Introducci�n
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Cap�tulo VIII A TRAVES DE LA CORDILLERA RUSSKILa expedici�n se adentr� durante dos d�as en la tierra de Nansen a trav�s de una llanura de nieve que ascend�a suavemente hacia el Norte y no presentaba ninguna dificultad para el r�pido avance. El hielo ten�a pocas grietas y, en su mayor�a, cegadas por la nieve. El tiempo era gris y del Sur llegaban, empujadas por el viento, unas nubes compactas que a veces se deshac�an en nieve y ocultaban la lejan�a. Los hombres y los perros iban amold�ndose poco a poco a la marcha. Borov�i iba en cabeza, probando con su palo la nieve para descubrir a tiempo las grietas y consultando la br�jula para mantenerse en la orientaci�n elegida. Maksh�iev, P�pochki e Igolkin iban cada uno al lado de su trineo, dirigiendo a los perros. Gromeko corr�a un poco apartado, pero cerca para ayudar al trineo que se atascara, y Kasht�nov cerraba la columna, tambi�n con la br�jula en la mano, levantando la carta del itinerario. En la parte trasera del �ltimo trineo iba fijado un od�metro, ligera rueda unida a un contador, que marcaba la distancia recorrida. Por eso hab�a que evitar sobre todo cualquier aver�a de ese trineo.Todos los viajeros llevaban id�nticos trajes polares; la kujlianka chukchi, camisa de pieles con el pelo hacia dentro y capota para la cabeza. En caso de grandes fr�os iban en los trineos otras kujdiankas que se pod�an poner encima de las primeras, pero con el pelo hacia fuera. Ahora, por ser verano, bastaba una sola que, adem�s, deb�a ser sustituida por una chaqueta de punto de lana en caso de lluvia, ya que las prendas de piel de reno no se deben mojar. El resto de la indumentaria se compon�a de unos pantalones tambi�n de piel con el pelo hacia dentro, y de torb�s, ligeras botas altas de pieles. En caso de que subiera mucho la temperatura se pod�a sustituir toda la ropa de pieles por otra de lana que llevaban de repuesto. Todos marchaban en esqu�s, ayud�ndose con los palos. La llanura estaba cubierta de hileras de accidentes, cavidades y chepas, causadas pon las nevascas del invierno y s�lo en parte suavizadas por el deshielo, que dificultaban la marcha m�s que las grietas, no muy frecuentes. Maksh�iev divert�a a todos hablando con los perros de su trineo, a los que hab�a puesto nombres graciosos. El perro de cabeza grande, negro, hab�a sido bautizado General. Para pasar la noche instalaban una yurta de tipo ligero, con liviana aunque s�lida armadura de bamb�. Dentro colocaban en c�rculo los sacos de dormir a lo largo de las paredes; en el centro, una estufa de alcohol piara hacer la comida, y arriba, de una traviesa. colgaban un farol�n. Los perros eran atados a los trineos en torno a la yurta . Al finalizar la segunda jornada de viaje, y recorridos cincuenta kil�metros desde el lugar de desembarco, instalaron el primer dep�sito de v�veres para el camino de vuelta, dej�ndolo marcado con una pir�mide de bloques de nieve y una bandera roja en lo alto. Al tercer d�a, la pendiente de la llanura nevada se hizo m�s sensible y aparecieron grandes grietas que frenaban el avance porque hab�a que marchar con m�s cuidado, tanteando la nieve para no hundirse a trav�s de la fina capa que disimulaba la grieta. Por la tarde se observaron indicios de un pr�ximo cambio del relieve. Al Norte, las nubes se dispersaban, ahuyentadas por el viento, y entre sus guedejas grises tan pronto aparec�an como se ocultaban unas monta�as bastante altas que corr�an en larga cadena por todo el horizonte. Sobre el fondo n�veo general de estas monta�as negreaban unos contrafuertes rocosos. El sol permanente rodaba sobre la cresta misma de la cordillera, lanzando un brillo opaco a trav�s del cendal de las nubes y ti��ndolas de color rojizo. En primer plano la llanura nevada reflejaba el cielo y se hab�a cubierto de manchas y franjas azulencas, lil�ceas y rosadas. Era prodigioso el cuadro general del desierto nevado y de la misteriosa cordillera que se ofreci� por primera vez a los ojos de los viajeros. La ascensi�n a esta cordillera, bautizada con el nombre de Russki, dur� tres d�as, retardada por las grandes grietas abiertas en el hielo. La expedici�n segu�a uno de los valles transversales, entre contrafuertes rocosos. El torrente de hielo, o sea, el glaciar que descend�a por un valle de la vertiente meridional de la cordillera, tendr�a hasta un kil�metro de anchura y, -a ambos lados, un ribete de oscuros conttrafuertes rocosos bastante abruptos alternaba con vertientes m�s suaves, cubiertas de una espesa capa de nieve. Los primeros estaban salpicados de trozos de basalto grandes y peque�os y, en algunos lugares, protegidos, presentaban min�sculas plataformas con vegetaci�n polar. Por el camino, Kasht�nov iba estudiando los riscos y Gromeko, recogiendo plantas. Para P�pochkin no hubo apenas bot�n: en todo el d�a s�lo reuni� unos cuantos insectos, medio muertos en la nieve o vivos en las praderas. Las densas nubes que ocultaban el cielo flotaban a escasa altura que casi rozaban la cabeza de los viajeros, que avanzaban como si fueran por un corredor ancho pero muy bajo, de suelo blanco agrietado, muros negros y techo gris. En todas partes donde se acentuaba la inclinaci�n del valle, la superficie m�s o menos lisa del hielo se convert�a en glaciar surcado por multitud de grietas y que muchas veces no era m�s que un caos de bloques de hielo por encima de los cuales ten�an que hacer pasar los trineos; los hombres y los perros se extenuaban y, en un d�a, no recorr�an m�s que diez kil�metros de ese camino. El tiempo continuaba entoldado. El viento del Sur arrastraba las nubes bajas que ocultaban la cresta de los contrafuertes; sus vertientes negras enmarcaban la superficie desigual del helero por el que avanzaban con gran dificultad los trineos de la expedici�n. En los sitios peores hab�a que descargarlos y transportar a hombros la impedimenta. Finalmente, al atardecer del tercer d�a llegaron a un puerto que alcanzaba casi mil quinientos metros de altura sobre el nivel del errar y era una meseta nevada. El tiempo segu�a entoldado, la cresta de la cordillera hall�base totalmente oculta por nubes grises que galopaban hacia el Norte y la expedici�n se mov�a siempre en medio de una niebla ligera que lo envolv�a todo a cien pasos de distancia. Esta circunstancia apenaba mucho a todos porque, si hubiera hecho buen tiempo, habr�an descubierto desde lo alto de la cordillera un vasto panorama y hubiesen podido trazar el mapa de una parte considerable de la Tierra de Nansen. En el puerto montaron el segundo dep�sito, donde dejaron las colecciones reunidas por el ge�logo en los contrafuertes de la vertiente meridional. En todo el tiempo el bot�n del zo�logo se hab�a limitado a la piel y el cr�neo de un toro almizclero. Poco antes del puerto, la expedici�n se hab�a cruzado con un peque�o reba�o de estos animales. |
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