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CONTENIDO
Prólogo 1 Para los ratos libres 2 Para los jóvenes físicos 3 Una hoja de periódico 4 Otros 75 problemas y experimentos 5 Ilusiones ópticas 6 Distribuciones y transposiciones difíciles 7 Cortes y cosidos hábiles 8 Problemas con cuadrados 9 Problemas acerca del trabajo 10 Problemas acerca de compras y precios 11 El peso y la pesada 12 Problemas acerca de relojes 13 Problemas acerca de los medios de transporte 14 Cálculos inesperados 15 Situaciones embarazosas 16 Problemas de los "Viajes de Gulliver" 17 Cuentos acerca de números enormes 18 Acertijos numéricos 19 Aritmética divertida 20 Sabe usted contar 21 Cálculos rápidos 22 Cuadrados mágicos 23 Juegos y trucos aritméticos 24 De un trazo 25 Acertijos geométricos 26 Sin regla graduada 27 Trucos y pasatiempos fáciles Bajar documento Parte 1 Bajar documento Parte 2 Bajar documento Parte 3 Bajar documento Parte 4 Bajar documento Parte 5 Bajar documento Parte 6 Bajar documento Parte 7 Bajar documento Parte 8 |
Capitulo 27 TRUCOS Y PASATIEMPOS FACILES
Al hacer esto ocurre una metamorfosis extraña: en vez de 13 palitos, en la figura sólo quedan 12. Una de los palitos desaparece inesperadamente. ¿Dónde se mete? Cuando el disco se hace girar en sentido contrario, vuelve a aparecer el palito que desapareció. ¿De dónde sale? Un nudo Pasemos ahora a los trucos que se misterioso hacen no con números, sino con objetos. He aquí un truco interesante con el que podrá maravillar no poco a sus compañeros.
Coja un cordel de 30 cm de longitud aproximadamente (fig. 323) y haga en él un nudo flojo (sin apretar) como el que se ve en el dibujo de la izquierda. Añádale a este nudo otro (véase el dibujo siguiente). Usted pensará, claro está, que tirando ahora de los extremos del cordel resultará un doble nudo seguro. Pero aguarde un poco: vamos a intrincar aún más nuestro nudo haciendo pasar uno de los extremos del cordel por ambas lazadas, como muestra el dibujo de la derecha. Con esto terminan los preparativos; puede pasar a la parte principal del truco. Sujete el cordel por uno de sus extremos y dígale a uno de sus compañeros que tire del otro. Resulta algo que ni usted ni él esperaban: en vez de un nudo complejo y enredado, queda el cordel liso. El nudo desaparece por completo. Este truco sólo le saldrá bien si hace el tercer nudo tal como se ve en nuestra figura. Unicamente en este caso todos los nudos se desharán de por sí al tirar de la cuerda. Si quiere que el truco no le falle, fíjese bien 1 B en el dibujo. Solución
Pero esto sólo es así al parecer. Existe un procedimiento de separar a los prisioneros sin cortar el cordel. ¿En qué consiste? El cordel que ata las manos del compañero A se coge por el punto indicado en la figura por la letra C y se hace pasar por el lazo que rodea a la mano B en la dirección que señala la flecha. Cuando haya pasado ya una parte suficiente del cordel, por la lazada que se forma se mete la mano B, se tira del cordel A y los compañeros quedan separados uno del otro.
Sin embargo puede hacerse, si se descubre por dónde hay que empezar. El secreto es el siguiente. Hay que doblar el cuadro de modo que una mitad quede sobre la otra. Un extremo del cuadro doblado se mete por el anillo ovalado. Por este extremo, entre las dos partes del cuadro, se hace pasar la figura desdoblada de las botas, que después se vuelve a doblar, y se corre hacia el doblez del cuadro. Luego se desplaza el anillo y se coloca sobre las cañas de las botas como requiere el problema. Ahora ya no queda más que desdoblar el cuadro, y el problema está resuelto.
Esto parece una cosa muy difícil, pero habiendo resuelto el problema anterior, podrá usted encontrar sin dificultad la solución de éste. Hay que proceder así: doblar el anillo de papel y sacar la arandela corriéndola hacia el extremo libre; ahora ya no cuesta ningún trabajo sacar los tapones.
Meta por el agujero y las ranuras un cordoncito y ate después en cada uno de sus extremos un botón lo suficientemente grande para que no quepa por el agujero. ¿Podría usted sacar los botones del papel sin desatar el cordoncito? El secreto consiste en lo siguiente: hay que doblar la hoja de papel de manera que los extremos superior e inferior de la estrecha Vira que hay entre las ranuras queden el uno sobre el otro; después hay que meter esta tira por el agujero redondo y sacar los botones haciendo pasar uno de ellos por el lazo que se forma. Ya está todo. Desdoble la hoja de papel y la tendrá separada de los dos botones. Dos de ellas deben ser un centímetro más largas que la anchura de los rectángulos, y la tercera, un centímetro más larga que el doble de dicha anchura.
Pegue las tres cintas a los rectángulos como indica la fig. 328; al hacer esto, dos de los extremos de las cintas cortas dóblelos, de modo que queden debajo del cartón derecho, y péguelos a él, y los otros dos extremos péguelos a la parte trasera del rectángulo izquierdo. Un extremo de la cinta larga péguelo por la parte de fuera del rectángulo derecho, pase la cinta por debajo de él y luego por encima del rectángulo izquierdo, y pegue el otro extremo debajo de éste. Los preparativos han terminado y el billetero «encantado» ya está hecho. Con él puede usted hacer un truco extraordinario que puede llamarse «el papel animado» o algo por el estilo. Coja un trozo de papel, en el que su amigo estampe su firma previamente para que no pueda sustituirlo por otro, y colóquelo debajo de las dos cintas. Cierre el billetero y vuélvalo a abrir. Y, ¿qué ocurre? El papel se ha salido de debajo de las dos cintas y, de un modo inexplicable para los profanos, se ha metido debajo de la única cinta que hay en el lado opuesto del billetero. El secreto está en que, cuando usted cierra el billetero, lo abre después por la parte opuesta. Esto es muy sencillo, pero resulta difícil de comprender para los que no conocen el truco. -¡Ven aquí, pequeño! Te vamos a enseñar un truco interesante. Esto era precisamente lo que yo quería. Mi hermano era un gran animador. -Mira -dijo mi hermano, poniendo sobre la mesa unas cerillas en desorden-. Pongo aquí de cualquier forma diez cerillas. Ahora me voy de la habitación a la cocina y tú, mientras tanto, piensa en cualquiera de ellas. Cuando la hayas pensado, llámame. Yo miraré las cerillas y te diré inmediatamente en cuál de ellas habías pensado. -Y él dirá que no era ésa -terció el amigo- No, aquí hace falta establecer un control. -Bueno, haremos lo siguiente: cuando el pequeño haya pensado la cerilla, que te diga cuál es. Tú serás testigo. -Eso es otra cosa. Ahora podemos empezar. Mi hermano salió. Yo me cercioré de que efectivamente se había ido a la cocina y de que por el ojo de la cerradura era imposible ver nada. Después, pensé en una de las cerillas, se la indiqué al estudiante sin llegar a tocarla, y él le gritó a mi hermano:-¡Listo ! Yo no creía que mi hermano pudiera acertar la cerilla, tanto más cuando yo ni siquiera la había tocado: todas las cerillas seguían en sus puestos lo mismo que antes. ¿Cómo podía acertar? Pero, ¡acertó! Se acercó a la mesa y señaló inmediatamente la cerilla que yo había pensado. Yo incluso procuré no mirarlo, para que la mirada no me delatara. Sin embargo, mi hermano, sin volver la vista hacia mí, la acertó. ¡Era como para volverse loco! -¿Quieres que lo hagamos otra vez? -¡Claro que sí! Repetimos y ... ¡otra vez acertó! Unas diez veces volvimos a hacer el experimento, y cada una de ellas mi hermano señaló sin titubear la cerilla que yo había pensado. A mí casi se me saltaron las lágrimas: tales eran las ganas que tenía de saber el secreto. Y, por fin, mis torturadores tuvieron lástima de mí y me dijeron lo que hacían. ¿En qué cree usted que consistía el secreto? Solución
Si es suficientemente hábil, lo conseguirá, Como ve, con destreza e ingenio, con una sola cerilla pueden levantarse once. Este experimento puede no salir bien las primeras veces, en este caso no hay más que tener paciencia y repetirlo.
Pues, haga la prueba y se convencerá de que para hacer esto hace falta gran habilidad y mucha paciencia: la cerilla cambiará de posición al menor movimiento de sus músculos.
Para el juego se necesita además un dado, es decir, un cubo cuyas caras estén marcadas con las cifras del 1 al 6, y dos fichas (también pueden servir dos monedas o botones). Las reglas del juego no son difíciles. Juegan dos personas. Cada una coloca su ficha en la primera casilla de la calle. Después echan el dado sucesivamente y el que saca más puntos comienza la partida. Cada uno de los jugadores corre su ficha hacia adelante tantas casillas como puntos saca, pero no tiene derecho a pasar la casilla ocupada por su rival. Si saca más puntos que casillas expeditas quedan, el jugador debe retroceder tantas casillas como puntos le sobren. Esto hace que las fichas se encuentren ya en medio de la calle ya en sus mismos extremos. El juego termina cuando uno de los jugadores se ve obligado a abandonar la calle. Gana el que se queda.
Cuando llegue al doblez E, corte el papel doblado siguiendo líneas irregulares, como las que se ven representadas en la figura.
Si luego abre el papel y lo alisa, tendrá un bello arabesco, que resultará aún mejor si lo pega sobre un papel oscuro (fig. 333).
Esta es la parte más difícil del problema: para esto hay que saber medir bien a ojo, porque el semicírculo debe plegarse en cinco partes iguales. Cuando el círculo ya está plegado, se corta con unas tijeras por la parte ancha, siguiendo una de las líneas de puntos indicados en la fig. 334, B. Al abrir después el papel, se obtiene una estrella regular de cinco puntas con los entrantes más o menos profundos (fig. 334, C e y D) según lo oblicuo que se dé el corte. El segundo procedimiento quizá sea más fácil, ya que en él no se parte de un círculo, sino de un cuadrado. Se empieza por coger un papel cuadrado (fig. 335, A) y doblarlo por la mitad.
Después se hacen tres dobleces más, como se muestra sucesivamente en la fig. 340, B, C y D. En la fig. 340, D se indica con puntos la línea de corte. La estrella que se obtiene al extender el papel se ve en la fig. 335, E.
Solución
¿Lo ha retenido ya?... Pues, empiece a dibujarlo. Primero marcará los cuatro puntos finales a que deben llegar los retorcidos extremos de las líneas. La primera curva la dibuja usted, seguramente, con bastante diligencia. ¡Magnifico! Ahora traza la segunda. Pero en vano, la tozuda línea no sale como es debido. El problema resulta ser mucho más difícil que parecía a primera vista.
Parece que se apoya en el pie derecho; pero con. la misma seguridad puede decirse que sobre el izquierdo. Por mucho que mire el dibujo, no podrá resolver esta duda. El dibujante borró tan concienzudamente las huellas, que no será posible determinar qué pie es el que tiene levantado el futbolista y sobre cuál se apoya. El lector me preguntará: «¿Pero usted, sabe en qué pie se apoya?». No, yo tampoco lo sé. Y el dibujante tampoco lo sabe, se le ha olvidado. De modo que esto seguirá siendo un secreto por los siglos de los siglos.
Pero, si se fija bien en el dibujo, verá que la pesca ha sido copiosa: ya ha cogido tres peces grandes. ¿Dónde están? Solución
Su imagen está representada en este mismo dibujo. Búsquela. Solución
Descúbralo. Solución
Solución Capítulo 27 SOLUCIONES 1. El palito que desaparece Para explicar en qué se basa este truco, lo consideraremos primeramente de una forma simplificada. En la fig. 343 puede ver usted una hoja de cartón en la que están representados 13 palitos. Esta hoja está cortada diagonalmente.
Si ambas partes de la hoja se desplazan un poco, como muestra el dibujo inferior de la figura, en vez de 13 palitos resultan sólo 12: uno de ellos desaparece. En este caso no es difícil comprender adónde fue a parar, porque cada uno de los 12 palitos es un poco más largo que antes, en un trocito igual precisamente a su 92-ava parte. Está claro que, al efectuar el desplazamiento, un palito se dividió en 12 partes, las cuales fueron a alargar a cada uno de los demás. Cuando las partes de la hoja de cartón se desplaza en sentido contrario, el palito desaparecido vuelve a reaparecer, a costa de un acortamiento de los otros.Los palitos dispuestos circularmente (véase la fig. 322) poseen esta misma peculiaridad: cuando el círculo gira un ángulo pequeño, uno de los 13 palitos desaparece, se distribuye en partes iguales entre los 12 restantes. Volver 7. Adivinación de las cerillas El secreto consistía en que me engañaban. El estudiante, que debía controlar la adivinación, era en realidad cómplice de mi hermano y le hacía señas.
¿Cómo? Ese es el quid del truco. Resulta que las cerillas no se encontraban en la mesa de cualquier forma, sino que mi hermano las dispuso de tal modo (fig. 344), que podían dar a entender partes del rostro humano: la cerilla superior representaba el cabello; la que estaba debajo de ella, la frente; después iban los ojos, la nariz, la boca, la barbilla y el cuello, y a los lados, los oídos. Cuando mi hermano entraba en la habitación, lo primero que hacía era mirar al supuesto controlador, y éste se llevaba la mano a la nariz, al cuello, al ojo derecho o al oído izquierdo y, sin que yo me diera cuenta, le daba a entender cuál era la cerilla en que yo había pensado. Volver 13. ¿Qué hay escrito aquí? Llévese el círculo a los ojos como muestra la fig. 345. Primero podrá leer claramente «editorial», y después, girando el círculo un cuarto de vuelta hacia la derecha, verá la palabra «estatal».
Las letras se han alargado y estrechado mucho y por eso es difícil leerlas de frente. Pero cuando nuestra vista se desliza a lo largo de las letras, su longitud disminuye mientras su anchura sigue siendo la misma. Por esto las letras toman su forma habitual y lo escrito se lee sin dificultad. Volver 16. ¿Hay muchos peces? Le ayudaré al lector a buscar la pesca. Un pez está cabeza abajo sobre la espalda del pescador. Otro, entre la punta de la caña y el anzuelo. El tercero se encuentra debajo de sus pies. Volver 17. ¿Dónde está el domador? El ojo del tigre es a la vez ojo del domador, cuya cara mira sin embargo hacia el lado opuesto. Volver 18. La puesta del sol El detalle absurdo de este dibujo es que la luna tiene su parte convexa no por el lado del sol, si no por el contrario. Pero si la luna recibe la luz del sol, no puede en modo alguno tener vuelta hacia él su parte no iluminada. «La mayoría de los pintores -dice con respecto a esta cuestión el insigne astrónomo francés Flammarion- aún no saben esto, porque no pasa año sin que en el Salón de París (sala de exposiciones) aparezca un gran número de lunas invertidas». Volver 19. La puesta de luna. Aunque parezca raro, en la fig. 342 está bien representada la luna. Este es un pasaje tropical, y en los trópicos la posición de la luna se diferencia de la que tiene en las latitudes medias del hemisferio norte. En éstas, la luna creciente tiene los «cuernos a poniente» y la menguante, los «cuernos a levante». Pero en los países tropicales la luna está como colgada horizontalmente. Ocurre esto por lo siguiente. En los países del hemisferio norte el sol y la luna (la mismo que todos los astros) siguen durante su movimiento diario circunferencias inclinadas; por esto, cuando el sol ilumina a la luna por las noches, se encuentra debajo del horizonte en dirección oblicua, alumbra a la luna por la derecha o por la izquierda y los cuernos de ésta miran a la izquierda o a la derecha. En cambio, en el ecuador todos los astros se mueven por arcos verticales; el sol que alumbra a la luna no se halla a su derecha ni a su izquierda, sino debajo de ella. La luna es iluminada desde abajo y por eso tome la forma de góndola que reproduce la figura. Volver |