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Kababelan  2005

Visita Número

 

 

 

 

 

 

PRIMER LIBRO:

LA PORTADORA DEL SECRETO

 

 

 

IV.  CICLO DEL CISNE Y LOS DOS CANES

PORTAL PRINCIPAL

INTRODUCCIÓN: EL MITO GRIALIANO.

PRIMER LIBRO:      LA PORTADORA DEL SECRETO.       PRÓLOGO

CICLOS

LA JOVEN MISTERIOSA

LAS LUCES

EL ROSETÓN

EL CISNE Y LOS DOS CANES

LA CUEVA

EL PASEO POR     EL BOSQUE

LA COPA

SEGUNDO LIBRO:              EL VIAJE. INTRODUCCIÓN  Y PRÓLOGO.

TERCER  LIBRO: LAS REVELACIONES  DE LA GUARDIANA. PRÓLOGO.

EL CÍRCULO

ÍNDICE GENERAL

SINOPSIS/ PRESENTACIÓN

ENLACES WEBS

 

 

 

Evocación de Lug, pero no es Lug, sólo de la misma raza.

Todas las imágenes que se emplean en esta Web tienen la finalidad de acompañamiento visual y estético del texto, exclusivamente, y son posteriores e independientes de la creación de la narración, por ello las sensibles diferencias entre lo que describe la historia y algunas imágenes.

Igualmente, perro de la misma raza que Sansón, pero no es él.

 

 

 

 Sansón de pequeño.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya en la época del Imperio Romano (periodo durante el cual la mujer perdió totalmente su función sacerdotal) el término Virgen implicaba castidad de no haber conocido varón y al himen se le dio el apelativo de virgo. 

Durante la dominación romana las sacerdotisas así como las sibilas y pitonisas desaparecieron del Mediterráneo y tan sólo quedaron vestales, pero desprovistas paulatinamente de cualquier autoridad. 

Y ya en el siglo III de la era cristiana también a ellas, las últimas vestales, se las humilló y sometió hasta hacer desaparecer a la mujer de cualquier posición de rango espiritual.

A partir de entonces las mujeres que se permitieran tener autoridad en cuestiones transcendentes serían sin piedad eliminadas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tanit era en ocasiones dulce, a veces infantil, pero también podía ser profunda y segura en sí misma en grado sumo. Podía ser un lago de tranquila calma o una tempestad de poderosa energía. Era dual e ingobernable, pero entregada en cada acto, apasionada y seductoramente encantadora. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 11.

LOS DOS CANES.

 

Poco después de mi primer viaje con Tanit, llegaron a casa dos perritos. En realidad, dos enormes cachorros. Primero fue el inteligente y temerario Lug. Y un mes más tarde el bueno y cariñoso de Sansón, aunque a veces también tenía un fuerte temperamento.

Fueron encargados a criadores escogidos, bien seleccionados, tras identificar pacientemente las razas caninas de los desconocidos animales que un día aparecieron misteriosamente en mis sueños. Transcurridos casi dos años de búsqueda, las que eran tan sólo imágenes oníricas se convirtieron así en dos perros auténticos.

Lug llegó a casa en primer lugar. Era un peludo y sedoso cachorro. Se desarrolló como un ejemplar esbelto, fuerte y elegante, con doble capa de pelo semicorto, siempre erizado al igual que un gigantesco peluche . La cola, gruesa y compacta como la de un jaguar, la portaba permanentemente enrollada sobre el lomo.

Creció hasta alcanzar 71 centímetros a la cruz y casi 60 kilos de peso.

Su carácter era muy despierto, siempre alerta, y a veces también orgulloso y ligeramente desobediente.

Los tonos de su pelaje iban desde el blanco hasta el negro, pasando por el beis y el oscuro ceniza. Tenía un manto policromado por sectores y en escalas graduadas. Las patas delanteras eran blancas, las traseras grises. La cabeza totalmente negra, el cuello y el pecho blancos, el lomo ceniza oscuro y el vientre beis. La cola, de colores oscuros combinados, acababa en una punta totalmente blanca.

Un mes después llegó Sansón. Lo traje con algo más de dos meses. Era un cachorro enorme y regordete, de patas muy grandes y gruesas, con el pelo corto de color leonado anaranjado, salvo el hocico que con el tiempo se le volvió negro.

Su temperamento era más calmado que Lug y también más obediente. Mientras que el primero era orgulloso y observador, Sansón por el contrario era más emotivo, cálido y afectuoso. Al crecer alcanzó 70 centímetros de altura y 80 kilos de peso.

 

 

 

A pesar de su gran tamaño, ambos eran perros dinámicos y ágiles, increíblemente veloces para su masa corporal. Los dos tenían la piel tersa, sin partes colgantes. Grandes huesos y músculos muy bien desarrollados.

Sin embargo diferían mucho en su constitución física. Lug era relativamente estrecho en comparación con la desmesurada anchura de Sansón. El primero parecía un lobo y el segundo más bien un león, aunque sin melena. Lug tenía las orejas permanentemente erguidas, y el grueso rabo siempre enrollado sobre el lomo. Sansón, por el contrario, llevaba las orejas siempre caídas y tenía el rabo amputado, excepto un par de vértebras, por lo que presentaba una cola sumamente corta.

Ambos poseían enormes cabezas, una fuerza colosal y un coraje a toda prueba. Pero al mismo tiempo combinaban un carácter tranquilo, seguro y especialmente amante de los niños. Además fueron bien entrenados en obediencia.

Desde el principio, Lug se erigió en jefe de la pequeña manada de dos. No sólo porque era un cachorro algo mayor en edad, sino porque su personalidad era más dominante y su mirada más penetrante e hipnótica. También sus reflejos eran sensiblemente superiores, casi imposibles de seguir a veces con la vista.

Por lo demás, convivían relativamente bien juntos, y eran amigos y compañeros de juegos, sólo muy ocasionalmente se enfrentaban un momento como rivales. Pero Lug siempre prevalecía como líder. No obstante, Sansón tenía más fuerza y Lug más astucia y velocidad.

Desde que, siendo aún cachorros, vieron por primera vez a Tanit entrar por la puerta y escucharon su voz, quedaron los dos totalmente enamorados de ella, y la seguían continuamente a todas partes, olvidándose momentáneamente de mí. Me costaba recuperar su atención. Y cuando crecieron continuaron prefiriéndola a ella, a la que siempre obedecían sin rechistar.

A Tanit le encantaba todo lo que formara parte de la Naturaleza, tanto plantas como animales, el mar o la montaña. Le gustaba mucho viajar y se maravillaba ante todas las cosas bellas. En nuestros numerosos viajes, excursiones y salidas al campo, procurábamos casi siempre llevar con nosotros a los dos perritos. Por ello tuve que comprar un vehículo con un habitáculo posterior bien grande, que permitiera a los dos enormes canes ir medianamente cómodos.

Sin embargo Tanit sólo me visitaba de vez en cuando, y no se quedaba en casa más que unos días, por lo que pasaba mas tiempo sin verla que en su dulce compañía. El pacto de nuestra amistad incluía una condición impuesta por ella, que consistía en que no debía preguntarle jamás sobre la parte de su vida que ella no quisiera libremente contarme. No debía insistir nunca en contrariar ese punto. Y siempre lo cumplí.

- Es la única condición que te pongo. -me dijo muy rigurosa- El día que no la aceptes me marcharé y no volverás a verme.

Sansón y Lug vivían en el exterior de la casa, en la parcela vallada que rodeaba la vivienda. Era un terreno con árboles variados, que daban siempre fresca sombra, y donde los perros podían correr y jugar libremente.

Les estaba permitido, no obstante, entrar en determinados momentos al interior de la vivienda, aunque tenían prohibido quedarse a dormir dentro. Por ese motivo pasábamos el mayor tiempo posible al aire libre, de manera que pudiéramos estar con ellos habitualmente, bien en el amplio porche de losas de barro, donde nos sentábamos a charlar, bien bajo los árboles del jardín o simplemente paseando por los alrededores.

Cuando tenía que ausentarme de casa unos días, era mi sobrina o alguna amistad quien se ocupaba de los perros. Durante los pocos años que estuvieron a mi lado formaron parte siempre de mi corazón.

Muchas veces, caminando en solitario con ellos por las sendas de la montaña, me parecía que Lug y Sansón leían mi pensamiento, o al menos sentían mis intenciones o mis propósitos. Era como si tuvieran un vínculo emocional o energético conmigo, algo por lo cual en ocasiones se anticipaban a mis iniciativas, como si intuyeran a veces mis deseos. Me guiaban hacia lugares conocidos cuyo destino yo no les había transmitido, incluso corrigiendome cuando tomaba un camino equivocado en alguna encrucijada o ante algún obstáculo o laberinto.

Pero aún era más sorprendente su actitud con Tanit, ya que en ese caso parecía como si ella y los perros se leyeran el pensamiento o el corazón mutuamente, sin necesidad de gestos o palabras. La obedecían y la seguían siempre, absolutamente compenetrados.

Cuando mi amiga venía a visitarnos a casa, los dos canes daban entusiásticos saltos de alegría, agitando vivamente la cola, e incluso se levantaban nerviosos antes de que yo supiera siquiera que ella se aproximaba.

A los dos fieles animales les encantaba echarse a nuestros pies, y descansar o dormir allí plácidamente. Pensaba que la felicidad para ellos era tan sencilla como el simple hecho de que estuviéramos los cuatro juntos. Cuando se marcharon los lloré desconsoladamente durante tres días. Y los enterré con mis propias manos.

Evocaciones de Lug y Sansón cuando eran cachorros.

 

     

 

          

 

 

 

 

12. EL CISNE.

Aparentemente Tanit no se distinguía en nada de cualquier otra chica de su misma edad. Ni en la moda del vestir, ni en el lenguaje coloquial, ni en sus gestos, ni en su voz, ni en muchos de sus gustos y preferencias, que entraban dentro de la más absoluta normalidad. Sin embargo ocultaba determinadas características anatómicas que, aunque en principio no fueran perceptibles, se descubrían y llamaban la atención en una relación más íntima.

Podía pasar casi desapercibida entre mil muchachas igual que ella, pero yo había advertido ciertos detalles físicos insólitos que, sumados a su misteriosa personalidad, contribuían a señalarla como alguien en verdad especial y totalmente fuera de lo común. Aunque esas diferencias corporales no se las pudiera calificar en principio más que como simples detalles curiosos.

Tanit tenía sus ciclos menstruales normales, como cualquier joven en edad fértil. No obstante, me aseguraba que no era preciso seguir ningún método anticonceptivo artificial o natural, porque sólo se quedaría embarazada si ella realmente lo deseaba. No quiso explicarme nunca los motivos exactos de este asunto y no pude indagar más. Simplemente entonces la creí.

Pero había, además, otras cuestiones, relacionadas también con la fisiología sexual, que contribuían a hacer su cuerpo especialmente extraño. Por asombroso que pueda parecer, Tanit era virgen en todo momento, pues su himen no se desgarraba, al menos aparentemente. Como si fuera increíblemente dilatable y elástico, volvía siempre a cerrarse intacto. El fino velo perforado se abría para recuperar después su forma original.

Según parece, la palabra "virgen", en su origen, no designaba realmente a una mujer que no hubiera tenido nunca relaciones sexuales, sino a aquella que era soltera y no se encontraba bajo la autoridad de ningún esposo. La raíz de la palabra "virgen" es la voz latina "vis-viris", que significa "fuerza, vigor, entereza, plenitud, poder". Por ello una virgen era en la Antigüedad una mujer que no estaba sometida a ningún marido, que era libre, dueña de sí misma, de su propia energía y de su propia vida. Sin implicar para nada una connotación sexual. Así por ejemplo ocurría en los mitos de algunas diosas, que no se sometían nunca a ningún varón, tales como Diana, Venus, Brigit, etc. Estas diosas eran vírgenes permanentemente, a pesar de sus variados amantes. También las sacerdotisas sagradas podían ser vírgenes, pese a mantener relaciones sexuales dentro de los ritos de adoración e iniciación.

Vir-gine era así una palabra compuesta que implicaba independencia, autosuficiencia, fuerza, fertilidad (vir); y relativo al sexo femenino, a la mujer (gine = mujer). Así su significado primigenio fue "mujer con poder".

La palabra "virgo" fue aplicada posteriormente a una mujer joven soltera, en contraposición al estado de mujer casada, pero no implicaba necesariamente inexperiencia sexual.

Para definir por tanto a una mujer soltera que no hubiera conocido varón, tal como se decía en aquella época, era preciso añadir el adjetivo " intacta ", ya que sólo éste matizaba que no había tenido aún relación sexual. Es la frase completa "virgo intacta" lo que equivaldría al significado actual del concepto "mujer soltera virgen". Fue la religión la que, de una forma interesada, deformó y confundió ambos conceptos al identificar himen con virginitud y luego hacer sinónimos los vocablos.

De todas formas, Tanit era "virgo intacta" sólo aparente, ya que eso se daba únicamente por una particularidad especial de su anatomía, y no por el hecho de "no haber conocido varón". En cualquier caso, sí era una virgen en el sentido puro de la palabra, pues, que yo supiera, no estaba sometida a hombre alguno en ningún momento.

Cuando le pregunté sobre esta propiedad inusitada de su himen, ella se limitó a contestar de manera ambigua. Argumentó que como su cuerpo era muy flexible y elástico, esa propiedad también se debía de cumplir ahí, y que quizás esa era la causa. Tal vez el pequeño orificio de la membrana dilataba de forma extraordinaria sin romperse. El argumento no era del todo convincente, pero tampoco podía decirse que fuera increíble, aunque sí sumamente inhabitual.

Sin embargo, había más detalles insólitos. Los senos de Tanit podían segregar durante el acto amoroso una cierta cantidad de sustancia láctea, a pesar de no ser en absoluto gestante ni post-gestante. Era otra de sus características extrañas e inexplicables. A quien no la hubiera conocido le habría hecho pensar que se trataba de un desarreglo endocrino u hormonal, pero Tanit poseía una excelente salud, que se manifestaba en todo su hermoso cuerpo. Sus bellos ojos eran poderosamente azules, profundos y brillantes. Tenía la piel sumamente fresca, sedosa y dotada de gran fragancia. Y el cabello, de un precioso tono castaño rojizo, era largo, suave y resplandeciente. La prodigiosa elasticidad de su cuerpo y su inagotable energía resultaban asimismo envidiables. Nada en ella daba sensación de la más mínima desarmonía o enfermedad.

También su piel era singular por otro motivo. Poseía una increíble capacidad para sellar en poco tiempo toda herida. En dos ocasiones se cortó con cierta importancia en mi presencia. Una vez fue un profundo arañazo, cuya marca desapareció en tan sólo dos horas. Y en la segunda ocasión, estando en el bosque, se hizo un corte que sangró, pero que al día siguiente no se podía distinguir siquiera la más mínima cicatriz.

- El poder de regeneración de tu piel es sorprendente.-le aseguré, mientras exploraba detalladamente su brazo, en busca de alguna señal que delatara el corte sangrante del día anterior.

- Era un corte sin importancia.-respondió quitando valor al asunto.

- ¿Sin importancia ... ? A pesar de eso, tendría que haber una cicatriz fresca. Han pasado menos de veinticuatro horas.

- Eso es porque mi cuerpo está muy sano y mis células saben trabajar rápido. - aseguró con toda naturalidad e indiferencia.

- Dime el secreto.-respondí, sonriendo y deseando que me explicara algo más de su increíble capacidad de veloz autocuración.

- Es la mente. -dijo- El secreto es controlar la mente, así de sencillo.

- No lo entiendo. ¿Cómo puedes conseguir eso sólo con la mente o el control del pensamiento? -le repliqué de inmediato.

- La mente se extiende en realidad por todo el cuerpo.- explicó- Está unida hasta con la última de nuestras células. Yo le digo con el pensamiento cómo se tiene que curar y el cuerpo obedece.-me aclaró, con un razonamiento tan simple que me pareció irracional y casi ingenuo.

- ¿Y cómo se hace eso, que debe ser la ruina para la medicina?

- Pues, simplemente imagino, por ejemplo, cómo estaba mi piel antes de la herida, y transmito esa imagen con mucha emoción a mi cuerpo. Les recuerdo a las células y a los tejidos como era el aspecto que tenían cuando esa parte se encontraba sana y completa, y eso acelera el proceso de curación. De todas formas el corte era muy pequeño. -me aclaró, minimizando el asunto.

- ¿Y podrías curarte también así una enfermedad? -indagué curioso.

- Primero, no tengo por qué estar enferma -matizó vehemente-, pero si lo estuviera también le diría a mi cuerpo que se sanara. Averiguaría en primer lugar porqué enfermó, y luego, remediando la causa, tanto si es física como psíquica, le recordaría a mi cuerpo, siempre con mucho cariño, cómo se encontraba cuando estaba sano, y así se curaría deprisa.

- Ya. Pero no siempre es fácil saber por qué enferma uno. -le repliqué con escepticismo e incredulidad.

- Sí, cierto, eso es siempre lo más difícil. Lo otro es cuestión de fe y de energía.

- ¿Que es fe para ti?

- Es creer firmemente en algo, al mismo tiempo que lo ves y lo sientes profundamente, sin duda ni temor ni tensión alguna, sino relajado y confiado. La fe es un poder creativo, porque tiene la capacidad de conformar continuamente la realidad. Fe es sinónimo de creer. Y creer es sinónimo de poder. Puedes hacer todo aquello en lo que creas. El poder de creer es el poder de crear. Pero no confundas creer con credulidad, que es creer en las ideas del prójimo o en algo ajeno a nosotros. Hablo de creer en lo que tú mismo afirmas desde tu interior. Se trata de un poder personal por el que se modifica y conforma la realidad. Creer es una capacidad del espíritu que debe desarrollarse en la materia. Hay que creer con el corazón de una manera total, sin albergar ninguna duda, percibiendo ya en el propio interior una realidad que todavía no se ha cumplido externamente. Es ver ahora el futuro como si fuera el presente, para que el presente se convierta así en el futuro que tú ves.

- Creer puede ser un sinónimo de ingenuidad o de locura. -repuse, expresando mis dudas al argumento irracional del que parecía estar tan convencida.

- Hay una locura llamada delirio que es involuntaria, y hay también una locura voluntaria que transciende la cordura ordinaria, para abrirse sin temor al vasto campo de posibilidades del espíritu. La primera nos convierte en prisioneros y produce mucho sufrimiento. La segunda libera el alma y el cuerpo, y produce una felicidad interior imperturbable.

Y como guardé silencio ante su inextricable disertación, ella prosiguió.

- Si tienes verdadera fe cualquier cosa es posible, porque la mente dirige entonces la energía y crea a continuación la realidad. Se trata de creer con el corazón, porque el universo está en el corazón.

- Pero se necesitará sin duda alguna haber desarrollado mucho el poder de la imaginación y la capacidad de concentración de la mente, así como tener una gran energía psíquica personal para conseguir eso.¿ No es así? - le objeté de nuevo, porque su explicación me parecía algo demasiado simple y utópico. Pero Tanit se limitó a sonreír y ya no me contestó.

Aunque ella lo viera todo fácil, la verdad es que a mí todo me parecía difícil. En otra ocasión le argumenté que ni siquiera simplemente con la imaginación es sencillo visualizar una curación o cualquier otra circunstancia futura. Además están también todos nuestros bloqueos inconscientes, que nos impiden alcanzar lo que deseamos. Pero Tanit me respondió diciendo que yo vivía en un mundo mental muy limitado, y que ella en cambio había expandido esos límites, más allá incluso de lo que normalmente la gente piensa que es posible.

Y con el tiempo descubrí que, efectivamente, incluso mi imaginación era tan pobre, que siempre se quedaba corta cuando se trataba de comprender a Tanit y los enigmas que la envolvían.

Pero, sin embargo, lo que más me llamaba la atención del cuerpo bello y extraño de mi amiga, era un detalle para mí muy gracioso. Sus pies eran distintos a los de cualquier chica que yo hubiera conocido. A simple vista no se apreciaba ninguna diferencia que pudiera llamar la atención. Pero si abría los dedos de los pies cuando estaba descalza, o bien cuando yo los tocaba para acariciarlos, entonces podía comprobar que las membranas interdigitales eran mucho mayores de lo normal. Especialmente, sobre todo, las que separan los cuatro dedos pequeños, pues llegaban hasta más de la mitad de la longitud de éstos. Ese fenómeno singular no ocurría sin embargo en sus manos, que eran totalmente normales.

La primera vez que descubrí esa insólita característica de sus pies, me hizo tanta gracia que no pude reprimir hacer una broma. Le dije que, debido al gran tamaño de esas membranas, podía fácilmente compararla con una oca o un patito. Se enfadó enseguida, y respondió que habría sido mejor que en mi frase le dijera que ella parecía un cisne. Rápido, tuve que corregir sinceramente mi error, y decirle que, desde luego, de verdad me parecía un cisne, el cisne más bello que había visto nunca. Aún así tuve que besarla para que me creyera. Y era cierto, Tanit era tan hermosa como un cisne de un cuento de hadas.

 

 

 

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