Nota final 3  Bibliografía

CONSIDERACIONES FINALES

Como ya lo hemos expuesto en otras páginas de esta misma obra cuando recordamos la primera reunión nacional de la Sociedad Argentina de Ciencias Naturales llevada a cabo en la ciudad de Tucumán en el año 1916 es decir al poco tiempo de que Carlos Ameghino y Luis María Torres comenzaran a dar a conocer sus trabajos sobre Miramar, los científicos allí reunidos, luego de escuchar la comunicación del primero de los nombrados con respecto al "hombre terciario en la Argentina", aprobaron una moción propuesta por el ingeniero Hermitte en la cual consideraban "que los elementos actuales de juicio" no eran suficientes para resolver el problema de la antigüedad de los terrenos donde aparecían restos arqueológicos, aconsejándose nuevas investigaciones geológicas.

En la misma reunión de 1924, la mayoría de los expositores propugnaron la utilización de distintos métodos de estudios pues consideraban que cualquier conclusión a la que se arribara con el uso unilateral de un método como por ejemplo el paleontológico no se podría llegar a esclarecer el problema pues el mismo debería resolverse con la concurrencia de distintos científicos que aportaran sus conocimientos como ser: arqueólogos, geólogos, paleontólogos, especialistas en suelos, clima, etc..

Obermaier en 1932, como lo recuerda Castellano, pedía que se realizaran nuevas excavaciones en el interior de la zona de la playa de Miramar para "aclarar definitivamente las condiciones todavía obscuras del yacimiento." El doctor Alberto Rex González (78) afirma luego de analizar las bolas del yacimiento de Miramar, que la única respuesta a este apasionante problema "la tendrían quienes investiguen en forma intensa y metódica en el terreno investigaciones que son necesidad urgente de nuestra ciencia".

Jorge Lucas Kraglievich en 1959 (79) demuestra a través de un exhaustivo trabajo que los molares del supuesto hombre de Miramar pertenecían a un género extinguido de pecaríes pero aclara que queda por considerar todavía el significado de un conjunto de objetos manufacturados del así llamado chapadmalense y cita los elementos que se deben tomar en cuenta que son:

1) Su exacta ubicación estratigráfica no siempre claramente determinable.

2) Su determinación tipológica.

3) Su autenticidad, en muchos casos puesta en tela de juicio.

Sostiene este científico, que "el problema debe ser reencarado por un equipo de investigadores que examine objetivamente los dos ángulos, estratigráfico y arqueológico por medio de nuevos estudios y excavaciones sistemáticas en los sitios de los hallazgos; mientras tanto, me parece aventurado incorporar esta evidencia altamente dudosa a esquemas relativos a la antigüedad del hombre americano". También arriba a deducciones semejantes el doctor Juan Schobinger (80) quien luego de una extensa crítica a un trabajo de Rusconi, en el epilogo del mismo establece: "otra conclusión que se impone es que las críticas efectuadas a la antigüedad de los objetos de la costa atlántica no alcanzan a dejarnos del todo tranquilos", y cita el caso del fémur del Toxodonte. (Kraglievich también lo considera como uno de los puntos no resueltos), como también el problema de las boleadoras ya que las mismas según nuestro autor, fueron extraídas personalmente por geólogos en situación posiblemente primaria. Tampoco está claro para Schobinger lo que se refiere al yacimiento de Punta Hermengo y recuerda ciertos hallazgos de instrumental de hueso encontrados en las provincias de Santa Fe y Córdoba que hablarían de cierta antigüedad de esos instrumentos dentro del pleistoceno. Luego sugiere que cuanto antes sea posible se deben realizar "excavaciones metódicas en Punta Hermengo y en la zona de "Baliza Chica" y de la "Barranca Parodi". en lo posible por expediciones conjuntas de varios Institutos especializados. También convendría efectuar un nuevo reconocimiento en Monte Hermoso".

Con anterioridad a los dos trabajos mencionados, una de las figuras pioneras en la arqueología argentina, que formó también parte de los primeros que trabajó en la costa atlántica sur, Milcíades Vignati expresaba en una conferencia en homenaje al Dr. Luís María Torres, en su calidad de Académico de número en la Academia Nacional de Historia (81), que ya había pasado más de un cuarto de siglo de su intervención en los hallazgos de artefactos en el chapadmalense recordando la campaña de dudas que estos despertaron, valederas algunas, otras rayanas en la difamación. Ello hizo que más de un investigador se retirara del campo de la discusión para refugiarse en el estudio y en el trabajo silencioso de los laboratorios, tal como lo hiciera el doctor Torres. Agrega Vignati: "Debo reconocer que la actitud de Torres fue prudente al salvaguardar su posición oficial como confieso, igualmente, que mi cautela en la descripción de los materiales no alcanzó a superar la realidad". Las cosas, dice nuestro autor, han cambiado muchísimo puesto que los modernos estudios geológicos de las barrancas que se extienden desde Mar del Plata a Miramar y Punta Hermengo han sido modernizadas por lo que toda polémica en torno a los artefactos arqueológicos hallados en las mismas es superfluo añadiendo: "Ello no obstante, me corresponde decir que dudo haya habido engaño en el material proveniente del piso chapadmalense; admito sí, la posibilidad que algunos de los objetos no hayan estado en situación primaria, como, al mismo tiempo temo que no todo el ínstrumental proveniente de Punta Hermengo tenga origen indígena".

En un trabajo posterior de Vignati, aparecido en 1963 (82) recuerda la propuesta de Keidel, en la reunión de 1924, en la cual este científico afirmaba que faltaba mucho que hacer antes de que se conozca realmente la formación pampeana, posición ésta que concuerda con la del joven investigador Jorge Lucas Kraglievich quien también había propuesto "de que se necesitan estudios geológicos regionales detallados y articulados en un conjunto integral y no simplemente datos parciales de la estructura geológica de un yacimiento aislado". Estos programas propuestos dice Vignati, se postergaron inevitable e indefinidamente porque "en mi concepto la nueva tentativa, aunque plausible, no abarca en su integridad la zona a estudiarse que, según entiendo, debe extenderse por el oeste hasta Monte Hermoso e interiormente hasta sus engranajes serranos" acotando que ya se pasó el tiempo para reticencias, debiéndose prescindir en primer lugar de todo tipo de lealtad a teorías o doctrinas preestablecidas, pues la prioridad número uno es conocer cuanto antes la verdad. El ejemplo lo da el propio Vignati ya que al analizar la arqueología de punta Hermengo, en la obra que estamos comentando expresa: "al tratarse de los artefactos del entonces llamado chapadmalense, que se trata de una industria en todo similar a la de los tiempos protohistóricos y que se encuentra en la superficie, la del piso Ensenadense de Punta Hermengo es, en su casi totalidad, insólita y no tengo ambages en considerarla intrusiva. Más todavía, así tomo reconozco que hay piezas indudablemente auténticas las hay también evidentemente fraudulentas". Continúa su crítica diciendo que bastaría analizar en su conjunto los instrumentos arqueológicos que son heterogéneos de morfología moderna y manufactura adecuada al trabajo de huesos fósiles ya consolidados, para que su inclusión a épocas geológicas remotas resulte grotesco; tampoco existe un contexto industrial característico pues algunos objetos corresponderían a pueblos de vida litoral y otros son propios de los habitantes mediterráneos, afirmando: "Y todo, ése agregado es tan incongruente que llama la atención que el señor profesor Menghin haya podido aceptarlo como bueno y declararlo de edad epimiolitica. Ni su antigüedad, ni su morfología permiten encuadrarlo en semejante categoría. Reconozco que, en realidad, en aquel entonces, estaba equivocado no solamente en lo que era el nudo del asunto, sino también, en el planteo del problema. Con estas líneas hago la enmienda honrada de todas las conjeturas que ahora comprendo, carecían de la base real requerida para esta clase de inferencias".

Con estas palabras cerramos un capítulo de la historia de la arqueología pampeana que comenzó en los albores de nuestro siglo y que está esperando de nuestros investigadores una nueva etapa en la que no pesen sobre la mente nombres ni esquemas premeditados, que no nos dejemos confundir por seguir el hilo de nuestro propio pensamiento que a veces nos tiende la trampa de no dejar ver la realidad que nos circunda, tratando de que ésta se amolde a nuestra esquema de trabajo. De lo que estamos diciendo hay un hermoso ejemplo que no se puede dejar de citar. Schobinger (83) relata al tratar la antigüedad de los sedimentos pampeanos lo siguiente: "Lo que no puede admitirse en este problema de la datación y correlación de los sedimentos pliopleistocenos (y en esto estoy de acuerdo con Rusconi y Castellano) son soluciones acomodaticias como la sugerida por Martínez del Río". Este autor en su tratado (84) aprueba que Frenguelli haya comprimido la larga cronología de Ameghino colocando toda la formación pampeana dentro del pleistoceno, pero no conforme con esto Martínez del Río se pregunta si no hubiese sido más conveniente comprimir más las series hasta hacerlas entrar en la última glaciación y en los períodos recientes tan ricos en oscilaciones. Schobinger acota: "La geocronología depende de algo más que del gusto y de las conveniencias de los investigadores.

Pareciera entonces que "todo es cuestión de apretar" Así mismo no creo en intenciones aviesas como tampoco en olvidos voluntarios pero sí en esquemas rígidos que no permiten actuar con la mínima objetividad que la ciencia exige. La Psicología de la forma sostiene que la percepción es interesada y sea tal vez este mecanismo el que impida a veces ver las cosas con claridad. Basado en las ideas expuestas es que realizamos esta exégesis histórica, que debe tener errores, que se cometen al querer sintetizar el pensamiento de tantas y meritorias figuras de nuestra arqueología. "Nuestra intención es la de volver a las fuentes para encontrar el camino. Todos aportaron ideas, todos trabajaron, en la biblioteca, en el laboratorio, en el campo, pero todos alguna vez se equivocaron, fruto tal vez de la soledad, del individualismo, del rencor. Lo bueno de la historia, cuando se vuelve a las fuentes, es encontrar la posibilidad de evitar la omnipotencia de creer que nuestro modesto aporte, pueda cerrar para siempre, como en este caso, la discusión o la investigación sobre el origen del hombre pampeano, un libro del cual tal vez estamos escribiendo recién el prólogo.

Principal - Introducción - Industrias de la piedra - La labor de Ameghino y Torres - Viaje de Aparicio - Resumen cronológico - Hallazgos de Miramar - El fémur de Miramar - Crítica de Romero - Reunión de Tucumán - La industria arqueolítica - Nuevamente Romero - Los despropósitos de Romero - Los continuadores Frenguelli y Vignati - La polémica del 24 - Nota final 1 - Nota final 2 - Nota final 3 - Consideraciones finales - Bibliografía

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