|
EL MODELO
Dije que no iba a escribir. Pero no aguanto más, estoy cansado de oír esa palabrita: el modelo. Hermanos, me recontrarequetepatea el modelo.
Entiendo que todos provenimos de un modelo. Todos los que hasta aquí hemos llegado, hemos pasado por uno o varios modelos.
Pero eso es precisamente lo que nos ha hecho ir rompiendo con los modelos humanos y llegar a donde ahora nos encontramos.
Y ahora que hemos avanzado, que el velo se nos ha empezado a descorrer, nos miramos a nosotros y nos sentimos solos, tenemos miedo, ¿por qué? Porque no tenemos modelo.
Y yo les pregunto ¿están bien de la cabeza?
Todos estos años persiguiendo la luz, al menos eso es lo que decíamos, y ahora que la Luz empieza a resplandecer, al empezar a descorrerse la cortina, nos da miedo el resplandor.
Permítanme decirles como yo veo el modelo.
Para todos los que sentimos una responsabilidad religiosamente cristiana, hemos tratado de llegar a Él por las indicaciones de otros.
Es como si nos hubieran dicho: sí, Él se encuentra en ese espeso bosque, tienes que encontrarlo. Pero no te preocupes que yo te voy a guiar, te voy a dar un mapa y para que no te pierdas, yo iré interpretándolo a tu lado. El camino en el bosque es muy peligroso, pero yo te llevaré de la mano.
Y nosotros, sumisos, comenzamos a caminar por ese bosque que ni siquiera nos permite ver el cielo. De pronto aparece un animal feroz en medio del bosque, pero por medio del mapa y las instrucciones de nuestro guía humano, salimos del peligro. Al avanzar un poco más nos encontramos frente a un oscuro y profundo precipicio. El mapa nos enseña cómo tomarnos de una liana y volar hasta el otro lado, pero al caer, caemos sobre arenas movedizas. Nuestro acompañante nos arroja un palo y podemos salir de ellas.
Y así sucesivamente, por días meses y años.
A los que aquí estamos pareciera que estuviéramos andando en círculos. Después de tanto tiempo aún no Le vemos.
No te preocupes, hijo mío, si sigues como hasta ahora, escuchando mis consejos, algún día Le verás.
Después de tantas luchas, saltos, caídas y levantadas, llegamos a dominar el mapa. Pero estamos cansados. El mapa se ha convertido en algo bastante pesado y, además, ya nos lo sabemos de memoria, hemos aprendido todos sus trucos. Nuestro acompañante nos ha hecho ir por casi todo el manual. Solamente ha tocado muy superficialmente cuatro secciones de él.
Cuando nos ponemos a leerlas, nos damos cuenta que todas las otras partes se referían a su acompañante y, en segundo término a nosotros. Pero esas cuatro partes que apenas se han tocado se refieren absolutamente a nosotros.
Vamos hacia nuestro acompañante y le decimos: Gracias por su trabajo y su tiempo, pero de ahora en adelante voy a seguir mi camino, pues creo saber como llegar a Él.
¿Estás loco? Si no hubiera sido por mí ahora estarías muerto.
Lo sé y por eso se lo agradezco. Adiós.
Y partimos por medio de la oscura y tenebrosa jungla con nuestras cuatro partes del manual bajo el brazo.
Nos sentamos bajo un árbol y leemos.
Pero esto ya lo había leído antes.
Sí.
Pero ahora suena diferente, el camino es por allí.
Y en a medida que vamos adentrándonos por el camino, la Luz se empieza a filtrar por entre las copas de los árboles.
Seguimos leyendo y caminando. La luz es cada vez más fuerte.
Nuestro acompañante nos sigue gritando detrás que tengamos mucho cuidado pues no vamos a poder seguir solos.
De repente, el bosque se acaba. Frente a nosotros, se encuentra una enorme pradera circular, totalmente iluminada por una Luz resplandeciente.
La Luz nos sonríe y nos dice tendiéndonos la mano: Ven a Mí y descansa, ya no hay más peligros, si tienes fe en Mí, el camino es llano.
Por otro lado nuestro acompañante sigue gritándonos detrás.
Esta es la coyuntura en que se encuentran los “modelistas”.
Nosotros, para cruzar la jungla hemos tenido que aprender técnicas de supervivencia.
Esto nos ha costado muchos años. Mucha práctica, mucha sangre y muchas lágrimas.
No puede ser tan fácil.
Ya no hay que saltar, ni agacharse, ni cansarse.
La distancia del borde de la jungla a la mano de Él se mide en fe.
Para llegar no necesitas de trucos, saltos ni técnicas.
No hay nadie que te ayude ahora, solo está Su mano, la sonrisa de Su amor y la promesa del descanso, nuestro descanso en Él.
Por nuestra parte solamente necesitamos fe.
El modelo es una consecuencia. Muchos buscan el modelo para poder experimentar a Cristo o para que Cristo se manifieste en ellos. Y ahí es donde, precisamente se encuentra la equivocación.
Antes de que eso suceda, nosotros, individualmente tenemos que acercarnos a Cristo, tenemos que sentirle, tenemos que experimentarle.
Luego cuando nos reunimos en asamblea, cada uno experimentará a Cristo en la forma que está acostumbrado a hacerlo. Pero va a ser Él y solamente Él, quién se manifestará en forma corporativa dentro de los congregados.
Él creará su modelo en nosotros, en la medida que nuestra fe nos acerca a Él.
Es una falacia el pensar que por hacer ciertas cosas de cierta manera nos va a aumentar nuestra fe y, en consecuencia la expresión de Cristo en la asamblea va a ser mayor.
Se requiere, antes de nada, un compromiso personal e individual de acercarnos a Cristo. Para ello, probablemente nosotros desarrollemos un “modelo” individual. No obstante, ese “modelo” será útil para cada uno de nosotros y no será aplicable a nuestro compañero.
Su compromiso es que Él, con su “modelo” en la asamblea, nos hará crecer en fe. Nosotros solos no podemos hacerlo.
Lo único que Él desea es que salgamos del bosque y en fe caminemos hacia Él. Si así lo hacemos veremos a otros hermanos saliendo también del bosque en Su dirección.
Dependiendo de qué parte del bosque provengan, unos caminarán lentos, otros rápido, unos saltando, otros arrastrándose, unos indecisos, otros firmes. Pero solamente cuando Le veamos claramente será cuando sentiremos a nuestros hermanos a nuestro lado.
Entonces, el Rey de Reyes y Señor de Señores se manifestará en nosotros.
Y entonces, cuando nos miren todos aquellos que aún dudan salir del bosque y nuestro acompañante, escondido entre la espesura, dirán: ¡Que modelo tan raro!
Eloy García Calleja
Santiago Octubre, 2001
|