Introducci�n
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Cap�tulo X UNA INEXPLICABLE POSICI�N DEL SOLDespu�s de la cena, el meteor�logo instal� el hips�metro con la firme convicci�n de que, dado el largo y peligroso descenso que hab�an hecho a lo largo de cuarenta y cinco kil�metros, el mercurio subir�a por lo menos a los 130�, indicando una profundidad de diez mil metros aproximadamente, o sea, la m�xima durante aquel tiempo. Incluso calcul� de antemano la altura de los puntos de ebullici�n comprendidos entre 130 y 135� para dejar pasmados a sus compa�eros. �Cu�l no ser�a su asombro al ver que el term�metro marcaba s�lo 120�!...- Aumenta mi colecci�n -declar� en tono ssolemne- Supongo que ninguno de ustedes dudar� de que hoy hemos bajado una cuesta, y a bastante rapidez. - Naturalmente. Claro que s�. El agua no corre hacia atr�s -le contestaron. - Bueno. Pues el hips�metro indica que heemos ido cuesta arriba, subiendo durante el d�a m�s de mil setecientos metros. �Qu� les parece? Cuando todos se hubieron convencido de que no era ninguna bronca, Borov�i continu�: - A lo mejor, continuando cuesta abajo, ppronto saldremos de este incre�ble abismo al lado del Polo Norte. - Pues yo creo que se avecina una cat�strrofe pronunci� Gromeko con aire misterioso-. En este enigm�tico agujero la atm�sfera se halla extraordinariamente enrarecida y la presi�n desciende, anunciando un hurac�n, un cicl�n, un tif�n, una tromba o algo por el estilo. En espera de esa perturbaci�n, y para soportarla con calma, propongo a todas las personas razonables meterse en sus sacos de dormir. Todos, incluso Borov�i, se echaron a re�r y siguieron el consejo del m�dico. Pero el meteor�logo verific� previamente si estaban bien plantadas las estacas y bien tirantes las cuerdas que sujetaban la yerta. Efectivamente temeroso de alguna cat�strofe atmosf�rica, durmi� inquieto, despert�ndose varias veces para escuchar si no hab�a arreciado el viento y se desencadenaba el fen�meno esperado. Pero todo estaba en calma. El viento soplaba regularmente como todo el tiempo atr�s, sus compa�eros dorm�an, los perros gru��an y ladraban entre sue�os. Borov�i volv�a a posar la cabeza sobre la almohada, procurando ahuyentar sus temores y quedarse dormido. Por la ma�ana sali� de la tienda antes que los dem�s para tomar nota de las indicaciones de -los aparatos que hab�a dejado fuera durante la noche. Sus compa�eros continuaban en los sacos de dormir. De pronto se alz� la cortina de fieltro que serv�a de puerta, dando paso al meteor�logo que volv�a a la yurta p�lido y con los ojos desorbitados y pronunci� tartamudeando: - Si estuviese solo, no dudar�a ya de quee me he vuelto loco. - �Pero qu� pasa? �Qu� ha ocurrido? �Qu� cat�strofe se ha desencadenado? -le preguntaban, unos asustados y otros ir�nicos. - Las nubes o la niebla se han disipado ccasi enteramente y el sol, �comprenden ustedes?, el sol polar, se encuentra en el cenit -grit� Borov�i. Todos corrieron hacia la salida, empuj�ndose y visti�ndose a toda prisa. Sobre la llanura helada flotaba una bruma ligera y, a trav�s de ella, un disco rojizo lanzaba una luz tan pronto brillante como opaca, justo encima de los viajeros y no cerca del horizonte como deb�a encontrarse el sol polar a las cinco de la ma�ana de principios de julio a 80� de latitud Norte. Con la cabeza levantada, todos observaban silenciosos aquel extra�o sol que ocupaba un lugar ins�lito. - Qu� sitio tan raro es esta Tierra de Naansen -pronunci� al fin Maksh�iev entre tr�gico e ir�nico. - �No ser� la luna? --hipotetiz� P�pochkiin-. Quiz� estemos en la �poca de la luna llena. Borov�i hoje� su prontuario de bolsillo. - Efectivamente, es el momento de la lunaa llena, pero este disco rojo no parece la luna: luce con mayor fuerza y da m�s calor. - �Y si en la Tierra de Nansen...? -comennz� Maksh�iev. Pero Kasht�nov le interrumpi�. - En los pa�ses polares, la luna nunca esst� en el cenit durante los meses de verano: o no se la ve o apenas se levanta sobre el horizonte. - Entonces, si no es el sol ni la luna, ��qu� es? Nadie pod�a contestar a la pregunta. Los viajeros continuaron haciendo hip�tesis y rechaz�ndolas. Despu�s de desayunar volvieron a ponerse en camino. El term�metro marcaba 8� sobre cero. La niebla se espesaba unas veces, ocultando el astro rojizo, y otras se disipaba, dej�ndolo entonces ver, inm�vil en el cenit. Continuaban bajando por la llanura helada a lo largo de un gran arroyo. La cuesta parec�a suavizarse. Los perros corr�an animosos y los Viajeros iban montados en los trineos, de los que se apeaban de vez en cuando para arreglar alg�n tiro o tender una pasarela sobre una grieta m�s profunda. En cuanto el sol aparec�a entre los remolinos de niebla todos levantaban la cabeza para contemplar aquel astro enigm�tico que ocupaba en el cielo una posici�n tan antinatural. A la hora del almuerzo se hizo alto como siempre. Aunque los relojes eran los �nicos que se�alaban mediod�a porque el sol continuaba en el cenit y no parec�a tener intenci�n de cambiar de sitio. - Cuanto m�s lo miro, menos lo entiendo --rezong� Borov�i-. Incluso a 80� de latitud Norte el Sol debe desplazarse en el cielo y no estar en el mismo sitio, puesto que la tierra gira. Durante el alto determin� la altura del Sol, que era igual a 90�. - Cualquiera dir�a que estamos en los tr��picos durante el solsticio de verano o en el ecuador durante el equinoccio -dijo despu�s de sus observaciones-. �Qu� latitud apunto? �Que me piquen si tengo la menor idea de d�nde nos encontramos y de lo que ocurre a nuestro alrededor! Las ideas se me embrollan y todo me parece un sue�o estrafalario. Los dem�s compart�an el sentimiento de Borov�i y no lograban explicarse aquel nuevo fen�meno incomprensible que, por lo misterioso, superaba a todos los anteriores: las indicaciones contradictorias de los aparatos, el viento que soplaba siempre en la misma direcci�n, las nubes constantes, el calor anormal, la luz rojiza y la colosal depresi�n, m�s profunda que todas las conocidas sobre la tierra. Durante el almuerzo y el descanso que le sigui� se hicieron miles de conjeturas sobre las cat�strofes que hab�an podido producirse en la tierra desde que los viajeros, primero en el Estrella Polar y luego en la Tierra de Nansen, se hallaban aislados del resto del mundo. |
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