EL FÉMUR DE MIRAMAR
Al poco tiempo de partir los integrantes de la comisión rumbo a Buenos Aires, luego de haber concluido la labor que le fuera encomendada, se realizó un importante descubrimiento. Carlos Ameghino que se había quedado en la zona junto a Lorenzo Parodi decidió continuar la búsqueda de fósiles en el lugar donde la comisión encontró la "piedra redonda y lisa" (Acta pág. 423).
Comenzaron a revisar la Costa a partir del punto mencionado. Allí la barranca comienza a elevarse paulatinamente hacia el nordeste.
En primer lugar encontraron fósiles característicos del Chapadmalense señalando: "aquí el chapadmalense surge visiblemente en el perfil de la barranca más hacia arriba y va a constituir la cumbre de la antigua loma después denudada que se menciona en aquella (se refiere al acta Además a causa de este mismo surgimiento del chapadmalense en el corte de la barranca resulta que el piso ensenadense que viene arriba presenta un menor espesor. En este lugar fue donde encontramos la pieza reveladora de que nos ocupamos. Se hallaba aproximadamente a unos cinco metros sobre el nivel de la playa del mar y cerca del límite o discordancia con el piso ensenadense, pero en pleno piso chapadmalense. Las condiciones de yacimiento se presentan pues perfectamente claras, sin que pueda haber al respecto la menor duda". (27)
No sólo encontraron el fémur del Toxodonte sino la mayoría de los huesos que conformaban el miembro posterior, todavía articulado, lo que demostraría según el autor, que los restos no fueron removidos, siendo por lo tanto contemporáneos con la formación donde se hallaron incluidos.
Tal evidencia le hizo afirmar a Carlos Ameghino que el hallazgo citado estaba en su yacimiento primario presentando todas las características de los fósiles pertenecientes a ese nivel de la barranca, donde ya se habían encontrado esqueletos de otros animales fósiles perfectamente articulados.
En diciembre de 1914, nuestro investigador volvió a la zona en compañía de sus colegas, Carlos Bruch, Luis María Torres y Santiago Roth para observar nuevamente el lugar donde fue hallado el referido Toxodonte. Tomaron una vista fotográfica y realizaron excavaciones dando como resultado el hallazgo de piedras talladas que fueron según el relato de Carlos Ameghino desenterradas a "fuerza de pico". Las mismas presentaban todas las características de la "piedra hendida", apareciendo también yunques y percutores.
Con posterioridad nuestro sabio, junto al doctor Roth, decidieron prolongar la excursión rumbo al sur, hasta los arroyos Chocorí y Malacara. Cuando llegaron al paraje conocido por Mar del Sud, el doctor Roth encontró varias piedras talladas aflorando en las barrancas cortadas a pico, cuyo nivel geológico correspondería según los mencionados autores, al piso ensenadense, basándose en el hecho de que en ese mismo nivel habían aparecido restos fósiles de un Tynotherium encontrado en un viaje anterior.
Carlos Ameghino dice que este descubrimiento es altamente significativo pues vendría a demostrar que desde el piso hermosense hasta los tiempos recientes, el supuesto hombre pampeano, vivió invariablemente y en forma continuada en la misma región. A pesar del enorme tiempo transcurrido, sus costumbres habrían variado muy poco, puesto que los objetos de piedra hallados demostraban una estabilidad de formas y de caracteres sumamente notables.
Con respecto al hallazgo de los huesos del miembro posterior del Toxodonte, dice que los mismos presentaban un estado de conservación no muy buena; eran frágiles y delicados. La coloración era blancuzca, diferente a los fósiles del ensenadense que comúnmente son negruzcos. En general no presentaban adherencia de tosca y sólo conservaban vestigios del loess que los envolvía, del cual se dejaron algunos restos para darle al hueso aspecto natural.
Al ser extraído, y debido a la fragilidad mencionada,
el fémur se dividió por la mitad. Dice entonces: "cuando el señor Parodi intentó
desembarazarlo de una parte de la roca para alivianarlo más, chocó inopinadamente con un
cuerpo extraño y rígido que estaba enteramente oculto, apercibiéndose entonces que ese
cuerpo era un arma engastada en el hueso".
Carlos Ameghino estudió el material lítico incrustado en la pieza fósil deduciendo que se trataba de una punta de cuarcita realizada por el hombre, la cual había penetrado en forma violenta en el miembro posterior del animal, y que se ha quebrado luego, provocando la parte perdida de dicha punta el desprendimiento de una porción superficial de hueso, que falta".
La punta de cuarcita debía de haber penetrado en el tejido óseo por detrás del animal al ser éste perseguido para darle caza. El resto del instrumento que se presenta a la vista tiene la forma de un trapezoide irregular estrecho y alargado semejante según nuestro autor, a la sección transversal de las conocidas láminas de cuarcita de la zona.
Luego de analizar las técnicas empleadas para la fabricación del instrumento lítico, arribó a la conclusión de que se estaba en presencia de un tipo de punta semejante a las puntas "mousteriana" del "paleolítico de Europa", con la variante de que la pampeana sería de doble punta, "y esto seguramente para facilitar su inserción en la extremidad de algún astil de madera para hacerla así más ofensiva.
Con respecto al trozo de hueso que falta de la pieza fósil, cree el sabio se debe a que al retirar en forma violenta el arma inserta en el animal, ésta arrastró en ese movimiento, parte del tejido óseo.
Se destaca que el trozo de cuarcita que se encuentra incrustado en el fémur está perfectamente adherido, no existiendo para Carlos Ameghino ninguna duda de que su introducción fue anterior a la fosilización de la pieza, "pues hueso y pieza han llegado a formar un solo cuerpo y es absolutamente imposible separarlos sino se destruye la pieza misma". La parte visible del objeto lítico, presenta una pátina que demostraría que el mismo estuvo expuesto a la intemperie antes de ser sepultado por el loess.
El animal cazado era de talla y corpulencia inferior a los conocidos Toxodontes de la formación pampeana. Existieron durante el período hermosense y Chapadmalense y serían los ascendientes de los mencionados Toxodontes pampeanos.
Son indefectiblemente de menor talla y en algunos casos hasta enanos. La especie a la que pertenece el fémur de nuestra descripción ya era conocida por Florentino Ameghino quien en su obra "Las formaciones sedimentarias de Mar del Plata" la bautizó con el nombre de Toxodon Chapadmalensis particularizándola por su pequeña talla.
Florentino Ameghino conocía tan sólo un pequeño fragmento de mandíbula en estado juvenil y luego del hallazgo de Carlos Ameghino se confirmaría la presencia de la mencionada especie en el chapadmalense. Rovereto también la cita bajo la denominación impuesta por Ameghino en su importante trabajo sobre los fósiles del Araucanense (28).
EL largo del fémur del Toxodon Chapadmalensis encontrado por Carlos Ameghino es de 0,47 cm. El del Toxodon Burmeisteri del pampeano tiene una longitud de 0,56 cm. Para que el lector tenga una idea del tamaño del Toxodon pampeano se lo puede comparar a un hipopótamo; tenía también hábitos semiacuátícos.
AL finalizar esta comunicación, Carlos Ameghino hace una mención a la obra de Hrdlicka ("Early Man in South America", 1912) señalando como mayor crítica que sus autores no dispusieron del tiempo necesario para reunir suficientes elementos de juicio para emitir una opinión verdaderamente imparcial con respecto al hombre fósil de esta parte de América.
Reconoce que es una obra de mérito pero que las conclusiones generales a que arriba el señor Hrdlicka son completamente exageradas.
Principal - Introducción -- Industrias de la piedra - La labor de Ameghino y Torres - Viaje de Aparicio - Resumen cronológico - Hallazgos de Miramar - El fémur de Miramar - Crítica de Romero - Reunión de Tucumán - La industria arqueolítica - Nuevamente Romero - Los despropósitos de Romero - Los continuadores Frenguelli y Vignati - La polémica del 24 - Nota final 1 - Nota final 2 - Nota final 3 - Consideraciones finales - Bibliografía