como el aire

Capítulo 8

Lo Amo

“... entonces los guardias empezaron a gritar para que los sigamos, pero ese grupo de chicas tenían brazos fuertes... Y no lo vas a creer. Tomaron a uno de los guardias de seguridad y lo arrastraron para demostrar que ellas podían contra la fuerza.”

Angy escuchaba divertidísima el relato de su amigo y reía a carcajadas tal y como él lo hacía.

“Y te quedaste a festejar con ellas?” Le preguntó entre risotadas.

“Ninguna era de mi tipo... y además, los guardaespaldas nos llevaron al auto antes de que pudiéramos decir que si.”

Hubo una breve pausa en la que no se oía nada más que un mínimo ruido que causaba el mobile de Kian. “Estás cansada?” Sonó la voz por el auricular.

La verdad era que estaba muy cansada pero no quería dejar a Kian... no quería quedarse sin él, así que mintió: “No lo estoy, solo estás escuchando los restos de mi última gripe. Es fatal todo lo que una leve gripe le puede hacer a una garganta bella, verdad?”

Kian se rió ante el comentario. “Si, sé los efectos que tiene en mi bella garganta; pero qué le pasa a la tuya?”

Ambos se rieron muy fuerte mientras Kian oía musitar entre respiraciones a su amiga: “bobo.”

En ese momento Angy reparó en su reloj. Eran casi las once treinta, pero Kian debía tener una hora mucho más avanzada en su reloj.

“Esta bien chico, es mejor que te vayas a dormir de una vez. Nadie va a estar muy contento contigo si en la sesión de fotos de mañana les muestras unas lindas bolsas negras bajo tus ojitos.”

“De acuerdo mami, siempre y cuando te cuides de darme mi beso de las buenas noches y me arropes.”

“Solo si te acuestas ahora mismo.”

Angy sonreía al escuchar por el auricular el movimiento de sábanas y el cubrecama mientras Kian decía: “listo mami, no tienes nada que reprocharme. Soy un muy buen niño.”

“Buenas noches Kian.” Dijo suavemente antes de soplar un besito sonoro al teléfono.

“Me gustan los besos de mami... ahí tienes el mío preciosa.” Le dijo él creando un beso cuatro veces más sonoro que el que le había enviado Angy. “Buenas noches, y más te vale que sueñes conmigo.”

“Lo haré siempre y cuando tu sueñes conmigo, pero no me pienses en la mañana... me veo fatal en las mañanas.”

Ambos rieron antes de oír cómo moría la línea.

Angy regresó con una mirada y una sonrisa graciosa a sus tareas para el día siguiente. Había estado hablando con Kian cerca de dos horas. Era impresionante cómo volaba el tiempo cuando se sentía cerca suyo.

Al terminar sus tareas fue al baño a cepillarse los dientes antes de dormir. Dejó su cepillo en el estante y se quedó mirándose al espejo. Antes de que se diera cuenta ya estaba jugando con su cabello probando nuevos peinados para la próxima vez que viera a Kian. Y cuando hubo recogido su cabello en un moño un poco despeinado, sus manos viajaron hasta rozar sus propios labios, y el primer pensamiento que cruzó en su cabeza fue aquel beso de buenas noches que había recibido minutos antes vía telefónica.

... desde cuándo pensaba en los infantilismos de Kian de esa forma?

Se detuvo en seco al repetirse mentalmente aquella pregunta.

Estaba conciente de la atracción física que tenía con él, y también de cuánto le importaban sus sentimientos, pero había algo más fuerte entre todo aquello.

De pronto ella misma se respondió mientras se miraba al espejo.

“Lo amo.”

Era apenas audible... pero era real.

Se repitió a sí misma: “Amo a Kian Egan.” Se escuchaba tan correcto!

No podía creerlo, era el enigma que descubría todas las dudas que nublaban sus ojos desde hacia días. Lo amaba y estaba segura de ello.

Era tarde, pero no podía dormir ahora. Había mucho en qué pensar, así que solo tomó su diario y empezó a escribir furiosamente, como si el tiempo se escapara de las manos si no lo hacía.

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