NOTAS FINALES
NOTA I
EL CASO PARODI: LAS SOSPECHAS DE FRAUDE
Parodi era un inmigrante italiano, que no sabia leer ni escribir sino solamente firmar. No hablaba castellano, sino una mezcla de ese idioma y del dialecto Genovés. Boman afirma "que la impresión que da al conversar con él, es la de un hombre del pueblo simpático y franco con ciertos rasgos de viveza especial que generalmente se atribuye a los genoveses"(52). Se dedicaba a coleccionar fósiles en la provincia bonaerense que luego vendía al Museo de Historia Natural de Buenos Aires y a otros Institutos.
Hrdlicka lo llamaba "the gardner Parodi", pues parece ser que durante un tiempo trabajó de jardinero, abandonando esa actividad para cumplir sus tareas como empleado extraordinario del Museo Nacional (pagado con fondos de esa Institución), con un sueldo mensual de 200 pesos, y residencia permanente en Miramar. La función que debía cumplir Parodi, era la de vigilar, por encargo del director en ese momento del Museo, Carlos Ameghino, las barrancas de la costa atlántica para detectar alguna pieza arqueológica o resto fósil incrustado en las mismas, que van quedando al descubierto por obra del oleaje que bate continuamente la costa. De acuerdo a las instrucciones dadas por Carlos Ameghino, debía dejar el objeto en el lugar donde asomaba. avisando por telégrafo a éste a fin de enviar personal para su extracción. Boman recuerda que el Padre Blanco afirmaba que don Lorenzo Parodi acrecentaba sus ganancias, sirviendo de cicerone a las personas que se encontraban visitando el balneario de Miramar. Aprovechaba la curiosidad, según nuestro autor de los visitantes que querían conocer el lugar donde aparecieron los restos del "hombre Terciario". A tal fin los llevaba al lugar en un pequeño coche de su propiedad y solía indicarles que cavaran en determinado lugar donde generalmente aparecía algún objeto lítico, alguna bola o sílex tallado. Boman recuerda: "Según he oído decir acostumbraban a pagar 20 o 30 pesos por una de estas excursiones, inclusive propinas" acotando el investigador: "No es de m¡ agrado tener que confirmar estos datos publicados por el padre Blanco y sé que algunas personas con quienes mantengo relaciones amistosas, lo considerarán como un acto hostil contra ellos".
La figura de Parodi. nace a la discusión junto con el yacimiento arqueológico de Miramar, puesto que es él quien lo descubre en una acción puramente casual. Los primeros objetos hallados, según Torres y Ameghino, se debieron a un hecho fortuito, pues cuando el mencionando Parodi se hallaba sacando un trozo de escoria, su pico chocó con una piedra dura que resultó ser una "bola". Los investigadores mencionados habían comenzado a estudiar la zona a partir de 1913 publicando dos informes (analizados en otra parte de esta obra) habiendo encargado a Parodi que los mantuviera enterado de cualquier objeto que apareciera en las barrancas de la costa. EL descubrimiento mencionado más arriba va a dar lugar al viaje de la famosa comisión de científicos del año 1914. El primero en atacarlo es Romero, quien en 1915 al hablar de Parodi lo cita como "el peón" que recogía objetos para el Museo de Historia Natural de Buenos Aires, no aceptando en el trabajo la antigüedad otorgada a la "bola" de Miramar (53).En 1918, este mismo autor, en sus escritor sobre el "Homo Pampaeus". (54) relata su encuentro con Parodi. Lo va a visitar a Romero para ofrecerle sus servicios que son aceptados por este último concurriendo a pie a reconocer los yacimientos de la costa. En esa ocasión, Romero recoge material arqueológico de yacimientos superficiales, que para él eran idénticos a los hallados en el chapadmalense. Con palabras acentuadas por la sorna, mostrándole el material a Parodi, le preguntó: —"¿Es éste el filón del mioceno?"—. El silencio fue la respuesta. Evidentemente sin ningún ambaje Romero señalaba de dónde procedía el material que se lo rotulaba como terciario y en su pregunta iba implícita una acusación no directa pero sí velada por el sarcasmo.
Frente a estos ataques Carlos Ameghino reafirma su confianza en Parodi. En la primera reunión de la Sociedad Argentina de Ciencias Naturales de Tucumán de 1916 proclamó ante los presentes, como un acto de justicia, que los hallazgos del "hombre terciario" se han debido a la actividad y perspicacia de Lorenzo Parodi que es el hombre avezado que el Museo Nacional de Buenos Aires, mantiene en aquellas costas... Parodi nos indicó en ese lugar por primera vez un objeto de piedra enclavado en la barranca (55). Cuando Carlos Ameghino presenta el material de los yacimientos arqueolíticos y osteolíticos de Miramar en la Sociedad Physis, vuelve a puntualizar que el descubrimiento de los yacimientos correspondientes ha sido hecho por primera vez por Don Lorenzo Parodi que ha sido asimismo quien (exceptuando los objetos hallados por el Señor Tapia) ha hecho el hallazgo de todos los que han servido a esta nota" (56). Como vemos por las palabras del mismo Ameghino, la mayoría del material conocido de Miramar fue descubierto por Parodi que gozaba indudablemente de toda la confianza del entonces Director del Museo Nacional de Buenos Aíres, pero no así de muchos otros investigadores que dudaban de la suerte que tenia el cuidador de. la costa para encontrar restos arqueológicos. Esta duda a veces no explicitada en los tra bajos debía hacerse presente en más de upa conversación entre los interesados en los estudios arqueológicos. El ejemplo de lo que decimos está reflejado en el trabajo de Rodolfo Senet. (57) quien afirma: "A tal punto ha llegado la suspicacia que, entre nosotros y fuera del país, no se toma en serio ningún hallazgo, si no se constituye una "comisión que acuda al sitio mismo y presencie la extracción, labrándose un acta con todas las formalidades del caso. No basta la palabra autorizada, ni las fotografías tomadas in-situ, es necesario que acuda un grupo de hombres de autoridad. Así y todo, ni falta aún quien se permita no admitir los hechos como auténticos o discutirlos y lo peor es que no falta tampoco quien inconscientemente o no, a título de erudición transcriba tales opiniones, cuando dichas opiniones deberían estar condenadas al silencio". Más adelante en su trabajo Senet, al referirse a la semejanza de una de las "bolas" halladas por Parodi, en la excursión en que tomó parte este autor, con las que se encuentran en paraderos indígenas superficiales, dice que no es sensato suponer que los que fabricaban estos objetos lo hicieran con el propósito de enterrarlos en el chapadmalense llevados por la idea de una profecía que señalaría que en el futuro nacería un Florentino Ameghino a quien para sostener sus doctrinas le haría falta encontrar esos utensilios en los terrenos chapadmalenses, "puesto que Parodi, no podía sólo o con sus hijos enterrar millones de objetos en distintos puntos".
El padre José M. Blanco se refiere también, en un corto escrito a los hallazgos realizados por la comisión arriba citada (58) de analizar lo expresado por este sacerdote debemos de aclarar que la figura del Padre Blanco, más teólogo que científico, aparece en escena como un descalificador de la obra de Ameghino pero la realidad es otra; es un oponente a la teoría del evolucionismo.
La obra del sabio, con sus aciertos y sus errores, y cuyo encuadre teórico es la teoría de la evolución, fue el blanco en su época de todo tipo de críticas. Vignati (59) cuando comenta las conferencias del Padre Blanco, expresa esta idea con precisión al decir "Entremos a estudiar las dos primeras conferencias que versan exclusivamente sobre las teorías darw¡nistas, transformistas y seriaciones de Ameghino. Apenas las comentamos por cuanto el conferencista, desde el comienzo niega la posibilidad de la evolución, solidarizándose con quienes han afirmado que tal teoría es simplemente una "excéntrica osadía" que "está en múltiples contradicciones con los hechos geológicos y otros testimonios importantes" (Blanco Op. cit. 32). Continúa diciendo Vignati que si el Padre Blanco considera a la teoría de la evolución como una "excéntrica osadía", pueda seguir perdiendo su tiempo en desmenuzar las hipótesis de Ameghino, ya que siendo como hemos dicho netamente evolucionistas quedarían de hecho descalificadas para él.
Retomando el trabajo mencionado más arriba, dice el sacerdote que recuerda haber escuchado de un distinguido miembro del Museo Nacional, quejas sobre la mala administración de dicho establecimiento. Entre las cosas que se mencionaban estaban los 200$ pagados "a un peón de Miramar" para vigilar las barrancas de ese lugar a ver si por casualidad asomaba alguna vez el "hombre terciario".
En otra ocasión escribe: "El señor Parodi, el consabido peón de los doscientos pesos que se pone en la tarjeta "Naturalista viajero del Museo Nacional", ha descubierto en las barrancas de Miramar "una bola" de la cual dio noticias al Señor Carlos Ameghino". Utiliza como fuente de información para sus críticas las noticias aparecidas en los diarios de esos días, entre ellos "La Prensa" y "El Diario".
El día 19 de abril de 1920 aparece en el segundo de los periódicos mencionados un artículo titulado: "El hombre terciario de Miramar". donde se afirma que: "Es necesario para honor del país que termine la farsa de su hallazgo". Este artículo, según el padre Blanco, fue redactado por nuestro ya conocido Romero quien expresa: "Es necesario meditar de que el país no puede estar a merced de esta miseria científica, porque ella nos deprime; no es posible aceptar la tendencia anticultural de algunos gacetilleros y hombres vivos, que pretenden hacer de un alcornoque un sabio con fines inconfesables".
El padre Blanco utiliza esas palabras para apuntar más lejos cuando afirma que ese peón "Naturalista viajero" está al servicio, no tanto de la ciencia sino a servicio del Director del Museo Nacional (Carlos Ameghino), quien en otro tiempo también fue naturalista viajero a servicio de su hermano (Florentino Ameghino) y que no tiene otro título habilitante que el haberse pasado la vida juntando fósiles Y va más lejos aún cuando afirma que este empeño sobre el hombre terciario es una cuestión de honra de familia, "y el hermano del finado está dispuesto a consumir en ello cuanto sea menester". El receptor último de la critica resulta sin duda Florentino Ameghino. Por carácter transitivo se parte de Parodi, de éste a Carlos Ameghino y por último se termina en la obra del sabio. El padre Blanco declara su oposición a las ideas antropogenéticas sostenidas por Florentino en 1916 en una conferencia titulada "La evolución antropológica y Ameghino", dictada en el colegio del Salvador (60). En el año 17, publica una serie de críticas referentes a los supuestos antecesores del hombre pampeano. Algunos biógrafos del sabio, sostienen que ante la reactualización del "Hombre terciario" debida a los hallazgos realizados en Miramar, este autor salió inmediatamente al cruce descalificando de una manera despiadada los mencionados hallazgos; basta citar como ejemplo la frase final de su trabajo donde expresa: "¿Podría todo ello tener una explicación en la buena voluntad del bueno de Parodi, que agradecido a don Carlos por los 200$ de la Nación con que lo socorre cada mes, tratara de adelantar los acontecimientos, dándonos por viejo lo que a todas luces es nuevo a los ojos de la arqueología?". "No quisiéramos adelantar un juicio, pero ... hay tantos indicios ... se habla tanto ... son tales las casualidades de Parodi como puede reconocerlas el lector en los últimos descubrimientos ... que creo no sería temerario el pensar que se está tratando de alguna mistificación con ribetes de farsa".
Este artículo del padre Blanco incitó a que Eric Boman publicara en la Revista Chilena de Historia y Geografía, un trabajo de descargo de su participación en los hallazgos de Miramar (61). En el comienzo del mismo recuerda que el científico chileno Ramón A. Laval, al leer el trabajo del padre Blanco, se preguntó por qué tantos ilustres sabios argentinos y extranjeros no fueron suficientemente claros ante la acusación de farsa y mistificación del que fueron, a través de Parodi alcanzados todos. Boman explica que frente a estas palabras, se hace un deber realizar una exposición complementaria de lo ya publicado sobre Miramar. Recuerda las criticas de Romero y la rectificación de Bonarelli. Asimismo declara que cuando escribió su articulo "Encore L'homme tertiaire dans l' Amerique du Sud" aparecido en el año 1919 en el Journal de la Societé de Americanistes de Paris, él no había estado aún en la zona de Miramar, y se guió por los datos que le suministró Carlos Ameghino. Con respecto al tan criticado Lorenzo Parodi, dice que no tenia derecho a expresar ninguna sospecha pues "el señor Ameghino lo colmaba de elogios asegurando que era el hombre más honesto y fidedigno que se pudiera encontrar".
Boman aclara que el único que tenía sospecha en cuanto al trabajo de Parodi era el doctor Bonarelli. Este le relató un interesante episodio vivido en compañía del mencionado Parodi cuando recorrían las barrancas de Mirama. En un momento determinado Bonarelli vio asomar de la misma un sílex de regulares dimensiones, se puso a excavar con sus propias manos para extraer el objeto y encontró que estaba roto en el medio, denotándose que la parte posterior, había recibido un golpe que la había hecho pasar por encima de la parte anterior, hallándose la fractura en estado fresco. Boman, dice:" poco tiempo después llegó Parodi a Buenos Aires y le interrogué delante del señor Ameghino, sobre el asunto, que explicó diciendo que él haba encontrado un sílex muy saliente de la barranca y que lo hizo entrar más por medio de un golpe, pues temía que alguna marejada fuerte lo desprendiera del lugar donde estaba incrustado. La explicación no tiene nada de imposible, pero sin duda hubiera sido mejor que dejara Parodi el sílex donde estaba, o por lo menos debería haber informado al Dr. Bonarelli de su intervención, antes de que éste se pusiera a excavar el objeto. Pero esto es tal vez demasiado pedir a un hombre del estado de instrucción y demás condiciones de Parodi."
Boman deja aclarado, que no en todos los casos de hallazgos arqueológicos actuó Parodi, pues la excavación realizada por Roth se hizo bajo la vigilancia de un capataz del servicio topográfico y geológico de la Provincia de Buenos Aires, trabajo que demandó el esfuerzo diez peones, durante varios días bajo la dirección del mencionado científico; aunque Parodi no tuvo intervención visitó el lugar varias veces durante la operación.
Con respecto a los hallazgos de las tres bolas realizados en presencia del mismo Boman, durante la excursión del 22 de Noviembre de 1920 junto con otros estudiosos (Zeballos, von Ihering, Lehmann Nitsche) uno de los objetos apareció en una zona señalada por el mismo Boman, para que se continuase la excavación. Nuestro autor dice que bolas de la misma forma que las tres encontradas, han sido halladas también en la superficie de los terrenos de Miramar y en otros paraderos de indios en las Pampas. Reconoce que los objetos descubiertos en el terreno chapadmalense estaban adheridos firmemente al mismo, no encontrándose señal visible de haber sido removida la tierra, que los cubría. Esta realidad lo lleva a cambiar opiniones con varios colegas sobre la posibilidad de que en esas circunstancias se diera un caso de fraude llegando a la conclusión de que éste sería posible. "Si uno practicara con un barreno de dimensión exacta un agujero en la barranca, introduciendo allí el objeto mojado y tapándolo cuidadosamente con la misma tierra extraída, humedecida, se encargarían probablemente las olas, que continuamente golpean la barranca, de endurecer esta tierra, de manera que dentro de unos meses o un año todo quedaría como si nadie hubiese tocado la barranca. Sería interesante verificar esto experimentalmente".
Boman termina afirmando que no existen pruebas concluyentes de una superchería y que al contrario muchos elementos hablan a favor de la autenticidad, pero lo que no le conforma es la continua e insistente intervención de una persona de las condiciones del guardián referido, que despierta necesariamente sospechas, y tampoco cree que en el mundo haya científico alguno que acepte sin beneficio de inventario lo mencionados descubrimientos como pruebas irrefutables nada menos que de la existencia de un "hombre terciario" en América del Sud.
Con un año de anterioridad a los trabajos mencionados, 1920, el doctor Estanislao Zeballos publica un trabajo sobre "El hombre fósil de Miramar" (62). En éste hay una serie de reflexiones y anécdotas que configuran el marco de época en el que se encuadró el problema de los orígenes del hombre en Sudamérica, especialmente en la provincia de Buenos Aires, Respecto a la posición antiameghinista (en este término incluyo a las figuras tanto de Florentino como a posteriori de Carlos) que adoptaron los científicos argentinos y extranjeros enrolados en esa corriente. El más antiguo hacedor de esa posición fue el sabio Burmeister. Zeballos cuenta que una vez se atrevió a preguntar al mencionado científico: "Un argentino, según usted, el doctor Francisco Muñiz, descubrió el caballo fósil ... ¿Porqué no ha de haber descubierto Ameghino el hombre de la misma formación?."
El doctor Burmeister me clavó sus pequeños ojos verdes chispeantes y me lanzó su ofensa favorita, con ronca y acentuada voz:
"Ig...ño ... r ... r ... ante!..."
Las ideas de Ameghino estaban pues, desautorizadas. Este suceso transcurrió durante el año 1874; Ameghino tenía 20 años y estaba trabajando en el manuscrito de su "Antigüedad del hombre en el Plata" y pronto a viajar a Europa. Zeballos recuerda también la actitud de von Ihering quien le confiesa no querer publicar nada sobre los descubrimientos de Florentino "por respeto a nuestro país y a su sabio amigo"; Lo contrario sucede con Hrdlicka quien da a conocer su ya comentado trabajo negando los descubrimientos de Ameghino como así también todos los hallazgos del hombre fósil de los Estados Unidos. Para él, dice Zeballos, los sabios confunden las reliquias modernas con las prehistóricas, acotando que esta actitud es sumamente prejuiciosa. Analizando así el encuadre de la discusión, Zeballos apunta que se está cometiendo el error de dar a este interesante problema paleontológico el improcedente sesgo de una reyerta religiosa y afirma: "Ahora es ya una simple cuestión de cultura nacional". Estas líneas nos aclaran la actitud, en algunos casos francamente agresiva, de ciertos personajes que tomaron partido en la discusión no sólo de los hallazgos de Miramar, si no de toda la obra de los hermanos Ameghino. Zeballos dice, refiriéndose a las situaciones recientemente relatadas, que "esa actitud explica el piadoso y patriótico interés que él tenía en visitar los terrenos de Miramar".
El director del diario "La Razón", Dr. Cortegarena organizó y dirigió la expedición a la zona conflictiva, las barrancas de Miramar. Con éste y Zeballos partió el doctor Fermín Rodríguez y el joven Cortegarena (hijo). El guía de la expedición fue don Lorenzo Parodi. Llegados al lugar, Zeballos y sus acompañantes descubren sobre la playa un fogón que se encontraba a un centenar de metros mar adentro al NO, de lo que este autor denomina "fogón de Ameghino". En ese lugar le relata Parodi, que aproximadamente en el año 1917 el mar había bajado de tal manera, que a trescientos metros mar adentro del fogón por ellos descubierto, apareció una barranca a pique, donde termina la playa en la que estaban parados y que Parodi descendió hasta el nivel del agua, atado a una sopa pues no había otro medio de bajar, recogiendo allí reliquias del hombre fósil, armas y utensilios de piedras. Esos objetos dice Zeballos estaban a una profundidad de aproximadamente quince metros del nivel del campo vecino, de diez metros del nivel de las altas mareas y de cinco o seis metros de los fogones mencionados. Anécdotas como ésta han ido configurando en la personalidad de Parodi la imagen de un mistificador. Yo personalmente he recogido de labios de una persona allegada a los científicos que actuaron en esa época, un interesante relato de un hecho acaecido entre Lucas Kraglievich y Lorenzo Parodi. "le narró el informante que los mencionados se encontraban recorriendo la costa atlántica, en la zona de Miramar. Parodi llamó a Kraglievich para indicarle que había hallado una "bola" encastrada en el chapadmalense. Este último se acercó y observó que la misma estaba algo floja. Al ser extraída, el joven sabio la observó con detenimiento y descubrió que la semiesfera que estaba enterrada tenía adherida en su superficie restos de musgos; El informante me recalcó que los hallazgos de Miramar eran fraudes de Lorenzo Parod¡ para mantener su puesto de encargado de la custodia de las barrancas del litoral marítimo otorgado por el Museo de Buenos Aires.
Frenguelli, en su trabajo sobre los Terrenos de la costa atlántica, del año 1920 (63) al referirse a su segunda excursión (ya había aparecido el trabajo del padre Blanco) comenta los hallazgos arqueológicos en el horizonte prebelgranense afirmando: "Los objetos mencionados fueron descubiertos y extraídos por mi, personalmente". Contestando también a las insinuaciones del padre Blanco dice: "agregamos que durante nuestras últimas excavaciones no estaba presente el encargado del Museo, ni menos aún habíamos alquilado su carricoche". En 1927, en la conferencia que dicta en Rosario (64) vuelve Frenguelli a poner nombre y apellido al "personaje", como a veces se lo mencionaba en los escritos sobre el tema de Miramar, que se encargaba, según la acusación de algunos, de introducir intencionalmente. los objetos líticos para sorprender la buena fe de los estudiosos. El autor de tales supercherías habría sido el señor Lorenzo Parodi. Frenguelli acota: "El autor de esta suposición esta vez es un reverendo padre Jesuita, buen filósofo, predicador elocuente y eficaz, pero de ninguna manera hombre de cienc¡a, el padre Blanco". A fines de 1928 la Dirección del Museo decide retirar de la zona costera de Miramar a Don Lorenzo Parodi, quedando cancelado su reconocimiento como inspector o guardián de los yacimientos de la costa
HALLAZGOS POSTERIORES A LA DESAPARICIÓN DE PARODI
Después de la discusión de 1924, el problema "Miramar" pasó a la esfera de las cosas tabuadas (Tabú) de lo anecdótico. Sólo algunos investigadores siguieron insistiendo en reabrir la discusión pero ésta quedó escamoteada, como ya hemos visto por problemas de rivalidades, competencia, prejuicios que orillaron a veces el campo religioso. Volver a hablar de Miramar era en algunos casos posibilidad de exponerse a una crítica demoledora. El campo de trabajo había oído invadido por opiniones extracientíficas que prohibían trabajar con la objetividad demandada por toda tarea de investigación.
Los aportes que aparecen no dejan de ser datos aislados, que no contribuyen a resolver la incógnita que aún sigue siendo "Miramar".
En 1931, Frenguelli presenta en la Sociedad Científica de Santa Fe (65) un instrumento lítico hallado en el chapadmalense de los acantilados costaneros existentes entre Baliza Chica y la desembocadura del arroyo Las Brusquitas. El hallazgo lo realizó, como él mismo lo deja aclarado, el 24 de enero de 1930 en compañía del Ingeniero José Babiní. La referencia a la fecha exacta debía ser para recordar que ya no estaba en la zona Lorenzo Parodi. El objeto apareció parcialmente al descubierto, pero se hallaba bien enterrado en el sedimento, no mostrando, dice Frenguelli señales de percusión reciente (recordemos la anécdota relatada por Doman). El lugar del hallazgo es el mismo de donde proceden los objetos descriptos por Outes en la presentación de 1924. Es una lámina lanceolada que parece ser, de acuerdo a Frenguelli, una punta o un raspador. Está trabajada en cuarcita presentando una delgada pátina traslúcida. Mide 5,65 cm. d e longitud por 2,2 cm. de ancho. En el XXV Congreso Internacional de Americanistas (66) Frenguelli presenta un trabajo referido al problema de la antigüedad del hombre en la Argentina. Al hablar del supuesto habitante chapadmalense y de sus industrias, retoma el tema de las "supercherías" que tanto han causado a nuestro problema dejando establecido su total rechazo a toda sospecha. Para afirmar lo dicho presenta un nuevo hallazgo realizado en Enero de 1932. En los terrenos chapadmalenses existentes entre la boca del arroyo Las Brusquitas y Punta Vorhué, junto con restos de animales fósiles halla una "bola" realizada en tosca calcárea, muy rústica e irregular presentando un surco grosero y mal definido. Frenguelli afirma que este hallazgo vincula los horizontes ensenadense, (donde aparecieron otras "bolas" de las mismas características que la señalada), con el horizonte chapadmalense. En 1972 Guillermo Madrazo (66) da a conocer un hallazgo realizado por el paleontólogo Eduardo Tonni, del Museo de La Plata, en las barrancas Marítimas de Punta Hermengo. Este investigador encontró una pieza de cuarcita que se hallaba incrustada a 15 cm. de profundidad en la parte cuspidal erosionada de un grueso estrato de la formación "Platense". Madrazo considera que la pieza es de factura aparentemente blancoagrandense, considerando que "serla el único artefacto bien documentado de esa filiación a1 que se puede asignar una antigüedad considerable con pruebas estratigráficas". La pieza es una raedera unifacial de cuarcita blanca de 6 cm. de largo por 2,9 cm. de ancho.
Principal - Introducción - Industrias de la piedra - La labor de Ameghino y Torres - Viaje de Aparicio - Resumen cronológico - Hallazgos de Miramar - El fémur de Miramar - Crítica de Romero - Reunión de Tucumán - La industria arqueolítica - Nuevamente Romero - Los despropósitos de Romero - Los continuadores Frenguelli y Vignati - La polémica del 24 - Nota final 1 - Nota final 2 - Nota final 3 - Consideraciones finales - Bibliografía