como el aire
Capítulo 22
El Accidente
Daniel Colins estaba de guardia en el hospital la noche en que la ambulancia trajo a un borracho de cuarenta años y una linda muchacha de aproximadamente veintidós, ambos víctimas de un choque.
El caso más grave había sido tratar al borracho. El hombre no traía ningún tipo de identificación, pero si llevaba todo su sistema intoxicado por el alcohol y unas cuantas botellas junto a su asiento en el auto.
Había conducido extremamente borracho y no llevaba puesto el cinturón de seguridad. Durante el choque se partió la cabeza, unas cuántas costillas y destrozó su brazo y pierna derechas. Eso aparte de las horribles cortadas que le habían producido los vidrios y las botellas rotas. No se pudo hacer mucho por el sujeto, que murió casi ocho horas después de ingresar al hospital.
Por otro lado, parecía que la muchacha estaba de viaje. Llevaba toda su documentación y muchas de sus pertenencias con ella. Ángela Evans solo había tenido la mala suerte de encontrarse con un borracho en el momento en que él creyó conveniente conducir por el carril contrario.
Según los testigos, Ángela no había tenido tiempo de tocar el volante antes de que su auto se estrellara contra el del borracho.
A pesar de llevar bien ajustado el cinturón de seguridad, el choque fue suficientemente fuerte como para producirle serios golpes en la cara y que rompiera un par de huesos de ambas piernas.
El primer número al que el doctor Daniel Colins llamó fue al de la casa de la señorita Evans, y seguido llamó al único contacto telefónico que se mencionaba entre sus papeles. Joshua Sivak.
Joshua llegó al hospital cuando daban las tres de la mañana del lunes. El doctor Colins le enteró de lo acontecido y despidió al muchacho que iría a su casa y volvería para quedarse con ella todo el tiempo que lo necesitara.
Colins sabía que Joshua era solo un amigo, así que intentó preguntarle por familiares de Ángela. Josh estaba enterado de que los padres de Angy vivían en Londres, y que sus tíos vivían en Sligo, pero no sabía dónde localizarlos certeramente. Lo cierto era que se consideraba la única familia que ella tenía cerca.
Angy había despertado por un corto momento el martes en la tarde, pero estaba demasiado débil como para mantenerse despierta aún. Todo lo que hizo fue confirmarle al doctor que Joshua era su amigo y que sus padres vivían en Londres, pero que al momento se encontraban por un viaje de trabajo en América.
El miércoles Angy estuvo despierta desde la mañana, pero apenas y parecía conciente de lo que pasaba a su alrededor. No hablaba del todo coherentemente y había llamado Kian a Josh varias veces.
Colins estaba conciente de que esta reacción era debida al medicamento que estaba usando para controlar en algo el dolor de sus piernas, así que le pidió a Josh que no se asustara y que solo siguiera la corriente.
El jueves casi al medio día Angy se despertó recordando exactamente lo que había sucedido. Fue la primera vez que pudo mantener una conversación lógica con Colins, quien se sintió aliviado al verla tan despierta y en tan buen estado dentro de lo que podía esperarse.
Ante este adelanto Josh dijo que se iría a casa por unas horas y regresaría por la noche.
Y efectivamente regresó en el preciso momento en el que el doctor Colins se despedía de Kian en el teléfono.
Casi media hora después Kian demandaba información del estado de Angy. El doctor les puso al tanto a él y a Mark sobre el estado de Angy, y seguido les mostró la habitación en la cuál les avisó que estaban Angy y Joshua.
Cuando ingresaron en la habitación Angy dormía. Josh los saludó cortésmente y les contó los pequeños detalles de los cuales el doctor no les había dicho nada.
Mark notó cuán casado estaba Joshua, así que le ofreció quedarse en su lugar para que pudiera ir a casa y descansar. Josh agradeció el gesto y salió no sin antes dejar un tierno beso sobre la frente de Angy.
“Josh la quiere mucho... me alegra que haya tenido sus papeles con ella, así pudieron enterarlo del problema.” Decía Mark sentándose en una silla la pie de la cama de Angy.
“Pero tenía que habernos avisado de esto...” lo retó Kian mientras tomaba asiento en una silla junto a la cabecera de la cama.
“No empieces Kian, al menos sabemos ahora lo que ocurrió y estamos junto a ella.”
Pero Kian no escuchaba. Estaba en su mente ocupado uniendo cabos.
La nota que había dejado para Angy no había sido leída. Fue por eso que no lo había llamado. Entonces había pensado que él partió de su lado sin dejarle una sola palabra... no sabía que él había salido a terminarlo todo con Paola para poder poner las cosas claras con ella. Entonces decidió irse y por eso había salido esa noche... había dejado la cajita azul con Gillian y planeaba irse probablemente a Sligo con sus tíos.
“Tal vez no sea lo mejor que te quedes aquí conmigo. Creo que puedo encargarme de velar su sueño.” Dijo Kian tratando de no darle importancia a sus palabras.
Mark no quería dejar a Angy, pero estaba bien que solo se quedara uno de ellos. Por otro lado sabía que Kian tenía mucho en lo que debería pensar a solas y el silencio de aquella habitación era perfecto para él.
Lo primero de lo que se ocupó Kian cuando Mark se marchó fue de examinar la cara de Angy.
Su ojo izquierdo tenía un golpe que se mostraba de un lila pálido, tenía dos cortadas poco profundas en la mejilla izquierda y un corte que el doctor había zurcido en la mejilla derecha, casi llegando a la quijada.
Tomó su mano derecha que era la que le quedaba más cerca y la acercó hasta su rostro para darle un beso antes de empezar a hablar.
“No es justo haberte tratado así pequeña... todo esto es mi culpa... jamás debí haberme movido de tu lado... no quería hacerlo... pero tenía que hacerlo... lo siento mucho Angy... siento no haber seguido mi primer impulso cuando empezaste a gustarme... siento ser tan ciego que nunca me di cuenta de lo que sentías por mi... y más que nada siento el haberme negado tantas veces a mí mismo lo que sentía por ti... lo que siento por ti... Te amo Angy... Te amo y debí habértelo dicho hace mucho tiempo...”
“Llegaste un poco tarde pero cumpliste con decírmelo.”
Kian se sobresaltó y miró directamente a la cara de Angy que le dirigía la más dulce de todas las miradas.
“Hace cuánto que estás despierta?”
“Nunca me dormí, pero Joshua me advirtió que tendría visitas, así que decidimos jugar un rato. Creo que me debe veinte euros, la apuesta era simular estar dormida y no quedarme definitivamente dormida.”
“Entonces no hará falta que te repita cuán culpable me siento por lo sucedido...”
“Eso no hará falta, pero quiero oírte repetir que me amas a diario... tal y como yo lo haré.”
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