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LOS NICOLAITAS
Cuando nuestro Señor Jesucristo caminó entre los hombres, enseñó a sus discípulos a cuidarse de la levadura de los fariseos, a quienes denunció como hipócritas. Entre ellos colocó al sumo sacerdote y a los oficiales del templo junto con los maestros (escribas o profesores) de la sinagoga.
Jesús declaró cómo estos habían corrompido la verdad de Dios, con las doctrinas y las enseñanzas de los hombres. La verdad, tal como originalmente se les había dado, ya no estaba en ellos. Aquello que ellos llamaban la verdad de Dios, no era tal y les convertía en ciegos y líderes de ciegos haciendo que sus seguidores tropezaran y cayeran.
Por tanto, y como una advertencia a todos aquellos que se unían a él, el Señor dijo sobre aquellos hombres no espirituales, que hacían largas oraciones simplemente para figurar, dando un espectáculo público, que, si bien parecían tener un contenido de humildad, lo único que querían era, ser vistos por los hombres.
Lo que en realidad aquellos hombres deseaban era ocupar los asientos más importantes en todas las fiestas; los saludos que recibían en los mercados, de los hombres verdaderamente humildes y sinceros, de los que pretendían ser aceptados como sus superiores y les dirigieran la palabra diciéndoles: rabí, maestro, mi maestro.
Pero nuestro Señor ordenó:
Mateo 23
8 Mas vosotros, no queráis ser llamados Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos vosotros sois hermanos.
9 Y vuestro padre no llaméis á nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos.
10 Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.
11 El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.
Aquí encontramos un doble mandamiento para un doble propósito:
No permitáis a los hombres que son hermanos en Cristo, y quienes componen la Iglesia de Dios, que, por ningún motivo, te llamen maestro, Pues Uno solo es el Maestro.
No permitáis ninguno de vosotros ser poseído con el espíritu carnal de querer que aquellos hombres, que son tus hermanos en la Iglesia de Dios, te llamen Maestro.
También agregó, que además tenían el deseo carnal de querer ocupar el puesto más alto ante los ojos de los que forman el pueblo de Dios.
A aquellos líderes les acusó de extorsión y de abusos, y también les acusó ser devoradores de hogares y de viudas.
Jesús les increpó de ser hipócritas, aspirantes de llegar a ser dignatarios de las congregaciones del más alto Dios.
Estas condiciones tal como las describió Jesús, existen hoy día en las diversas iglesias.
Pues es cierto que debe haber un orden y Dios aprobó el honor que había de darse a algunos tal como podemos leer en
I Tesalonicenses 5
12 Y os rogamos, hermanos, que reconozcáis á los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan:
13 Y que los tengáis en mucha estima por amor de su obra.
I Timoteo 5
17 Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doblada honra; mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.
¿Por qué predicar y enseñar, o dicho en otras palabras, de guiar y conducir. En lugar de gobernar?
Pues porque todos aquellos que están sobre nosotros en el Señor son nuestros pastores. Estos deben de guiar y conducir, no dominar.
Gobernar es la administración de un sistema humano por los humanos.
Nosotros tenemos un gobernante que está en los cielos y es Jesús, quien, en sus mandamientos nos impone las reglas que todos debemos seguir y nos conduce como lo hace el Buen Pastor.
No se si ustedes habrán visto alguna vez a los pastores saliendo con sus ovejas.
Temprano en la mañana, al despertar el alba, los pastores comienzan a preparar a sus ovejas para el día. Con sus alforjas acuestas y rodeados de sus perros, abren los corrales para que estas salgan. Todas se arremolinan alrededor de los pastores alejadas de los perros en espera de la señal de marcha. Esta se dá, cuando el pastor, apoyado en su largo cayado, comienza a caminar por las calles del pueblo. Todas las ovejas le siguen detrás como un río de blanca lana que surca por las esquinas y encrucijadas del aún adormilado pueblo. El lento caminar del pastor con sus ovejas les lleva por fin a las afueras del pueblo; vigiladas por los perros, las ovejas, comienzan a esparcirse un poco más siguiendo al pastor. Hasta que por fin llegan a la verde pradera. En ese momento las ovejas sobrepasan al pastor y éstas caminan hacia el lugar donde encuentran su mejor pasto. Ahora el pastor va detrás, vigilante para no permitir que ninguna se le descarríe. El pastor, dirigiéndolas con la ayuda de los perros, las deja pastar a placer. El regreso a casa, generalmente se hace al revés, ahora las ovejas conocen el camino y ellas van delante y el pastor detrás cuidando que ninguna se le extravíe.
Esta es la bella analogía que encontramos en la Biblia. No la del domador de circo encerrado con sus fieras en una jaula, a las que domina, doblega y hace obedecer.
I Pedro 5
1 Ruego á los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de las afliciciones de Cristo, que soy también participante de la gloria que ha de ser revelada:
2 Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto;
3 Y no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino siendo dechados de la grey.
4 Y cuando apareciere el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.
5 Igualmente, mancebos, sed sujetos á los ancianos; y todos sumisos unos á otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes.
6 Humillaos pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce cuando fuere tiempo
Los “maestros ciegos” dirán, pero no harán.
El anciano ungido de Dios, dirá y hará, y así será un ejemplo para el rebaño, a quién el pueblo amará y le tendrá en alta estima, por su obra, y por que en su corazón nunca deseará enseñorearse sobre la herencia de su maestro. Es ésta la aspiración de parte de algunos hombres, el convertirse en señores de la herencia de Dios y es esto exactamente lo que Dios odia.
Hace algún tiempo me impresionó un artículo que leí acerca de los Nicolaitas. La Doctrina de los Nicolaitas no es más que lo que la palabra Nicolaita significa.
En el libro de la Apocalipsis, Jesucristo representa los hechos o el comportamiento y la doctrina de aquellos en las dos iglesias narradas en el capítulo 2 versículos 6 y 15, las iglesias de Efeso y de Esmirna. El Señor demanda el arrepentimiento por parte de aquellos que mantienen y practican esas cosas y él amenaza, con castigos drásticos, si no le obedecen:
Apocalipsis 2
16 Arrepiéntete, porque de otra manera vendré á ti presto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.
El artículo, hablando de la etimología de la palabra, decía que esta, Nicolaitas, estaba compuesta de otras tres palabras griegas. La primera es “Nikos”. Esta palabra significa conquista, victoria, triunfo, los conquistados y por extensión, cualquier dominio sobre el vencido. Hay palabras como Nicopolis que significa “ciudad conquistada” por “polis” ciudad. Otro sería “Andrónicos”. “Andros” significa hombre, será, por tanto, hombre de conquista.
El segundo término usado en Nicolaitas es la palabra “laos”, cuyo significado es “pueblo”. Nicolás es una contracción de Nicolaos cuyo significado es “victorioso sobre el pueblo”. También una palabra griega es “laico” y su raíz es también “laos”.
La tercera palabra que entra en la construcción de Nicolaítas, es “ton” en la que la letra omega por contracción se convierte en una “a” y que es el genitivo plural del artículo “el”.
Así pues tenemos Nikos es “el dominio sobre el vencido”. En segundo lugar “laos” el pueblo y en tercer lugar “ton” que nos indica la relación que existe entre las dos palabras “de el”.
Utilizando los términos eclesiásticos una definición más larga sería “los oficiales de la iglesia (obispos, prelados, pastores, sacerdotes, ministros, etc.) han ganado una victoria triunfal o conquista sobre los laicos”. En otras palabras los de mando en la iglesia han sometido bajo su mandato a los hombres.
Y esto es exactamente lo que Dios odia.
La evidencia a esto la encontramos en cualquier diccionario o libro que hable de la jerarquía eclesiástica. De hecho “jerarquía” implica poder y dominio.
Más evidencia la podemos encontrar en la religión católica cuando en el concilio de Trento se declara: “Si alguno dijere que en la Iglesia Católica no existiere una jerarquía establecida por ordenanza divina, consistiendo ésta de obispos, presbíteros y ministros, sea anatema”.
¿Cual es el significado de episcopal? El diccionario lo define como el poder de gobierno que pertenece o es investido en obispos y prelados. Gobierno de la iglesia por medio de los obispos”
La iglesias, al establecer rangos superiores automáticamente declaran a aquellos otros que no están incluidos en ellos como inferiores.
Se dan cuenta hermanos de qué manera, sin darnos cuenta, nos desviamos de lo que a Dios le gusta. En el momento que establecemos rangos o clases, automáticamente estamos estableciendo diferencias y en esas diferencias unos estarán situados en los escaños superiores y otros estarán en los inferiores.
Habrá miembros superiores y miembros inferiores.
¿Es acaso eso lo que Cristo predicó?
¿Pueden ahora apreciar de donde viene la doctrina de los nicolaítas, la que tanto Dios odia?
A pesar de todo, quizá no en todas las iglesias se practique las doctrinas de los nicolaítas, pero ¿qué hay de sus actitudes? Ese escondido deseo de enseñorearse de la Iglesia de Jesucristo, la cual, solamente deberá estar sumisa a su divino Maestro.
La actitud que debe imperar en cualquiera de ellas es simplemente la actitud de servicio de Cristo.
Esa ha de ser nuestra actitud.
Mateo 20
25 Entonces Jesús llamándolos, dijo: Sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.
26 Mas entre vosotros no será así; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor;
27 Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo:
28 Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Eloy Garcia Calleja
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