y estuvieran en armonía con el Espíritu (1 Cor. 7:40).
De vez en cuando Pablo se vio obligado a censurar a las iglesias. (A este respecto, la "vara" de Pablo en 1 Cor. 4:21 es una metáfora de una palabra de reproche y no un signo de subordinación forzada o de autoridad unilateral –2 Cor. 10:3-6). Pero Pablo siempre encontraba difícil tomar esta acción. Su reticencia a reconvenirles se deja ver en su correspondencia a los Corintios. Allí descubrimos que prefería ir a ellos con un espíritu apacible que con una palabra de reprensión (1 Cor. 4:21b). Y cuando tenía que dirigirse a ellos severamente, lo hacía con mucha angustia de corazón (2 Cor. 2:4).
El amor que Pablo tenía por los Corintios rebosaba de compasión paternal de tal manera que después de escribirles, temía que sus palabras fueran demasiado fuertes para ser soportadas (2 Cor. 7:8). La motivación arrolladora que llevaba a Pablo a trabajar incansablemente y a sufrir por las iglesias era el amor incomparable que tenía por sus almas (2 Cor. 12:15; Fil. 2:17-21; Col. 1:24; 1 Tes. 2:8; 2 Tim. 4:6).
Ya que Pablo hablaba a menudo la palabra del Señor -la cual posee autoridad verdadera- podía decir que los que rechazaban sus palabras no le rechazaban a él, sino a Cristo (1 Tes. 4:8); debido a que, de acuerdo a Pablo, " Dios nos dio su Espíritu Santo" (1 Tes. 4:8b). Pero aun en aquellos días en que la palabra del Señor estaba en su boca, Deseaba que los creyentes reconocieran que lo que les comunicaba era el pensamiento del Señor y no el suyo propio (1 Cor. 14:37-38).
No cabe la menor duda de que la base sobre la que descansaba la confianza de los santos era el servicio fiel del apóstol (1 Cor. 4:1-5; 7:25; 15:10; 2 Cor. 1:12; 4:1-2). Aún así, Pablo parecía estar más interesado en hacer que sus conversos imitaran su caminar en vez de que obedecieran sus palabras (Gál. 4:12; Fil. 3:17; 2 Tes. 3:7). La razón por la que podía presentarse como modelo para que los demás lo siguieran era que su vida era un reflejo de la vida de Cristo (Hech. 20:34-35; 1 Cor. 4:16; 11:1; Fil. 4:9).
Todos estos hechos nos permiten afirmar que: la fuente de la autoridad Divina es Cristo, el medio de la autoridad Divina es la palabra de Dios, el ejercicio de la autoridad Divina es el quebrantamiento y el servicio, y la meta de la autoridad Divina es la edificación espiritual. En la mente de Dios, la autoridad y el espíritu de la cruz van mano con mano, y este principio es evidente en todo su ministerio apostólico.
Debe entenderse que los documentos canónicos que Pablo y los demás apóstoles escribieron son inspirados y autoritativos por derecho propio, porque encarnan la voz de Dios en santa Escritura. Sin embargo, en este capítulo, hemos estado examinando sus escritos con un ojo puesto en la relación que hay entre un apóstol y la asamblea local. Cuando consideramos los ministerios de los apóstoles a través de estos lentes, descubrimos que ninguno de ellos fue autoritario.
Los Demás Apóstoles No Fueron Autoritarios
De manera similar, Pablo no autorizó a su joven colaborador Timoteo para que ejerciera poder formal sobre los santos. Más bien lo animó a que "exhortara" a los santos con mansedumbre y a que cultivara relaciones familiares con ellos (1 Tim 5:1-2; 2 Tim.2:24-25; 4:2). En cierto lugar, Pablo instruye a Timoteo con estas palabras: "Estas cosas tienes que mandar (paraggello) y enseñar" (1 Tim. 4:11 DHH). Pero las cosas que Pablo exhorta a Timoteo a que "mande" son las palabras del Espíritu (4:1) que están informadas de la sana doctrina (4:6).
El consejo que Pablo le da a Tito no es diferente. En Tito 2:15, el encargo de Pablo: "esto es lo que debes enseñar. Animando y reprendiendo con toda autoridad (epitagí)" debe entenderse en el trasfondo de su mandato anterior: "Tú, en cambio, predica lo que va de acuerdo con la sana doctrina" (Tito 2:1). En otras palabras, Tito era libre de hablar autoritativamente, reprender y animar en aquellas cosas que reflejan la sana enseñanza de la Escritura (que está investida de autoridad).
Las cartas de Juan respiran el mismo aire no autoritario. Del mismo modo que Pablo, Juan no se impuso a las iglesias locales ni reclamó algún derecho para gobernarlas. Cuando Diótrefes usurpaba la autoridad en la iglesia, nada indica que Juan intentara obligarlo a salir de ella. Más bien, animó a los santos a que no fueran tras los que hacen el mal (3 Jn. 9-11). Además, las cartas de Juan rebosan de referencias a los mandamientos de Cristo. Juan reconoce que no tiene mandamiento nuevo que dar (1 Jn. 2:7; 2 Jn. 5-6). Por todo esto vemos que la perspectiva de Juan acerca de la autoridad es muy Paulina.
Una vez más, la inevitable conclusión de todo ello es que los apóstoles no tenían autoridad oficial sobre las asambleas locales. No asumieron una posesión formal de las iglesias de las que fueron padres, ni las convirtieron en franquicias (o denominaciones virtuales) de sus propios ministerios especiales. Los apóstoles utilizan sus ministerios para servir a las iglesias; no usan a las iglesias para fabricar sus ministerios.
El ministerio del apóstol del NT es un servicio y no una expresión de dominio que implica alguna clase de jerarquía. Es por esta razón que Pablo se refiere a las iglesias que plantaba en términos explícitamente no jerárquicos, llamándoles "hermanos" y " partícipes" en el ministerio (2 Cor.5:20; 6:1; 7:3; Fil. 1:5,7; 2:17). Cuando se dirigía a ellos, no les hablaba como si estuviera por encima de ellos, sino como a uno de los suyos (1 Cor. 5:2-3; Col. 2:5). De este modo, los apóstoles del NT no controlaban a las iglesias, como tampoco las iglesias controlaban a los apóstoles. Las palabras de Pablo en Gálatas 4:12 captan el espíritu de la mentalidad apostólica, que es de cooperación y relacional: "Haceos como yo, pues yo también me he hecho como vosotros" (BA).
La Confianza de Pablo en las Iglesias
De modo significativo, Pablo tenía una gran confianza en las iglesias que plantaba. A diferencia de muchos clérigos modernos de hoy, estaba seguro de que las comunidades de creyentes obedecerían a Dios y funcionarían adecuadamente de acuerdo a sus dones (Rom. 15:14; 2 Cor. 2:3; 7:6; 8:22; Gál. 5:10; 2 Tes. 3:4; Film. 21; vea también Heb. 6:9). Aun en medio de las reuniones caóticas en Corinto, ni una sola vez trató de detener las reuniones participativas abiertas de la asamblea, ni intentó prohibir a los hermanos que ejercitaran sus dones. Por el contrario, les dio amplias directrices para facilitar el orden en sus reuniones, confiando en que ellos se adherirían a ellas (1 Cor. 14:1ss.).
A diferencia de los modernos líderes clericales -que a menudo creen que no pueden "permitir" que los hermanos (en sus congregaciones) funcionen libremente en la medida de sus dones para que no "se salgan de control"- el pensamiento de Pablo discurre en una dirección radicalmente diferente. Primero, Pablo no se ve a sí mismo con el derecho de "prohibir" o "permitir" que el pueblo de Dios funcione en la iglesia (¡Ningún hombre tiene este derecho!). Segundo, Pablo tenía una confianza tan grande en su ministerio que confiaba en que las iglesias en las que había trabajado podían tener reuniones participativas abiertas sin ninguna actividad humana de carácter oficial (¡incluida la suya!).
A la inversa, cuando los modernos líderes clericales expresan su falta de confianza en el pueblo de Dios para ministrar eficazmente en una reunión abierta de la iglesia, están criticando severamente sus propios ministerios. Nada puede probar mejor si los santos están equipados adecuadamente, que ver cómo se ministran unos a otros en una reunión participativa abierta. Cuando vemos el panorama Cristiano desde esta perspectiva, ¡está por demás decir que los creyentes jamás podrán estar verdaderamente equipados predicando sermones de 45 minutos cada Domingo! Escuchar sermones mientras se está congelado en las bancas, lejos de generar desarrollo espiritual, da lugar a un sacerdocio silente. (Para mayores detalles acerca de la reunión de una iglesia Neotestamentaria vea Rehaciendo los Nuevos Odres).
La Relación de Pablo Con Sus Colaboradores
Pasemos ahora a considerar la relación que Pablo tenía con sus colaboradores. ¿Cómo trataba Pablo a los hermanos que eran parte de su equipo apostólico? Cierto es que la autoridad Divina se expresaba dentro de la esfera de la obra apostólica misma, y Pablo era indudablemente el centro de su grupo. (Note que Pablo y los otros apóstoles no andaban cada uno por su cuenta. Siempre se movían en asociación con un círculo de colaboradores. Esto virtualmente jamás ocurre con los "apóstoles" autodesignados de nuestros días).
Es evidente que Pablo asumió la responsabilidad de la dirección de la obra y no tenía problemas para administrar los movimientos de sus colaboradores (Hech. 16:1-4, 9-10; 17:15; 19:21-22; 20:3-5,13-15; 1 Cor. 4:17; 2 Cor. 8:18-23; Fil. 2:19,23,25,28; Efe. 6:21-22; Col. 4:8-9; 2 Tim. 4:9-13, 20-22; Tito 1:5; 3:12-13). Sin embargo, entre sus compañeros no operó un sistema jerárquico fijo. Pablo no era presidente ni director en jefe de la obra.
Por esta razón, nunca vemos que Pablo demande obediencia ciega de sus colaboradores. Más bien, como ocurría con las iglesias, buscaba el consentimiento voluntario de sus colegas siempre que solicitaba algo de ellos (1 Cor. 16:10-12; 2 Cor. 8:6,16-18; 9:5; 12:18; Fil. 2:22-23). Lo que es más, a veces él mismo se sujetaba a los deseos de sus compañeros obreros (1 Cor. 16:12), y les permitía disentir de él (Hech. 15:36-31). El envío de Tito que se menciona en 2 Corintios 8:17 subraya la relación participativa que Pablo tenía hacia sus colaboradores: "De hecho, cuando accedió a nuestra petición de ir a verlos, lo hizo con mucho entusiasmo y por su propia voluntad".
Pablo tomó la dirección en la esfera de su obra apostólica no porque tenía una posición más alta en la pirámide eclesiástica, sino por la sencilla razón de que era más maduro espiritualmente que sus colaboradores. No fue el autoritarismo, sino la cooperación lo que caracterizó el trato de Pablo con ellos (1 Tes. 3:1). Ya que Pablo ejercía autoridad Divina en la obra, la sujeción en el círculo de sus colegas no era formal, sino voluntaria y personal. Por otra parte, Pablo no consideraba que los doce apóstoles originales tenían alguna clase de autoridad jerárquica sobre él, ni mostró alguna deferencia hacia el status "apostólico" (Gál. 2:6-9). En una ocasión, reprendió en público a uno de los apóstoles más prominentes cuando una verdad esencial estaba en juego (Gál. 2:11-20).
Los Apóstoles Dependían del Cuerpo
La noción que sostiene que los apóstoles tenían autoridad de gobierno sobre las iglesias locales, así como sobre otros apóstoles, es insostenible. Es una invención de la mente natural y está en desacuerdo con la práctica concreta de Pablo. Los apóstoles, así como los otros ministerios en el Cuerpo de Cristo, dependen del Cuerpo para que reciban la plenitud de Cristo. Esto es evidente a partir de las palabras de apertura de la carta a los Romanos en donde establece que estaba deseoso no sólo de bendecirles por medio de los dones que tenía (1:11), sino de recibir ayuda de ellos a través de los dones que poseían (1:12; 15:32).
Haremos bien en recordar que Dios siempre ha condenado la independencia y el individualismo. La dependencia en Dios no nos hace independientes a unos de otros. El Señor no permite a Su pueblo que "cada uno haga lo que mejor le parece" (Deut. 12:8), porque "el que vive apartado busca su capricho; se enfada por cualquier consejo" (Prov. 18:1 BJ).
Dios no ha confinado a ninguno de nosotros, incluyendo a los apóstoles, en el pequeño cubículo de nuestra propia existencia en donde podemos escoger nuestro propio camino. Por esto, los que imaginan que su relación con Dios es completamente vertical ("yo y Jesús nada más") están engañados y cumplen las palabras de la Escritura: "El camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio" (Prov. 12:15 RVR-1960). No importa qué tan espiritual sea un creyente, no está exento de la necesidad del suministro de sus hermanos y hermanas en Cristo. Aún el poderoso Moisés necesitó de la ayuda y apoyo de Aarón y de Hur para fortalecer sus brazos en el día malo (Éxo. 17:10-13).
Todo lo que hemos dicho aquí no equivale a negar el hecho de que los apóstoles poseían autoridad Divina. Pero una vez más, la autoridad Divina es algo muy diferente a la autoridad posicional/jerárquica. En el Señor hay autoridad, pero ésta no está vinculada al oficio o posición, sino a la función. Y hay una tremenda diferencia entre responder a la función y responder al oficio. El oficio separa a los hermanos, pero todos tienen funciones conferidas por el Espíritu en el Cuerpo de Cristo.
Como hemos visto, las cartas de Pablo muestran una mentalidad no autoritaria, y están saturadas de un tono cooperativo. Con todo, ya que muchos Cristianos modernos vienen al NT con la idea preconcebida de que los apóstoles tienen una tremenda autoridad delegada sobre los demás, a menudo pasan por alto el sentido no autoritario que fluye libremente de su pluma. Por esta razón, la noción popular de nuestros días acerca de la autoridad apostólica es indiscutiblemente no Paulina.
El Ministerio Apostólico Hoy
Cierto es que no escasean los "apóstoles" post Paulinos autollamados y autoproclamados que corren de un lado a otro en la iglesia de hoy promulgando decretos autoritarios, reclamando seguidores y construyendo imperios Cristianos. Como resultado, muchos Cristianos perspicaces han concluido que no hay apóstoles en existencia en la iglesia moderna y que hay necesidad de recobrar este ministerio. Sea notorio, sin embargo, que Dios ha levantado muchos apóstoles en este siglo que han caminado y están caminando en el espíritu de Pablo. (Los apóstoles modernos no son escasos, sino un recurso en vías de desarrollo). Pero como sucede con Pablo, estos obreros no están interesados en construir imperios ni en iniciar movimientos. Ellos, al igual que Pablo, no ambicionan alcanzar un status de celebridad y lanzan un fuerte reproche a los que los engrandecen de esta manera (1 Cor. 1:13; 3:7,21).
¿A qué se parece, por lo tanto, un apóstol contemporáneo? Si tú formas parte de la escena de la iglesia institucional, probablemente nunca has visto uno. Allí están muchos que afirman ser apóstoles (o que los adornan con la palabra "apóstol") pero que a menudo carecen de la competencia de un obrero genuino. A modo de contraste, los verdaderos apóstoles son los que se ocultan a sí mismos y no los que se meten a empujones. Su obra está en gran parte oculta, y su servicio pasa frecuentemente desapercibido. Los apóstoles verdaderos no construyen denominaciones, programas, misiones, edificios u organizaciones; ellos construyen exclusivamente la ekklesía de Jesucristo (note que Dios usa al humilde de corazón para construir Su casa –Isa. 66:1-2).
Y lo que es más, no andan anunciando que son apóstoles. Y ya que no forman parte de las últimas novedades espirituales, por lo general no pertenecen a ninguna iglesia organizada o movimiento. Debido a que los apóstoles genuinos virtualmente nunca aparecen en las marquesinas de las iglesias, la mayoría de los Cristianos modernos suponen que no existen.
Sin embargo, mientras que éstos son menos en número que los extravagantes y llamativos "super apóstoles" de nuestro tiempo, estos verdaderos obreros incursionan cada vez más profundamente en el eterno propósito de Dios en Cristo, porque están construyendo Su iglesia a Su manera. Todo esto se traduce en la siguiente fórmula sencilla: Los Cristianos modernos deben de ser sabedores de su necesidad del ministerio apostólico, generosos en el sostén de los obreros apostólicos y, sin embargo, cautos con respecto a los que reclaman poseer status apostólico..
|