Santo Tomas de Aquino

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Biografia, y Devociones de Santo Tomas de Aquino en la Pagina Paralela

 

 

87. El conocimiento del hombre de si mismo

1. Entre mas libre este una cosa de las limitaciones de la materia, mas conocible es. Y entre mas independiente un poder-conocedor es, en su ser y en su operación, de los obstáculos de la materia, mas perfecto es. Decimos que la inmaterialidad es la raíz del conocimiento y del conocer. Porque Dios es espíritu infinito, el es enteramente inmaterial; así Dios es supremamente conocible, y supremamente conocedor. Dios se conoce a si mismo por su esencia, por ser Dios. Los Ángeles son espíritus, no obstaculizados por la materia; se conocen a si mismos en su esencia, porque Dios les da conocimiento al criarlos y les da su esencia. El intelecto del hombre se conoce a si mismo, no por su esencia, sino por su operación. La mente directamente conoce las esencias abstraídas de fantasmas (las esencias de cosas materiales), y por la reflexión, la mente puede conocer que conoce; puede conocerse a si misma por conocer. De los seres intelectuales, Dios se conoce perfectamente, los Ángeles menos perfectamente, y el hombre lo mas menos perfectamente.

2. Los hábitos en el orden intelectual son: (a) las verdades adquiridas, retenidas, y preparadas para el uso de nuestra razón; y (b) la facilidad practicada de adquirir conocimiento por usar estas verdades adquiridas y permanentemente retenidas como un equipó mental. Nuestra captación de los primeros principios, ya sean intelectuales o morales, es un habito; los primeros principios intelectuales constituyen un habito fundamental para nuestro pensamiento; los primeros principios morales forman un habito básico a toda nuestra conducta responsable. La mente o intelecto no esta directamente conciente de los hábitos como tales; los conoce por la reflexión.

3. El intelecto, ejercitando su operación continua de conocer esencias de cosas materiales, conoce estas esencias a su propio modo, de modo universal. Y como se a notado, el intelecto puede reflejar, o dirigir su atención hacia si mismo; así puede conocer las cosas en singular, y se puede conocer a si mismo que opera, y puede conocer su operación.

4. Y el intelecto puede conocer la voluntad. Conociéndose a si mismo y a sus operaciones conoce la tendencia del hombre a seguir al conocimiento, de tender tras lo que el conocimiento presenta como deseable. Así el intelecto conoce la voluntad.

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