BADEN-POWELL,
LAS DOS VIDAS DEL HÉROE
Bill Hillcourth
BREVE
SEMBLANZA DEL AUTOR ** UNA
PALABRA DEL TRADUCTOR ** RECONOCIMIENTOS
** APENDICES
PRIMERA
VIDA : EL HÉROE DE MAFEKING
EL SEPTIMO HIJO ** EL MUCHACHO DE CHATERHOUSE ** UN
SUBALTERNO EN LA INDIA ** EL HUSAR EN ACCION ** EL
SERVICIO EN AFRICA ** A AMBOS LADOS DEL CANAL ** DE
NUEVO EN AFRICA ** INTERLUDIO MEDITERRANEO **
LA EXPEDICION ASHANTI ** EL LEVANTAMIENTO MATABELE
** COMANDO EN LA INDIA ** EL INICIO
DE LA GUERRA BOER ** EL ASEDIO DE MAFEKING
** CLÍMAX UNO ** FIN DE LA GUERRA ** INSPECTOR
GENERAL
SEGUNDA VIDA : JEFE
SCOUT DEL MUNDO
GENESIS DE UNA IDEA ** AVENTURA ISLEÑA
** CREACION DE UN BEST SELLER ** EL
PROYECTO SE CONVIERTE EN MOVIMIENTO ** DIFUSION MUNDIAL
DEL ESCULTISMO ** UN VIAJE DE CONSECUENCIAS **
FIN DE UNA ERA ** CAPEANDO LA TORMENTA
** CLÍMAX DOS ** JEFE SCOUT DEL MUNDO ** LORD
BADEN-POWELL OF GILWELL ** LOS ÚLTIMOS AÑOS
CLIMAX UNO
Londres, 18 de mayo de 1900
![]() Una vez que la noticia de la liberación de Mafeking se supo, el pueblo británico
elevó a la calidad de héroe a su comandante, el coronel Baden-Powell. |
Había sido un día de mayo excepcionalmente agradable en la capital británica. La ligera llovizna del día anterior había dado paso a una mañana clara y lavada por la lluvia. El buen tiempo parecía haber sacado a la calle a más del número usual de londinenses. En el corazón de la gran ciudad las vías estaban llenas de señores de frac y damas con faldas largas, cachazudos mirones de vitrinas y mensajeros apresurados. Cabrioléts y coches cerrados, omnibuses tirados por caballos y carromatos, se pasaban y repasaban unos a otros, a veces alcanzados por uno de esos nuevos coches de motor escupiendo gases malolientes.
En Whitehall las personas se detenían por un momento frente a la Oficina de Guerra para leer el último boletín. Pero no había nada allí —solamente un pequeño cartel a la entrada con el sencillo y característico anuncio "No hay noticias’.
Este día, el número 220 de la Guerra de Sur Africa, las noticias en los periódicos tuvieron que ver de manera general con Mafeking y eran bastante confusas. Los telegramas de Ciudad de El Cabo eran tranquilizadores. Decían que el Coronel Baden-Powell aún se sostenía, después de siete meses, en la sitiada ciudad de Mafeking, en medio del "veld" africano. Hasta había capturado recientemente una pequeña fuerza de Boers que trataba de penetrar su línea de defensa. Por otro lado, los telegramas de Pretoria, la capital enemiga. eran nefastos. Hablaban de los Boers rechazando la fuerza de liberación de los británicos, que avanzaba hacia Mafeking desde el sur. Si la información de los Boers era correcta, significaba que Lord Roberts, que comandaba el Ejército Británico de Sur Africa, había fallado en su promesa de liberar Mafeking ese mismo día.
Pero en general las cosas se veían bien. Después de toda la agonía de los primeros cuatro meses de guerra, con derrota tras derrota a manos de los Boers, la marea había cambiado. El enemigo era empujado más y más al norte. Roberts estaba marchando hacia Pretoria. Ladysmith y Kimberley habían sido liberadas. Ahora, sí solo pudiera llegarse a la gloriosa ciudad de Mafeking... si solo el: valiente B-P pudiera ser liberado.., si solo la fuerza de relevo pudiera llegar a tiempo antes de que los defensores fueran abatidos por el hambre...
Los periódicos de la tarde eran desalentadores. No comentaban nada nuevo sobre Mafeking. y muy poco de verdadero interés para el lector, a no ser el hecho de que los rusos estaban otra vez buscando camorra en Corea; aparte de la morbosa historia, desde Suecia, acerca de un marinero en un barco del canal, que se había vuelto loco, había matado a siete pasajeros y escapado en una lancha salvavidas.
Al llegar la noche las oficinas londinenses se vaciaron y las tiendas cerraron.-Los vendedores ambulantes regresaron a casa con sus carretones. Los paseantes escasearon. Los encendedores de lámparas salieron a sus rondas para llenar las calles con la suave luz de miles de faroles de gas. Miembros de clubes llegaron a sus clubes, los comensales a los restaurantes. La gente deseosa de entretenimiento, a pesar de lo sombrío de los tiempos, se encaminó a los teatros del West End y a las salas de conciertos.
La quietud de la noche primaveral envolvía a Londres, hasta que un boletín de Mansion House rompió la calma con fuerza estremecedora y volvió esa noche la más tumultuosa en la historia de la capital británica.
Trece cortas palabras lo hicieron todo:
MAFEKING HA SIDO LIBERADA
ALIMENTOS HAN ENTRADO A LA GUARNICION
EL ENEMIGO DISPERSADO
Tan pronto el boletín fue colocado, se formó una multitud al frente; jóvenes ruidosos que se volvían más ruidosos; damas tímidas que olvidaban su timidez; tranquilos ancianos olvidándose de su tranquilidad.
Y entonces: "¡Hurra por Mafeking!". "Tres vivas por B-P!"
Hombres que nunca se habían visto antes se daban la mano desatinadamente. Miles que no se conocían se abrazaban en la calle.
Más y más gente llegaba. La muchedumbre pronto desbordó las aceras hacia la calle. Omnibuses y coches se detenían en medio de la multitud. "¿Que pasa?" Los conductores, ya informados, forzaban sus vehículos a través del tropel de gente, arreaban sus caballos hacia Ludgate Hill, gritando la noticia mientras avanzaban. Unos cuantos minutos después la policía fue forzada a desviar el tránsito de la ciudad por las calles adyacentes. Todo el espacio entre Mansion House y el Royal Exchange estaba invadido por una multitud que surgía enarbolando banderas, gritando hasta quedar ronca, vitoreando a Mafeking y a Baden-Powell, pidiendo que el Lord Alcalde saliera al balcón para expresar sus sentimientos. Cuando lo hizo, fue saludado con júbilo frenético.
"Deseo", gritó lo más fuerte que pudo, "que la música de sus vítores llegue a Mafeking..- ¡Fuertes hurras! "Nunca dudamos cual seria el final". Tremendos aplausos. "La resolución y el valor británicos, cuando se usan para una causa justa, tienen que triunfar". Gritos ensordecedores.
El resto del discurso de Su Señoría se ahogó entre alaridos de entusiasmo al canto de "Dios Salve la Reina", después "Rule Britannia", luego "Soldados de la Reina", mientras más y más y aún más gente se aglomeraba en el atestado lugar.
Hubo una barahúnda en Ludgate Circus, cerca de Mansion House. De todas las calles que desembocaban allí llegaba más gente. Los gritos de los vendedores de periódicos de Fleet Street, de "Extra! ¡Extra! ¡Edición especial!" llegaron a ser el gran llamado de reunión de la metrópolis.
A las diez de la noche el Strand era una procesión infinita de peatones cantando y vitoreando a Baden-Powell. Un gran número de personas se movía del centro de la ciudad hacia el West End, para encontrarse con miles más que iban en dirección contraria. El clamor de "Send her victorius" se respondía con el canto igualmente entusiasta de "Los ingleses no serán nunca esclavos".
Trafalgar Square llegó a ser un mar de caras felices, de ondulantes "Union Jacks". Las banderas salieron de todas partes —de cada ventana, en cada parada de ómnibus, en cada fusta de cochero. Las iniciales mágicas de B-P se veían en luces rojas. blancas y azules, en las fachadas de una veintena de edificios.-
"Pall Mall" estaba lleno de una multitud jubilosa que gritaba y cantaba. Piccadilly Circus era un agolpamiento de gente moviéndose alrededor de la fuente de Eros: la aglomeración creciendo más y más por minutos, mientras más y aún más gente cantando y gritando penetraba en el círculo, desde media docena de calles laterales.
"¡Hurra por Mafeking!", gritaba un caballero con sombrero de copa desde el techo de un carruaje. "Tres vivas por Baden-Powell", aullaba un vendedor ambulante. "Y no olviden a su madre!", pidió una anciana —una sugerencia que motivó que parte de la multitud se fuera hacia Hyde Park Corner, a reunirse bajo el balcón de la casa de los Baden-Powell, en St. George ‘s Place, para una serenata de mil voces a la madre del héroe.-
El ruido de las calles llegó a los aglomerados teatros del West End y a las salas de conciertos. El rumor de afuera, más fuerte que de costumbre, hizo que varias cabezas voltearan hacia las puertas
En el Tívoli, el reportero del "Daily Telegraph" llevó las noticias a los camerinos. El gerente salió al escenario justo cuando un acto llegaba a su fin. Levantó una mano para llamar la atención.
"Damas y caballeros", dijo. "creo que perdonarán una interrupción. Tengo grandes noticias: Mafeking ha sido liberada".
Como un muñeco de mil cabezas dentro de una caja de resorte, el público se puso de pie. vitoreando, gritando, agitando sombreros, pañuelos, programas, con delirante regocijo. Luego cantó en un coro alocado cuando la orquesta tocó el himno nacional.-
En Covent Garden el telón había caído después del segundo acto de Lohengrin. cuando un grito jubiloso: "Mafeking liberado" sonó en el anfiteatro, donde un periódico pasaba de mano en mano.-Wagner y el nuevo tenor fueron olvidados. Hubo vítores para Mafeking y Baden-Powell y un canto "a capella" del "Dios salve a la Reina" —el director y su orquesta desafortunadamente había abandonado sus lugares. Fue cantado con fervor especial por el Príncipe y la Princesa de Gales, quienes agasajaban al Rey de Suecia en el palco real.
En el teatro Wyndham, Charles Wyndham, como "Cyrano de Bergerac", estaba pidiéndole un beso a Mary Moore, como "Roxane", cuando un grito desde el exterior: "Mafeking liberado", hizo que el público diera rienda suelta a su entusiasmo. Por un momento Wyndham salió de su papel de noble gascón duelista y poeta y se volvió un inglés tan exaltada como su público. "Las noticias que hemos estado esperando por tanto tiempo". dijo, y agregó Gracias a Dios!" Rule Britannia —y luego regresó a su escena del balcón y al resto de la pieza de Rostand.-
En la mayoría de las salas de conciertos los restantes actos del programa se volvieron cantos y cuadros patrióticos. Solo en los teatros dramáticos la representación siguió hasta el final, con las lunetas, palcos y galerías cantando en coro, entre actos, para demostrar su alegría.-En el Teatro de Su Majestad, en donde se representaba "El Sueño de una Noche de Verano": en el Lyceum., donde Eleonora Duse estaba tratando de dar vida a "La Prlncesse Georqe", de Dumas; en el Teatro Garrick, donde Mrs. Lesiie Carter aparecía en la versión de "Za-Za" de David Belasco; en el Royalty donde Mrs. Patrick Campbell se acercaba a su representación número cien de "Magda", de Suderman. El público se lanzó a la calle para unirse a otros cientos de miles que llenaban la noche con el continuo clamor de sus vítores, que sonaban como la marea batiendo una costa rocosa.-
El Big Ben dió la señal de medianoche, pero no se calmó el regocijo.-
Más y más personas convergían a pie en el West End, a través de los puentes del Támesis, por Metro y por frenes desde los suburbios, para unirse a una espontánea orgía de jubilosa gratitud, para dar rienda suelta a un entusiasmo largamente reprimido por el defensor de Mafeking, quien había conquistado el corazón de la nación y del Imperio.
En Picadilly Circus el tráfico había llegado a un completo estancamiento mientras una masa humana empujaba y empujaba alegremente, y entonaba, hasta quedar ronca, canciones nacionales y los últimos estribillos patrióticos. Vendedores ambulantes hacían el gran negocio vendiendo cometas, matracas, flautas y silbatos. Sonidos que reventaban los oídos salían de todo tipo de instrumentos ruidosos. Un organillero emprendedor tocaba "It’s the Soldier of the Queen, My Lads" (Es el soldado de la Reina, mis amigos) y recibió una lluvia de peniques cuando la multitud a su alrededor formó un coro para cantar y silbar.-
Una bandera coronada de guirnaldas, con el retrato del Coronel Baden-Powell, tremolada sobre las cabezas de la multitud, atrajo vítores y más vítores. Media docena de soldados, listos para ir al frente, fueron levantados en hombros y aclamados agrandes voces. La misma suerte le tocó a un grupo de marineros de la Armada de Su Majestad. Y todo el tiempo centenares de policías estuvieron allí, impotentes y sonrientes, pero alertas a problemas que nunca llegaron.
Yen todas partes y por sobre cualquier otro ruido, hasta que el sol de la mañana iluminó la cúpula de St. Paul y envió a los trasnochadores a casa, dos grandes vítores fueron repetidos incesantemente, seguidos cada vez por aplausos clamorosos y el tremolar de miles de banderas.-
"¡Hurra por Mafeking!"
"¡Tres vivas por Baden-Powell!"