Entonces Jesús llamándolos, dijo: Sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.

Mas entre vosotros no será así; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor;

Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo:

Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Mat 20:25-28

 

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El Gobierno y la Gracia

Hace algún tiempo, alguien me dió una fotocopia, fragmento de un libro, al parecer escrito por los Hermanos.

No tiene nombre, ni título, ni autor, así que pido perdón a la herramientas que hicieron posible este lindo estudio que, estoy seguro, va a enriquecer a muchos.

CUBRIRSE LA CABEZA

Vamos a considerar ahora el importante tema del cubrirse la cabeza.

En 1 Corintios 11:2-16, la palabra «hermano» o « hermana » no se usa. Más bien, el tema - cubrirse la cabeza - es referido a «hombre» y «mujer». De ahí que aquí no se toca nuestra posición en Cristo, sino el orden de la creación de Dios.

Además, este mismo pasaje no afirma que: «Yo y el Padre una cosa somos» (Juan 10:30); simplemente declara que «la cabeza de Cristo es Dios» (v. 3). Así que la relación aquí descrita no es la de Padre e Hijo, sino la de Dios y Cristo, o Dios y su Ungido. No trata de las cosas que sucedieron en la divinidad entre Dios y el Padre y Dios el Hijo. En vez de ello, se refieren a la relación de Dios con el Cristo de Dios, Aquel que fue enviado y ungido por Dios. El cubrir la cabeza no tiene nada que ver con la divinidad; está relacionado de modo exclusivo a la relación de Dios y su Ungido. Además, el cubrir la cabeza aquí, no es considerado como entre Cristo y su Iglesia. No es porque Cristo sea la cabeza de la iglesia y la iglesia sea el cuerpo de Cristo, que hay que cubrirse la cabeza. No, este no es el hecho aquí. Lo que se dice aquí es «La cabeza de todo varón es Cristo» (v. 3). Aunque hay muchas personas, Cristo es la cabeza de cada uno. El ser la cabeza aquí no se refiere a la iglesia, más bien, muestra que Cristo es la cabeza de cada uno. De modo que la relación definida aquí señala no a Cristo y a la iglesia, sino a Cristo y a cada persona. No trata de las relaciones entre los hijos de Dios, entre hermanos y hermanas; no nos dice lo que los hermanos y hermanas en la iglesia tienen que hacer. Nos dice meramente que «la cabeza de todo varón es Cristo y la cabeza de toda mujer es el varón». Esta relación tiene que ser entendida antes de que podamos conocer en qué consiste cubrirse la cabeza.

Los dos sistemas universales de Dios

Hemos de ver la cuestión de cubrirse la cabeza desde cierta distancia; de otro modo no será fácil entender 1 Corintios 11. Para comprender este capítulo se requiere conocer a Dios y su mundo. Primero hemos de saber que Dios ha establecido dos sistemas en el universo: el sistema de la gracia y el sistema del gobierno.

  • El sistema de la gracia

Todo lo que se refiere a la iglesia, salvación, hermanos y hermanas e hijos de Dios, queda incluido en el sistema de Dios de la gracia. Todo lo que pertenece al Espíritu Santo y a la redención pertenece a este sistema de la gracia. Dentro de los procesos de la gracia, la relación del hombre y la mujer es tal, que la mujer sirofenicia recibió la gracia de Dios como la había recibido el centurión. Lo mismo María que Pedro. De la misma manera, Marta o María podrían haber sido levantadas de los muertos como lo fue Lázaro.

  • El sistema del gobierno

Pero hay otro sistema en la Biblia que llamaremos el gobierno de Dios. Este sistema es enteramente distinto al de la gracia. El gobierno de Dios es un sistema independiente bajo el cual Dios hace lo que Él quiere.

Cuando Dios creó al hombre, creó al varón y a la hembra. Esto pertenece al gobierno de Dios. Creó al varón primero y a la hembra después, esto es también una cosa de su gobierno. Él hace lo que le place. Tiene una voluntad soberana e independiente. Cuando decidió que el Señor Jesús sería de la descendencia de la mujer, esto fue también el gobierno de Dios. Él no deja entrar al hombre en su consejo.

En el jardín del Edén, Dios señaló al hombre que comiera fruto como alimento. Eso fue gobierno de Dios. Él hizo lo que se complació en hacer. Después del diluvio, Dios dio la carne de animales a los hombres también como alimento. Esto fue también un acto de gobierno.

En el principio los hombres hablaban todos la misma lengua. Pero los hombres se unieron para edificar la Torre de Babel en un acto de desafío a Dios. Como resultado hubo una confusión de sus lenguas, de modo que no podía entenderse los unos a los otros. Esto es la mano de gobierno de Dios sobre los hombres. Después, con ocasión de Pentecostés, Dios derramó su Espíritu e hizo que los hombres hablaran en lenguas. Esto fue también la mano de gobierno de Dios.

Después de la torre de Babel, Dios esparció a los hombres por toda la tierra. Pasaron a ser muchas razas. Esto fue el resultado del gobierno de Dios. De estas muchas razas, Dios escogió a un pueblo para que viviera apartado, la raza de Israel, para que perteneciera a Él, y esto es la gracia. Pero, el dividir a la humanidad en razas, esto es su gobierno.

Después de poco, estas muchas razas pasaron a ser muchos reinos. Según la historia bíblica, los reinos empezaron después de las razas. Primero las razas y después las naciones. Cada reino tenía un rey sobre el pueblo. Esto fue permitido también por Dios en su orden de gobierno.

Durante el tiempo de los jueces, los israelitas eran sólo una raza, no un reino. Incluso durante el tiempo de Samuel eran todavía como las demás razas, porque no tenían un rey que rigiera sobre ellos. Pero un día el pueblo de Israel pidió un rey, como tenían las otras naciones. Al hacer esta decisión, ellos mismos se apartaron de la gracia y del gobierno. Dijeron: «Ahora danos un rey que nos juzgue como a todas las demás naciones». (1 Samuel 8:5). Dios le contestó por medio de Samuel diciendo: «Ahora pues, oye su voz, pero adviérteles solemnemente y muéstrales como les tratará el rey que reinará sobre ellos» (v. 9).

Así que Dios escogió a Saúl para que fuera su rey. Tan pronto como fue escogido Saúl, empezó en Israel el gobierno de Dios. Esto no significa que la gracia ya no existiera, pero indica que los israelitas se habían puesto a sí mismos de modo irrevocable bajo gobierno. Más tarde no fueron libres para resistir a su ungido porque era su rey. Auque más tarde, por lo que se refiere a la gracia. Saúl abandonó a Dios, sin embargo era todavía rey según el gobierno. Si seguimos esos dos cursos diferentes, veremos dos situaciones diferentes. Según la gracia Saúl falló, pero según el gobierno era todavía rey. Por ello fue que David no podía resistir la autoridad establecida por Dios.

La gracia y el gobierno unidos y completados

Estos dos sistemas de gracia y de gobierno, siguieron uno al lado del otro hasta la venida del Señor Jesús. Es bien evidente que hay dos lados en la obra de Dios: el sistema de la gracia de Dios y el sistema de la providencia de Dios que prosiguen juntos en el mundo. Los sacerdotes y los profetas se hallan en el lado de la gracia; los reyes y los líderes de Israel se hallan del lado del gobierno.

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