como el aire
Capítulo 16
Miedo
“Lo... lo siento.” Dijo en un susurro apenas audible.
“Qué es lo que sientes?” Le respondió él con sus ojos brillantes.
“Lamento... lamento-”
“Espero que lo lamentes tanto como yo... Para un beso se necesitan dos cariño, y yo no me siento culpable en lo absoluto.”
Después de decir esto movió su mano desde su mejilla hasta la parte posterior de su cuello y la acercó nuevamente a su boca.
Este nuevo encuentro la tomó por sorpresa, pero la dejó muy complacida. Ya no era un roce dulce, delicado y lleno de miedos; sino un juego apasionado en el que los participantes exploraban los sentimientos de su compañero. Era un beso lleno de urgencia y necesidad; necesidad del uno por el otro.
Cuando llegó el momento de separarse Angy tomó aire y dijo en lo que pareció un respiro: “Te amo Kian.”
Era claro. No existía manera de confundir las palabras. Lo había dicho... No lo había pensado! Solo lo había dejado salir. Solo se escapó de sus labios tal y como se había escapado en la noche que se dio cuenta de sus sentimientos. Era puro. Era real.
Mientras tanto, Kian no se había movido. No sabía qué explicación iba a darle Angy por esos besos que habían disfrutado tanto, pero ciertamente no se esperaba esa respuesta.
De repente Angy se levantó, había seguido sentada en las piernas de Kian.
“Creo que es mejor que te vayas.”
Él no se movió. No podía decirle que la amaba. Tal vez lo hacía, tal vez no. Ese sentimiento nuevo no tenía nombre; era fuerte, era intenso, lastimaba... pero si era amor opacaba a todo cuanto hubiera sentido hasta ese día. No lo sabía.
Antes de que pudiese reaccionar Ángela se había ido a encerrar en la habitación contigua.
Pasaban los minutos... se convirtieron en horas... pero Angy podía oír cómo Kian paseaba una y otra vez por su habitación. Miró su reloj; marcaba la una de la mañana.
Estaba desesperada, no podía consigo misma. Su única esperanza era llamar a Mark y pedirle consejo. Nadie más sabía el problema y nadie más que él estaba listo para conocer lo que había pasado esa noche.
“Hola,” respondió una voz contenta y
totalmente despierta, lo cual Angy agradeció mucho.
“Mark, lo sabe... nos besamos... lo besé... se lo dije...”
“Respira cariño. Dime pausadamente qué está pasando y procura hablar un poco más alto.”
“No puedo. Kian está en mi habitación, yo estoy en el cuarto de invitados. Vino, me abrazó, estaba llorando, me consolaba y de la nada lo besé y él me besó y... y le dije que lo amaba. No se movió. Le dije que se fuera y no se movió. Me encerré aquí hace una hora y más, pero él no se ha movido... qué hago?”
“Primero que nada, tranquilízate. La verdad es que quería llamarte para pedirte tu cuarto por esta noche-”
“Perfecto! Llámame y ven.”
“Qué?”
“Llama al teléfono de mi casa, me pedirás dormir en el cuarto de invitados y después vendrás.”
Angy colgó y dejó su mobile sobre la mesa de noche y en el silencio y la oscuridad esperaba impaciente el sonido del teléfono para poder salir de allí.
Al primer timbrazo que dio el teléfono, Angy ya estaba fuera de la habitación, pero no contaba con que antes de que timbrara por segunda vez, Kian contestara.
“Hola... Hola Mark, por qué llamas a esta hora?... Bueno, yo visito a Angy. Tu qué quieres?... Entiendo... Pues no. No puedes venir hoy porque yo estaré ocupando esa habitación... Y tú quién te crees que eres para llamar a estas horas a interrumpir?... Ella está bien, no te preocupes... Te dije que está bien, está durmiendo... Bueno, ya te dije que no puedes venir... No quiero despertarla... No te atrevas a venir Feehily!... De qué te preocupas? Crees que yo le haría algo?... Y tú qué sabes?... De acuerdo. Nos veremos mañana entonces.”
Angy miraba a Kian con la boca abierta mientras el retaba a su amigo para poder quedarse a solas con ella. Sus ojos se habían encontrado una vez más y no pudo moverse. Esos malditos ojos azules le habían convertido en una prisionera sin voluntad propia.
“Hasta que por fin saliste-”
“Kian, por favor vete.”
“Para que? Para ir caminando por ahí pensando en ti y solo en ti? Para obsesionarme por volver aquí y robarte un beso?”
No era precisamente la respuesta que esperaba escuchar. No sabía que hacer. Dio un paso hacia atrás y apoyó su mano en un mueble junto al umbral de la puerta.
Kian se acercó a ella, le tomó de la mano y la llevó a la cama para que se sentara junto a él.
“No quiero perderte,” dijo Angy en voz muy baja. Era lo único en lo que había estado pensando y lo único que pudo articular.
Kian hizo como si no hubiera oído nada. Tomó su rostro entre sus manos e hizo lo único que había querido hacer desde que ella se separó. La besó.
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