Introducci�n
|
Cap�tulo VI EN BUSCA DE LA TIERRA DESCONOCIDAMuy avanzada la tarde, cuando el sol permanente hac�a rodar ya su globo rojo por el horizonte septentrional, el Estrella Polar sali� del estrecho de Bering al Oc�ano Glacial.Lejos, a poniente, se divisaba el extremo Nordoriental de Asia, el cabo de D�zhnev, en cuyas vertientes abruptas lanzaban reflejos purp�reos los m�ltiples campos de nieve iluminados por el sol. Los viajeros enviaron un �ltimo saludo a aquella orilla desapacible e inhabitada que, de todas maneras, formaba parte de la tierra patria. Al Este pod�a distinguirse todav�a, envuelto en una niebla ligera; el cabo del Pr�ncipe de Gales, que hab�a quedado ya atr�s. Por delante, el mar estaba casi limpio de hielo. Durante los �ltimos tiempos hab�an dominado los vientos del Sur que, con la corriente tibia que pasa a lo largo de la orilla americana, hab�an empujado la mayor parte de los hielos hacia el Norte, circunstancia muy favorable para la navegaci�n ulterior. A la ma�ana siguiente, cuando los viajeros subieron a cubierta, no se ve�a ya tierra a Occidente. Al Este, la tierra continuaba visible: eran las costas de Alaska con sus rocosos cabos de Lisburne y de Hope, que limitan al Norte el golfo de Kotzebue. El viento favorec�a la marcha y, desplegadas las velas, el Estrella Polar bogaba por las olas como una enorme gaviota. De vez en cuando se cruzaban con campos de hielo y peque�os icebergs que, con un suave balanceo, flotaban lentamente, empujados por el viento, hacia el Nordeste. Cuando las orillas de Alaska empezaron a desaparecer en el horizonte, Maksh�iev, de pie junto a la borda con los dem�s pasajeros, grit�: - �Adi�s, antigua tierra rusa, tesoro reggalado a los americanos! - �Por qu�? -sorprendi�se Borov�i-. Si no recuerdo mal, nuestro gobierno vendi� a los Estados Unidos esta triste tierra. - S�, la vendi� por siete millones de d�llares. Pero, sabe usted cu�nto llevan sacado ya los yanquis de esta triste tierra? - Hombre, pues otro tanto o quiz� el doblle. - �Qu� equivocado est� usted! Solamente een oro llevan sacados de Alaska doscientos millones de d�lares. Pero, adem�s del oro, sin agotar todav�a enteramente, hay all� plata, cobre, esta�o y hulla que empiezan ya a extraer. Luego, las pieles, los grandes bosques que bordean el Yuk�n. Est�n construyendo un ferrocarril. Por el Yuk�n navegan vapores. - �Para qu� lamentarnos? -observ� Truj�nov-. De haberla tenido nosotros, Alaska habr�a continuado en el mismo estado primitivo que la tierra de Chukotka, donde tambi�n hay oro y carb�n, y pieles, sin que se saque ning�n provecho de ella. - Eso es de momento -objet� Kasht�nov-. EEl libre desarrollo de Rusia est� sofocado por la autocracia. Pero, si cambia el gobierno, quiz� ,empecemos a trabajar en gran escala. A la ma�ana siguiente no se ve�a ya la fierra. y el Estrella Polar navegaba a velocidad reducida sobre un mar que parec�a infinito a pesar de los t�mpanos que blanqueaban por todas partes. Una niebla espesa flotaba en el horizonte. El viento hab�a amainado, a veces nevaba a grandes copos y entonces el horizonte se reduc�a r�pidamente y el barco aminoraba la marcha. La temperatura del aire era s�lo de 0,5 sobre cero. Hacia el mediod�a asom� el sol y permiti� determinar la latitud, que era de 70�3'. De esta manera, gracias al viento propicio y a encontrar.el mar casi libre, el Estrella Polar hab�a recorrido en treinta y seis horas una tercera parte de la distancia entre el estrecho de Bering y la costa de la tierra que buscaba. Estas condiciones favorables se mantuvieron los dos d�as siguientes y los viajeros se encontraron ya a 73�39' de latitud. Pero al concluir el cuarto d�a de navegaci�n por el mar de Beaufort, los hielos empezaron a multiplicarse r�pidamente y el barco tuvo ya que maniobrar a marcha reducida por los estrechos pasadizos que dejaban los campos de hielo. Durante todo este tiempo no se hab�an cruzado con ning�n barco: probablemente la estaci�n era todav�a demasiado temprana para los balleneros. Comprobado este hecho, Truj�nov dijo a Maksh�iev: - Como ve usted, Y�kov Grig�rievich, no hhemos encontrado a ning�n ballenero y, quiera que no, habr� de quedarse en el Estrella Polar como invitado m�o. O quiz� prefiera usted participar en la expedici�n de trineos si encontramos la tierra que buscamos. - Por muy agradable que sea su compa��a --contest� Maksh�iev-, me resultar�a desde luego penoso estarme seis meses o quiz� un a�o en el barco, sin hacer nada, en medio de los hielos. En cambio participar� con mucho gusto en la expedici�n y, me parece, podr� serle de alg�n provecho. Tengo experiencia de las marchas en esqu�s y en trineos de perros y me encargo de cuidarlos a medias con Igolkin. Tambi�n puedo preparar la comida, levantar cartas y ayudar al profesor Kasht�nov en sus observaciones geol�gicas. Como ingeniero de minas, algo entiendo de Geolog�a. - En tal caso, considero resuelto el asunnto y me alegro mucho de que la expedici�n cuente con otro miembro, hombre en�rgico y experto -concluy� Truj�nov. Las cond�ciones de la participaci�n de Maksh�iev quedaron fijadas muy r�pidamente y, por la tarde, ense�� a Kasht�nov una colecci�n de minerales de Alaska y de Chukotka que habla recogido en su campamento. El profesor la estudi� con gran inter�s y se convenci� de que Maksh�iev pose�a conocimientos profundos que pod�an hacer de �l un buen auxiliar en el trabajo. Por la noche tuvieron que permanecer varias horas en el mismo sitio. Con calma chicha, la niebla se hab�a espesado hasta el punto de que no se ve�a nada a diez pasos de distancia, como si todo estuviese sumido en un ba�o de leche. El Estrella Polar se detuvo junto a un gran campo de hielo y todos durmieron tranquilamente menos los marineros de cuarto. Por la ma�ana, la niebla empez� a disiparse ligeramente, arremolin�ndose bajo el soplo de una brisa del Norte. Se hicieron los preparativos para continuar la navegaci�n vegetaci�n. El viento refresc� pronto, la niebla fu� desapareciendo empujada hacia el Sur y los campos de hielo, despu�s de algunos crujidos, tambi�n se pusieron en movimiento. Por delante se abr�a un espacio bastante libre y, con la m�quina a toda presi�n, el volvi� a poner rumbo Nordeste, aunque lentamente para evitar choques con los hielos y para tener la posibilidad de detenerse en el momento preciso o de virar hacia uno u otro lado. Hasta media noche avanzaron, unas veces con lentitud y otras con bastante rapidez. Pero luego, el sol, que hab�a brillado desde el mediod�a aunque con pausas, fu� ocultado en el horizonte septentrional por un manto de niebla que pronto avanz� sobre el Estrella Polar . Aquella noche fu� menos tranquila que la anterior: soplaba un ligero viento del Norte y los t�mpanos se mov�an, se empujaban los unos a los otros, chascaban y se part�an. La niebla en remolinos no dejaba distinguir el camino y la mayor a del tiempo hab�a que permanecer inm�viles, constantemente alerta para no ser aprisionados entre los grandes bloques de hielo. Por la ma�ana arreci� el viento del Norte, se disip� la niebla, pero en cambio los hielos cobraron gran movimiento y la jornada transcurri� en enorme tensi�n. El capit�n tuvo que recurrir a toda su pericia para avanzar lentamente, regateando entre los campos, retrocediendo y girando unas veces a la derecha y otras a la izquierda. Armados de largos bicheros, los marineros montaban la guardia a una y otra borda para alejar el barco de los hielos que avanzaban sobre �l. Felizmente, los extremos de los campos de hielo estaban ya bastante quebrados, no hab�a icebergs y s�lo a veces los tor�s *, cadenas de peque�os bloques de hielo amontonados en algunos sitios sobre los campos, ofrec�an un peligro m�s grave. Al llegar la noche, todos los pasajeros tuvieron que participar en la lucha contra los hielos para que los marineros pudiesen descansar por turno. No hab�a niebla, soplaba un viento del Norte bastante fr�o y el barco fu� avanzando. Por la ma�ana divisaron una bandada de aves que volaban hacia el Norte y dos osos andando por un gran campo a un kil�metro del barco. Aqu�llos eran indicios de la proximidad de la tierra. Alrededor de mediod�a se tom� la latitud: 75�12'5". Por consiguiente, y a pesar de los hielos, el Estrella Polar hab�a avanzado en tres d�as l�33'5" al Norte. Cuando el capit�n traz� en el mapa el rumbo del barco, Truj�nov observ�, dirigi�ndose a los miembros de la expedici�n reunidos en torno a la mesa: -- Hasta ahora tenemos una suerte extraorrdinaria. En 1879, el Jeantiette , que sali�, igual que el Estrella Polar , del estrecho de Bering, se pas� todo el verano entre los hielos sin llegar siquiera al 73� de latitud Norte y a principios de septiembre fu� definitivamente aplastado un poco m�s al Nordeste de la isla de Wr�ngel. Nosotros, en cambio, hemos logrado llegar en cuatro d�as y medio m�s all� del 75� sin gran contratiempo. -- Ahora se puede llegar hasta la tierra incluso a pie si los hielos obstaculizan definitivamente la navegaci�n --dijo el capit�n--. Calculo que no quedar�n m�s de ochenta a cien kil�metros. * Tor�s: Bloque de hielo formado por la compresi�n de los bancos de hielo. (Nota de la trad.) |
|||
|