como el aire
Capítulo 20
La Cajita De Terciopelo Azul
Las horas seguían corriendo mientras los chicos perdían la lógica de sus bromas con cada copa. Shane y Nicky ya habían bebido más que suficiente, pero disfrutaban mucho al ver sus vasos llenarse y vaciarse lo más rápidamente posible.
Mark reía con ellos, pero no podía beber. Estaba muy preocupado por Angy.
Había decidido que era mejor no ir a su departamento la noche anterior. No dudaba de Kian, sabía que él no era capaz de hacerle daño; pero no sabía qué pensar sobre el desenlace de aquella extraña reunión.
Quería ser optimista, pero pensar lo mejor significaba que Kian estaría confundido; y pensar lo peor era despedazar el corazón de Angy... ambos puntos de vista eran bastante malos por sí solos como para añadirles otra tragedia.
Se levantó para ir a la cocina y beber un
poco de agua. Cuando entró se encontró con Gillian que miraba muy concentrada
una pequeña cajita de terciopelo azul.
“Regalo de Shane?”
“No. Solo un encargo para alguien...”
“Wow, un secreto... interesante.”
Gillian se levantó y guardó la cajita en
uno de sus bolsillos “Estoy preocupada por Kian.”
Mark la miró intrigado. “Qué pasó con él?”
“Llegó durante la tarde. Dijo que no había comido desde ayer en la noche, así que le preparé algo. Comió y me pidió quedarse en el cuarto de huéspedes, y se encerró allí apenas terminó la comida. Se veía muy cansado, preocupado e inclusive me aventuro a decir que enojado. Pidió no ser molestado y no he oído que siquiera salga al baño.”
“Bueno, creo que no es la primera vez que
le pasa... no es que sea una costumbre, pero-”
“Eso no es todo... Angy vino hace unas horas y me pidió que le entregara aquella
cajita azul a Kian. Ella tampoco se veía muy bien. Estoy segura que algo pasó
entre ellos... Desde un comienzo supe que a Angy le gustaba mucho Kian-”
“Cómo fue que supiste eso?” Le preguntó sorprendido.
Gillian sonrió tristemente. “Hay cosas que a las mujeres se nos hace muy fácil saber... a Angy le empezó a gustar antes de que partieran a la gira de los cinco meses, y se frustró mucho cuando Kian llegó con la noticia de Paola...”
“Entonces ella no te dijo nada?”
“Era necesario? Todo estaba en su mirada... la forma en la que miraba a Kian”
Mark miró un punto fijo en la mesa mientras recordaba la noche en que Angy le había contado la verdad. Era la primera vez que tenía una evidencia cierta de la existencia del llamado sexto sentido. “A mi me lo dijo.”
Había hablado muy bajo, Gillian seguía pensando parada en una esquina de la cocina y no lo había oído.
Casi media hora más tarde Mark y Nicky se retiraban. Dado que era Kian quién ocupaba el cuarto de invitados en casa de Shane, Mark tendría que ir a casa de Nicky.
A Gillian le costó mucho tiempo el poder dormirse, pero tampoco pudo hacerlo por mucho. Temprano en la mañana siguió luchando por cerrar los ojos a pesar de sentirse completamente despierta y el reloj aún no marcaba las ocho de la mañana.
A las ocho treinta empezó a oír ruidos que llegaban desde la cocina. Shane seguía profundamente dormido a su lado, así que consiguió levantarse y salir del cuarto sin perturbar en lo más mínimo su apacible sueño.
“Dormiste bien?” Preguntó Gillian desde la puerta de la cocina.
“Perfectamente. Y tu?” Preguntó Kian con una voz nada animada.
“Bien. Kian, necesito entregarte algo, pero quiero que me prometas dos cosas: que lo abrirás cuando estés solo y así no podré verlo; y que no harás una sola pregunta.”
Él la miró intrigado, y aunque estaba bastante confundido no encontró objeción a los pedidos, así que solo asintió.
Gillian alargó frente a él la mano que tenía escondida tras ella y le entregó la cajita mientras el miraba cada uno de sus movimientos.
Reconoció la caja a la primera vista. Era la misma en la que le había regalado la medalla de plata a Angy. Pero qué hacía esto en manos de Gillian.
Justo en el momento en que iba a abrir la boca para preguntar Gillian lo detuvo repitiendo: “ni una sola pregunta.”
Después del desayuno Kian se encerró nuevamente en la habitación que estaba ocupando y abrió la cajita azul. El contenido era el mismo que la última vez que había visto la caja. La medalla estaba dentro.
Qué rayos significaba todo eso? Angy estaba de una vez por todas cortando una relación que no llegó donde debía.
De repente por su mente pasaron imágenes y diálogos terribles, y la conclusión de todos ellos era la misma: Angy había jugado con él hace dos noches... todo había sido una mentira.
También podía volver a oír el dulce susurro de Angy mientras decía “te amo Kian”... cómo podía eso no ser real?
Tenía tanto en qué pensar y todo aquello se agolpaba en su mente sin dar el menor signo de lógica.
De pronto un firme golpe en la puerta lo sacó bruscamente de sus pensamientos.
“Kian, se nos hace tarde!”
“Shane! Te dije que no lo interrumpieras!” le reclamó Gillian muy enojada.
“Lo siento querida, pero tenemos que estar en el estudio en media hora para que nos entreguen la nueva canción.”
“Pues no puedes traerla por el?”
“Bueno... si... pero pensé que querría ir a ver a-”
“Pero nada. Si tienes que estar allí en media hora será mejor que vayas pronto. Y asegúrate de traer una copia de la canción para Kian.”
Kian escuchaba silenciosamente y agradeció mucho el gesto de Gillian. Pero no pudo pensar nada más, estaba demasiado cansado... emocionalmente cansado, así que se recostó en la cama y volvió a quedarse dormido.
Despertó un par de horas después con la hermosa sensación de que todo había sido un sueño, pero su vista se encontró con la pequeña cajita que lo saludaba desde la mesa de noche, así que todos sus sentidos regresaron una vez más a la cruel realidad.
Encontró una hoja que habían deslizado por debajo de la puerta. Era la canción que Shane había traído. Siendo que no quería pensar en otras cosas se sentó a leer la canción.
Cuando el reloj marcaba un poco más de la una de la tarde, Kian salió del cuarto y se encontró con Shane y Gillian que hablaban a susurros en la cocina.
“Pueden hablar más alto... ya desperté...” intentó bromear Kian.
“Debemos ir al estudio a las tres de la tarde... me alegra mucho que hayas salido del cuarto, Gillian no me hubiera dejado acercarme.”
Almorzaron y se dirigieron al estudio. Kian tenía miedo en cierta forma... no dejaba de pensar que vería a Angy. Qué le diría? Lo miraría siquiera?
Cuando llegaron se encontraron con Mark y Nicky que estaban igualmente muy nerviosos. Kian supuso que alguna información debía haberse filtrado ya.
Entonces todos saludaron y volvieron a sentarse en el cuarto azul... y los minutos pasaban... ya eran las tres de la tarde... cinco minutos... diez minutos más... la impaciencia los estaba matando... quince minutos... la puerta se abrió.
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