© Kababelan 2005

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EL CÍRCULO DE LAS GUARDIANAS DEL GRIAL

PRIMER LIBRO:

LA PORTADORA DEL SECRETO

 

 

 

 

VII.  CICLO DE LA COPA

PORTAL PRINCIPAL

INTRODUCCIÓN: EL MITO GRIALIANO.

PRIMER LIBRO: LA PORTADORA DEL SECRETO.       PRÓLOGO

CICLOS

LA JOVEN MISTERIOSA

LAS LUCES

EL ROSETÓN

EL CISNE Y LOS DOS CANES

LA CUEVA

EL PASEO POR EL BOSQUE

LA COPA

SEGUNDO LIBRO:  EL VIAJE.

INTRODUCCIÓN Y PRÓLOGO.

CRUZAR EL PUENTE

CRUZAR EL PUENTE II

CRUZAR EL PUENTE III (sin incorporar  a la web)

TERCER  LIBRO: LAS REVELACIONES  DE LA GUARDIANA. PRÓLOGO.

CICLOS

EL JARDÍN

LOS OTROS

LA MANSIÓN

ÍNDICE GENERAL

SINOPSIS PRESENTACIÓN

ENLACES WEBS

ENLACES A LOS SIGUIENTES LIBROS (Portal sin incorporar a la web)

 

 

 

 

18. EL MARAVILLOSO LUGAR.

 

 

 El sol brillaba con fuerza cegadora en un cielo azul sin nubes. Corría un aire cálido y seco que llegaba a ser bochornoso. Avanzábamos escoltados por nuestras cortas y oscuras sombras proyectadas con nitidez sobre el rocoso paisaje.

- Para muchas religiones e ideologías culturales la sexualidad es un tema tabú. -expuse mi argumento, basándome no sólo en la historia ya pasada sino en el mismo presente, cuando aún para muchas personas el sexo es algo que hay que ocultar, algo sucio, pecaminoso, vergonzante, prohibido, desconocido. Algo que se encuentra en la trastienda de nuestra sociedad. Una pasión natural que, a fuerza de reprimir y culpabilizarla durante tantos siglos sombríos para el alma, ahora no sabemos utilizar.

- La humanidad vive desde hace tiempo en una edad oscura para el espíritu, por ello es que las cosas más bellas y sagradas se hallan pervertidas e invertidos los conceptos. -respondió mi dulce y desconcertante amiga, mientras sus ojos depositaban su mágica y misteriosa luz en mis pupilas.

- ¿Por qué muchos piensan que el sexo es algo impuro y productor de pecado?

- Por que lo es para ellos.

- ¿Y por qué lo és?

- Esa es una historia muy larga. Si te la cuento te aburrirías en ocasiones y en otras te llenarías de horror. -repuso Tanit, mientras brincaba unos metros delante de mí, seguida fielmente por Lug y Sansón.

Las rocas nos conducirían a algún lugar. Había que saltar a veces, y en otras caminar por estrechos puentes de piedra natural, colgados sobre profundos abismos, si deseábamos seguir avanzando por aquel agreste y elevado paraje.

 

- ¿Pero el sexo es realmente bueno o malo? -insistí, aunque yo tenía claro que todo depende de las circunstancias.

- A veces es malo y otras veces es muy bueno. -repuso mi amiga sin volverse a mirarme, al tiempo que continuaba dando brincos entre las peñas. Los perros la seguían sin dudar, y también yo, manteniendo bien sujeto el temor, pues nos jugábamos la vida en cada uno de aquellos arriesgados saltos.

- ¿Y en donde radica la diferencia?

- La diferencia estriba en el amor. Cuando no hay amor se utiliza al otro, cuando existe amor de verdad cada uno se entrega en ese acto de unión.

- ¿Simplemente en eso?

- Simplemente, aunque hay aspectos diferentes y distintos niveles, tanto en el sexo positivo como en el negativo.

- ¿Cuales son esos niveles?

- Sin mencionar el sexo negativo, que tiene peldaños que pueden conducir hasta el mismísimo infierno, la sexualidad positiva tiene tres niveles básicos. -me explicó Tanit, mientras observándome me esperaba al otro lado de un arriesgado precipicio.

Saltó Lug. Después Sansón se lo pensó un poco, pero también saltó con éxito. Ahora quedaba yo. Aunque suponía que ninguno de los perros desistiría de seguirnos por miedo, prefería esperar que pasaran ellos primero en los puntos de dificultad por si era preciso asistirles en algo. En verdad había que tener sangre fría para cruzar por allí. No es que la separación entre las piedras de uno y otro borde del abismo fuera realmente mucha, pero si era impresionante la distancia hasta el suelo más próximo. ¿Cómo nos habíamos metido en este laberinto de peñas? Debía haber guiado yo esta expedición. Tanit nos había llevado a un paraje verdaderamente peligroso. Serené mi agitada respiración, despejé mi mente de todo pensamiento de temor, concentré toda mi energía y ... ¡salté!. Me hallé al otro lado, como si en realidad no hubiera superado ningún obstáculo. Pero acababa de volar en el vacío. Y me daba vértigo mirar atrás desde el lugar dónde ahora me encontraba. Tanit continuó adelante, seguida de Lug y Sansón, como si estuviera siendo escoltada hasta el fin del mundo por mis dos perros. Pensé que si esto se complicaba más podría ser de verdad el fin del mundo para mí o para los cuatro.

- ¡Que sea la última vez que me traes por un lugar así! -protesté.

Ella ignoró mis palabras mientras proseguía impasible ascendiendo. Aunque no podía ver su rostro estaba seguro de que sonreía. Su grácil figura parecía atraída por una fuerza invisible que tirara de ella desde la cima, dando la impresión de que la subida fuera en realidad sencilla. Sin embargo el desnivel que superábamos era considerable. Pero en aquella época mi cuerpo estaba en plena forma y me hallaba habituado a recorrer montañas, por lo que era bastante difícil dejarme atrás.

- La sexualidad con amor puede tener una finalidad reproductiva, lúdica o sagrada. Y esta última, a su vez, tiene dos nuevos niveles: cuando se trabaja la alquimia y cuando no. -me explicó Tanit, sentada ahora ya sobre un risco que sobresalía como un balcón suspendido en el abismo.

Me acomodé a su lado, al igual que hicieron los perros. Los cuatro descansamos en aquella cornisa flotante. Mareaba mirar abajo.

- Hablemos de cada uno de esos niveles.-propuse, como si estuviéramos en una escuela.

- El primero es el que emplean comúnmente las personas cuando se aman y deciden reproducirse. Igualmente el segundo puede ser utilizado por todo el mundo, cuando desean hacer del sexo un acto placentero, lleno de sensaciones estimulantes compartidas con la persona querida. Estos dos niveles, el reproductivo y el lúdico, pueden ser integrados si se desea en uno solo.

- Pero con facilidad el ser humano puede hacerse dependiente del sexo. -alegué.- Muchas personas abusan de él.<

- Si el sexo es compartido con la persona amada, no hay más exceso que el mismo que puede existir con el alimento o el descanso.

- Insinúas que la sexualidad se debe practicar con regularidad.

- Si te hallas junto a la persona amada, el pecado estaría a lo mejor en no practicarlo. -repuso Tanit con una sonrisa, pues yo sabía que el concepto de pecado era ajeno a su visión del sentido moral.

- ¿Y cuál sería para ti la frecuencia justa de esa regularidad?

De nuevo mi amiga se rió, sin duda por mi manía de medir y contabilizar siempre las cosas.

- Hay que alimentar el cuerpo un término medio. Ni demasiado poco, ni en exceso. Es preferible la calidad a la cantidad. También hay que descansar siempre el tiempo necesario y con regularidad, si no queremos debilitarnos o enfermar. Pero descansar en exceso durante demasiado tiempo también perjudica y debilita el organismo. Todo se debe alternar buscando su equilibrio. Esa es la frecuencia justa. - respondió.

- ¿Quieres decir que sexualmente no debemos abusar pero tampoco abstenernos durante un tiempo excesivo?.

- Se puede ayunar sexualmente durante un tiempo relativamente largo, incluso toda la vida. Algunas personas lo hacen voluntariamente, y otras condicionadas por alguna experiencia negativa o por creencias que les han introducido en la infancia, y que actúan en su mente de forma inconsciente. -repuso.

- Hay monjes que buscan servir mejor a Dios practicando el celibato toda la vida. -expuse.

- Hay personas que con la abstinencia sexual pretenden llegar antes a la experiencia de lo divino. Esa es la "Vía Seca". -me explicó.

- He oído hablar de ella. También se habla de lo húmedo y lo seco en la alquimia.

- Ya te he mencionado antes que existe un tercer nivel sexual. -dijo Tanit, mientras de nuevo me miraba con sus encantadores ojos luminosos- Ese tercer nivel es el sendero de la "Vía Húmeda". Ese secreto nivel de experiencia y práctica sexual fue el camino verdadero del grial en un principio, antes de que los monjes cristianos persiguieran la vieja iniciación, adulterándola y transformándola en la "Vía Seca".

- ¿Y por qué hicieron eso los cristianos de la Edad Media?

- La tradición de la vía seca no es exclusiva del cristianismo, también la practican desde milenios muchos monjes taoístas y budistas, entre otros, que pertenecen a religiones bastante más antiguas que la cristiana.

- ¿Siempre el cristianismo ha valorado exclusivamente la vía seca en la praxis del sendero ortodoxo espiritual?

- No fue así en el principio de la religión cristiana. -repuso Tanit- El mismo Jesucristo no pertenecía al camino de la vía seca, sino que practicó la Húmeda toda su vida.

- ¿Y por qué no consta eso en las enseñanzas religiosas habituales?

- Pertenecía a las enseñanzas secretas que todo "iniciador" sólo transmite a aquellos discípulos que encuentra preparados. Siempre existen dos tipos de enseñanza: la pública, que se da a todos aquellos que quieren escucharla, y la secreta, que sólo se entrega a unos pocos, a un número muy reducido. Lo que ocurrió después de la desaparición de aquel en quien se fundamenta la religión cristiana fue que los "muchos" persiguieron a los "pocos" hasta su casi desaparición. Pero esa historia es muy complicada para contarla ahora.

Tanit me relató en otra ocasión que un grupo reducido de los "pocos" llegó al sureste de la actual Francia, donde entró en contacto con los restos de la antigua tradición iniciática celta. Posteriormente, de esa unión de dos culturas espirituales secretas, una oriental y otra occidental, surgirían las leyendas medievales de la búsqueda iniciática del grial.

- ¿Pero estos dos caminos espirituales han sido siempre opuestos? ¿Por qué poseen perspectivas diferentes? -pregunté.

- Todos los que practicaban la Vía Húmeda adoraban al aspecto femenino de Dios, frente a los seguidores de la Vía Seca que creían exclusivamente en el aspecto masculino de la divinidad. Estos construyeron una religión patriarcal y misógina, al igual que todas las religiones que han nacido en los últimos treinta siglos.

Si era verdad lo que refería Tanit, entonces habría que pensar que todos los textos cristianos están manipulados.

- Háblame entonces de la "Vía Húmeda", que dices ha sido tan perseguida. -le pedí, mientras el aire fresco surcaba los elevados picos.

Tanit se recreó observando el paisaje que se hallaba a nuestros pies y que se perdía en el horizonte. Montañas de crestas afiladas como cuchillos, abismos que parecían perderse en las entrañas mismas de la tierra, enormes peñascos grises y secos, roquedales y piedras infinitas en un paraje terrible con casi inexistente flora. Tan sólo algunos líquenes de ennegrecido amarillo y pequeñas plantas espinosas representaban al mundo vegetal. De vez en cuando surgían algunos retorcidos árboles muertos, reliquias fósiles de un tiempo pasado con un clima tal vez mejor. Parecía que nos encontráramos en otro planeta o en un escenario ficticio de alguna película fantástica. Nunca había estado en este lugar, y ni siquiera sospechaba que en este país de Europa hubiera algo así. Pero a veces hay zonas apartadas de las rutas habituales de los excursionistas que permanecen inexploradas por un azar del destino. En cualquier caso era realmente arriesgado aventurarse por una orografía como ésta. Y más aún cuando todo parecía ser cada vez más yermo y desolador.

- La Vía Húmeda se la conoce también como Alquimia -habló por fin Tanit- En China, la India, Persia, Egipto, etc se practicó siempre como religión secreta para los "pocos". La clásica denominación de "alquimia" proviene de la cultura árabe durante la Edad Media, así que emplearé el concepto de "Vía Húmeda", que es anterior y que está más desprovisto de connotaciones metalúrgicas.

Mi amiga se refería a la "búsqueda del oro filosofal" o "piedra de la sabiduría" con la que los alquimistas de finales del medievo ocultaron a la Inquisición cristiana la práctica de la antigua religión secreta.

El aire era algo frío en el lugar elevado donde nos encontrábamos ahora, a pesar de que el sol se iba aproximando al zenit. La atmósfera en la lejanía se veía grisácea y densa, tamizando la luz como si fuera una cortina tornasolada. Estábamos solos en un lugar completamente aislado de la civilización. Eramos quizá los únicos habitantes de este planeta desolado. Mi mente divagaba al tiempo que escuchaba la voz dulce de mi amiga, un delicioso sonido que contrastaba fuertemente con la visión de este paisaje silencioso y sobrecogedor.

- La Vía Húmeda es la práctica mística secreta por la cual se busca lo divino en pareja y no en solitario. Además en esta vía se sacraliza el cuerpo, y se descubre que es precisamente dentro del propio cuerpo donde se ocultan los medios y las claves para acceder a la divinidad. El cuerpo deja de ser carne de pecado para convertirse en la tierra prometida y mágica donde se halla el misterioso grial. -explicó mi amiga, intentando que yo comprendiera un tema del que ya habíamos hablado en varias ocasiones anteriores.

- ¿Pero cómo puede estar oculto en la materia el camino para llegar a algo tan abstracto como es lo divino? -pregunté.

- ¿Y dónde va a estar si no? ¿Acaso piensas que la materia es distinta de la energía? ¿Acaso quizá la energía es distinta de la mente? ¿Qué es el alma? ¿Energía, mente, materia? -me interrogó.

- Nadie lo sabe. No hay una evidencia científica de que exista un alma que sobreviva a la muerte física.

- La energía, la mente y la materia son una unidad. Cuando te encuentras vivo todo está entrelazado. La única diferencia que existe entre los seres y cosas existentes es la distinta cantidad y calidad de estos tres ingredientes. En toda entidad material hay mente y energía. Cuando alguien muere y abandona su cuerpo orgánico, continúa existiendo, incluso con un cuerpo también de materia, pero se trata de una sustancia material distinta, no perceptible por los sentidos ordinarios ni mensurable aún por aparatos técnicos. Hay más universos aparte de este que tú ves. -me aseguró vehemente.

- ¿No existe entonces la muerte?

- Sí existe, ya que el muerto pierde su identidad, se disuelve poco a poco su memoria, que se hunde en la profundidad subconsciente. Y cuando su espíritu vuelve a nacer de nuevo en la carne ya no es el que fue.

- ¿Y porqué ocurre eso?

- Porque el cuerpo físico orgánico es preciso para mantener integrado el ego. Cuando muere el cuerpo biológico material también muere después el ego. Aunque queda siempre su semilla, que da una nueva planta en una nueva vida.

- Continúa con lo de la divinidad oculta en la materia. -le pedí.

- La finalidad de Dios al crear un universo es conseguir que se fusione el cuerpo, el ego y el alma humana con la conciencia divina. Para ello necesita la materia. Por eso el grial se halla oculto en la profundidad de la materia. Ese es el motivo por el cual no hay que huir de la carne. La carne es sagrada. Y las energías duales del sexo son la fórmula mágica que permite unir las dos fuerzas divinas que en nuestro interior se hallan separadas.

- Pero se puede acceder a una percepción y conciencia de lo divino también sin necesidad del sexo. -protesté.

- Sí, pero tan sólo de manera parcial y esporádica. Yo te hablo de una transformación extraordinaria que permite la consolidación de la conciencia divina en la materia. Además la vía seca es un camino árido y largo. En cambio la vía húmeda es un camino fresco, gozoso y fértil. Y siempre parece muy corto.

- Algunos monjes e iniciados de la Vía Seca dicen haber hallado la plenitud de lo divino. -argumenté.

- Aunque así sea en cierta forma, la mayoría se pierden en una tierra estéril que no conduce a ningún lugar. Reprimen la vida de su cuerpo y no transforman sus energías en lo que se llama las "bodas alquímicas".

(También se denominan comunmente en lenguaje poético como "nupcias sagradas" o "el misterio de los esposos")

- No obstante, también el sexo puede hacer que nos perdamos en la búsqueda hedonística del placer para el ego. -repliqué con desconfianza.

- Tienes razón. Sin embargo hablo de la entrega de uno mismo, y de la búsqueda de lo divino mediante la elevación, la transformación y la fusión. No se trata de un placer hedonista. El ego personal ha de sacrificarse para renacer con un tipo de conciencia nueva y superior, en unión amorosa con el universo. La pasión instintiva se eleva y transmuta en fusión con la Vida Una.

- Aún no has mencionado cuales son las dos prácticas que hay en la Vía Húmeda.

- Lo haré en otra ocasión. Debemos llegar ahora a un lugar que nos espera. -repuso Tanit al tiempo que se incorporaba.

- ¿Realmente sabes hacia donde vamos?

- Claro, todo el tiempo mis pies me están conduciendo.

Tanit aseguraba que a través de la planta de sus pies descalzos podía hablar con la tierra. La tierra la guiaba mediante ese contacto íntimo. Pero en esta ocasión llevaba unas buenas y gruesas botas de montaña, al igual que yo.

Reemprendimos otra vez la marcha. Continuamos ascendiendo, ayudándonos en ocasiones con las manos, y asistiendo y animando a los perros en los tramos más duros y difíciles. Nos convertimos en ágiles felinos o temerarias cabras escalando por las agrestes peñas. ¿No estarían perdiendose los pies calzados de Tanit?

Dentro de mi mochila sólo había dos botellas de agua, casi acabadas, y los bebederos de plástico para los perros. No portábamos ropa adicional ni nos quedaban alimentos. Si nos perdíamos aquí, en estas áridas y alejadas montañas, podría llegar la fría noche y tendríamos serias dificultades para sobrevivir sin mantas de abrigo.

Tras otro rato de continuado esfuerzo alcanzamos al fin un pequeño espacio plano, rodeado de enormes rocas, y colgado entre los abismos. Algunas de esas simas eran tan profundas que parecían las mismísimas puertas de entrada al Averno. Al menos esa impresión me causaban en ese momento. Quedaba aún bastante trecho de ascenso hasta la cumbre, quizá casi una hora a nuestro vigoroso ritmo. Tanit parecía desconcertada. Dudaba sobre la dirección a seguir. De repente, surgida en el cielo de improviso, una ave rapaz de montaña chilló, al tiempo que volaba rasante sobre nuestras cabezas. La seguimos con la vista. Mi desconcertante amiga corrió tras la estela de su bajo vuelo y se lanzó, sin dudarlo, por un angosto y oculto paso descendente entre las rocas.

- ¡Es por aquí! -exclamó contenta.

La providencial ave se había aproximado en el vuelo hasta esa hendidura, para luego girar bruscamente su trayectoria perdiéndose en la inmensidad del cielo, que ahora se encontraba pintado con tenues y pequeñas nubes. Yo no me había fijado en ese estrecho hueco, tan sólo a unos diez o quince metros de donde nos encontrábamos. Nada particular lo diferenciaba entre tantos otros idénticos en este laberinto de rocas, pero parecía ser el acceso a otra vertiente opuesta de la sierra. Por descontado no había señalización de ningún sendero que orientara en este rincón perdido, ni tampoco rastro del paso de personas, si es que alguna vez alguien había transitado por aquí. Todo parecía abandonado desde hacía siglos o milenios. Sólo nuestras botas y las patas de mis perros hollaban brevemente este paraje inhóspito.

Descendimos por una pronunciada pendiente. Pasamos junto a la entrada de grandes cavernas con bellas estalactitas en sus techos y paredes. Pero no entramos a explorarlas. Tanit parecía haber reencontrado el rumbo. Sus pies volaban ahora en dirección a algún lugar que ella ansiaba encontrar.

Atravesamos densas barreras de matorral espinoso que nos herían las piernas y los brazos. Tuvimos que destrozar algunos arbustos muy cerrados, golpeandolos con palos secos y fuertes patadas, para que nosotros y los perros pudiéramos pasar a través del denso e impenetrable muro de hojas pinchantes. Pero al cabo de un rato, por fin comenzaron a surgir árboles verdes, al principio de forma aislada y luego en pequeños grupos. Eso significaba que nos acercábamos a zonas más húmedas. Aquí el clima parecía mucho más acogedor, suavemente cálido y con menos viento. Las piedras se convirtieron en suelo fértil.

Llegamos de nuevo a una zona llana, que nos permitió descansar de la tensión del descenso por la inclinada ladera. Pudimos caminar relajados un buen trecho hasta que, de repente, la tierra volvió a hundirse en acusada pendiente. Entonces surgió una maravilla ante nuestros ojos.

Durante un instante creí estar soñando. A unos cien metros de distancia aparecía a nuestros pies un profundo y frondoso valle circular, semiencajado entre enormes y altas rocas cortadas en vertical. Desde una de sus pétreas paredes se precipitaba una hermosa e increíble cola de caballo. El torrente cristalino caía libremente desde unos veinte metros de altura, hasta alcanzar una poza transparente de casi cincuenta metros de ancho. El agua salvaba el brusco desnivel creando un espléndido y encantador sonido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aquel bello paraje estaba rodeado de numerosos árboles en la inclinada vertiente dónde nosotros nos hallábamos, aunque muchos más aún poblaban su zona baja. Pero la orilla opuesta era un impresionante muro de planas y rectas rocas. Allí peñascos enormes, transformados en grandes losas pulidas, formaban un elevado farallón de imposible acceso, cuya altitud era varias veces superior al desnivel que daba origen a la cascada.

La deliciosa agua debía aflorar en algún punto situado poco antes del salto. Quizá discurría de forma subterránea y manaba en la superficie a una distancia no muy lejana, pues no había podido distinguir este pequeño río oculto en ningún momento de nuestra bajada. Desde la posición donde nos encontrábamos nacía una suave pendiente, poblada por un variado bosquecillo, que nos permitía descender con poco esfuerzo a la zona en la que el agua se remansaba.

Había allí una hermosa, abundante y diversa población arbórea: fresnos, hayas, abetos, tejos, ... Y también unos bellos y pequeños árboles que yo desconocía, algunos de cuyos ejemplares poseían hojas de color rojo escarlata y otros en cambio hojas violetas y doradas. Estos extraños árboles reflejaban intensamente la luz del sol, y sus brillantes hojas parecían ser de oro, púrpura y fuego (descubrí después que se trataba de variedades exóticas de arces). Todo el pequeño valle circular, que apenas sobrepasaría los noventa o cien metros de amplitud en su estrecha parte baja, se veía envuelto por un sobrenatural y mágico resplandor áureo.

 

Llegamos enseguida hasta el borde mismo de la poza, que era similar a una preciosa laguna. El chorro de la catarata debía tener la anchura de una persona con los brazos abiertos. En la zona donde caía el agua, así como en algunos lugares de suelo rocoso, se apreciaba una considerable profundidad. Pero en los otros extremos las orillas constituían una pequeña playa, en la que incluso había fina arena. Desde esa paradisiaca poza el agua proseguía siguiendo su curso en forma de un torrente de aguas tranquilas, que se perdía en la prolongación de un valle largo y estrecho cada vez más impracticable y cerrado. Quizá más adelante el pequeño río desaparecería de nuevo en el subsuelo, o simplemente continuaría como un curso fluvial de montaña.

- ¡Que maravilloso lugar! -exclamé.- ¿Es este el sitio que buscábamos?

- Claro, cielo. ¿Ves como mis pies han hablado con la tierra y lo han encontrado?

- ¿Cómo te habla la tierra?

- Me habla sin palabras. Me conduce con su amor. -dijo con la inocencia de una niña.

- Creo que el ave que chilló nos ayudó oportunamente. Quizá su vuelo no fue casualidad.

- Esa ave es también una hija de la tierra y nos señaló el camino.

- ¿Es la primera vez que estás aquí?

- Aquí es la primera vez que estoy, pero este lugar ya lo conozco.

- ¿Quieres decir que te habían hablado de él?

- Muchos hablan de un lugar así. Quiero decir que había estado antes, pero el lugar no se encontraba aquí.

- ¿Ah, no? Y dónde estaba entonces.

- En otro sitio. En muchos sitios.

- ¿Pretendes decir que este agreste y perdido paraje, que tanto nos ha costado localizar, puede desplazarse a otro espacio geográfico de la tierra.? ¿O simplemente que has estado en sitios similares a éste. ?

- No me pidas ahora explicaciones, mi vida. Por favor, disfruta de la belleza que nos rodea. Descansa tu cuerpo y tu mente, y abre tu corazón.

Contemplé el magnífico y encantador paisaje, que contrastaba rocas, agua y verde floresta. Un lugar que hace tan sólo una hora me hubiera parecido imposible de hallar. Ciertamente el oculto valle parecía misterioso y romántico, fuera cual fuese la realidad de su origen. Entusiasmado por el idílico panorama pregunté a mi amiga:

- ¿Nos podemos bañar en estas espléndidas aguas, que escondidas han surgido en este inesperado y mágico rincón, situado tal vez en el fin del mundo?

- Seríamos verdaderamente tontos si no lo hiciéramos. Mira el sol como calienta en su cénit. La brisa es suave. Los árboles y las rocas nos protegen y dan belleza a este lugar. La catarata nos canta una hermosa canción. El agua está aquí para refrescarnos y acariciarnos. -repuso Tanit, sonriente, mientras iba desprendiendose de su ropa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

19. LA MÁGICA VISIÓN.

 

 

Desnudos nos introdujimos en las límpidas aguas. Los perros nos acompañaron contentos y alegres. Disfrutamos todos juntos del placer de sentirnos flotar, después de tantas horas de riguroso esfuerzo. Nadando despacio alcanzamos la sonora agua que se precipitaba. Nos aproximamos hasta el borde mismo de la cascada, dejando que el agua cayera directamente sobre nosotros para revitalizarnos y llenarnos de reconfortante y fresca energía. Allí el aire estaba cargado de iones negativos que purificaban el cuerpo.

En contraste con el yermo y rocoso paisaje que habíamos atravesado hasta llegar aquí, este hermoso lugar parecía un pequeño paraíso, quizá una sucursal verdadera del Paraíso auténtico. Tanit y yo jugamos con el agua hasta cansarnos. Nos abrazamos y nos besamos, sintiendo la unión de nuestros cuerpos. Y tras unos deliciosos minutos, salimos de nuevo para que nuestra piel se calentara con los tibiosrayos del sol. 

- ¿Por qué has querido que viniéramos aquí? ¿Sólo por el placer de enseñarme este sitio escondido tan maravilloso? -le pregunté a mi amiga.

- Por eso cariño, y para probarme a mí misma que era capaz de encontrarlo de nuevo.

- ¿Entonces ya lo habías buscado antes?

- Lo he buscado muchas veces. No siempre surge exactamente como és ahora, pero suele ser parecido. -repuso intrigándome con el oscuro sentido de su frase.

¿ Jugaba Tanit de nuevo a desconcertarme. ? ¿Que querían decir sus misteriosas palabras? Ella con frecuencia pretendía hacerme creer que pertenecía a un tipo de seres humanos diferentes al común de la humanidad. Decía poseer extraordinarios poderes y arcanos conocimientos. ¿Había algo de cierto en ello o su mente padecía alguna clase de delirio? No podía descartar ninguna de las dos posibilidades, pues a su lado me habían ocurrido cosas que, como mínimo, eran sorprendentes, y como máximo, sobrenaturales.

Por aquel entonces Tanit me había contado una extravagante historia. Aseguraba que ella pertenecía a una distinta rama evolutiva de la humanidad, que hace tiempo se había separado del tronco evolutivo al que pertenece nuestra especie humana presente.

- Los de mi raza podemos viajar a través del espacio y el tiempo, de universos que se entrecruzan, al igual que tú puedes viajar por la superficie del mundo ordinario. -me espetó, quedándose tan fresca.

- Vaya, es muy estimulante saber que me encuentro junto a una persona de raza tan superior.

- Cariño, no te lo tomes a mal. Mi raza es más evolucionada que la tuya, pero algún día seremos iguales.

- ¿Cómo de evolucionada? -le pregunté, contemplando el bello azul de sus ojos y su hermoso rostro de expresión todavía algo infantil.

- Imagina las diferencias entre un homínido y un homo sapiens actual. Pues la misma diferencia habría entre los de mi raza y la tuya.

- ¡Vaya comparación! Y si tan sólo soy un homínido para ti... ¿cómo es que me amas?

Tanit sonrió, pasó su suave mano por mi brazo y dijo:

- Tal vez es que eres ... un homínido muy atractivo.

- Hablo en serio. -repuse, no conformándome con su broma.

- Eso lo sabrás en su momento. -contestó ella, poniendose seria a su vez.

- ¿Pero me amas? -quise saber, sinceramente preocupado.

- Jamás, jamás tengas esa duda. Te quiero y te querré siempre.

El amor y la belleza van unidos. Cuando amas a alguien, ese alguien te parece más bello. Nunca sabré si Tanit era en realidad tan extraordinariamente bella como en todo momento a mí me parecía, o era mi amor quien la volvía bella.

La besé y sus labios respondieron con pasión a mis besos. Uní mi cuerpo, aún mojado, al suyo, para que nuestra piel disfrutara del exquisito goce de sentirse mutuamente. La abracé y contemplé sus brillantes ojos. El aire estaba cargado de un resplandor dorado.

En ese momento pregunté de la manera más torpe.

- ¿Me permites que te haga el amor ahora?

Ella me miró y dijo.

- Nunca debes preguntarme eso. Tú siempre tienes mi permiso. -y besándome añadió- Yo vengo de muy lejos para estar contigo.

Entonces, durante un tiempo muy largo, y a su vez breve, nuestros dos cuerpos estuvieron unidos. Millones de besos, miles de caricias, cientos de abrazos, nos recorrieron, fluyendo deliciosamente por nuestra piel. En un mágico viaje de sensaciones, de pasión y de amor llegamos al clímax, brotando una poderosa energía, como un torrente que desborda su cauce y arrastra todo lo que encuentra a su paso.

Sentí un goce extremo, porque no sólo todo mi cuerpo se vio bañado por una ola de placer largo e intenso, sino que mi cerebro se inundó de algo similar a una sustancia lumínica. Mi mente se esclareció, y de pronto me sentí uno con Tanit, y uno también con todas las cosas que nos rodeaban. No era un pensamiento o un conocimiento. Se trataba de una percepción interior profunda, como si la esencia de mi ser se hubiera expandido para extenderse a la esencia de los demás seres. Al mismo tiempo también sentía una plenitud desconocida de la energía vital que alimentaba mi cuerpo, otorgándome una poderosa fuerza. Y sin embargo mi semilla sexual había fluido fuera de mí.

- Parece que esté viendo el mundo con ojos nuevos. -le comenté a mi amada compañera.- Me embarga una paz extraordinaria y una comunión con todas las cosas y seres que me rodean. Es como si se hubieran caído barreras que me aislaban del resto del universo. Siento profundamente como si tú fueras una parte de mí, y yo una parte de ti.

- Mi amor, las corazas de tu cuerpo y tu mente se han abierto al entregarte. En este instante el bloqueo que ejercía tu ego se ha retirado temporalmente. La energía de tu alma y de tu ser verdadero, prisionera en tu interior, puede ahora manifestarse, y por eso tu conciencia se ha liberado y te permite disfrutar de este mágico instante.

Me levanté y caminé maravillado. Rocé con mis dedos la hoja de un árbol, y de repente, simultáneamente, yo era la hoja que era rozada por mis dedos. Levanté una piedra, que no pesó en mi mano. Subí de un salto a unas rocas, sin que tuviera que luchar en forma alguna con la gravedad. Donde yo quería ir, mi cuerpo iba sin dificultad, porque yo era todas las cosas y los lugares. El mundo me producía sensaciones diferentes y extraordinarias, pues ahora estaba percibiendo el mundo de forma distinta. Yo me había fundido con el mundo.

- ¡Ven a mi lado, amor.! -reclamó dulcemente Tanit.

Regresé y tomé contacto de nuevo con su exquisito cuerpo. Ella me miró a los ojos y me dijo:

- Es el momento de que tengas una visión. Pero recuerda, es sólo una visión.

- ¿Que tengo que hacer? ¿Va a ser una visión bonita?

- Eso lo juzgarás tú. Yo tampoco sé lo que vas a ver.

Escuché la melodía de pájaros que cantaban maravillosamente en las ramas, y observé la posición del sol, que continuaba casi cenital.

- Alcanza esas grandes rocas, las que están a la izquierda de la caída del agua. Hay allí una profunda poza. Mira al fondo y observa en silencio. -me pidió Tanit.

Fuí en la dirección que señalaba y al llegar me encaramé sobre una enorme piedra. Efectivamente el agua allí era bastante profunda, quizá más de seis metros. Me tumbé sobre la superficie plana de la roca para apreciar más cerca la laguna. Las aguas parecían vivas y llenas de energía. Contemplé el fondo, que podía percibirse a través de una impecable transparencia. Al principio no distinguí nada extraño, pero al cabo de un minuto mi vista se afinó y comencé a vislumbrar unos intensos destellos brillantes. Enfoqué mi visión aún mejor, y entonces descubrí la forma de un objeto que semejaba ser de cristal carmesí. Era de considerable tamaño. ¿Cómo no lo había atisbado antes?

Se trataba de una gran copa que estaba depositada en el fondo de ese recodo de la poza. La copa se hallaba tumbada en horizontal sobre el suelo. Rayos de sol llegaban hasta ella y eso permitía diferenciarla de las aguas. Tenía el tamaño aproximado de un tercio de la altura de un hombre. Era un cristal espléndidamente trabajado, aunque la distancia me impedía conocer su grosor. Resplandecía bellamente con alternantes reflejos de color rubí. Qué extraño que hubiera una copa así ahí abajo. ¿Quién la habría arrojado a éstas aguas?

La observé con detenimiento. En su pie, entre la base y el cáliz, se distinguía una serpiente enroscada. Y a ambos lados sobresalían dos grandes asas, que eran igualmente serpientes gemelas. Las dos se separaban de la copa para intentar luego regresar, pero no llegaban a unirse de nuevo, por lo que las asas quedaban en su parte superior suspendidas en el aire. Las cabezas de los ofidios aparentaban asomarse al borde mismo de la parte alta de la copa. Toda ella parecía configurada en cristal, que de tan resplandeciente se diría que era diamante, con intensos reflejos color rojo carmesí.

Tanit me preguntó y le describí lo que veía.

- Recuerda que es sólo una visión. -me repitió.

En ese instante me asombré al comprobar que del interior de la copa brotaba un líquido bermejo, que se extendía por el agua profunda, tiñéndola progresivamente. Surgía del cáliz como si este fuera el origen de una fuente misteriosa. Durante unos minutos el agua de la laguna se fue coloreando en forma lenta pero continua de un tono rojizo. El líquido que provenía de la copa, como una niebla que se extiende irremisible, cubrió primero las zonas profundas y luego toda la superficie. Semejaba la sangre de un gigantesco dragón, que manara del cáliz sumergido para transmutar las aguas en un fluido escarlata.

Regresé junto a Tanit, asustado por el sobrenatural fenómeno. La supuesta visión parecía a mis ojos muy real. No era un simple espejismo, sino que toda la poza se había coloreado en rojo, como si alguien hubiera vertido cientos o miles de litros de sangre u oscuro vino.

Al llegar a su lado mi amiga me contempló con una sonrisa beatífica y luego dijo:

- Cariño, ahora te voy a pedir otra cosa. Debes bañarte en esa agua carmesí.

Me sorprendí al escuchar esas palabras. Tener una visión era una cosa, y otra muy distinta entrar en contacto con ese misterioso líquido, en el que se había transformado el agua antaño transparente. Todo esto no me parecía una simple ilusión, sino algo muy real.

- ¿Y para qué debo hacer eso? -quise saber. Supuse que era una prueba de valor o tal vez de confianza lo que me estaba pidiendo.

- Si el Grial ha querido manifestarse, ahora te debes bañar en sus fértiles aguas. -repuso impasible mi amiga. El amor brillaba en sus ojos.

La miré en silencio y me decidí a realizar lo que me pedía. Consultado mi corazón había manifestado que no importaba si esto era una realidad o un sueño, pues confiaba en el amor de Tanit.

Mis pies entraron en contacto con el agua, y poco a poco también el resto de mi cuerpo desnudo.

- Debes sumergirte durante todo el tiempo que puedas, aguantando tu respiración y manteniendo los ojos abiertos. -escuché las instrucciones de Tanit.

Lo hice exactamente así. Me dejé hundir en la parte profunda de la poza. Mi cabeza se sumergió en el agua de color bermejo y mis ojos permanecieron abiertos. Nadé hacia abajo hasta alcanzar un par de metros de profundidad. Un intenso brillo rojo me envolvió. Parecía un mundo mágico y sobrenatural. La luz solar continuaba filtrándose a través del teñido fluido y se podía percibir incluso el fondo y las piedras. Todo resplandecía como si me encontrara en el interior de un gigantesco rubí. La totalidad de mi piel, y cada uno de los orificios de mi cuerpo, recibió el contacto de esa agua, que me envolvía densa como el líquido amniótico de una placenta.

Cuando ya no pude más, braceé hasta recuperar la superficie. Volví a ver el resplandor dorado del misterioso y bello lugar donde nos hallábamos. Giré mi cabeza y descubrí a Tanit sonriente en la orilla. Me esperaba sentada en el suelo, aún desnuda y con las piernas cruzadas como los yoguis. Despacio nadé hasta ella, sonreí y emergí de las rojizas y asombrosas aguas.

Mi piel no estaba teñida, pero las gotas color sangre resbalaban pesadas por mi cuerpo.

- He hecho lo que me has pedido. -le dije- Dime ahora cual ha sido su sentido.

- Cariño, has sido bautizado en las aguas escarlatas del grial. Ese es el verdadero símbolo de haber sido aceptada tu iniciación. Los rituales de bautismo de todas las religiones derivan de éste.

- ¿Qué es el líquido rojo que ha surgido de la copa?

- Es sangre. Te has bañado en sangre diluida en agua, esa es la suma de todos los bautismos: los bautismos de agua y los bautismos de sangre.

- ¿Pero no ha sido todo una visión? -mi razón dudaba, porque la experiencia me parecía auténtica y tangible.

- Claro, una visión de otro mundo que ha abierto una de sus puertas para ti.

- ¿Quieres decir que en cierta forma esto ha sido real? ¿Que ahora no soy víctima de una alucinación? -insistí, para que ella confirmara mi impresión de veracidad.

- Es una realidad temporal, una percepción de algo que permanece oculto desde hace milenios.

- ¿Esa copa de cristal es el auténtico Grial?

- Es un símbolo auténtico del verdadero Grial.

- ¿Pero existe realmente esa copa sumergida o es producto de esta visión?

- Existe en otro lugar que no es el mundo ordinario de los sentidos. Otros muchos antes que tú la han visto, desde la más remota antigüedad.

Acababa de admirar una copa de cristal hermosamente trabajado, decorada con tres serpientes ascendentes, y depositada bajo el agua de este lugar maravilloso y extraño. Y había sido testigo de presenciar cómo desde esa misteriosa copa brotaba un fluido rojo, que al igual que una niebla líquida se había extendido por toda la pequeña laguna. Estaba aún sorprendido, descansando junto a Tanit y mis perros, cuando de repente me di cuenta de otro hecho extraordinario adicional. El sol permanecía aún en la misma posición exacta en la que estaba cuando habíamos llegado a este enigmático y hermoso valle.

- ¡Tanit! -exclamé- Llevamos horas aquí y el sol no se ha movido en el cielo. Se encuentra inmóvil sobre ese pico que destaca en la cima de aquella montaña, igual que lo observé cuando descendimos hasta este lugar.

Miré el reloj y este marcaba perenne la hora de nuestra llegada. Estaba parado. Quizá se detuvo incluso antes de que viéramos la catarata. No lo podía precisar.

- No tienes que alarmarte. -repuso Tanit con indiferente naturalidad- Nos hallamos viviendo un tiempo diferente al tiempo común del mundo.

- ¿Quieres decir que éste es un lugar mágico donde no transcurre el tiempo? - pregunté intentando encontrar sentido a lo que estaba ocurriendo.

- Puedes llamarlo así si quieres. Aquí el espacio y el tiempo son diferentes. Estamos en un cruce entre la realidad de tu universo conocido y otra realidad.

- ¿Entonces todo esto sí es una visión? ¿O es quizá una revelación de un lugar invisible e inaccesible desde la realidad ordinaria? -pregunté, oscilando entre recuperar un planteamiento de acuerdo a la razón o superar mi lógico escepticismo, que todavía se resistía en ceder.

- Es las dos cosas. Nadie puede llegar aquí sin más, aunque rastreen la tierra entera de arriba abajo y levanten cada una de sus piedras. Te lo he explicado antes, aunque aún no lo comprendas y tu mente no lo acepte.

- ¿Pero esto es real o es un sueño?

A pesar de mis continuas dudas e incertidumbres, estaba completamente seguro de que mi estado mental era de plena vigilia y absoluta lucidez.

- Cuando regreses al mundo ordinario lo recordarás como un sueño, pero en estos instantes es muy real. ¿Acaso piensas que antes hacías el amor conmigo soñando? ¿Estáis vosotros soñando? -les preguntó a Lug y Sansón, que recostados en el suelo la observaban con sumo interés.

- ¿Cómo puede estar detenido el sol en el cielo? -la interrogué, en busca de alguna explicación al hecho imposible que mis ojos constataban.

- ¿Cómo puede estar parado tu reloj? -repuso ella, con su habitual tranquilidad.

- Son dos cosas muy diferentes.

- No creas que son tan diferentes.

- ¿Vamos a regresar?

- Claro cariño, todas tus preguntas han hecho que se rompiera el encanto de este momento. Mira, las aguas de nuevo son transparentes y la copa, puedes si quieres comprobarlo, ya no está.

Efectivamente, de forma prodigiosa, la laguna se veía de pronto limpia e inmaculada. En cuanto a la presencia de la misteriosa copa, me acerqué y lo verifiqué. Nada había ya en el fondo del agua. Ningún resplandor, ni objeto alguno. La visión o la materialización, fuese o no verdadera, había cesado. También hacía bastante rato que había finalizado, sin que yo me percatara, el extraordinario estado de conciencia acrecentada que durante unos maravillosos momentos había disfrutado. El mundo y yo de nuevo nos habíamos separado. Todo había regresado ya a la total normalidad. Todo excepto una cosa. El sol seguía empecinado en desafiar mi razón desde su estática posición. Miré el sol fijo en el cielo y miré a Tanit, cuyos ojos eran ahora del mismo azul que la bóveda celeste.

- ¿Cuanto tiempo ha pasado desde que llegamos? -pregunté.

- No lo sé. ¿Cuánto tiempo crees tú?

- Unas tres horas como mínimo.

- Siempre calculas bien, mi amor.

-¿Y porqué está inmóvil también el reloj? -insistí, pues si era verdad que estábamos en una encrucijada con otro mundo, igualmente el reloj se hallaba con nosotros.

- No puede medir el tiempo de este lugar. Su básico mecanismo no funciona en esta realidad diferente, porque aquí el espacio-tiempo es distinto. A diferencia de un ser vivo él no se puede adaptar. Está marcando el tiempo exterior, y fuera el tiempo no ha pasado. -aclaró ella, aunque en mi opinión aumentó el misterio.

- ¿Y aquí?

- Las tres horas si han transcurrido aquí. Cuando vuelvas al mundo serás tres horas más viejo. Hoy habrás envejecido tres horas más que los demás.

- ¿Y no podía ser al revés? Ya soy bastante viejo. -protesté.

- No te preocupes cariño ... aún eres joven.

 

 

*****

 

Cuando esa noche retornamos al mundo ordinario mi reloj volvió a funcionar por sí solo con normalidad. Desandamos el agreste y escondido camino iluminados únicamente por la luz de la luna. No nos perdimos ni dudamos ya. Mi cuerpo mantuvo una extraordinaria vitalidad durante varios días. Todo fue un sueño o quizá existen otros mundos paralelos que no percibimos. Tanit era un habitante de esos otros mundos y estaba aquí nada más que de visita. Quizá todos poseemos la capacidad potencial de ir más allá de nuestra realidad cotidiana. El cielo no es tal vez un lugar abstracto sino otra forma de organización de la materia. Nuestra desconocida mente es la que puede abrirnos las puertas de los distintos mundos.

 

FIN DE LA PRIMERA PARTE

 

 

 

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