LA POLÉMICA DE 1924 EN LA SOCIEDAD ARGENTINA DE CIENCIAS NATURALES
A principios del año 1924 Joaquín Frenguelli y Félix Outes firman un trabajo donde exponen sus ideas respecto a la posición estratigráfica y antigüedad relativa de los hallazgos realizados en Miramar (50). Esta investigación, como otras de igual importancia que hemos analizado en esta obra, fueron leídas en la "Sociedad Argentina de Ciencias Naturales", verdadera tribuna del pensamiento científico argentino.
En la sesión correspondiente al mes de agosto de 1924, Félix Outes da a conocer un trabajo que firma junto con Frenguelli (ausente ese día a la reunión) relativo a la industria humana hallada en Miramar. En primer lugar destruyen la idea del "hombre terciario" pues todos los terrenos considerados de esa antigüedad, en los cuales se habían encontrado restos de industria humana, pasan de acuerdo a las nuevas ideas geológicas sustentadas por estos investigadores, a formar parte del cuaternario.
Los trabajos de campo realizados por Outes y Frenguelli, se efectuaron cerca del lugar donde había investigado Santiago Roth. El trabajo se comenzó luego de limpiar la superficie del terreno, con una excavación por capas de 0,10 cm. de profundidad. En este nivel y a 0,50 cm. de distancia una de otra aparecieron dos piezas trabajadas por el hombre. Una de ellas es una lámina triangular, cas¡ atípica, realizada en cuarcita blanca, con trabajo unifacial, de borde curvilíneo retocado a presión (longitud 4,8 cm.) La segunda es un artefacto lítico de forma oval, trabajado también en cuarcita. Es unifacial, también su borde presenta retoque por presión (longitud 4,5 cm.)
Diez centímetros por debajo de las piezas citadas
encontraron un rodado sin trabajo alguno, con las mismas características de los que a
millares se encuentran en los paraderos "neolíticos contemporáneos".
Al terminar la remoción de la última capa a 0,50 cm. de la superficie apareció una bola
aproximadamente "paraboloide" provista de surco transversal realizada en
cuarcita granulosa blanca. El diámetro meridional alcanza a 6.5 cm., el transversal es de
6,15 cm. y su peso de 340 gramos.
Los autores afirman que desde el punto de vista morfológico, los dos artefactos tallados
son de fase "mousteriense", comparable a muchos de los objetos extraídos de
paraderos clásicos de Europa.
La bola responde a los tipos hallados con anterioridad en la región. Se hace hincapié en el control puesto para extraer las piezas afirmando que todas ellas, aún las que se hallaban cerca de la superficie, se encontraron perfectamente "encastradas" en la roca que les servía de madre. Uno de los detalles que los llevan a afirmar esto, es que alrededor de todas las piezas aparecía el retículo intrincado de cavidades ennegrecidas correspondientes a antiguas raíces, observándose también las conocidas manchas dendríticas de óxidos de hierro y manganeso. No dejan de reconocer que a pesar de todos los recaudos científicos puestos en el trabajo de extracción, que no deja duda en cuanto a la autenticidad de las piezas halladas. Existe la sospecha en muchos especialistas. Ésta sospecha surge por la coexistencia en niveles tan antiguos de objetos de piedra tallada, con otros pulidos característicos de culturas más recientes. Outes y Frenguelli, afirman que no participan de esos escrúpulos pues la edad de piedra en la Argentina aún no ha sido estudiada en forma sistemática, principalmente desde los puntos de vista estratigráfico y tecnológico.
Los autores consideran que hasta el momento sólo se puede afirmar, y esto también en forma relativa, "que los pueblos, los más vinculados sin duda, a la cuestión debatida, fabricaban gran número de instrumentos y armas de piedra de facies paleolíticas y por excepción, un limitado grupo de piedra pulida. Conviene recordar también, que ya por aquel entonces, dentro de ese acervo industrial de tan marcado tipo arcaico coexistían los proyectiles pulidos ("bolas"), bien especificados, con manifestaciones industriales que morfológicamente representan a todos los períodos del pleistoceno antiguo y medio".
Señalan, entonces, que no es para sorprender a ningún especialista el hallazgo de "bolas" en sedimentos antiguos, pues su presencia ya había sido señalada en Europa por uno de los más preclaros precursores de la arqueología, cual fue Boucher de Perthes, recordando que las "bolas pleistocenas europeas" aparecieron en su mayoría en yacimientos mousterienses.
Con respecto a la geología de la zona reafirman en ese momento que tanto el NE como al SO del arroyo Durazno, no son visibles terrenos de edad terciaria. Por lo tanto todos los niveles pleistocenos pertenecerían a la impropiamente llamada "formación pampeana" conteniendo también los niveles inferiores que algunos autores lo incluían en el "araucano terciario". Lo importante de estas afirmaciones geológicas es de otorgarle edad pleistocena al pampeano, idea que fue sostenida por Frenguelli, en varios trabajos anteriores no haciendo más que continuar con las que al respecto tenían Burmeister, Steimann, etc., desechando en cambio las interpretaciones de Florentino Ameghino y sus discípulos que la consideraban Pliocena (terciario). Quedan incluidos en el preensenadense, el chapadmalense y el hermosense; por lo tanto éstos pasarían a formar parte de la "formación pampeana" es decir cuaternaria contra la opinión de quienes la consideraban prepampeana (araucana) y miocena.
Al finalizar la reunión se hace una importante
aclaración con respecto a uno de los autores. Se dice que éste al recibir la
publicación de Antonio Romero, criticando los hallazgos de Miramar, le contestó de la
siguiente manera: "Siempre he creído que los hallazgos realizados en el litoral
atlántico bonaerense, que usted comenta, han sido mal interpretados en cuanto se refiere
a su posición y "antigüedad"; y aunque no estuvo presente en el lugar se
inclina en ese momento a considerar como "intrusivos" a todos los materiales
obtenidos en ese yacimiento". Estas palabras pertenecen a Félix Outes, extractadas
de una carta que el mencionado le hace llegar a Romero, el 26 de Septiembre de 1918. A
continuación Outes expresa que en el espacio de tiempo transcurrido, siguió siempre
interesándose por este problema y por la validez de los descubrimientos, "Recién
—confiesa— pude formarme una idea cuando visité los lugares del hallazgo"
Esto lo lleva a expresar un deseo, cual era el de presentar el trabajo respecto a la
"Posición estratigráfica y antigüedad relativa de los restos de industria humana
hallados en Miramar", junto a la firma de Frenguelli, porque afirma Outes
"simplemente su conciencia así se lo imponía y su lealtad y honestidad científica
así lo exigían".
Terminada la lectura del trabajo el señor Lucas Kraglievich pide la palabra y expresa que
la comunicación escuchada no hace más que reafirmar lo que ya había constatado con
Carlos Ameghino, el Dr. Santiago Roth y la Comisión de Geólogos del año 1914.
Kraglievich disiente con respecto a las afirmaciones de carácter estratigráfico, principalmente en lo referente a la antigüedad del piso chapadmalense que para el orador es terciario y no cuaternario, domo postulan Outes y Frenguelli. Apoya esta hipótesis el Dr. Bonarelli, quien expresa también que los terrenos chapadmalense y ensenadense son terciarios correspondientes al plioceno superior, acotando que con respecto a la industria humana hallada en el primero de los terrenos citados, esta es intrusiva siendo idéntica a la existente en los paraderos indígenas superficiales.
El Dr. Reidel que también interviene en el debate
cree que el argumento estratigráfico paleontológico no es el único método para
determinar la cronología de los terrenos teniéndose que recurrir según su criterio a
estudios morfológicos, fisiográficos y climatéricos que podrían dar datos más
precisos que el de los restos fósiles.
El día 26 de julio se realiza una nueva sesión presidida por Carlos Lízar y Trelles
quien solicita a los que participan en el debate traten de encauzarlo en los márgenes
establecidos para la discusión científica evitando toda clase de alusiones personales.
Se lee a continuación un trabajo del Dr. Bonarelli (ausente). En el mismo establece como
prioridad uno, hallar una fórmula conciliatoria para que las fracciones opuestas
encuentren un medio factible para entenderse. Pero a su vez emite algunas opiniones que
contradicen lo expuesto y ahondan más las posiciones de los bandos antagónicos; ellas
son:
1) Por el derecho de prioridad debe conservarse el término chapadmalense de Ameghino por sobre el sinónimo de preensenadense de Frenguelli.
2) Por las mismas consideraciones y, para evitar todo confusionismo tan deplorable en la terminología estratigráfica del terciario sudamericano, el nombre prebelgranense (Frenguelli), término usado por los expositores para suplantar al ensenadense (Ameghino), debe condenarse al olvido por ser otro sinónimo que no modifica absolutamente nada y si así lo hicieren sus autores demostrarían que no son de aquellos que se ilusionan formular algo nuevo con solo inventar nombres para cosas ya conocidas.
3) Bonarelli afirmó que esto sería aún más grave si se adoptase la denominación prebonaerense (Frenguelli) para identificar los depósitos lujanenses de Ameghino porque aparte de cometer un atropello respecto al derecho de prioridad se estaría en un error cronológico al considerar al lujanense típico como más viejo que el bonaerense de Ameghino.
Con respecto a los hallazgos de Miramar, parte de un hecho concreto y es el respeto que le merece la presencia de importantes científicos que concurrieron al lugar de los descubrimientos.
Estos científicos en más de un caso observaron la extracción de objetos de los sedimentos que lo contenían por lo tanto está conforme con que una tal sospecha, si bien para algunos casos aislados funcionaría, en una evaluación general "debe absolutamente desecharse" por infundada. La contradicción en que cae Bonarelli es sobradamente manifiesta.
Para rematar la faena al finalizar su trabajo afirma que, en ocasión de su visita a Miramar, fueron extraídos en su presencia trece objetos de la formación chapadmalense que acusaban a su juicio "con la mayor evidencia, haber sido incrustados en dicho terreno forzándolos en agujeros previamente preparados, por algún desconocido a quien se debe también, con toda probabilidad, la falsificación de los objetos".
Esta comunicación fue la desencadenante de una serie de situaciones personales donde privaron más los resentimientos y el encono que el espíritu científico.
El primero en reaccionar fue Frenguelli, a quien le llamó la atención la mención que hace Bonarelli al presentar su trabajo como una contribución a la conciliación que debía existir entre científicos, no haciendo nada más, afirmó el orador, "que agudizar las discrepancias pegando golpes ciegamente a derecha e izquierda y he dicho ciegamente porque a mi juicio, con sus objeciones el doctor Bonarelli demuestra no haberse enterado bien de la cuestión que se discute".
Outes por su parte recuerda que el Dr. Bonarelli amenazó varias veces en formular serias denuncias con respecto a los hallazgos de Miramar, pero a pesar del tiempo transcurrido no ofreció ninguna prueba que avalara sus dudas "Vanos —dice nuestro autor— han sido los esfuerzos para convencer al Dr. Bonarelli para que me acompañe a Miramar en una excursión que yo mismo pagaría". El dilema para Outes es abrumador pues no se tiene la valentía de sostener una opinión o no se formulan acusaciones que dañan, dice el disertante, el buen nombre de la ciencia argentina.
Vignati pide la palabra y afirma que: "Para dictaminar sobre la similitud de los objetos hallados en Miramar con los de los aborígenes históricos, hay que poder examinar el material en cuestión, paso que jamás dio el Dr. Bonarelli y que el propio Vignati certifica por ser él, el encargado de la custodia de las colecciones de paleontología humana" del Museo Nacional de Historia Natural de Buenos Aires.
A partir de ese instante intervienen varios oradores que representan las distintas posiciones, pero estas intervenciones cambiaron la modalidad, dejando aflorar detrás de los términos científicos una actitud agresiva y en algunos casos insolente para con el supuesto adversario.
En la sesión del 2 de agosto se trató el tema de las denominaciones estratigráficas y el de los argumentos de orden paleontológicos. En la misma intervienen Outes y Kraglievich. El primero de los citados en forma sarcástica se dirige al segundo y le dice que podría creerse que bajo las manos de este último "se halla el triple teclado de una delicada caja armónica, con ayuda de cuyos registros, de ajuste extraordinario, las familias, los géneros, las especies, los episodios producidos en el curso de los desplazamientos milenarios de determinados elementos, y hasta los propios troncos filáticos y sus ramas corroboran sus afirmaciones con precisión desconcertante. Pero cabe preguntar, dispone, en realidad el señor ayudante técnico de Paleontología del Museo Nacional de Historia Natural de un Deus ex machina de esa naturaleza, ante el cual, el del viejo Teseo resultaría propio de un vulgar titiritero?".
Outes afirma que no lo cree y dice que si efectuara un paréntesis en la discusión y se pidiera al señor Kraglievich que los llevara al departamento de Paleontología del Museo para que mostrase las documentaciones de las colecciones en custodia, tanto documentos, perfiles geológicos, fotos, etc., como así también piezas fósiles sólo ofrecería sobrios catálogos que únicamente registran determinaciones genéricas o específicas y vagas indicaciones de procedencia realizadas por un recuerdo personal semiesfumado en el tiempo, con el agravante de que ese material numerosísimo sin duda, fue recogido por simples peones, "pinches de laboratorio...". De Carles, presente en el lugar, al oír estas palabras dijo en voz alta "¡Muchas gracias!".
Pero Outes continuó diciendo "...y meritorios naturalistas viajeros, a quienes personalmente, mucho estimo, no pueden usarse en estudios de paleontología estratigráfica por carecer en absoluto de la documentación imprescindible".
Hablaron luego otros científicos como Reidel, Kantor, etc., pero la discusión más ácida se cimentó en la trilogía Outes — Frenguelli — Kraglievich, donde a pesar del ambiente reinante, y en el calor de las discusiones se volcaron ideas, hipótesis, criticas que nunca fueron revalorizadas o tenidas en cuenta para probar su acierto o desacierto.
El presidente dio por levantada la sesión del día 2 de agosto de 1924, siendo las 21,30 hs. En ese día y a esa hora no solamente quedó cerrada una sesión más de la Sociedad Argentina de Ciencias Naturales, sino que se clausuró un ciclo de la historia de la paleontología y de la arqueología argentina. Después de este acto, como lo recuerda Castellanos "no se realizaron más excursiones al yacimiento, ni se trató de extraer más material" (51).
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