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Nombre común para cualquier miembro de una de las clases de vertebrados que incluye animales con plumas. Todas las aves adultas tienen plumas, aunque algunos tipos como el pelícano, el martín pescador, el pájaro carpintero y el arrendajo están completamente desnudos cuando salen del huevo. El término pájaro se aplica a cualquier ave con capacidad para volar y de pequeño tamaño.


Las aves comparten ciertos rasgos con los mamíferos, como ser animales de sangre caliente y tener un corazón de cuatro cámaras. Sin embargo, se diferencian de éstos en que evolucionaron de los dinosaurios mucho tiempo después de que se separaran los grupos de reptiles y mamíferos. Como la mayoría de los reptiles y algunos mamíferos primitivos, se desarrollan a partir de embriones localizados en huevos que están fuera del cuerpo materno. Los huevos de las aves tienen cáscaras duras, son muy fuertes en los de las especies grandes y bastante frágiles en las de pequeño tamaño. Esta característica los diferencia de los huevos de los reptiles.

 

 

° Las Aves

° Características

° Historia Evolutiva

° Clasificación

° Distribución

° Adaptaciones

° Plumaje

° Sentidos

° Ciclo Vital

° Las Aves y los seres humanos

° Clasificación Científica

Aguila

Características

La mayoría de las aves puede volar y desciende de antepasados que podían hacerlo, aunque hay especies que no son voladoras (véase Aves no voladoras). Además, el cuerpo de las aves está modificado para aumentar la eficacia del vuelo. Los huesos de los dedos y las articulaciones de las patas delanteras están fusionados formando un soporte rígido para las grandes plumas de vuelo de las alas. También existe fusión ósea en el cráneo y en la cintura pelviana, así se obtiene una mayor resistencia y ligereza. En las aves adultas muchos de los huesos están huecos, carecen de médula y están conectados con un sistema de sacos o bolsas aéreos dispersos por todo el cuerpo. El esternón, o hueso del pecho, de la mayoría de ellas es grande y tiene una quilla o cresta central llamada carina. El esternón y la carina soportan algunos de los principales músculos utilizados en el vuelo. En las aves de la subclase Ratites —como el avestruz, el kiwi y afines— que han perdido la capacidad de volar, el esternón tiene un tamaño más reducido y la carina se ha perdido.


Las mandíbulas de las aves actuales se alargan como picos sin dientes y están cubiertas con una capa córnea llamada la ranfoteca. En la mayoría de las especies es dura, pero también puede ser correosa, como en los andarríos y en los patos. La ausencia de dientes reduce el peso del cráneo.


Las aves no tienen glándulas sudoríferas y no pueden enfriar su cuerpo por transpiración. Durante el vuelo, el calor se dispersa con el paso del aire a través de su sistema de sacos aéreos y, cuando están en reposo, jadeando.


Una técnica de supervivencia durante el invierno, muy común en los mamíferos, pero rara en las aves, es la disminución del ritmo de los procesos fisiológicos. Esto incluye la reducción de la temperatura corporal y, en los casos extremos, se alcanza la hibernación. Durante mucho tiempo se pensó que las aves no hibernaban. Sin embargo, las últimas investigaciones demuestran que diversas especies de chotacabras, vencejos y colibríes del desierto o de áreas de alta montaña, donde las noches de invierno son muy frías, pueden entrar en un estado de letargo, similar a la hibernación, para conservar energía.

Historia Evolutiva

Los primeros fósiles identificados como aves vinculan su ascendencia a los reptiles, posiblemente a dinosaurios terópodos de pequeño tamaño del periodo triásico (hace entre 245 y 208 millones de años). El primer fósil de ave que se conoce es Archaeopteryx, que tiene un tamaño parecido al de una paloma pequeña. Se han encontrado siete especímenes completos o parciales —y una única pluma— en los estratos de roca caliza de Solnhofen, en Alemania, y todos proceden del periodo jurásico superior. Esta especie posee una mezcla de las características anatómicas de los dinosaurios y de las aves. Si estos esqueletos primitivos no hubieran mostrado huellas de plumas, exactamente iguales a las de las aves actuales, los fósiles podrían haberse identificado como unos dinosaurios algo peculiares y de pequeño tamaño. El Archaeopteryx se diferencia de las aves actuales en que tenía dientes, garras en los dedos anteriores y en que las vértebras caudales no estaban fusionadas. Éstas formaban una cola larga y parecida a la de un lagarto, pero tenía un par de plumas ribeteando cada hueso. Sin duda, las plumas evolucionaron a partir de las escamas reptilianas, pero no se tienen las pruebas fósiles para conocer el modo de transición de una estructura a la otra. Por otro lado, algunos rasgos del esqueleto de Archaeopteryx son típicos de las aves actuales y no reptilianos. Aunque Archaeopteryx es el ave más antigua conocida hasta la fecha no se piensa que sea la antecesora del resto. Actualmente existe una gran controversia sobre el grupo de reptiles que dio origen a las aves aunque el reciente hallazgo de dos dinosaurios con plumas descubiertos en la provincia de Liaoning en China parece indicar que las aves son descendientes de dinosaurios terópodos.

Desde el descubrimiento de Archaeopteryx se han descrito varias supuestas aves de mayor antigüedad aunque ninguna ha resultado ser un ave. El hallazgo que mayor atención ha producido ha sido Protoavis texensis. Este fósil se descubrió en 1986 en Texas, Estados Unidos, en sedimentos con 225 millones de años de antigüedad, siendo por tanto 75 millones de años más antiguo que Archaeopteryx. Hasta 1991 no se publicó una descripción formal aunque incompleta del ejemplar. La ausencia de plumas, entre otras razones, ha conducido a que este fósil no sea aceptado como ave por la comunidad científica internacional aunque la controversia continúa.

Uno de los aspectos más interesantes de la evolución de las aves es el origen del vuelo. Aunque no cabe duda de que Archaeopteryx era capaz de volar, al ser el ave más antigua, las discusiones sobre el origen del vuelo están centradas en él. Según la teoría arbórea, las protoaves trepaban por los troncos de los árboles, saltando de rama en rama y a otros árboles. Al principio utilizarían las alas únicamente para planear usando la fuerza de la gravedad como propulsor para finalizar volando activamente mediante el batido de las alas. Esta teoría estaría apoyada por las costumbres arbóreas de Archaeopteryx y por su capacidad para trepar por los troncos indicada por las uñas de sus dedos anteriores. Siguiendo a la teoría corredora, las protoaves serían rápidos corredores bípedos que utilizarían las alas bien para equilibrarse al saltar y correr o para capturar presas animales con ellas usándolas a modo de red. Las alas aumentarían la distancia a la que estos cazadores podrían saltar facilitando su huida de un depredador. Esta teoría se vería apoyada por el hecho de que las aves provienen de dinosaurios bípedos corredores y de que las plumas se originaron antes que el vuelo, según muestra el hallazgo de dinosaurios emplumados de China. Ninguna de las dos teorías está completamente aceptada.

En el periodo cretácico (145-65 millones de años) se encontraban presentes cuatro grandes grupos de aves fósiles de los que sólo uno sobrevivirá a la extinción de finales del cretácico. Las masas continentales estaban dominadas por el grupo de los Enantiornites que poseían una morfología intermedia entre Archaeopteryx y las aves modernas. Las principales diferencias entre este grupo y el ave más antigua están relacionadas con una mejora en la habilidad para volar. Los Enantiornites estaban distribuidos por toda la Tierra y los hallazgos más antiguos apenas los separan 10 millones de años con Archaeopteryx. En España han aparecido varias especies de Enantiornites, especialmente en el yacimiento lacustre de Las Hoyas, en la provincia de Cuenca. El primero de ellos fue descubierto en 1988 y fue denominado Iberomesornis romerali; en 1992 se describió la especie Concornis lacustris en la misma localidad. Estas aves poseían los huesos de los hombros y de la cola iguales a los de las aves actuales, pero con la pelvis y las extremidades posteriores primitivos. Los fósiles procedían del periodo cretácico, hace entre unos 130 y 120 millones de años. El descubrimiento de otro fósil con una anatomía intermedia se anunció en China en el año 1990. En la provincia de Liaoning se encontró un ave fósil del tamaño de un gorrión que, probablemente, sólo era entre 10 y 15 millones de años posterior a las primeras aves. Sus alas y su cola eran más parecidas a las de las aves existentes, pero sus costillas, su pelvis y sus extremidades posteriores eran aún primitivos. Las zonas costeras y marinas estaban pobladas por dos tipos distintos de aves acuáticas cuyo esqueleto se diferenciaba muy poco del de las actuales. Sin embargo, todavía tenían dientes y colas más largas. Los Hesperornitiformes se parecían superficialmente a un colimbo gigante y eran no voladores. Los Ictiornitiformes eran semejantes a las gaviotas actuales, tanto en tamaño como en estilo de vida. El último grupo de aves cretácicas y el único que pasó al siguiente periodo geológico es el denominado ‘limícolas de transición’, que dio origen a la mayoría de las aves modernas.

Al principio del periodo terciario (65-1,6 millones de años) se produce una enorme y rápida diversificación de las aves a partir de los ‘limícolas de transición’ de tal modo que en apenas 5-10 millones de años aparecen todos los grupos de aves actuales. El último grupo en aparecer fue el de los Paseriformes, a mediados del terciario.

El periodo cuaternario, que se inició hace cerca de 1,6 millones de años, se divide en dos épocas: el pleistoceno y el holoceno (que abarca el presente); la transición se sitúa hace unos 10.000 años. La mayoría de las especies de aves actuales, u otras muy parecidas, evolucionaron durante el plioceno y el pleistoceno. Algunas desaparecieron por completo, posiblemente debido a las rigurosas fluctuaciones climáticas originadas por el avance y el retroceso de los grandes glaciares que tuvieron lugar durante el pleistoceno.

La extinción es un proceso natural de la evolución y, sin duda, algunas especies se han extinguido a partir de la aparición de la especie humana. Desde el inicio de la historia escrita, de las casi 10.000 especies de aves conocidas hasta entonces han desaparecido, al menos, 75. La mayoría han sido exterminadas por los seres humanos, o por lo animales que éstos han introducido en todo el mundo; o bien se han extinguido debido a que la actividad humana ha alterado de forma drástica el medio, de modo que las aves no pudieron sobrevivir. Desde la segunda mitad del siglo XX, la deforestación de bosques, el drenaje de pantanos y marismas y la destrucción de otros hábitats han sido tan frecuentes (en especial en los trópicos), que resulta imposible calcular cuántas especies de aves se han perdido.

Clasificación

La clasificación de las aves es discutible incluso entre los expertos. En general, la asociación de las especies emparentadas no entraña dificultades, pero a escalas superiores las relaciones filogenéticas son cada vez más imprecisas. Se discute sobre la relación que existe entre los diferentes órdenes de aves actuales y entre éstos y los descubiertos a través de los fósiles. La polémica se agudiza cuando se encuentran fósiles nuevos o se desarrollan técnicas distintas para el estudio de las aves. Las primeras clasificaciones se basaron por completo en la anatomía; en la actualidad se están revelando con la ayuda de los datos obtenidos en campos como la bioquímica, la genética y la conducta comparada. Del mismo modo, las características anatómicas se están revisando en un esfuerzo por determinar cuáles son más primitivas y cuáles más evolucionadas. La tabla de los órdenes de las aves que acompaña a este artículo representa una de las diversas organizaciones que se han propuesto.

Distribución

Las aves habitan en todos los continentes y en casi todas las islas del mundo y están adaptadas a todos los hábitats ecológicos. Varias especies viven en desiertos estériles en apariencia, en la Antártida, en las junglas, encima de la línea de la vegetación en las altas montañas, en pantanos y marismas, en las costas rocosas, en los bosques y campos y en las ciudades.

Aunque la mayoría de las aves son móviles debido a su capacidad para volar, las diferentes especies tienen una determinada distribución geográfica, que puede abarcar desde varios continentes hasta una única isla de pequeño tamaño. Dos de las especies más ampliamente distribuidas son el halcón peregrino y la lechuza común, cuyos nidos se han encontrado en todos los continentes, excepto en la Antártida. Por contraste, los sílvidos de Semper sólo se han localizado en la pequeña isla de Santa Lucía, al oeste de la India, donde podrían estar a punto de extinguirse. A veces, una familia entera de aves tiene una distribución limitada. Así ocurre con algunas que sólo se localizan en Sudamérica, África o Australia. Otras cinco están confinadas en la gran isla de Madagascar, en el océano Índico y cuatro más, entre ellas los desaparecidos moas, se conocen sólo en Nueva Zelanda. La familia con la distribución más limitada contiene una única especie, el cagú. Éste es un ave con cresta, de color gris y del tamaño de un pollo grande que se encuentra sólo en la isla de Nueva Caledonia, en el Pacífico. Sólo una familia está restringida a Asia (incluyendo las islas adyacentes al sur y al oeste) mientras que no existen familias exclusivas de Europa y Norteamérica, aunque suele concederse la categoría de familia a los pavos (dos especies de las zonas templadas y tropicales de Norteamérica), en lugar de considerarles una subdivisión de la familia de los faisanes.

Varias familias de aves se localizan en todo el mundo en zonas cuyas condiciones ecológicas son similares. Los colimbos y las alcas se crían en las regiones subárticas y septentrionales templadas de Norteamérica, Europa y Asia. Algunas familias —entre las que destacan aquéllas a las que pertenecen las anhingas, los loros y los trogones— habitan en las zonas tropicales de Norte y Sudamérica, África y Asia, y las dos primeras han alcanzado Australia.

Adaptaciones

En general, todas las aves comparten un esquema corporal similar, aunque existen variaciones en el tamaño y las proporciones. Las modificaciones para adaptarse a los diferentes tipos de vida están relacionadas con las distintas facetas de la supervivencia: búsqueda y captura de alimentos, evasión de los enemigos y protección de los huevos y crías.


Las aves de mayor tamaño se encuentran entre el grupo que forman la subclase Ratites, las cuales han perdido la capacidad de volar y poseen unas extremidades posteriores potentes para correr. La mayor de todas ellas es el avestruz, que se aproxima a los 2,5 m de altura y 167 kg de peso. Las más pequeñas son los colibríes del hemisferio occidental, entre los que destaca el diminuto colibrí abeja de Cuba. Este pájaro mide solamente 3 cm desde la punta del pico hasta la punta de la cola. Las crías recién salidas del cascarón no son mayores que las abejas obreras. Los colibríes son la única especie de pájaros que vuela hacia atrás (retroceden desde las flores de cuyo néctar se han estado alimentando), realizando verdaderas acrobacias aéreas. Sin embargo, sus patas traseras y sus pies son demasiado débiles para caminar o saltar y siempre deben volar de una posición a la siguiente.

Muchas aves persiguen a sus presas buceando, pero ninguna está tan adaptada para esta tarea como el pingüino. Sus alas se han modificado de un modo total y se han convertido en unas aletas rígidas como remos, parecidas a las de una marsopa. Los pingüinos, que son torpes en la tierra, utilizan sus alas para bucear con tanta eficacia como otros pájaros lo hacen para volar. La mayoría de las especies de aves buceadoras —como colimbos, somormujos y zampullines, cormoranes y algunos patos— se impulsan con sus potentes pies, aunque algunos utilizan sus alas para equilibrarse. Casi todas las aves nadadoras o buceadoras tienen los dedos de los pies conectados por unas membranas epidérmicas que originan unas paletas muy eficientes. En algunas especies acuáticas, como en los somormujos y las fochas, los dedos no están conectados por membranas, sino que en las proximidades les salen unos grandes lóbulos o colgajos.

El orden Procelariformes, se compone sólo de especies marinas con ‘nariz en forma de tubo’: los albatros, los petreles (véase Proceláridos) y las pardelas. Anidan en tierra, normalmente en islas, aunque pasan la mayor parte del año en el mar, donde se alimentan de peces e invertebrados. En este grupo de aves hay mayor diversidad de tamaño que en cualquier otro orden. Incluye desde los petreles de las tempestades, que tienen el tamaño de un gorrión, hasta los albatros viajeros, que son los pájaros marinos más grandes, con una envergadura de alas que supera los tres metros y medio.


El grupo conocido como aves rapaces o de presa incluye el orden de los búhos, que son cazadores nocturnos, y un orden de cazadores diurnos al que pertenecen los gavilanes, las águilas, los halcones y los buitres carroñeros. Todos son comedores de carne (excepto un buitre africano que se alimenta de nueces de palma), aunque en las especies de menor tamaño, la ‘carne’ consista en insectos e incluso algunos se alimenten sólo de peces. Estas aves están dotadas de picos potentes y afilados y, excepto los buitres, tienen las patas traseras adaptadas para agarrar, ya que acaban en unas zarpas o garras curvas y cortantes.

Diversas familias de aves se han adaptado a una alimentación basada en insectos voladores y han desarrollado unas alas largas y una boca de abertura amplia (aunque con frecuencia tienen picos pequeños). Para esta forma de vida, los más evolucionados son los vencejos, pertenecientes al orden de los Apodiformes, que significa ‘sin pies’. Estos pájaros tienen unos pies tan diminutos que son incapaces de posarse como lo hacen los colibríes y sólo pueden aferrarse a las superficies verticales. Aunque no están estrechamente relacionados, los vencejos se parecen a las golondrinas. Estas últimas son pájaros cantores paseriformes (capaces de posarse). Los chotacabras tienen una boca enorme para capturar a los insectos voladores; a su alrededor presentan una fila de plumas largas como pelos llamadas cerdas rictales. Es posible que estas plumas actúen como una especie de trampa para las moscas. Algunas familias de aves, como los mosquiteros americanos, comprenden especies que suelen atrapar a los insectos en las alas y otras que sólo lo hacen en ocasiones. Las especies que capturan a sus presas durante el vuelo tienen unas cerdas rictales largas, mientras que en aquellas que los obtienen de las hojas y ramitas, son pequeñas y finas o carecen de ellas.

Los pájaros carpinteros golpean los árboles no sólo para excavar los huecos para sus nidos, sino también para comunicarse entre sí por medio de un tamborileo. Poseen cráneos muy gruesos y un sistema para amortiguar los golpes en los músculos de su cuello y tórax.

Plumaje

El plumaje o el conjunto de las plumas de las aves desempeña diversos papeles. Los de colores intensos, que a veces presentan plumas ornamentales, son importantes en las exhibiciones de cortejo para atraer a la pareja. De igual modo, los machos lo exhiben para tratar de intimidar a otros que compitan por las hembras o por el territorio. Algunas aves están camufladas y se asemejan a su entorno para escapar de la atención de los posibles depredadores. A veces adoptan una postura que intensifica la coloración protectora. Las garzas que viven en los pantanos, llamadas avetoros, se inmovilizan con sus cuellos rayados y sus picos largos apuntando en línea recta hacia arriba, con lo que acentúan su semejanza con los juncos circundantes. Las lechuzas tienen un plumaje similar a la corteza de un árbol. Además, suelen cerrar sus grandes ojos y estirarse tanto que pueden pasar por una rama achaparrada rota. En muchas especies de aves, como en la mayoría de los patos y los faisanes, los machos adultos tienen colores brillantes, mientras que las hembras y las crías, más vulnerables, se confunden con el fondo. Otras especies, entre las que destacan los chorlitos, tienen un patrón de camuflaje que contrasta de forma brusca con el entorno. Esto hace que, cuando el ave está parada, se difumine su perfil y sea difícil de reconocer (es el mismo principio utilizado por las cebras).


Las plumas protegen a todos las aves contra el frío, ya que el aire que actúa como aislante queda atrapado entre ellas. Las especies que deben soportar inviernos especialmente duros generalmente tienen un plumaje más denso que sus parientes de climas más uniformes. Existen tres especies de perdices nivales. Son pequeños lagópodos de las tundras árticas y las montañas altas y las únicas aves que, al igual que algunos mamíferos como los armiños, adoptan un recubrimiento de color blanco, casi puro, que las hace invisibles en la nieve. Las aves nadadoras tienden a tener plumas corporales duras que repelen el agua, detrás de las cuales se extiende una capa densa de plumas cortas y vellosas llamadas plumón. Las excelentes propiedades aislantes del plumón, en especial el de patos y gansos, lo hacen un material apreciado para la elaboración de prendas de abrigo, edredones y sacos de dormir.

La mayoría de las aves adultas mudan, es decir, pierden y reemplazan todas sus plumas, al menos una vez al año. Sin embargo, en algunas aves de gran tamaño, como águilas y grullas, la muda de las plumas de vuelo de las alas puede prolongarse hasta dos años. Estas estructuras están sujetas a desgaste físico, se decoloran y se vuelven quebradizas tras largas exposiciones a la luz del sol. En la muda, las plumas nuevas crecen en los folículos epidérmicos y empujan hacia afuera a las plumas viejas ya muertas. A menudo, los ciclos de muda se correlacionan con otros. Por ejemplo, en la mayoría de las especies migradoras, el plumaje nuevo crece después de la reproducción y antes de la emigración del otoño.

Sentidos

La mayoría de las aves tienen ojos relativamente grandes, en especial, aquéllas que son activas a la luz débil del alba y del atardecer, o las que viven en la profundidad de los bosques. Al igual que los seres humanos, las aves pueden percibir los colores. Esto se deduce tras observar el importante papel que el color del plumaje desempeña en sus vidas. Con unas pocas excepciones, los ojos de las aves se localizan a los lados de la cabeza y no en su parte delantera. Por esta razón, tienen una percepción pobre de la profundidad, aunque pueden ver un porcentaje mayor de su entorno sin girar la cabeza. Los ojos de los búhos están situados en el plano frontal de ésta, pero no pueden moverse en sus órbitas y, para mirar hacia los lados, el animal tiene que dirigir la cara hacia el objeto que le interesa. Incluso estas aves necesitan un poco de luz para poder ver. Los que cazan en una semi o total oscuridad, por ejemplo en cuevas o edificios viejos, utilizan el oído más que la vista.

Como para los búhos, el oído es un sentido esencial para la mayoría de las aves. Se comunican entre sí de diferentes maneras a través de voces y suelen reconocer a su pareja y a sus crías por el sonido más que por la vista. La mayoría de las aves oyen una escala de sonidos parecida a la que percibe el oído humano. Sin embargo, algunas especies de pequeño tamaño no oyen los sonidos graves, pero pueden detectar frecuencias más altas. Por el contrario, los grandes búhos y algunas otras especies pueden oír notas demasiado graves para la escala de audición humana.

El guácharo, de origen sudamericano y parecido al chotacabras, así como otras especies de Asia y el Pacífico, anida en el fondo de las cuevas en una oscuridad casi total. Maniobra con la localización del eco. Chasquean sonidos que rebotan en las paredes y cuando éstos regresan hasta el oído del animal, un sistema cerebral parecido a un radar les indica la dirección y la distancia del obstáculo. Muchos murciélagos poseen un sistema similar de percepción de sonidos, pero no se ha encontrado en ningún otro grupo de aves.

El sentido del olfato está muy desarrollado sólo en determinadas especies de aves para las cuales es muy importante. En la familia de los buitres americanos sólo el buitre pavo y el buitre rey tienen unos órganos olfatorios bien desarrollados. El olfato y la vista les sirven para localizar animales muertos de los que se alimentan. Tanto el buitre negro, como su pariente el cóndor, y el buitre eurasiático (que aunque no está relacionado con los anteriores es similar desde el punto de vista ecológico), tienen el olfato poco desarrollado. Los petreles, albatros y pardelas tienen un olor fuerte y oleaginoso, por lo que no es de sorprender que su olfato sea importante. Los indicadores, aves que se encuentran en África y Asia, son de tamaño pequeño y están algo relacionadas con los pájaros carpinteros. Se alimentan de las larvas de las abejas y de su cera y localizan las colmenas por el olfato. Los kiwis, las aves del grupo de las Ratites de menor tamaño, son casi ciegos y también localizan su alimento (gusanos y otros invertebrados) a través del olfato. Se caracterizan por tener las ventanas de la nariz en la punta del pico.

Se sabe poco acerca del sentido del gusto en las aves, aunque los experimentos realizados con pollos y palomas domésticas muestran que tienen preferencia por determinados sabores. Sin embargo, a diferencia de los mamíferos, las aves tienen pocas papilas gustativas en la lengua.

Aunque se ha estudiado poco, se sabe que las aves tienen sentido del tacto y que sus ojos son muy sensibles a él. Cuando se toca el globo ocular de un ave, se despliega un tercer párpado llamado membrana nictitante, que recorre la superficie ocular limpiándola de partículas de suciedad y de restos de comida. Esta membrana es transparente en parte y cubre los ojos de las aves nadadoras o buceadoras cuando están bajo el agua.

Las aves tienen un magnífico sentido del equilibrio y pueden percibir pequeñas vibraciones. Esto es vital tanto para mantenerse posados en lugares inestables como para corregir las corrientes de viento y aire cuando están volando.

Ciclo Vital

 El ciclo vital de las aves está estrechamente relacionado con las estaciones. En las zonas árticas y templadas de los dos hemisferios, norte y sur, existen cuatro estaciones anuales: primavera, verano, otoño e invierno. Pero en muchas regiones tropicales y subtropicales, sólo existen dos: la lluviosa y la seca (o, incluso, dos de cada por año). La llegada de las lluvias afecta a las aves de diversas formas. Aparece la vegetación nueva que algunos utilizan para construir sus nidos y se incrementan las poblaciones de insectos. Se forman lagos temporales y charcas que rebosan de plantas y animales que les sirven de alimento. Sin embargo, para algunas especies, la estación seca es más favorable para anidar y alimentar a sus crías. Algunas aves acuáticas tropicales construyen sus nidos en las islas arenosas que sólo emergen cuando desciende el nivel del agua de los grandes ríos, como el Amazonas.

 Apareamiento y nidificación  
Suelen ser pocas aves las que permanecen con la misma pareja a lo largo del año y de un año al siguiente. Incluso, aunque una pareja pueda unirse varios años, la relación entre los miembros o la unión de pareja debe renovarse o reforzarse al comienzo de cada época de reproducción. Esto se lleva a cabo con exhibiciones visuales, auditivas o de ambos tipos. Algunas exhibiciones visuales de cortejo son complicadas y, como ocurre en las garzas, se utilizan plumas especializadas. En otras especies, como los patos, la unión de pareja se establece siguiendo una serie de movimientos muy estereotipada. Si uno de los dos miembros no responde con la demostración correcta, la secuencia se rompe. Entre las exhibiciones auditivas está el ‘canto a dúo’ que llevan a cabo las especies de varias familias de aves, como la familia Pícidos y la familia a la que pertenecen los chochines, entre las que se encuentra el pájaro carpintero. Las llamadas de machos y hembras se alternan en una sucesión tan exacta, que podría parecer que la fuente del sonido es una única ave. En algunas especies no existe una verdadera relación de pareja. Los machos se exhiben entre ellos compitiendo por el derecho a emparejarse con tantas hembras como sea posible. Esta reunión de machos se produce en las aves del paraíso, en los pavos reales salvajes, en algunos correlimos, en algunos lagópodos y en una familia de pájaros tropicales de pequeño tamaño llamados manaquines.

Las aves ponen sus huevos en sitios tan variados como el suelo desnudo o nidos muy elaborados. Los de los pájaros tejedores de África y Asia se consideran entre los objetos más intrincados que se conocen en el reino Animal. Los nidos se construyen con una gran variedad de materiales fáciles de conseguir: hierba, ramitas, cortezas, líquenes, fibras vegetales, hojas, pelos de mamíferos, telas de arañas, lodo, algas marinas, conchas marinas, guijarros e, incluso, saliva de los propios pájaros. También pueden usar objetos como trocitos de papel, plástico y cuerdas. Muchas aves despluman la parte de su abdomen que se alinea con el nido, de modo que el trozo de piel expuesta (llamada parche de la nidada) ayuda a calentar los huevos. El número de huevos por nido varía según las especies, entre uno y una docena o más. En la mayoría de las especies los progenitores se turnan para incubar los huevos o lo hace sólo la hembra. Sin embargo, en algunas especies los papeles que desempeñan los dos sexos se invierten y tanto la incubación de los huevos como la alimentación de las crías corre a cargo de los machos. En estas aves, también al contrario de lo normal, la hembra suele ser más grande y su plumaje tiene unos colores más intensos que el del macho.

Vida de familia y supervivencia  
Cuando salen del huevo, las crías de las aves se clasifican en dos categorías generales: altricial o nidícola y precoz o nidífuga. Las crías altriciales rompen el cascarón ciegas y desnudas o cubiertas con un plumaje velloso y poco denso. No pueden sostenerse y dependen por completo de sus progenitores. Las crías precoces salen del huevo con los ojos abiertos, están cubiertas con un plumón denso y, en pocos días, pueden caminar, moverse y encontrar parte de su propio alimento. También existen condiciones intermedias.

Todas las aves canoras y sus parientes próximos tienen crías altriciales, al igual que otras aves, como el pájaro carpintero, el martín pescador, los vencejos y los pelícanos. Entre las crías más precoces, están las de los pavos, los faisanes, las codornices, las aves de corral, los ánsares, los patos y los cisnes. Entre las formas intermedias están las crías de las aves de presa y las del orden de los Procelariformes. Éstas rompen el cascarón relativamente indefensas, pero están cubiertas por un plumón denso. Las crías de las gaviotas y de las golondrinas de mar salen del huevo con plumón y los ojos abiertos y pueden moverse en uno o dos días aunque, durante varias semanas, dependen de sus progenitores para alimentarse.


En la mayoría de las aves, la familia se desintegra tan pronto como las crías son capaces de alimentarse por sí mismas y, entonces, siguen su propio camino. En algunas especies de gran tamaño, como los cisnes o las grullas, las familias pueden emigrar y permanecer juntas durante todo el invierno. Estudios recientes indican que en varias especies de diferentes órdenes las crías pueden permanecer con sus progenitores de uno a tres años, ayudándolos a alimentar y cuidar a las crías de los años sucesivos antes de marcharse a buscar pareja.

En una población estable los nacimientos y las muertes deben estar equilibrados. La mortalidad es siempre más alta entre las crías, de manera que los adultos deben originar un número mayor de descendientes del que sería necesario para reemplazarlos. Se cree que la mayor parte de las pérdidas de las crías de las aves migradoras se deben a los riesgos del viaje. Las aves sedentarias de tierras tropicales encuentran, en comparación, más depredadores que los de la zona templada y pierden, de esta manera, una alta proporción de huevos y crías. Estas especies suelen estar preparadas para anidar tantas veces como sean necesarias hasta que sobreviva una nidada. Como en los mamíferos, la expectativa de vida en las aves se correlaciona con el tamaño. Las aves canoras de pequeño tamaño pueden vivir, hasta doce años o más. También las aves marinas pequeñas, como las golondrinas de mar, tienden a tener una vida prolongada y su actividad reproductora puede durar más de veinte años. Sin embargo, la longevidad en las aves salvajes casi nunca se equipara a la de los cautivos, protegidos contra las enfermedades y la depredación. En los zoológicos, entre las aves de vida más larga se encuentran los loros y las grandes aves acuáticas y rapaces.

 Migración  

En las regiones árticas y templadas algunas especies de aves residen durante toda su vida en el área de cría, aunque la reproducción en sí misma es un fenómeno que ocurre entre la primavera y el verano. La mayoría de las aves tropicales también pasan en la misma zona el año entero. Algunas de éstas, cuando la estacionalidad es mínima, pueden anidar casi en cualquier momento. Sin embargo, la mayoría de las especies de regiones árticas y templadas, así como algunas tropicales, emigran, es decir, realizan movimientos estacionales regulares alejándose y regresando a su área de cría. Es posible que únicamente se trasladen durante el invierno desde las montañas muy expuestas hasta los valles protegidos. El extremo opuesto es la migración a larga distancia que realizan cada año muchas especies. La más destacable es la del charrán ártico que emigra desde las latitudes septentrionales de Eurasia y Norteamérica hasta las aguas subantárticas.

Las migraciones de aves a larga distancia suscitan la interesante cuestión de cómo pueden encontrar el camino. Algunos vuelan sólo durante la noche y otros lo hacen sobre los océanos uniformes, por lo que no pueden utilizar las marcas de tierra como se cree que ocurre con algunos emigrantes diurnos. En la actualidad, se sabe que no existe un sistema de navegación único. Algunas especies parecen guiarse por los dibujos estelares y otras por la inclinación del Sol. Al menos algunas de ellas pueden detectar la radiación ultravioleta, el campo magnético terrestre y vibraciones sonoras muy profundas, como las originadas por las olas de los océanos distantes. Sin embargo, todavía son una incógnita los mecanismos sensoriales efectivos por los que las aves traducen las señales del medio en ayudas para la navegación.

Uno de los métodos más utilizados para estudiar los desplazamientos de las aves es el anillamiento científico. Esta técnica consiste en la individualización de las aves mediante una anilla metálica que lleva grabado un código numérico o alfanumérico único y una dirección de contacto conocida como remite. La recuperación, es decir el posterior control del ave, es la información primaria que proporciona el anillamiento. Los marcajes más modernos, mediante radiotransmisores seguidos por satélite, han aumentado considerablemente nuestros conocimientos sobre la migración, al permitir seguir día a día a las aves en sus viajes migratorios.

Las Aves y los seres humanos

Los restos arqueológicos muestran que, mucho tiempo antes del inicio de la historia escrita, los seres humanos se alimentaban de aves. Todavía para algunas tribus, las aves salvajes o sus huevos son una de las fuentes de proteínas más importantes. Con la agricultura y la civilización llegó la domesticación de los animales. En la mayor parte del mundo, las especies de aves que se utilizan como alimento humano (en especial pollos, pavos, gallinas de Guinea, patos, ánsares y palomas) se crían y producen con ese propósito y lo mismo ocurre con sus huevos. En la mayoría de los países ya no es necesario cazar con fines alimenticios; aunque la caza de aves como deporte está muy extendida.

Casi en todo el mundo, hay leyes que regulan la matanza de aves con muchas especies protegidas y límites respecto al número de presas que pueden cazarse y a la época en que puede realizarse esta actividad. No obstante, la aplicación de las leyes varía según los países.


Las aves han desempeñado un papel importante en las leyendas, los ritos religiosos y en la literatura. Casi todas las culturas han usado las plumas de las aves con fines ornamentales y rituales; los pueblos de Norteamérica las han utilizado como parte de la indumentaria de guerra. Los cantos y llamadas de las aves han inspirado desde los salmos de las religiones tribales hasta algunas composiciones orquestales.

Sólo algunas especies de aves son perjudiciales para los intereses humanos, en concreto, las que dañan los frutos y los cultivos de grano. Las gaviotas y los estorninos, atraídos por los vertederos de basura que suelen estar cerca de los aeropuertos, colisionan con los aviones y, a veces, causan accidentes fatales.


A mediados del siglo XX, la contemplación de las aves se convirtió en una actividad rentable. Un número de personas cada vez mayor sienten interés por identificarlas y se desplazan a diferentes lugares para observarlas. Los libros y revistas que tratan sobre estos animales se venden en grandes cantidades, al igual que las grabaciones de sus sonidos y los telescopios y prismáticos para su localización. Tanto los profesionales como los aficionados los fotografían y graban sus cantos. Muchas agencias de viajes y guías de excursiones individuales se han especializado en las rutas destinadas a la observación de las aves. Estos viajes, como otras formas de turismo, son rentables tanto para la economía de los países y regiones visitadas, como para los fabricantes de los equipos que se utilizan. Por otra parte, este creciente interés popular por las aves parece presagiar el apoyo público para las medidas de conservación de la vida salvaje y, en general, para una concienciación ecológica. Muchos aficionados a las aves han superado la etapa de catalogarlos y, por sí mismos o bajo la dirección de un profesional, han hecho importantes contribuciones a la ornitología (el estudio de las aves).

Clasificación Científica

Todas las aves constituyen en sí la clase Aves. Los primeros fósiles de pájaros que se encontraron se clasifican como Archaeopteryx lithographica y Archaeopteryx bavarica. A los restos óseos descubiertos en Texas se les dio el nombre de Protoavis texensis. Los fósiles de Cuenca, España, se denominaron Iberomesornis romerali y Concornis lacustris. Otras aves cretácicas son los Enantiorniformes, los Hesperornitiformes y los Ictiornitiformes; estos dos últimos grupos son marinos. El charrán ártico pertenece a la familia Estérnidos del orden Caradriformes; su nombre científico es Sterna paradisae.

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