© Kababelan 2005

Visita Número

 

 

 

 

PRIMER LIBRO:

LA PORTADORA DEL SECRETO

 

 

 

 

V.  CICLO DE LA CUEVA

 
PORTAL PRINCIPAL

INTRODUCCIÓN: EL MITO GRIALIANO.

PRIMER LIBRO:      LA PORTADORA DEL SECRETO.       PRÓLOGO

CICLOS

LA JOVEN MISTERIOSA

LAS LUCES

EL ROSETÓN

EL CISNE Y LOS DOS CANES

LA CUEVA

EL PASEO POR     EL BOSQUE

LA COPA

SEGUNDO LIBRO:              EL VIAJE. INTRODUCCIÓN  Y PRÓLOGO.

TERCER  LIBRO: LAS REVELACIONES  DE LA GUARDIANA. PRÓLOGO.

EL CÍRCULO

ÍNDICE GENERAL

SINOPSIS/ PRESENTACIÓN

ENLACES WEBS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

13.   EL CAMINO OLVIDADO.

La enorme y solitaria playa. El inconmensurable mar. El cielo gris de una cálida tarde de verano. Un cenital sol se hallaba oculto tras el tupido manto de unas nubes de nácar. Tanit se desnudó completamente y caminó hacia el agua dando pequeños y cortos saltitos. Al llegar a la orilla se dobló con agilidad, apoyo su mano derecha en la arena y desplegó su joven y delgado cuerpo en una voltereta lateral. Después se zambulló en las olas mientras sus pechos saltaban como cabritas.

En ese instante el sol se filtró por un hueco que surgió entre las nubes, irradiando un maravilloso y mágico haz de luz. Sus rayos plateados descendieron desde el cielo hasta la tierra, iluminando y calentando un amplio circulo que nos abarcó a los dos, desde el lugar donde yo me encontraba hasta el punto donde nadaba ella.

Los largos cabellos de Tanit brillaban y resplandecían entre las aguas, ese día bastante bravas, mientras yo la contemplaba gozoso y en silencio desde la orilla, como quien admira una bella y viviente obra de arte. Lug y Sansón, inquietos y juguetones, no pudieron aguardar más y al fin se decidieron a zambullirse tras mi joven amiga. Con sus fuertes patas nadaban intentando alcanzarla sin lograrlo, mientras ella disfrutaba del mar ya bien lejos.

Yo preferí bañarme cerca de la orilla, pues siempre me ha dado respeto adentrarme profundamente en las aguas. Pero Tanit parecía no temer nunca a nada: ni al océano, ni a la oscuridad, ni a lo desconocido. No le producía temor ninguna situación ni la intimidaba persona alguna. Jamás temía nada de lo que asusta normalmente a la gente. Era sin duda el ser más valiente, extraño y encantador que yo había conocido. Y haberla encontrado suponía para mí, con toda seguridad, lo más mágico de toda mi existencia.

Al salir del mar, rodeada de Lug y Sansón que la miraban con los ojos alegres, parecía un ser irreal, una especie de hermosa sirena que caminaba envuelta en sus largos cabellos mojados. Echó su pelo hacia atrás y se arrodilló para acariciar a los dos perros que lamían su cuerpo. Luego llegó hasta donde yo me encontraba y se tumbó a mi lado, con su mirada brillante y su boca transmitiendo una hermosa sonrisa.

De pronto una suave y cálida brisa nos envolvió, como si una fuerza invisible quisiera acariciarnos y secar nuestra piel desnuda. El sol seguía filtrando sus ardientes rayos por el claro que se había producido unos minutos antes entre las densas nubes. Nadie había en esa apartada playa más que nosotros, y parecía que la naturaleza entera nos acompañaba en una extraña y bella complicidad.

¿Quién era esta joven misteriosa que había conocido unos meses antes, y que tantas sorpresas agradables, y a veces increíbles, estaba aportando a mi rutinaria vida? En algunas ocasiones dudaba preguntándome si todo esto era real o quizás tan sólo un sueño.

¿Por qué había sido yo el elegido? ¿Que tenía mi persona de especial? ¿O era todo quizás un azar sin sentido? ¿Tiene la vida humana realmente un guión o no es más que una suma de casualidades que nadie gobierna?. Tanit creía que frente a las fuerzas ciegas y sin sentido de la existencia, frente a las poderosas energías primarias que gobiernan el mundo, había una luz omnipresente en el Universo, que podía guiar a los seres humanos en pos de un propósito y un significado. Había que buscar esa misteriosa y escondida luz, y seguirla, pues era la única que nos podía llevar a conocernos realmente hasta lo más profundo de nuestro enigmático ser, y darnos la posibilidad de alcanzar la auténtica libertad y plenitud.

Pero el principal misterio, para mí, seguía siendo saber quien era en realidad Tanit. Aparentaba ser una muchacha de unos 20 años (aseguraba tener 21), con un cabello entre rojo y castaño, liso y largo, y unos bellos ojos de un azul muy intenso. Era de mediana estatura, alrededor de un metro sesenta y cinco. Tenía un cuerpo relativamente delgado y muy bien formado. Era increíblemente ágil y segura de sí misma. Parecía tener un supuesto conocimiento profundo de la vida, pero yo a veces dudaba entre la posibilidad de que o bien me estaba tomando el pelo, o que la joven padecía un trastorno paranoide de tipo mesiánico, lo cual era algo insólito en una mujer, y además de tan poca edad. De lo que no cabía duda alguna era que tenía una personalidad muy singular, un aspecto sumamente agradable, y una energía y un encanto especial para hacer o decir cualquier cosa. Por todo ello me resultaba prácticamente imposible sustraerme a su deliciosa compañía.

Tanit pronto se atribuyó a sí misma poseer un conocimiento secreto que la humanidad perdió hace mucho tiempo, un conocimiento que tendríamos que recuperar para que nuestra vida cobrara de nuevo auténtico sentido. Ella se consideraba guardiana y transmisora de ese arcano saber olvidado. Y por ello también se conceptuaba distinta y aparte de los seres humanos comunes, como nos llamaba a los demás, pues, según ella, nuestra visión ordinaria de la realidad es siempre fragmentada y limitada, y por tanto parcial y en parte falsa.

- ¿Existe Dios? - le había preguntado a Tanit ese día, al igual que ya lo había hecho en otros momentos. Y ella me respondió que existe Dios, pero de una forma completamente distinta a como nosotros intentamos comprenderlo o explicarlo.

- El Dios en que normalmente vosotros creéis es una invención de vuestra mente y no se parece en nada a la Fuerza o Inteligencia que gobierna el Cosmos. - me dijo- El cerebro humano ordinario aaún no está dispuesto para acceder a una conciencia de lo Infinito, e intentarlo sin la debida preparación sería una experiencia peligrosa que sólo conduciría a la locura. Yo he venido a este lugar para prepararte en el camino que te puede llevar a salir de tus límites actuales. Sin mi ayuda no darías nunca los pasos iniciales necesarios.- me explicó, acompañándolo todo con una encantadora sonrisa y una mirada que fingía ser enigmática.

Sansón y Lug, después de correr y jugar en la arena un rato, se echaron a nuestro lado buscando nuestra compañía y especialmente la de Tanit. Era insólito que mis dos gigantescos perros se mostraran encantados con ella desde que la conocieron. Ya el primer día corrieron enseguida a saludarla con entusiasmo, como si la hubieran estado esperando, y era prácticamente imposible que se separaran de su lado cuando ella venía. Parecía como si la adoraran en su corazón canino. Yo quedaba entonces relegado a un segundo plano.

Enseguida nuestra piel estuvo seca, así que decidimos vestirnos y continuar nuestra caminata hacia la zona boscosa que rodeaba esta inmensa playa atlántica. Rayos dorados de sol continuaban filtrándose por las nubes grises, pero ahora lo hacían de una manera dispersa y no concentrada como había ocurrido antes. La brisa cálida se transformó en otra más fresca y el olor salobre del mar impregnaba el aire intensamente.

- ¿Que es lo que pretendes enseñarme en realidad ? - le pregunté mientras andábamos descalzos sobre la arena.

- Pretendo que descubras un camino que fue olvidado por la gente hace mucho tiempo, muchos siglos, milenios incluso. Ese camino intenta separar las fuerzas ciegas de las fuerzas con propósito en la vida. A lo largo de la historia y las civilizaciones ese camino ha recibido distintos nombres y ha sido imaginado con diferentes símbolos. En ocasiones, durante esa búsqueda, se ha perseguido hallar una piedra especial, una piedra mística o simbólica, llamada la piedra o la perla de luz o sabiduría, según las distintas culturas. Otras veces se lo ha buscado a través de un símbolo que era representado como una copa mágica, una copa de luz, de oro o de plata, adornada con las piedras preciosas más magníficas de la Tierra, en la que se encontraba la verdadera sabiduría del Universo. Quien bebía el néctar de esa copa podía alcanzar la inmortalidad o la luz divina, según los casos, pero hallarla era tan difícil que sólo algunos escasísimos seres humanos alcanzaban la preparación y los méritos necesarios. Con el paso del tiempo, ese conocimiento antiguo comenzó a ser perseguido por fuerzas poderosas que tenían interés en destruirlo y hacerlo desaparecer. Y al final todo se olvidó y se borró tras una espesa e indescifrable niebla. La confusión y la tergiversación cayeron sobre ese antiguo mito, y los seres humanos terminaron por creer que era sólo producto de la fantasía de los hombres del pasado.- me explicaba larga y tranquilamente con su voz suave.

- ¿Y hubo alguien en realidad que encontró y recorrió ese camino?- le pregunté observando sus bellos ojos.- ¿O es quizá sólo un mito producto de la fantasía humana, como tantos otros?

Me miró muy seria al escuchar mis preguntas, formuladas con un tono escéptico.

- Sí. Hubo gente que descubrió y recorrió ese camino en el pasado, pero hace mucho tiempo que el polvo borró las huellas de los caminantes y nadie puede ya orientarse en la búsqueda. Por eso he venido yo ahora, porque quiero que tú reinicies la andadura de esa senda olvidada. Es trascendental que la humanidad vuelva a descubrir ese camino en este momento.- me dijo en un tono muy grave, el más severo que le había escuchado desde que la conocía. Quizá le molestaba un poco mi desconfianza después de estos meses. O tal vez pretendía enfatizar la importancia de lo que me estaba diciendo.

Llegamos a los árboles y los perros se adelantaron a olisquear la vegetación. También se dedicaron a dejar muestras de su presencia.

Nos calzamos para adentrarnos en el bosque.

- ¿Sabes como me gusta llamar a ese camino? - me dijo sonriendo y correteando entre los árboles, mientras realizaba amplios movimientos y oscilaciones de sus brazos y giros de su cuerpo, como si fuera una primaveral mariposa- Yo lo llamo el Camino del Grial, pues esa palabra, que no significa nada concreto para los que desconocen su misterio, lo significa todo para los que se adentran dando los primeros pasos por la oculta senda. Es una palabra tan huidiza como el Tao de los antiguos chinos, ya que quien lo conoce sabe bien de qué está hablando, pero en cambio para los demás es un concepto inaprensible y huidizo. Lo mismo ocurre con la palabra Grial.

- He leído algunas cosas sobre el llamado Santo Grial. Se cree que era la copa en la que Jesús y los Apóstoles bebieron el vino de la Santa Cena. - le expliqué para que se diera cuenta que conocía el tema.

- ¡Oh, no!- me dijo entornando los ojos- No se trata de esa copa. La palabra grial significa, en una lengua muy antigua ya olvidada: "Aquello que contiene la Luz". Lo que ocurre es que el grial es la "Matriz de la Luz", y por ello algunas veces se lo ha identificado con el símbolo de la copa como recipiente. Especialmente los cristianos de la Edad Media tuvieron mucho interés en identificar siempre ambos conceptos, pues era una forma de cristianizar el pagano mito del grial, que existía ya en el mundo desde un tiempo inmemorial y estaba presente en muchas culturas. - me explicó con aire erudito, aunque a mí ese gesto me parecía contradictorio con su cara de rasgos juveniles.

Una brisa fresca y perfumada atravesaba las hojas de los árboles e inundaba el bosque de una fragancia encantadora. También era encantador contemplar a Tanit.

- ¿Por qué me miras con esa cara? ¿Es que no me crees? - me preguntó con un ligero mohín de enfado.

- Lo que me dices me parece muy interesante, de verdad. - le aclaré sinceramente- Lo que ocurre es que soy escéptico por naturaleza, ya me conoces, y no acepto las cosas a la primera. ¿Por qué sabes eso con tanta seguridad? ¿Acaso tú has recorrido ese camino?

- Yo vengo del otro extremo de ese camino.- Me dijo muy seria y con una mirada fija e intensa.- Y he venido para enseñarte, para que quites el polvo de los siglos que cubre la senda olvidada y, si lo deseas, puedas recorrerla.

- ¿Y de donde vienes? - le pregunté también con mirada grave.- ¿Es algún lugar concreto el otro extremo de ese camino?.

- No es ningún lugar de esta Tierra que tú conoces. - me dijo con mirada impenetrable.- De donde yo vengo ni tú ni nadie de los que te rodean podéis ir. Quizá, si es que te interesa andar el camino que yo te ofrezco, puedas acompañarme dentro de algunos años. O quizá nunca.

La observaba en silencio, sin saber como continuar la conversación, pues no quería decir nada que la ofendiera. Me parecía ahora como una niña, y hubiera querido darle un beso y no indagar más en sus desconcertantes palabras. Ella me miraba callada y, de repente, estalló en risas, y, apartándose de mí con su habitual agilidad, me dijo:

- No me crees para nada. ¿Verdad? ¿Piensas tal vez que estoy chiflada? - Sus manos asieron el tronco de un árbol, lo rodeó y jugó a esconderse y asomar su cara por el otro lado.

- Creo que estás encantadoramente chiflada. - le confesé sonriendo.

- Bueno, pues entonces persígueme a ver si puedes alcanzarme.- Y salió corriendo y emitiendo risitas, para adentrarse en el bosque. Dejé que se alejará un poco y luego, sin prisas, caminé tras ella. Pronto aceleré el paso, pues se distanciaba increíblemente veloz, y en menos de un minuto ya no la vi. Los perros estaban distraídos olisqueando la vegetación y no la sintieron desaparecer. Los llamé para que no se rezagaran y nos siguieran. Enseguida me dí cuenta de que realmente sería difícil encontrarla, así que les ordené a Lug y Sansón que la buscaran. Juguetones se adelantaron y olfatearon con sus narices el aire, cada uno por un lado, pero tras recorrer unas decenas de metros titubearon, pues parecían no encontrar ya pista alguna que les orientara. Me miraban desconcertados y no avanzaban con seguridad. De repente oí risas, la risa dulce de Tanit, pero no era posible saber de donde procedía. Era como si el sonido nos envolviera, como si surgiera de todo el bosque, como si todos los árboles hicieran eco de su risa.

Desconocía en ese instante que pronto se descorrería uno de los múltiples velos que ocultaban la extraña identidad de mi enigmática y amada amiga.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

14. LA CUEVA MÁGICA.

 

 

La risa cantarina de Tanit resonaba por todo el bosque. Era imposible saber de donde provenía. Avanzábamos siguiendo la dirección en la que ella se había marchado, pero parecía como si se la hubiera tragado la tierra y el bosque entero se riera de nosotros imitándola. De pronto se escuchó clara y alegre su voz: - ¡Estoooy aquiiiii.! ¡Estoooy aquiiiii!.- Pero de nuevo era un sonido envolvente. Increíblemente sus palabras procedían de todo el entorno, de todas las direcciones. El bosque era como una gigantesca cámara de resonancia.

Sansón y Lug comenzaron a ladrar frenéticamente. Estaban tan desconcertados como yo, aunque no sabía si estaban enfadados, preocupados o contentos. Los potentes ladridos se sumaron a la alegre pero burlona voz, que desde un indefinido lugar parecía estar dándonos supuestamente la pista sonora para localizarla. Mi corazón comenzó a acelerar sus latidos y podía escucharlo también en mi pecho. - Ya esta bien, me doy por vencido, no te puedo encontrar Tanit. ¡Sal ya!.- le decía infructuosamente.

Los perros andaban aún dando vueltas pues no conseguían encontrar ningún rastro, y la voz de mi joven y enigmática amiga continuaba oyéndose de vez en cuando reverberando mágicamente en el bosque. Habían transcurrido ya más de veinte minutos desde que había desaparecido. Entonces la suave brisa se fue tornando en un fuerte viento que movía con furia las hojas de los árboles, produciendo un sordo estruendo. Comenzó también a llover, y en ese instante la voz de Tanit cambió. Ya no resonaba. Ahora se la oía clara y definida en una dirección. -¡ Aquí. Aquí. Venid por aquí.! - Decía imperativamente, ya sin tonos burlones.

Caminé en la dirección de donde emanaba la voz y de repente pude ver que tras los frondosos árboles comenzaba a surgir una pared montañosa. Quizá era eso lo que convertía las palabras y las risas en un eco. La voz de mi invisible amiga debía ser devuelta por las rocas y resonaba así en todo el bosque. De improviso Lug y Sansón salieron disparados hacia la escarpada montaña y, siguiendo una estrecha senda, empezaron a ascender en zig-zag entre los matorrales.

La lluvia se había intensificado rápidamente y yo me estaba empapando. El agua caía abundante a través de las hojas de los árboles, que no podían protegerme de la fuerte tormenta. Seguí a los perros que ahora parecían muy seguros, y de repente vislumbré, unos setenta metros más arriba, la entrada a una gran cueva. Los canes se habían alejado deprisa, y ya no los distinguía entre la vegetación cuando, de pronto, apareció Tanit completamente desnuda, plantada sobre la cornisa de roca que precedía a la boca de la gruta. Me hacía señas agitando la mano y me urgía a que subiera.

Cuando conseguí llegar arriba estaba jadeante, extenuado y completamente calado hasta los huesos. Mi ropa se hallaba empapada. El aguacero veraniego estaba siendo realmente intenso. Potentes truenos y brillantes relámpagos imperaban en forma espectacular en el cielo, que se había vuelto muy oscuro. Ella me recibió sonriendo, y tomándome cariñosamente de la mano entramos en la cueva, donde ya se encontraban aposentados y felices nuestros compañeros caninos.

- Me has dado un buen susto Tanit.- le reproché enfadado. - ¿Por qué has tardado tanto en aparecer?

- Sólo era un juego, cariño. Vamos, quítate toda la ropa antes de que te resfríes. Estás completamente mojado.- me ordenó mientras me ayudaba a desvestirme.

Ella tenía su pantaloncito y su camiseta bien secos, pues se había desnudado dejando las prendas dentro de la cueva antes de asomarse en la cornisa para que la pudiéramos ver. Por suerte llevábamos las dos toallas de playa en la pequeña mochila que yo portaba en la espalda. Tanit me ayudó a secarme deprisa, y luego nos envolvimos con las grandes toallas, mientras contemplábamos en la entrada de la caverna las negras nubes cargadas de lluvia y olíamos el aire fresco y perfumado que provenía del bosque.

- Corres muy rápida. - le dije-. Otra vez no permitiré que te alejes tanto. ¿Cómo encontraste esta cueva tan oportunamente?.

- No la encontré. Simplemente estaba aquí cuando la necesitaba.

- Pues vaya suerte que tienes, o mejor , que fortuna hemos tenido, pues de lo contrario ahora estaríamos empapados como sopas y aún lejos del coche. Aunque no creo que esta tormenta estival dure mucho más.- argumenté basándome en la experiencia tradicional.

- Nunca se sabe cielo.-repuso Tanit.- Pongámonos cómodos y disfrutemos de este acogedor lugar.

El acogedor lugar era una gruta totalmente rocosa, exceptuando el suelo que tenía algunas parte de tierra. Sus dimensiones aproximadas eran de unos tres metros y medio de altura por otros cinco o seis de anchura en la entrada. La cavidad se iba estrechando paulatinamente hasta alcanzar unos veinte metros de profundidad. A partir de allí se convertía en una gatera oscura e impracticable de seguir en posición vertical. Al menos aquí estábamos a resguardo de la lluvia. La bendita caverna estaba seca y el aire dentro era algo más cálido que en el exterior.

Los dos perros, después de curiosear un poco, se habían echado relajados y parecían estar a gusto allí. Había poca luz, pues las nubes eran muy negras. Espectaculares y numerosos rayos unían la tierra con el cielo, y el sonido de los truenos resonaba en la montaña y en el interior de la providencial gruta.

Tanit y yo nos sentamos en el suelo muy juntos, dándonos calor con nuestros cuerpos y envueltos en las toallas. Sansón y Lug acercándose se pegaron a nosotros, echándose a nuestros costados. La voz suave de mi amiga se escuchaba cálida en aquel pacífico lugar, como una música que aislaba del sonido desatado por las fuerzas poderosas de la naturaleza. Nos abrazamos.

- ¿Piensas de mí que tengo mucha fantasía? - me preguntó bajito.

- Es difícil saber lo que es auténtico y lo que es fantasía en los seres humanos. - le respondí mirándola a los ojos- Todos creemos muchas cosas que pueden ser fantasía. La gente sufre e incluso mata a veces por fantasías que creen que son verdad. El ser humano no posee la certeza absoluta de nada.

- No te evadas con filosofía. Te pregunto si tú piensas que, en mi caso, lo que digo es fantasía para ti.- me insistió persistiendo en su pregunta.

- No lo sé. No puedo saber si lo que dices es cierto o es producto de una creencia o fantasía tuya. - le respondí tratando de ser sincero.

- ¿Pero en principio te parece fantasía? - precisó centrando y acorralándome con su pregunta.

- Digamos que en principio te doy crédito, porque lo que conozco hasta ahora de ti no me permite pensar que sea fantasía, pero mi escepticismo racional me obliga a mantener una postura relativa de duda. Espero que eso no te moleste. Reconocerás que lo que dices son cuando menos cosas insólitas.

Por fin sonrió. Le debió agradar hasta cierto punto mi respuesta o al menos mi forma de escabullirme, porque sus ojos volvieron a brillar como cuando algo la complacía.

- ¿Y que es lo que opinas de mi? ¿Cómo me ves tú? - me preguntó como si necesitara que le dijera algo agradable, algo cariñoso. Ahora parecía más joven aún y algo insegura, pero tal vez era tan sólo una impresión aparente, pues ya otras veces había jugado a variar su personalidad como alguien que representa un papel. En cualquier caso lo hacía como una estrategia dramática para motivarme.

- No he conocido en mi vida una persona como tú. Tienes un encanto especial para percibir y expresar las cosas. Te maravilla la naturaleza como a mí y estás llena de optimismo y de vitalidad. Me pareces además una chica muy bella y tus ideas me resultan sumamente interesantes. De verdad me agrada muchísimo estar contigo. Además reconozco que estoy totalmente enamorado de ti.- le dije serio, mientras ella al final se echó a reír.

- Muchas gracias por todo eso tan bonito que dices de mi. Yo también te quiero, y por eso te he escogido para enseñarte el camino secreto. -me dijo muy formal- Amas la naturaleza tanto como yo y quizá pronto podrás verla más allá de lo que perciben ahora tus sentidos.

Yo la contemplaba extasiado y le sonreí suavemente. Le acaricié la mejilla y se la besé después. Ella me miraba de forma muy fija y tierna, y nuestros labios se juntaron cálida y dulcemente. Sansón y Lug, recostados a nuestros pies, nos observaban atentamente sin moverse. Apartamos las toallas y nos echamos sobre ellas, mientras nuestros cuerpos se unían en una íntima y deliciosa aproximación. Sentía la piel de Tanit en contacto estrecho con la piel de todo mi cuerpo.  Nos recreamos en infinitas y suaves caricias, mientras fuera la noche iba llegando, y la tormenta sorprendentemente persistía. Los enormes rayos y los potentes truenos no cesaban, como un espectáculo de color y sonido creado por la naturaleza. Escuchábamos de fondo el rumor sordo de la intensa lluvia, que caía como una densa cortina fuera de nuestra protectora cueva.

Un torrente de maravillosas sensaciones recorría todo mi cuerpo. Mi corazón estaba henchido, como un pájaro que despliega sus alas listo para emprender el vuelo. Tanit comenzó a centrar sus dulces caricias en mi espalda. Pasaba sus dedos una y otra vez por mi espina dorsal, de abajo arriba, de una manera sutil, como una delicada estimulación eléctrica que incrementaba las sensaciones que me embargaban. Estábamos echados de costado. Yo acariciaba suavemente uno de sus pechos y la besaba con delicadeza. De repente ella se giró, me tumbó de espaldas y se sentó sobre mí como si cabalgara. Ágilmente hizo que mi sexo entrara en el suyo, y con movimientos muy lentos se fue meciendo mientras me sonreía. Acaricié su cintura y sus pechos, al tiempo que miraba sus profundos y cautivadores ojos, que brillaban en la oscuridad. Nuestros movimientos se hicieron acompasados y cadenciosos.

De repente, un atronador estampido sónico resonó hasta el interior de la cueva, y durante un instante la sangre se me heló en las venas. Entonces ella me pidió que me incorporara y me sentara con las piernas cruzadas, como en una postura oriental de meditación. Luego se acuclilló e introdujo de nuevo mi sexo en el suyo. Su flexibilidad siempre me sorprendía. A continuación me abrazó otra vez, acariciando deliciosamente mi espalda y mi cuello. Mientras nuestros besos fluían abundantes, comenzó a moverse rítmicamente pegada a mí. Sus dedos y sus labios despertaban mágicamente la electricidad escondida en todo mi cuerpo.

Desde el exterior entraba periódicamente en la caverna la claridad de los rayos y los relámpagos, dejándonos a continuación sumidos de nuevo en la oscuridad. Pero a pesar de las tinieblas de la noche yo veía claramente a Tanit: sus ojos azules, su pelo castaño rojizo brillante, su piel de un tono anaranjado que parecía resplandecer con luz propia, como si fuera ámbar. Después de unos largos e indescriptibles minutos dejó de mecerse y sus piernas me rodearon también. Quedamos así totalmente abrazados con nuestras cuatro extremidades, fundidos nuestros cuerpos y unidas nuestras bocas. Algo muy especial me estaba sucediendo, las caricias de sus dedos habían hecho que percibiera mi espina dorsal igual que si un electrizante flujo de suave energía la recorriera de abajo arriba, y ahora esa sensación entraba en mi cerebro.

De pronto algo pasó en mi cabeza. Una fuerza cálida se expandía dentro. En la parte superior del cráneo, en la coronilla, sentí como si se abrieran los pétalos de una enorme flor y una energía procedente del exterior penetrara dentro de mi cerebro. Mi mente crecía como si se saliera de los límites del entorno de mi cuerpo, y una sensación de felicidad y paz profunda me inundó. El cosquilleo eléctrico que ascendía por la espina dorsal se fue incrementando, y de repente una ola poderosa de placer subió deprisa y explotó en mi cabeza. La sensación del orgasmo se amplió a todo el cuerpo, pero era insignificante con la experiencia de que mi conciencia estaba expandiendose más allá de mi mismo, alimentándose y fundiéndose con una especie de conciencia supraindividual muy superior a mí, como si fuera la conciencia de la Naturaleza o del Cosmos.

Permanecía abrazado a Tanit, pero al mismo tiempo sentía también como si estuviera fuera de mi cuerpo, ambas cosas simultáneamente, como si mis límites no se hallaran ya restringidos por mi piel, como si realmente estuviera unido con otro ser superior indescriptible que fuera la totalidad o la fuente de todo lo que existe. Me parecía estar lleno de energía inconmensurable e incluso me sentía flotar.

- ¿Que es lo que estamos sintiendo Tanit? - le pregunté asombrado y maravillado por la experiencia.

Ella acariciaba suavemente la parte posterior de mi cuello, y me dijo con una entonación dulce y profunda:

- Tu conciencia ha escapado por un momento de los límites de tu individualidad separada, y ha despertado como de un sueño, para sentir la unión con el ser verdadero que la alimenta.

Su delicada voz se extendió por todos los rincones de la cueva, como si impregnara las pétreas paredes, y éstas a su vez hablaran en voz baja, repitiendo en un susurro sus palabras misteriosas.

- ¿Quien es ese ser? - le insistí.

- Calla ahora, amor mio.- me dijo tiernamente, mientras sus dedos se deslizaban como alas de mariposa- Disfruta de este momento, sintiéndolo simplemente, pues si lo analizas se desvanecerá.

Nos echamos de nuevo uno al lado del otro, mirándonos y permaneciendo abrazados. Recuerdo que ella me arrullaba mientras mis manos recorrían su fragante piel. A partir de ese momento mi memoria se desvanece y ya no evoco nada más, como si un sueño profundo me hubiera transportado en ese instante.

Desperté envuelto en la oscuridad. Estaba solo, aún desnudo y me percibía cubierto con las dos toallas. No sentía nada de frío. Por el contrario, un agradable calor llenaba toda la cueva. ¿Dónde estaría Tanit? Dirigí mi mirada hacia la entrada de la gruta y vi su conocida silueta. Estaba sentada, recortándose su figura ante el cielo nocturno, donde ya se distinguían las estrellas. La tormenta había cesado y parecía que reinaba la calma en lo que ahora era una tranquila noche de verano. Me parecía que había estado soñando todo lo vivido. Quise moverme, pero sorprendido me dí cuenta de que no podía hacerlo. Me hallaba como paralizado, mi cuerpo no respondía. No me asusté pero estaba extrañado.

Observé entonces atentamente a la joven que se encontraba de espaldas a mí y sentada en una insólita posición. Sus piernas estaban cruzadas en la parte alta de los muslos, dobladas y echadas hacia atrás. La palma de sus manos descansaban sobre la planta de sus pies que miraban hacia arriba. Su espalda y su cabeza estaban rectas pero relajadas, y parecía mirar a la noche y a la luna que a lo lejos brillaba. Era la sencilla postura del héroe, la había visto en los manuales de yoga elemental y la había practicado algunas veces.

Me di cuenta entonces que el cuerpo desnudo de Tanit brillaba increíblemente por sí solo y por eso podía contemplarla con claridad. Un resplandor dorado se irradiaba por toda su piel y por su largo cabello. Me fijé más detenidamente, y entonces observé sobre su cabeza una especie de llama luminosa que ascendía hasta el techo de la cueva. Miré también a los perros. Sansón parecía dormir profundamente, pero en cambio Lug tenía los ojos abiertos y estaba observando atento e inmóvil la escena. El resplandor extraño que envolvía a Tanit creció paulatinamente, hasta formar una esfera ovoide que se proyectaba hacia arriba, más de un metro por encima de su cabeza.

Me percaté entonces de que también la caverna donde nos encontrábamos se había transformado. Las paredes igualmente brillaban con luz propia, de un tono blanco nacarado suave, como si estuviéramos en el interior de una mágica perla hueca gigantesca. Miré de nuevo a los perros y asimismo estos también resplandecían ahora. Sus cuerpos parecían ovillos de luz multicolor. Lug permanecía muy alerta. No apartaba sus ojos del fenómeno luminoso que envolvía a Tanit pero, al igual que yo, tampoco se movía en absoluto.

Transcurrió un tiempo indeterminado que no puedo precisar. Me hallaba tal vez prisionero de un sueño, o era quizá una realidad que no conseguía controlar. Pensé que mi mente se encontraba en un punto intermedio entre la vigilia y la inconsciencia del sueño, pues me parecía estar lo suficientemente despierto para creer que esto que experimentaba no era totalmente una experiencia onírica, aunque fuera irracional. Estaba tal vez percibiendo algo que ordinariamente no se aprecia por nuestros sentidos, pero no por ello tenía que tratarse necesariamente de una fantasía del subconsciente. Todo me parecía real, mi mente analítica estaba activa, y observaba igual que un espectador lúcido ve una película, aunque sin poder participar de la escena.

Tras un rato, de duración imprecisa, seguía sin poder moverme y tampoco conseguía hablar. Únicamente podía contemplar a Tanit en la posición del héroe vuelta de espaldas. Hubiera deseado ver su rostro y decirle que estaba despierto, pero me sentía cautivo de mi inmovilidad. La llamé con una voz silenciosa que no emitía palabras o eran palabras inaudibles. Pero de pronto Tanit se volvió como si me hubiera escuchado. No giró todo el cuerpo, sólo volvió su espalda y su cabeza, adoptando una torsión que hacía más extraña aún su postura. Y entonces vi su rostro ... y la sangre se me heló en las venas.

La cara de Tanit se había transformado. Sus mejillas estaban encendidas como brasas bermejas. Sus ojos azules brillaban de forma casi cegadora. Los labios eran rojos como rubíes en llamas. Y su frente irradiaba una luz violeta intensísima que nacía de su entrecejo. Desde su pecho emergía un resplandor dorado con vetas verdes. Y sobre su cabeza brotaba una llama blanca con reflejos púrpura que iluminaba la entrada de la cueva. Clavó su mirada en la mía, y sentí como si dos estrellas intensamente azules me observaran.

De repente descruzó sus piernas, se levantó y vino hacia mí. E inmediatamente se erizó el vello de mi piel y una nueva sensación eléctrica recorrió mi espalda. Tanit avanzaba lentamente envuelta en un huevo luminoso que ahora parecía tener filamentos de mil colores. Pero lo que me había dejado momentáneamente sin respiración y mis ojos asombrados era que desde el monte de venus de la muchacha emergía una luz escarlata tan brillante que su fulgor era indescriptible, como si un sol rojo en miniatura estuviera allí escondido. Ese punto era el centro lumínico del huevo resplandeciente, el núcleo u origen de una energía poderosísima que alimentaba a todos los filamentos de luz que fluían en torno a Tanit.

Se detuvo un metro delante del lugar donde yo me encontraba, y entonces se arrodilló sentándose sobre sus talones. A pesar de las intensas luces que de ella emanaban podía contemplarla sin que se cegaran mis ojos. En ese momento sí me parecía estar en un sueño. No podía pensar ni razonar bien. Me miró fijamente y me habló:

- Estabas despierto observándome. Creía que todavía dormías. ¿Cómo te sientes?.

Probé hablar y me dí cuenta de que ahora sí salían los sonidos de mi boca.

- ¿Que me pasa Tanit? ¿Por qué no puedo moverme? ¿Estoy acaso dormido? ¿Y por qué brilla todo tu cuerpo de esa extraña manera? ¿Es esto quizá un sueño? - le pregunté desde mi inmovilidad.

- Sólo es un sueño en parte - me respondió- . Vosotros llamáis sueño a todo lo que percibís por algún medio ajeno a vuestros sentidos ordinarios. Entonces esto es un sueño. Pero si lo que me preguntas es si es un producto de tu imaginación, entonces te diré que no, que yo estoy contigo en este sueño y también Lug y Sansón. Todos estamos aquí, no es una fantasía, pero si quieres puedes llamarlo un sueño.

- ¿Por qué irradias ese resplandor en torno a ti? ¿Es tu aura? - la interrogué sorprendido y curioso.

- Has dejado de percibir como te han enseñado en tu cultura de ser humano, y en este momento estás percibiendo directamente la energía de la vida que te rodea. Si pudieras dirigir la vista a tu propio cuerpo verías que tú también estás luminoso. - me respondió con su dulzura habitual.

Intenté verme a mí mismo, pero no conseguía cambiar el enfoque de mi mirada, que parecía no obedecerme.

- ¿Y esa luz que surge cegadoramente de tu pubis que és? ¿Por qué tienes ahí ese brillo tan intenso?

Ella me miraba de forma muy cálida y tras unos segundos de silencio me respondió:

- Ese brillo es la Perla de Luz. Proviene de mi matriz, que resplandece a través de mi cuerpo. Es tan potente que, a pesar de ser la parte más interna de mi energía, la puedes ver a través de todas las demás luces y resplandores. Es la energía que me conecta con la fuerza secreta de la Naturaleza y del Cosmos. Esa luz que sale de mi matriz me une con el Grial del Universo.

Y todos mis recuerdos de aquella escena se borran en ese punto pues, a pesar del tiempo trascurrido, nunca he podido rememorar si seguimos hablando o me dormí de nuevo en ese instante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

15. LA GUARDIANA DEL GRIAL.

 

 

Desperté rodeado por la penumbra. Una claridad muy leve permitía distinguir las paredes de roca de la cueva, que ahora presentaban su estado natural, ya sin ningún resplandor. No era consciente de cuanto tiempo podía haber transcurrido desde que había visto a Tanit envuelta en luz. Intenté moverme y para mi satisfacción sí lo conseguí. Estaba libre de aquella inmovilidad incontrolada y represora, donde mi cuerpo no respondía a mi voluntad. Ya había tenido esa experiencia otras veces siendo más joven, en estados de transición entre la vigilia y el sueño, cuando ya estás consciente pero el organismo permanece aún dormido. Eso me hizo pensar que quizá todo lo que había visto podía tratarse tan sólo de un extravagante sueño. En ese momento mi razón prefería creer eso. Lo que había contemplado era demasiado fantástico y onírico como para aceptarlo como una verdadera realidad física.

Mi amiga no estaba a mi lado. Miré a mis pies y vi enfrente a Lug y Sansón. Ambos permanecían todavía echados sobre su vientre, pero con la cabeza erguida y los ojos muy abiertos y atentos en dirección a la entrada de la cueva. Sus expresiones amedrentadas hicieron que un escalofrío me sacudiera de arriba abajo. Giré rápidamente mi rostro hacia la boca de la caverna. Estaba ya a punto de amanecer. Había una ligera claridad en el cielo. Pero la sangre se me heló al instante en las venas. En el centro de la abertura pétrea, flotando en el aire, había una esfera de luz ambarina de casi un metro de diámetro.

Oscilaba verticalmente, con movimientos muy ligeros y suaves, subiendo y bajando a cámara lenta un corto trayecto de unos veinte o treinta centímetros. Era muy brillante, pero no destellaba, como si fuera un fantasmal globo de intensísima luz mate. Me estremecí. Algo fugaz pasó por mi mente y entonces grité:

- ¡Tanit! ¡Tanit!.-No sabía bien porqué la llamaba. Era como si hablara siguiendo un presentimiento de mi inconsciente. Inmediatamente la esfera de luz vibró. Comenzó a estirarse en vertical hasta alcanzar el tamaño de una persona. Adquirió enseguida una forma ovoide muy alargada. A una velocidad de vértigo surgió un rostro, unos brazos, unas piernas, un cuerpo y el largo cabello de Tanit. Todo duró décimas de segundo. El resplandor desapareció totalmente y la bella silueta de mi amiga se recortó desnuda en el cielo crepuscular, mirándome directamente.

No podía hablar nada, pues las palabras habían huido de mi boca. Ella vino corriendo a mi lado y me acarició el mentón y la mejilla. Sonreía dulce como tantas veces. Yo la miraba asombrado, entre temeroso e incrédulo. Me incorporé y la toqué. Pasé mis manos por sus brazos, por su cuerpo, por su rostro y la miré a los ojos.

- ¡Tú no eres un ser humano! - le dije en tono afirmativo y acusatorio. - ¡Tu no eres un ser humano, Tanit.!

- ¡Si soy un ser humano! Si soy un ser humano, cielo.- me contradijo varias veces, intentando calmar el desconcierto que veía en mí.- Soy un ser humano y no me tienes que temer. - insistió con su cálida voz.

- ¿Como puedes decir eso después de lo que vi anoche y lo que he visto ahora? . Si fueras un ser humano no habrías podido transformarte saliendo de esa luz. ¿O quieres decirme que todo es un sueño? Los seres humanos no pueden hacer lo que tú haces. - le dije argumentando con mi razón y cerrándome a cualquier otra posibilidad. -Si ahora estoy despierto, tú no eres un ser humano. - afirmé con seguridad creyendo estar en posesión de la verdad.

- Lo que viste anoche y lo que hace un instante acabas de ver, ha ocurrido porque tu percepción está desplazada un poco más allá de lo que son sus límites normales. - me dijo en tono suave, intentando convencerme.

- ¿Que quieres decir? - le pregunté un poco más calmado.- Lo que yo he visto no ha sido una percepción del mundo de los sueños, sino una percepción sensorial real. Los perros también te veían.

El hecho de que los animales sientan o registren un fenómeno ha sido siempre para mí la evidencia de que no se trata de una sugestión o una visión producida por un trastorno de la mente. No cabe esa posibilidad en los animales. Ellos no son influidos nunca por un delirio subjetivo propio de la psique humana.

- Sí, efectivamente. - me dijo- Los animales tienen algunos patrones de percepción distintos al ser humano ordinario. A veces captan cosas que no captan las personas.

- Entonces, si ha sido un hecho objetivo, tú no eres un ser humano. - aseguré- No eres una mujer Tanit. ¿Quién o qué eres en realidad?

- Sé que para ti esto es difícil de aceptar en este momento, pero te aseguro, y debes de creerme, que soy un ser humano, cielo. Aunque quizá no exactamente igual que tú. - me miró en silencio- .Ven, vamos a ver amanecer y a caminar. - me dijo tomándome de la mano y sonriendo.

Los perros habían comenzado a lamernos y se les veía tranquilos y contentos.

Nos vestimos con nuestras ropas ahora completamente secas y salimos de la providencial gruta donde nos habíamos refugiado de la tormenta. Contemplé por última vez la abertura de la cueva, que durante esta noche había sido el escenario de hechos tan sorprendentes, insólitas percepciones que habían roto y desbordado todos mis esquemas y preguntas sobre Tanit.

El limpio cielo ya lucía completamente un intenso color azul, aunque adornado aún con franjas rojizas del alba. En el bosque cantaban miles de pájaros saludando al nuevo día. El aire que respirábamos era transparente y muy fresco después de la intensa lluvia nocturna. La atmósfera estaba ionizada y purificada. Era un amanecer maravilloso y yo estaba en compañía de una persona increíble e inquietante, a la que amaba pero a la que también temía un poco. ¿Quién era o qué era en realidad Tanit?

Descendimos por la estrecha senda escondida entre la vegetación, para alcanzar la frondosa arboleda que había unas decenas de metros más abajo. Apenas quedaban unas gotas de agua en la cantimplora, y particularmente los perros necesitaban beber, así que fuimos en dirección a la playa para localizar el coche que habíamos dejado en el extremo opuesto.

Tanit estaba especialmente cariñosa y no me soltaba la mano como si fuera un niño. Tal vez pensaba, y con razón, que había un cierto temor y desconfianza dentro de mí, pues lo que había visto desbordaba mis límites racionales. Atravesamos el bosque, aún húmedo con innumerables gotitas de rocío o quizá de lluvia en la punta de las hojas de los árboles. Tras unos minutos de caminata surgió ante nuestra vista el inmenso arenal de la playa.

- ¿Que piensas? - me preguntó delicadamente. - ¿Estás preocupado?

- Me gustaría que me explicaras porqué vi lo que he visto y que tipo de ser humano eres, ya que dices que eres humana. ¿Acaso has desarrollado poderes que los demás no poseemos o que tenemos dormidos?- le pregunté sin poder hablar aún de otra cosa.

- Pues has dado en el clavo.- me dijo contenta, mirándome con una encantadora sonrisa. - Soy un ser humano distinto a los que tú conoces, pero un ser humano. ¿De qué te sorprendes? ¿Acaso no te lo había advertido muchas veces?

Ella tenía razón. Aunque yo siempre me había resistido a darle crédito, a pesar de las cosas extrañas que a su lado me habían acontecido.

- Eres distinta a los seres humanos que conozco, incluido yo - le respondí.- ¿Qué poderes son los que tienes? ¿Cómo puedes convertir tu cuerpo en luz? ¿Por qué no me avisaste si te ibas a transformar o yo te iba a percibir así? Me he llevado esta noche dos buenos sustos. - le recriminé.

- Lo siento. - dijo, intentando ponerse seria, aunque mostrando un amago de sonrisa que reprimía expresar.- Pero acuérdate de lo que hablamos antes de que saliera corriendo para que me persiguieras en el bosque.

- ¿ A que te refieres?

- ¿No recuerdas que no creías nada de lo que te conté sobre el camino del Grial? Pensabas que eran fantasías mías y que tal vez estaba chiflada. ¿Lo sigues creyendo ahora?

- No lo creía entonces ni lo creo ahora, Tanit. Sólo que resultaba muy difícil de aceptar lo que me decías. Y aún ahora no sé claramente que pensar. Estoy desconcertado, pero lo que he visto esta noche me obliga a dar crédito a lo que me dices y a no mantener siempre una actitud de duda.

- Sí, te habías encerrado en una posición demasiado escéptica.-repuso, procurando dar un tono cálido a su voz- Estabas escudándote tras una barrera demasiado racional con la que pretendes inconscientemente defender la visión del mundo que te han enseñado. Crees que estás abierto a otras realidades, pero es sólo un autoengaño, pues preferías pensar que estaba chiflada antes que admitir la posible veracidad de mis palabras.

- ¿Quieres decir que lo que he visto esta noche ha sido una demostración para impresionarme y que aceptara así lo que tú me contabas?.

- No para que aceptaras, sino para derribar el muro mental que limita y protege la realidad convencional de tu cultura humana. ¿Cómo explicas lo que viste?

- Pues basándome en lo que he leído sobre estos temas, podría decir que se trata de una alteración en mi sensopercepción que tú me has provocado o inducido. Descarto que hayan sido meras visiones oníricas subjetivas. Se trataría de haber sido consciente de algo que normalmente no registramos por los sentidos físicos.¿Pero también provocaste esa alteración perceptiva en los perros?

- La cueva en la que estuvimos esta noche era un foco de concentración de la mente. Ahí no existía el mundo exterior y era fácil que percibieras algo que está en el umbral entre dos mundos, el de tus sentidos ordinarios y la otra realidad que nos envuelve pero que la humanidad normalmente no percibe. Algunos animales pueden, en ciertos casos, captar por sí solos las energías que están en ese umbral, ya que no poseen el bloqueo producido por el continuo dialogo psíquico interno del ego. Ese dialogo subconsciente es el que delimita y mantiene la realidad ordinaria de los seres humanos.-me explicó, pero seguí sin entender nada.

- No sé bien lo que me quieres decir, no lo comprendo con claridad .-le confesé.

- Sé que es difícil de entender, pero no te preocupes. ¿Por qué no echamos una carrera a ver quien llega antes al coche?- me propuso de repente, pues estábamos ya caminando sobre el enorme arenal de la solitaria y extensa playa donde nos habíamos bañado la tarde anterior.

Tanit se quitó las deportivas, las introdujo en mi mochila y corrió como una veloz gacela en dirección a la orilla, donde la arena permanecía mojada en una banda de varios metros de ancho a lo largo de toda la playa. Los perros la siguieron raudos, y yo también me descalcé y fuí a mojar mis pies en la húmeda arena.

El aire olía fuertemente al yodo marino y mi amiga gozaba corriendo, blincando y dando grititos. Mientras Lug y Sansón se revolcaban en la fina arena y esprintaban en rápidas carreras que estiraban sus músculos caninos. En unos breves minutos llegamos hasta el coche, llenos de fresca energía transmitida por la aurora y verdaderamente hambrientos. Decidimos ir enseguida al pueblo próximo para darnos el placer de un buen desayuno.

Lo primero que hicimos fue comprar agua embotellada en una tienda, para que pudieran beber en abundancia los perros, y les puse una ración de su comida que llevaba en el coche. Luego nos dirigimos hacia la cafetería-chocolatería que habíamos visto el día anterior, y que se encontraba solitaria en una pequeña plazoleta en las afueras del pueblo. Nos sentamos en las mesas de la calle, junto a unos árboles, contemplando la ria cercana y el gran puente de piedra.

Pedimos dos buenas tazas de chocolate caliente y una gran bandeja de churros. Sansón y Lug apoyaron sus cuartos traseros en el suelo y se sentaron a nuestro lado, uno enfrente del otro. Sus cabezotas sobresalían por encima de la mesa. Les obsequiamos con un churro a cada uno para que también los probaran. Fue un capricho de Tanit, pues a mi no me gusta darles la comida humana. Luego ella les limpió sus grandes bocas con servilletitas de papel, como si fueran dos niños, algo que me pareció innecesario pues los animales emplean sus lenguas para ese menester.

El chocolate caliente nos supo delicioso y la mañana resplandecía limpia y fresca. Después de compartir unas bromas le pregunté:

- ¿Por qué no me explicas de nuevo la razón de todo lo que he visto durante nuestra estancia en la cueva? Pues creo que necesito comprenderlo mejor, ya que de lo contrario siempre estaré intranquilo contigo.

- Lo que viste fue para que aceptaras que existe otra realidad o al menos otra forma de percibir la realidad. Soy un ser humano, eso no te debe de preocupar. Únicamente que no soy ya como tú o el señor que nos ha servido estos churros. Hace tiempo que las energías de mi cuerpo se transformaron y mi mente se liberó de la estructura rígida sobre la que esta humanidad ha creado su concepto del mundo.- me explicó y luego guardó silencio.

- ¿Cuanto tiempo hace de eso? - le pregunté.-¿Desde cuando no eres como yo?

- Prefiero no decírtelo- me respondió seria y con una mirada profunda.

- ¿Por qué, crees que me asustarías?

- Tal vez.- dijo sin mirarme, mientras acariciaba alternativamente la cabeza de los canes.

- ¿Y el resplandor que emanaba de tu cuerpo y la luz cegadora de tu pubis, que significan?

- Recuerda que te hablé del Grial y de un camino que lleva al ser humano a entender el significado y el propósito del Universo. Ese camino hace muchos siglos que es secreto. Se alejó del mundo por motivos que es largo y difícil de explicar.- me miraba mientras me decía esto, y en sus bellos ojos había un lejano matiz de tristeza. Luego prosiguió.- La energía del Grial está escondida de aquellos que la quieren dañar o la persiguen con egoísta codicia. Sólo se manifiesta a quien tiene un corazón puro, o al menos busca sinceramente la pureza, y a quienes anhelan la trascendencia de su ser individual para sumergirse y entregarse a la Fuerza misteriosa que mueve el Cosmos.

Mientras fascinado oía a Tanit hablar, pensaba por mi parte que quizá yo no debía estar incluido en ese grupo de elegidos. Ella prosiguió no obstante con su enigmático discurso. El sonido de su voz fluía suave a través del aire transparente y fresco de la mañana. Aquellas bellas palabras, portadoras de extraños significados, parecían danzar con los tenues pero brillantes rayos de sol que atravesaban las ramas de los árboles. Eran palabras misteriosas que luego, como mágica música, volaban hacia el agua de la tranquila y hermosa ría que se dibujaba ante nuestra vista.

Yo seguía escuchándola desorientado. Y ella continuó con su explicación.

- El Grial permanece eternamente custodiado por una doncella. -me aclaró- Lo refieren siempre las antiguas leyendas que de él hablan, recuérdalo. Eso significa que una mujer, totalmente libre y unida al Espíritu, es la única que puede revelar al buscador el guardado secreto. Un secreto que es la clave creadora del Universo. En tu caso, esa doncella soy yo.- me aseveró con una sonrisa, mientras me miraba cálidamente.

Mantuvimos un instante la perfecta belleza del silencio, contemplando el calmado discurrir de las aguas próximas y el paisaje boscoso del horizonte.

- No entiendo muy bien el propósito de lo que me estás diciendo, -le aseguré mostrando mi desconcierto- pero en cualquier caso comprendo menos aún qué tengo yo de especial para que me elijas a mí. No he hecho nada extraordinario en mi vida. Además no creo tener un corazón puro ni sé tampoco si he buscado alguna vez esa pureza.

- No quieras comprenderlo todo en un día,-me dijo mientras cogía el último churro de la bandeja y, untándolo de chocolate, me lo pasaba por los labios, manchándome a propósito-. Yo conozco partes de ti que tú mismo desconoces, así que es mejor que confíes en mi y desarrolles más a partir de ahora tu intuición, que la tienes muy dormida.

- ¿Que significa eso de que tú eres una doncella que custodia el Grial? - le pregunté sonriendo.

- Es un lenguaje antiguo, de la literatura medieval. Significa que sólo a través de un ser humano del género femenino el Grial puede manifestarse al mundo.-me explicó.

- ¿Y no puede hacerlo a través de un hombre? -le inquirí extrañado por la discriminación.

- ¿ Acaso un niño puede nacer a través de un hombre? - respondió interrogándome- El hombre únicamente puede llegar al Grial a través de lo femenino, pues la mujer tiene la herencia genética de su custodia. Aunque todo hombre posee también una mujer oculta en lo más profundo de su psique y de su ser, y por tanto ese aspecto femenino escondido le otorga casi igual poder cuando lo activa.

- ¿Y si quien lo busca es una mujer?

- El Grial lo encontraría entonces directamente dentro de ella, en su propia naturaleza femenina, pues es la mujer quien más cerca se halla del poder divino creador.

-¿Y que es en sí el Grial?. Aún no lo comprendo.- le aseguré.

- El Grial es un arcano que pertenece a la herencia primigenia de la raza humana. Pero para ti yo soy el misterio en el que se oculta el Grial. Ámame a mí y lo comprenderás. Yo soy esa doncella que lo custodia y he recibido permiso durante un tiempo para volver al mundo. Yo soy el camino, la luz y la vida para aquellos a los que revelo mi presencia. Te he elegido ahora a ti, pero no eres el único, pues el retorno de la suprema luz está programado para la humanidad en un nuevo ciclo que muy pronto se ha de iniciar.

Yo la escuchaba guardando silencio, desconcertado y asombrado. Lug emitió un ladrido seco y potente, y Tanit se rió.

Tendría que pasar algún tiempo para que pudiera comprender las sorprendentes y oscuras explicaciones de mi extraña amiga. Pero los sucesos increíbles a su lado no habían hecho más que comenzar. Todavía ignoraba por completo la existencia de un mundo sobrenatural entretejido con el mundo ordinario. Tanit estaba en los dos mundos al mismo tiempo. De forma insólita ella pertenecía a ambos mundos simultáneamente. Y más aún, algo difícil siquiera de imaginar por nuestra limitada fantasía, Tanit manejaba distintos tipos de realidades, de las que ni siquiera somos conscientes e ignoramos su mera existencia. Y por último, incluso poseía abierta la puerta de acceso a algo que ella denominaba la hiper-realidad, un concepto que significa la matriz de los infinitos universos y realidades posibles (1). Más yo hubiera perdido la cordura si todo eso lo hubiera vislumbrado en un sólo día. Era el hilo invisible del amor de Tanit lo que impedía que mi psique cayera en el abismo de la locura, y también evitaba que fuera tragado por la inmensa Fuerza que hay más allá de los límites de nuestra identidad individual y de todo lo que conforma el mundo cotidiano. Pero eso yo aún lo desconocía en aquel momento.

(1): Frente a la realidad ordinaria que conocemos, existe en el mundo manifestado de la forma otros niveles de realidad más profundos que no somos capaces de percibir, debido a los límites que configuran nuestra estructura mental. No obstante la hiper-realidad se encuentra más allá de la forma, la mente, el espacio o el tiempo. Es el núcleo que sostiene el poliedro de infinitas caras o universos paralelos creados dentro del tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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